La tertulia del café

“Todo poeta se forja en base a tres elementos:

tertulia

teatro

revista”

Por: David Blanco (David 2)

Una tertulia es un pequeño lugar, un pequeño gran mundo dentro del mundo que va deprisa y pierde la memoria que se fija en los libros. Precisamente estos son los objetos que los tertulianos convertimos en icónonos y de ahí en símbolos alrededor de los cuales se encajan los unos con los otros con más o menos fricciones.

Se trata de un sucedáneo vivido en minoría con reminiscencias del Ágora de los griegos, un lugar donde contemplar y erigir el respeto a la opinión de los demás, aunque nos amargue por dentro.  A veces las tertulias se convierten en talleres y, por arte de magia, los labios se transforman en espadas de desbrozan y que a veces hieren. ¿Pero no acáso no enseñan también a lamerse las heridas (literarias). Son por ello también una elongación de la escuela de la vida que nos muestran a los nóveles lo sacrificado que es escribir. La diferencia entre escribir y hacer literatura se mide por la cantidad de alma que hay en la tinta que carga la pluma.

También es un espacio de encuentro con gentes de diversa índole y condición con las que de otra forma  sería muy poco probable coincidir. También son un espacio en el que madurar como escritor, en el que adquirir un mayor y mejor nivel cultural. Se aprendé (aprendí) la diferencia que existe entre leer, escribir y fabricar literatura (sin duda la materia prima de la que están fabricados muchos sueños). Una tertulia es una puerta a un mundo paralelo, que deja atisbarse un par de horas a la semana. En alguna de las esquinas ocultas que están presentes en todos y cada uno de los recintos en los que se celebra una (hablo de una tertulia no de una misa) está presente un Aleph.

En definitiva, es un refugio, una Ínsula, un  observatorio desde que el proyectarse como escritor si uno lee lo que debe y escucha los decibelios adecuados. En ellas tuve claro lo que es escribir, que de lo que se escribe se lee y que son precisamente estos bellos símbolos que derivan de la pintura de los cavernícolas (emulando a lo que nuestra tertuliana Marta Sanz comentaba en la revista Mercurio) los que hacen que el hombre y la mujer puedan llamarse a sí mismos seres humanos.

Hable de catarsis cuando asistí a la primera hace ya años. Hoy afirmo que es parte de mí y que me da vida.

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