De Quijano a Quijote I. Crónicas desde la Ínsula

Ya que quieres, cruel, que se publique,
de lengua en lengua y de una en otra gente,
del áspero rigor tuyo la fuerza,
haré que el mismo infierno comunique
al triste pecho mío un son doliente,
con que el uso común de mi voz tuerza.

Por David 2

Es probable que alguno de nuestros lectores desconozcan algunos detalles de la vida de Cervantes que, sin duda, tienen reflejo consciente o inconsciente en la que es considerada su obra principal. Miguel de Cervantes también era poeta y esta puede encontrarse en diversos pasajes del Quijote de forma explícita (como mostramos en el encabezado del presente artículo), o de forma implícita en forma de metalenguaje que unido a los temas universales de los que trata, elevan esta obra por encima del propio creador y la entregan al ser humano para que pase a formar parte de lo que es suyo. De nuevo el mito de Prometeo.

La propia muerte de Alonso Quijano parece ser no más que una bella metáfora a través del cual muere el cuerdo que vivió durante un tiempo convertido en personaje de ficción. A través de la misma el mito deja el universo literario para abordar nuestro mundo real y azuzarnos ¿quién es más loco? La locura nunca es mala si es capaz de una desestructuración tal que nos obligue a tomar los molinos por gigantes y a las simples posaderas por Dulcineas que no existen más allá de la mente de todo romántico.

Más de un lector envidiará al caballero de triste figura. A más de un lector le gustaría emular a un cuerdo convertido en más cuerdo (y por ello loco) y recorrer Castilla en pos de la aventura, convertido en un ser humano que sea tan sólo promesa, triste reflejo convertido en sombra de cordura y de certezas que por asimiladas aniquilan lo más hermoso del alma. Seguramente se envidié a aquel hombre que fue capaz de crear otra realidad, de internar en ella a Sancho y con ella a nosotros. Envidio las noches en vela de Cervantes, las noches en vela en lance de las sombras y las risas que le provocaba no más que un heterónimo de sí mismo al que dio, nombre, vida y vela en un entierro tan falso como las visiones de Alonso Quijano. ¿Pero cuáles eran las ciertas y cuáles las impostadas?

La rutina mata la imaginación quizás por ello sea tan necesaria la lectura, necesitamos imaginar otros mundos más allá de este mundo en los que transcurrir puros, en las que preguntarnos ¿son almas o son cuerpos? Necesitamos de las vidas paralelas que nos proporcionan los libros y quizás a través de ellos contemplar a través el prisma de la imaginación otros entornos posibles. Puede que algún día los conozcamos.

De momento el lector de Verde Luna a pesar de la abundante lectura, aún conserva el quicio (o así lo creemos), se conforma con imaginar que es dueño de una Ínsula, juega de vez en cuando a la lotería para poder hacer realidad lo que a día de hoy es tan sólo sueño. Probablemente la mayor parte de nosotros simplemente naveguemos por esta vida como un Sancho Panza, temeroso, sencillo, poco imaginativo, con buen juicio… pero pobres y en cierto modo ignorantes de los planetas distantes que tan sólo los que creemos ser locos pensamos poder ver. A veces estas vagas ilusiones se plasman en papel o sobre una pantalla y nace un poema.

No obstante el mejor secreto de la locura que embelesó a Quijano la guarda a buen recaudo Cervantes. Durante el desempeño de sus labores como agrimensor del reino tuvo la suerte de recorrer nuestra penÍnsula (o ínsula de las penas), recorriendo posadas, pueblos, castillos y campos llenos de molinos. Durante las noches a la sombra de la lumbre y calentado por dentro por el vino (jugo divino) imaginaría como sería un ser humano libre, e imaginó a un pobre hidalgo conquistado por los libros, cargado de razón al que convirtió en loco (sin duda la libertad tiene su precio).

Sí, sin duda todo ser humano busca el camino que nos catapulte a mayor brevedad de ser Quijano a Quijote. Sin duda si la novela es universal es porque concentra y nos revela una profunda verdad contada de mano de la poética, principalmente implícita, que contiene.

Os dejamos con unas breves palabras de otro poeta, Vicente Aleixandre, que perfectamente podrían haber estado puestas en la boca de Quijano por la pluma cervantina:

Sí. Al fin es la vida. Oh, qué hermosura de huevo

este amplio regalo que nos tiende este Valle,

esta limitación sobre la que apoyar la cabeza

para oír mejor la música, la de los planetas distantes.

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