¿Prosa poética?: Lacobriga o de cómo descubrí el Algarve

Playa de Lagos

Outras vezes oiço passar o vento,

E acho que só para ovir passar o vento vale a pena

ter nascido.

Fernando Pessoa ( A espantosa realidade das coisas)
Otras veces oigo como silba el viento
Y pienso que tan sólo por oír como silba el viento vale la
pena
haber nacido.

Autor: David 2

Algarve es una palabra árabe que traducido a castellano significa “al poniente”. Nuestros antepasados árabes no distinguieron bien la frontera (que aún no existía entre España y Portugal) y tuvieron a bien conquistar la tierra más al sur de todo el continente europeo. También es la tierra europea con más y mejores horas de luz, sin duda un paraíso para el pintor cuyos colores anclan todo su significado y fuerza expresiva en el verbo silencioso que marca el dios fotón. Sí, de doble naturaleza corpuscular y ondulatoria.

Cuando el sencillo tren, que sólo funciona en época estival, finalizó su trayecto comenzó mi viaje en Lagos. Lacobriga era el nombre con el que la bautizaron nuestros romanos, antes incluso de que los árabes hicieran lo propio con lo que contenía el resto. Me llamo la atención sus aires marinos, el hecho de que estuviese a reventar por los cuatro costados de británicos aparentemente felices como el resto de mortales y muy educados. Su vino “de la casa”, sus berberechos a la portuguesa, su calderetada de pescado con nuevos sabores no paladeados… la poética de su amanecer, el descanso en el que guarecerse, su vida nocturna animada y animosa en medio de la cual no somos más que un aderezo provisional que complementa el paisanaje. El viento marino que sopla desde poniente nos recuerda que estamos vivos, mejorando si entre medias abunda una cosecha de abrazos.

Lagos, amo ese lugar. Es uno de los pocos lugares que he conocido al que necesito volver cada año, mejor si es acompañado que para compartir la soledad del viajero con extraños… ¿pero no comienzan siendo incluso los amigos desconocidos? En este pequeño rincón, casi en el otro finis terrae de la Península, soy consciente de que necesito descubrir su secreto, bañarme de forma despreocupada en sus aguas, tomar ese sol al natural mientras imagino nubes y reconstruyo el diálogo que mantuve con los peces… soñar con un eterno verano allí, puede que incluso para siempre.

Alguien dijo una vez que recordamos lo que queremos y olvidamos lo que debemos… he omitido en este relato a una persona con la que pasé unos días que recordaré siempre. Tuvimos una relación que ola tras ola se acabó disolviendo. Recuerdo que en cierta ocasión pensé en relatarla la conocida historia del rey moro que se casó con una princesa nórdica que extinguía involuntariamente su vida por no poder volver a ver las tierras nevadas. El monarca mandó plantar miles de almendros, donde hoy sólo permanecen en su silencio millones de naranjos. Cuando florecieron y se abrieron por orden del monarca todas las puertas y ventanas de palacio, todo amaneció cubierto por flores blancas. La princesa creyó que era nieve y por ello volvió a la vida…

Si os escribo sobre Algarve, si os he hablado sobre Lacobriga (Lagos), es porque mi alma aún zozobra empujada por el intenso viento de aquella playa, persiguiendo la estela telúrica de sus pisadas. Aún hoy siguen orientadas hacia poniente atravesando un mar de arena blanca como la nieve.

Pisadas dejadas por los que fueron y ya no son.
Pisadas dejadas por los que fueron y ya no son.

Si os he escrito sobre ella, es porque nunca fue más bello el engaño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s