de como ser neftalí reyes

Al final de la vida nos espera la muerte. Esta sea quizás la que consagre definitivamente la obra de los grandes artistas, de repente su obra se transforma en una extensión de su vida, se transforma en la única expresión tangible, material y palpable de lo que alguna vez fueron en este mundo.

Una gran parte de esa vida, en el caso de los poetas transcurre en sus casas, en sus moradas, en sus refugios donde poder encontrarse a solas con ellos mismos y con la palabra. Hoy desde Verde Luna queremos rendir un sentido homenaje a la vida y obra de uno de sus más curiosos representantes, Neftalí Reyes.

Tres son las casas en las que este curioso poeta vivió de como adulto, fuera de la clandestinidad que le supuso la persecución en tiempos de Videla; Chascona, Sebastiana e Isla Negra, esta última sin nombre. A estas tres curiosas viviendas pudo habérsele añadido una cuarta casa, que tan solo tomo cuerpo en su imaginación y en una maqueta que puede apreciarse cuando el visitante acude a la primera de ellas.

La-Chascona
La Chascona

Todas tienen algo de particular, en todas están presente una serie de elementos comunes: la esencia femenina, el mar, el coleccionista de antigüedades y objetos estrambóticos, el gusto por espacios únicos y hechos a medida… entrar en cada una de estas cuevas poéticas sería equivalente a darse un paseo por el interior de la mente de Neftalí Reyes quien quiso a la mar, quien quiso ser marinero en tierra y describir las olas en verso.

La-Sebastiana
La Sebastiana

La mar es sin duda el elemento más recurrente en todas ellas, las viviendas lo son sobre las olas de un mar en calma imaginario, el suelo cruje imitando quizás a la cubierta de un bergantín, los mascarones de proa invaden salones, hay campanas que no llaman a cubierta sino a la mesa… en la Chascona tan solo hay que imaginarselo pero en el resto son realidades más o menos cercanas. La Sebastiana se yergue sobre la bahía de valparaíso, desde tan arriba Neftalí podía comprobar desde su catalejo que barcos entraban y que barcos salían, olía a mar, contemplaba la puesta del sol. Desde isla negra lo que era promesa en la lejanía se transforma en rugido del mar, el blanco espumante (como el mejor Valdivieso), de las olas es una realidad y hasta su tumba, es como una proa vacía que penetra simbólicamente en el mar.

Isla Negra
Vista del Pacífico desde Isla Negra

No deja de llamar poderosamente la atención su gusto, su extraño gusto por el coleccionismo ¿qué haces Neftalí con un viejo caballo de tienda? ¿ o con una red de pescador? ¿o con un remo? ¿o con una extraña colección de colecciones? ¿con esas máscaras? ¿con una colección de  insectos  disecados?

Las tres casas de Neftalí Reyes, nombre menos conocido de Pablo Neruda, son sin duda museos de la vida, homenajes a la misma y a la misma (no puedo evitarlo), la viva expresión de una pura contradicción: ¿se puede tener tres casas, ser un prodigioso y sibarita coleccionista de arte y antigüedades y al mismo tiempo ser comunista? ¿no deberían ser cedidas al mismo pueblo descrito en “Canto general”?

Sea como sea y recordando las acertadas palabras de Benedetti “La vida no es más que el bello camino que conduce hacia la muerte”, y hacia ella es conducida Neftalí Reyes junto a Matilde Urrutia a través de la proa imaginaria de un barco invisible que a su vez sirve de tumba y transporte a través de las olas de la vida/muerte y de un falso Pacífico.  Quizás ahí radique la misma esencia de la poesía: en ser esencia y apariencia.

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