cuento valdiviano

Autor: David Blanco

Del trabajo: “Perro vago”

 

Carestía,

tierra sin nombre infinita.

***

 

Muerte blanca, parca ausente de contenido

ulular invisible en la cordillera. 

Penetra en los huesos, ahuyenta a la razón

muta en tejido inerte a lo que, otrora, 

se preño de luz y movimiento.

 

Si por un casual se os presenta,

sabed que a nadie conviene su visita.

Hermana envidiosa de la otra, la buena muerte,

siempre hermosa, siempre letal .

 

Si se os presenta, seguid mi consejo,

sed esquivos.

 

II

Esta noche de muertos

hay claridad del cielo sobre Temuco, 

al sur del sur, 

verano austral. 

 

Temblor, maremoto, enojo compartido, 

carcajadas e índio pícaro. 

 

III

Arrollado, 

olivas verdes y oscuras, 

cilantro, merken,

tomate,

queso duro y queso blanco.

 

Cebollino endulzado.

Aceto, aceite

 y cierta dosis de elocuencia.

 

Sírvase la receta,

pichanga valviviana. 

 

IV 

Al final de este cuento 

sigue existiendo una isla que tiene mar y océano 

entre tres continentes.

 

Al igual que Inés de nadie

su corazón está bien repartido, 

su columna vertebral pétrea,

falsamente une pueblos,

a través de sus montañas,

canales invisibles hacen circular  maná de Hotu Matua.

***

Son furia olvidada, son sus tierras de frontera,

son sus pasos de montaña, su corazón al tiro.

Es y no es.

Pacífico enfurecido, costa sin fin.

 

Tierra huasa que continúa en el emerge.

 

 

 

 

 

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