DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (IV) —Análisis del poemario Mar de Chira, de Montserrat Doucet, segunda parte—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

“EL catamarán, cremallera

que va abriendo y cerrando

posibilidades sobre tus aguas”.

—Montserrat Doucet, Mar de Chira—

 

            El problema que se presenta en el poemario de Montserrat Docucet, en este Mar de Chira cuántico, radica en cómo unir las líneas temporales, como conectar en un mismo espacio dos cuerpos para que se amen cuando uno de ellos habita en el pasado, tal y como concluye el poema Cálidos guijarros: “Desea un cuerpo que no existe” (27). Pero, obviamente, en un poemario cuántico, el cuerpo, como el gato de Schrödinger, está vivo y no-vivo a la par.

            Así que, convocado el muchacho, el agua será el elemento aglutinador, el agujero de gusano que ponga en conexión ambas líneas temporales. En el poema Lo que vi en el agua (48) se completa esta equiparación de la superficie del mar a un espejo, clave para traer al momento temporal poético y presente de Chira al muchacho. Este poema se complementa con el siguiente, Espejo (49): EN el espejo,//los ojos y los labios//de los amantes”. De esta manera, el agua del mar puede recuperar al muchacho de otro tiempo porque el espejo es una conexión entre dos mundos pero, también, mediante la invocación poética, una conexión entre los amantes.

       La corporización del amante, al producirse mediante el mar, experimenta una metamorfosis con la propia isla de Chira, con la que se identifica su anatomía en el poema Las máscaras no mienten: “Así se muestra//la perfilada geografía de tu piel de isla:// beso de niebla//que refulge en el océano al amanecer” (50). El muchacho no solo ocupa ahora la misma línea temporal de la poeta sino que por un momento se apodera de su espacio geográfico asimilándose a la isla en una materialización completa del espacio-tiempo con tintes que alcanzan mucho más allá de lo cuántico, llegando a lo místico, me atrevería a decir que a lo galáctico, si se me permite ese adjetivo, dado que la aparición del muchacho a través de los mares tiene mucho de ese Big Bang inicial que generó nuestro universo según algunas teorías, dado que lo ha ocupado todo con su presencia expansiva, ocupando con su anatomía, incluso, la geografía del propio espacio de la isla. El muchacho ha atravesado por un agujero de gusano, desde un plano temporal a otro, de una línea temporal a otra, y aparece en ese otro mundo con una explosión invasiva que recuerda a un Big Bang cósmico.

            Abierto, así, el espejo de la correspondencia por la poesía, se ha producido la conexión en el mismo plano de ambas vidas, y empieza la cuarta parte del poemario, de significativo título, Deshielo (53). ¿Hielo en el trópico? Es el hielo que cubre las cumbres de los volcanes: hielo y fuego, lava y nieve. Deshielo, porque al fin, ambos amantes han abandonado lo pétreo de sus líneas temporales por donde deambulaban, como si fueran como aquel mamut atrapado en el frío de siglos, encontrado en un bloque de hielo y traído de vuelta a la actualidad.

            Juntos, así, lograrán pasar una noche de amor[1]: la cuarta parte del libro se inicia con el poema Muchacho de piel de piedra (55), una clave poética para entender lo que significa vivir un amor anclado a una vida pasada, pero que se ha corporizado en esa explosión geográfica a la que la poeta ya puede amar; un poema que despliega todos los motivos temáticos y simbólicos que articulan el poemario. De esa forma, el muchacho presenta algunas características geológicas: “Amplio es su cuerpo//como un río pleno en su deshielo//y huele a río//y posee la humedad redonda//de los cantos rodados”. Sin embargo, la voz poética no puede olvidar que ambos murieron en la otra línea temporal, de forma trágica, y que esta noche de amor también pasará, encontrando el sabor de las tumbas en el fondo de los besos dados a esas piedras que caracterizan al muchacho de la civilización precolombina, caracterizado por ese elemento fundamental que eran sus pirámides escalonadas de piedra: “pero besar la piedra es a veces//justificar tu propia lápida”.

            La poeta sabe que el agujero de gusano cuántico se volverá a cerrar en breve, y que el muchacho de piel de piedra deberá retornar a su existencia temporal. A la explosión o Big Bang generativo le seguirá una implosión omega, ese Big Crunch o gran colapso sideral que algunos expertos en cosmología aseguran que acabará por producirse en algún momento en nuestro propio universo. En el universo poético de Mar de Chira, tras la noche de amor, el muchacho se retira, con su particular Big Crunch, y cierra el agujero de gusano, replegando así el universo poético que se había generado para, después, regresar a las tumbas. Ese retorno en la poeta, a una especie de muerte en vida, se explicita con el abandono de la isla[2], que no es sino un regreso al momento presente, pero vestido de un fuerte anhelo de reencarnación.

            En el otro plano temporal, a la par, se produce el derrumbe de la cultura precolombina a la que pertenecía el muchacho[3] en el poema Llamada de un dios sin pies. Que esta hecatombe cultural y milenaria se produzca inmediatamente después de que en el plano presente la mujer haya conseguido estar con el muchacho de la piedra hace pensar en el elemento corrompedor de la civilización moderna sobre las culturas tradicionales precolombinas. El contacto de la protagonista ha sido determinante y venenoso para que, en el otro plano cuántico, a modo de efecto mariposa, una civilización completa se desmorone. Se cierra así esta “historia de amor cuántica”, o quizás “meta-cuántica”. Ebria de mar y poesía[4], sola de nuevo, entonces, la protagonista se metamorfosea en la propia voz de la autora, ensaya cierta poesía de la autoficción, y puede ya escribir su texto sobre Chira ensayada como un juego metaliterario, otra característica más de la literatura cuántica, dirigiéndose hacia una nueva reencarnación[5] que no sabemos si será un nuevo poemario…buscando un lugar en el mundo actual sin el muchacho de piedra,[6] tal vez obedeciendo a un impulso que es, como puede leerse en el poema Príncipe extraviado (34): “inexplicable como el tiempo”.

            El poemario ha puesto en pie lo que se define en el penúltimo poema, Chira (77), como un “círculo de verdad inexplicable”, que entronca con esas complejas realidades de la cuántica, con esos tratamientos del espacio y del tiempo en donde se puede existir en varios planos a la vez, incluso se puede vivir y morir a la vez, sin que podamos comprender la extraña certeza que esconde esta realidad. Y es este “círculo de verdad inexplicable” algo relacionado con la muerte y con la esperanza en la reencarnación, con el vivir muchas vidas a la vez y con un poemario que no es sino el recuerdo de todas esas vidas pasadas y del mar, y que en su último poema[7], a modo de corolario, sentencia: “Chira, te dibujo el vacío,//sólo tú puedes entenderme//Sola tú estás//donde duerme la noche”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

             Dante Alighieri: (2009) Divina Comedia. 12ª ed. Ed. Giorgio Petrocchi. Trad. y nts. Luis Martínez de Merlo, Madrid, Cátedra.

             Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

[1] Esa noche de amor culmina en el poema del libro cuyo título coincide con el de la cuarta parte: Deshielo (Doucet, 2014: 62). La poeta elige aquí, además, un recurso consistente en asociar palabras referentes al campo semántico del frío y del hielo, de la congelación, para poner en pie una relación amorosa tropical y tórrida que debería ser asaz calurosa. Evidentemente, ese frío que el amor desatado consigue deshelar, como la última palabra del poema concluye, es el frío de la muerte del que no pueden desprenderse ambos personajes, que están juntos por encima del tiempo y de sus propias y trágicas muertes pasadas, de un amor que entonces no pudieron disfrutar, y del que ahora gozan siempre con la presencia de ese escalofrío de fondo que les recuerda la tragedia. En este sentido, la protagonista de Mar de Chira, la voz poética o yo poético, y el muchacho, me recuerdan, en lo que tiene de amor fantasmal, doloroso e imposible, a la historia de Francesca y Paolo que aparece en el Canto V del Infierno de la Comedia de Dante (versos 73-142).

[2] El poema del abandono de la isla, Chira sin mi (Doucet, 2014: 63), con los versos que muestran el alejamiento de la isla: “EL catamarán, cremallera//que va abriendo y cerrando//posibilidades sobre tus aguas”, sutura, cose así el agujero que se había abierto sobre la superficie de las aguas por las que había accedido el muchacho. Se cicatriza el acceso al otro mundo cuántico, bloqueándose la conexión.

[3] Probablemente perteneciente al grupo indígena de los huetares.

[4] No en vano, la quinta y última parte del poemario se titula La ebria de mar (67).

[5] En Solo el instante (71), donde “el instante” es “sólo la vida”. Toda una vida es un instante, en una reflexión “meta-cuántica”.

[6] Un lugar en el mundo que se define en el poema Desdibujada orilla (75): “antes de encontrar la desdibujada//orilla que me acoja”.

[7] Donde duerme la noche (77).

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