Carta abierta a Chus Visor

“Un trabajo que comencé en los últimos meses del año 1968, cuando edité el primer libro de la Colección Visor de Poesía.[…] Es una vida entera dedicada a la poesía que he visto recompensada con creces. El camino no ha sido nada fácil, ha sido un recorrido lleno de dificultades, de contratiempos y de algunas decepciones, pero también repleto de emociones y de alegrías. En realidad me siento un privilegiado por haber vivido siempre de la poesía. La poesía ha sido mi amiga, mi compañera, mi vida, y por ella, gracias a ella, he podido conocer gentes extraordinarias, personajes singulares, y por ella he encontrado auténticos amigos […] Gracias a la poesía he vivido experiencias irrepetibles, y he encontrado caminos que nunca pude imaginar cuando me decidí a editar poesía, cuando decidí que ella sería mi compañera…” Chus Visor.

 

El pasado miércoles 23 de junio de 2017 tuve el placer y el honor (y la combinación de ambos), de poder asistir a un sentido homenaje entre amigos; autores, lectores, escritores, representantes del arte y el espectáculo rindiendo homenaje a toda una vida de poesía (estamos hablando de casi 50 años).

Debo decirlo, lo que más me gusto de tu ponencia (realmente fue un encuentro entre amigos), fue tu sinceridad, sinceridad que sin duda tuvo que resultar chocante para muchos de los allí presentes. Bravo por ti. Gracias a los libros que Visor vendía en la librería Crisol (ya desaparecida), en la calle López de Hoyos de Madrid, tuve conocimiento y acceso a la mejor poesía tanto nacional como latinoamericana. En aquella época tendría unos 13 – 14 años y conocía muy poco del ámbito poético, simplemente recordaba un aburrido libro llamado “Platero y yo” con el que aprendrí qué era poesía y qué era impostura. Recuerdo sobre todo la simpleza de las ediciones, pero también su elegancia. Allí conocí por primera vez los libros de un tal “Mario Benedetti” que por estas extrañas causalidades de la vida resultó ser vecino… pero es otra historía ya contada en Verde Luna. Algunos de los autores y amigos invitados a tu homenaje también lo comentaron “aquel negro de las portadas de los libros de Visor” que con tanto empeño fue imitado por otras editoriales “truchas”, sí asi se diría aqui en Chile Chus.

Más que ponencia fue charla, más que charla diría que fueron las confesiones de un editor, de un gigante que quizás desconozca que es tal. Una persona que con casi 20 años empiece a editar, que nos traiga y nos traduzca a clásicos, que tenga la suficiente visión para publicar con décadas de antelación a Bob Dylan porque piense que más grande que los poetas son los cantaautores que ademas escriben y lo cantan… Bravo por ti. También contasté como sin pelos en la lengua tuviste el temple para decirle que no a García Montero en su momento… sin embargo parecía ser sombra tuya el otro día, permíteme la licencia. Sin duda estás en lo cierto no hay ego más grande que el ego de un autor, sobre todo si es de poesía. Y tienes razón, casi más importante que aprender a decir que sí, es aprender a decir que no, y tuviste que decirle que no a mucha gente, algunos autores buenos otros meros fantasmas. Algunos te retiraron hasta el saludo y como relataste “lo más duro que me ha tocado hacer es tener que decirle a un amigo que no lo voy a publicar”. Y a partir de ahí casi de forma instantánea deja de ser amigo. Y es que autor no publicado = a autor no leído, te llamaron de todo hasta “imbécil” según relataste, pero el editor ha de tener la suficiente visión, la suficiente capacidad para decidir a quien se le dará la vida (literaria por supuesto) y a quien no dársela o lo que supone ser como un César literiario.  “A los autores se les puede aconsejar”, y tienes razón pero como sabrás los poetas somos especialmente inconscientes y como muy bien dijiste “solo los muy novatos o los que no son poetas dejan que se retoque o revise su texto”, que con otros, con los de la vieja escuela, los que tienen como una extensión de su dérmis aquello que escriben porque lo escupen desde lo más profundo, es tarea perdida, imposible.

Personalmente te agradezco tus palabras, creo que el nombre de tu editorial está muy bien escogido “Visor”, sobre todo si viene de la mano de un “visionario” que es lo que eres Chus, un profeta de la palabra perdida en las fuentes de la palabra. Honestamente creo que hubiese sido positivo que al menos una autora hubiese estado presente en el  escenario, si recuerdas, la primera persona que agarró el micrófono precisamente para reivindicar este punto era una conocida autora colombiana … no extenderemos aquí la polémica pero independientemente de que (según tú) en España no ha habido autoras de poesía a la misma altura que los autores (a diferencia de latinoamérica), los tiempos han cambiado… y es justo y bueno que así sea.

Lo dicho, al camino.

David Blanco

 

Pd: Dejo para los amigos link la interesante entrevista realizada por María Teresa Cárdenas del Mercurio y la nota con la referencia del evento realizado en el Centro Cultural de Santiago:

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=370820

http://ccesantiago.cl/letras/homenaje-editorial-visor

http://circulodepoesia.com/2015/06/conversacion-con-chus-visor/

Entrevista a Chus Visor en Literatura Andaluza en Red:

 

 

Anuncios

Hojas de té y once chilena

Título: Hojas de té

Autor: Víctor Ilich

Editorial: Vidproducciones – Colección CALycanto

Por: David 2 Calificación: * (mejorable)

 

Te esperé de madrugada.

Hojas de té lejanas

al oriente de mi cama.

Te esperé al atardecer

cuando los ríos duermen

y las aves vagan.

En Verde Luna creemos que es importante dar a conocer autores contemporáneos, con especial interés en aquellos menores de 40 años.

Tras el pseudónimo de Víctor Ilich, se encuentra la mano de Victor Ruiz quien después de escribir otros poemarios como “Infrarrojo”, “Réquiem para un hombre vivo”,  nos presenta en esta ocasión “Hojas de té” en una cuidada edición de tan sólo 500 ejemplares. 

Sin duda lo más destacable del trabajo es su edición, su grafismo y maquetación, con abundantes y originales ilustraciones en torno al té y su potencial poética (debe tenerla).

El trabajo está estructurado en torno a cinco bloques que no son siquiera partes temáticas, estando construidas en torno a un evidente juego de palabras:

1- Te Espero 2 – Te Confieso 3- Te Cuento 4- Te Cuido 5- Te sugiero.

Escrito fundamentalmente en primera y segunda persona hay poemas a lo largo del trabajo donde se hace demasiado evidente la falta de rima, métrica, sonoridad… construcciones sin cuerpo, con una ausencia más que notable de aquella trascendencia esperable. En esencia poesía es verdad revelada que revienta al oído.. un ejemplo perfecto de ese vacío presente en la obra sería el poema / “La bolsita de té” (página 20 del poemario):

“Lo nuestro no puede seguir

es un tren descarrilado,

prometiste serme fiel

como el agua a la sed”.

Un evidente ejemplo del abuso de la figura de la repetición lo podemos encontrar en la página 33 dentro del poema “Siete usos del té, que lamentablemente, no puede saciar”.

“La paciencia de un te espero,

la luz de un te veo.

la sensatez de un te creo,

la emparía de un te comprendo,

la reciprocidad de un te ayudo,

la templanza de un te protejo

y la firmeza de un te sostengo”.

Si bien aunque la temática del libro resulte sugerente (insuficientemente aprovechada desde nuestro punto de vista), el nivel del trabajo que podemos encontrar dentro del mismo parece no estar a la misma altura, resultando abiertamente pobre.  Una de las carencias más notables es la falta de uso de la figura retórica).  La repetición es una de las que sí está presente a lo largo del trabajo, quizás en demasía. Lo dicho, mejorable.

Que lo disfruten.

 

  • Este poemario formó parte de un proyecto universitario de edición cuyo detalle se presenta a continuación:

https://www.behance.net/gallery/12820321/Hojas-de-t-poemario   –  (licencia creative commons)

  • Para conocer más sobre el autor:

http://finisterrae.cl/noticias-y-redes-sociales/noticias-finis/item/victor-ilich-juez-y-poeta-la-poesia-me-ha-sensibilizado-frente-a-la-cronica-diaria-de-la-miseria

 

Castilla vista con ojos tropicales: Respuestas de la tierra, de Ronald Campos.

Título: Respuestas de la tierra.

Autor: Ronald Campos.

Editorial: Juglar.

**Interesante

Por José Carlos Rodrigo

 

 Cuando la poeta Montserrat Doucet le envió a un Miguel Delibes, ya enfermo y retirado de la literatura, su poemario Paisajes hacia lo hondo, el escritor vallisoletano le respondió con una carta en la que afirmaba, con una sentencia no exenta de nostalgia, pero también con algo de rabia: “Otro libro de Castilla. La arruinada Castilla madre de pueblos”.

            En efecto, una Castilla desolada, áspera y dura, tal y como habitualmente la han visto los poetas, desde Machado a Juan Ramón Jiménez, pasando por Unamuno y Claudio Rodríguez. Y Delibes no era ajeno a que en el poemario de Montserrat Doucet esta visión tensa, de una tierra incómoda y cuarteada, continuaba con la tradición.

            Ronald Campos, en su poemario Respuestas de la tierra, también se ha ubicado sobre las tierras castellanas para mostrarnos su mirada poética. En ese sentido, abraza toda la cosmovisión lírica anterior, pero, de repente, la Castilla que aparece tras el tamiz de sus versos es una región bien distinta a lo poetizado hasta ahora: porque Ronald Campos observa Castilla con ojos tropicales.

            La Castilla como región poética, amasada por Ronald Campos en Respuestas de la tierra, es una tierra repleta de sorpresas que se le revela como una extraña amalgama de piedra y naturaleza desbocada. La hibridación entre el trópico y la meseta queda establecida ya en uno de los primeros poemas del libro, Castilla y León, en donde se produce un primer e inmediato reconocimiento del poeta con el paisaje, gracias a una lengua común (aquí el llamado “yo poético” pertenece al del autor, dado que enfoca este poemario como un poemario de viajes y las vivencias desgajadas de los mismos). Un lenguaje similar, el que se habla allá y acá, lenguaje castellano que establece un puente de reconocimiento y, gracias a él, el poeta puede definirse: “Tu lengua con que me mantengo//reptil//con antaños presentimientos”. El poeta asume su cualidad tropical en la figura del reptil, identificado con alguna de las 255 especies de reptiles que habitan Costa Rica y que tienen su espejo en nuestras pizpiretas lagartijas que descansan sobre las paredes rurales, empachadas del sol inclemente.

            De esta forma, y tal y como argumenta Montserrat Doucet en su espléndido prólogo al poemario, se produce una invasión de animales tropicales que, invocados por la mirada poética, poblarán el espacio castellano. Así, el acueducto segoviano se metamorfosea en iguana de piedra: “Esta iguana de piedra//sacude sus escamas alborales//Empuja a lengüetazos//coches a mis umbrales” (en Spleen segoviano). Tal es la riqueza y originalidad de estas imágenes, que el poeta puede sentirse transido en ocelote por la contemplación de la catedral de Valladolid en el poema Catedral, sus huesos se inflan “como boas” en El otoño, salpicando las composiciones con lagartijas, cigüeñas, “panteras de viento”, un “jabalí de frío”, el “águila-tigre de claridades” o una “videollamada con búfalos en la garganta” (en De repente, Valladolid).

            Después, aparece el motivo de la piedra. De esa piedra reptiliana sobre la que se calienta la iguana, esa piedra que forma parte del paisaje castellano como el bosque lluvioso lo es de Costa Rica. Para Ronald Campos la piedra está viva, ya sea formando parte de los frontales y portones de las catedrales, ya sea en una conexión cósmica percibida en el desfiladero de la Yecla, en Burgos, o en las torres del horizonte de Monte El Viejo, en Palencia. La piedra transporta un código en su interior, un mensaje que es como una carga de ADN; la piedra, los sillares, emanan una sustancia en la que el poeta reconoce el paso del tiempo, la permanencia eterna e inmóvil en ese devenir, y se proyecta en ellas como un viajero atemporal, cuántico. Lo que ha sucedido delante de la piedra continúa ocurriendo, y ocurrirá siempre.

            Estas piedras castellanas conforman una vegetación viva y característica de la región, como en Costa Rica lo es la vegetación exuberante. Se produce una simbiosis entre la materia tropical del poeta y el ecosistema castellano. Así, el otoño es “un quetzal de cuero atrapado entre los árboles//¡Alpaca de lluvias trastabillando,//con náuseas de planicies//sobre los campos de Castilla!//El otoño…”. El ave trepadora, el camélido, colocados por ensalmo lírico en el corazón del otoño castellano.

            Es Respuestas de la tierra un poemario ambiental, un ejercicio de versificación que busca atrapar la luz, la quietud trágica y monumental de los espacios castellanos: “Bordear la catedral//es entregarle devotamente un rostro al mediodía”, afirma en Spleen segoviano, para comprender que la presencia de lo sagrado en las piedras causa un impacto en el alma que “es terminar por colocarle//a la tarde una silla,//y paralizarla ahí, con un clavo oliendo a escaleras”.

            El poemario, en su segunda parte, amplía el viaje al resto de España —Valencia, Granada, Barcelona, Madrid, Sevilla, Córdoba…—, para, en la tercera, expandirse con un recorrido por Europa —Berlín, Ámsterdam, París, Venecia, Atenas, Budapest, Praga…—, ciudades y experiencias poéticas siempre repletas de una espiritualidad que emana de la fuente de la Historia, una Historia cosida a golpes de sangre y pasiones.

            Ronald Campos busca en Respuestas de la tierra establecer un diálogo con el tiempo y con la Historia, con esos códigos que se ocultan en los materiales que conforman los monumentos y así, tal vez, poder desvelar algunos de los misterios que guarda el espacio y el tiempo, porque “todo —guirnaldas, gárgola, rosetón y agujas—//pretende —lo mismo que en la piedra en la literatura—//vaciar el vacío y el terrible misterio de las cosas”.

            Desvelar “el terrible misterio de las cosas”… ¿Acaso no es esa la primigenia labor de la poesía?

LAS MÚLTIPLES CARAS DEL TEATRO

Autor: David Blanco

Título: “Las múltiples caras del teatro”

 

La esencia del teatro es la representación verosímil de realidades paralelas, vividas o no vividas por los espectadores, es una metáfora de la vida, son sentimientos y emociones contadas, retratadas a través de personas / de catalizadores más conocidos como actores.

Aqui es pertinente recordar las siguientes palabras de William Shakespeare (Sonetos):

                       “Cuando hombres y Fortuna me

                        abandonan, lloro en la soledad de mi

                        destierro y al cielo con mis quejas

                        canso y maldigo al mirar mi desventura,

                        soñando ser más rico de

                        esperanza,bello como éste, como aquél

                        rodeado,deseando el arte de uno,

                        el poder de otro,

                        insatisfecho con lo que me queda,

                        a pesar de que casi me desprecio,

                        pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,

                        como al amanecer la alondra,

                       se alza de la tierra sombría y canta al cielo:

                       pues recordar tu amor es tal

                        fortuna que no cambio mi estado con los reyes”.

 

El estado de los actores es, en muchas ocasiones, un estado de superación, de arrobamiento, de éxtasis contemplativo donde en base a la materia prima de la interpretación y las emociones moldeadas se transmite algo profundo. En muchas ocasiones es una de las mayores escuelas vitales donde movimiento, dicción, expresión se aúnan con otros aspectos más o menos técnicos. Pero en el centro siempre la persona y su emoción.  El teatro siempre ha estado invariablemente unido al mundo de la poesía; de forma conjunta con la revista literaria forman el tandem perfecto creando una sinérgia creativa única.

Para la realización del presente trabajo se partió en base a cuatro fotografías de una joven intérprete de teatro chilena. Cada una de esas cuatro fotografías era una imagen retenida en el tiempo, una externalización calmada, congelada de sentimientos tras los que subyacen felicidad, fortuna, belleza, sueños, queja, insatisfacción puede que amor (sobre todo por el no consumado). Las cuatro fotografías eran cuatro pilares emocionales en torno a los cuales proponer nueve transiciones emocionales en las que las mismas se entrelazan y se amalgaman unas sobre otras. A veces se centran en una mirada expresiva (“soñando ser más rico de esperanza”), otras en una sonrisa (“pienso en ti y soy feliz”), en otras parece percibirse aquello que subyace debajo de nuestra piel, de nuestra carne (“se alza de la tierra sombría”), en otras hay tan solo un mosaico inconexo, otras se componen y se superponen al mismo tiempo y en otras parece que reina la soledad más absoluta (“lloro en la soledad de mi destierro”).  De cuatro emociones retratadas un mosaico de nueve versiones teatrales que emulan estados que no son perfectamente dignos de ser intercambiados con los reyes. 

Con los reyes del teatro y con sus musas. 

*Verde Luna cuenta con el permiso de la propietaria de los derechos de imagen del trabajo digital expuesto. Por motivos de privacidad no se publican detalles personales en el presente post.