Maximiano Revilla: Cruzado del verso, poeta de la imaginación y el cortejo


 

Maximiano Revilla es una de las voces poéticas más particulares, originales y sorprendentes del panorama literario español actual. Y esos adjetivos con los que lo defino se los ha ganado a pulso y son producto de un afán de estudio y mejora inquebrantable, de un sentimiento poético fuera de lo común, y de una voluntad de bulldozer a la hora de percutir contra lo establecido y lo monótono.

Maximiano lleva un prodigioso y fecundo camino: Consonancias de la voz (2003), De todo lo que no se pierde (2005), Motivos venatorios (digital, 2013), Urbanidades y otras distancias (digital, 2013), Notateti (digital, 2013), Cuando se lanzan los cuerpos desde la terraza para ver qué sucede (digital, 2014), Pálpitos del tren que no vuelve (2016), Un cuántico aleteo en la boca (2017).

En Verde Luna henos realizado dos reseñas críticas de su obra:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/01/20/palpitos-del-tren-que-no-vuelve/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/10/16/tourette-en-los-no-lugares-o-el-poeta-que-desayuna-versos/

 

1-Tu último libro, “Un cuántico aleteo en la boca”, es una visión del mundo cotidiano con los ojos del poeta, pero ¿cómo ve el poeta el mundo de la poesía?

 Sorprendido, tremendamente sorprendido al comprobar cómo, en este mundo en el que nos movemos, vegetamos o simplemente esperamos a que todo termine, en este mundo donde la nota predominante es la excesiva velocidad, la evolución a toda prisa, la innovación hasta esos extremos a los que solo el hombre es capaz de llegar y continuar rodando un trecho más de patio o de cielo; digo que, el mundo de la poesía, es el único mundo estancado en la prehistoria de la historia, el único detenido en ese pasado que, si huele, y huele mucho, es a naftalina, a conservantes con sus letras y sus números, iguales a los que aparecen en cualquier etiquetado. Sí, el mundo de la poesía es el único que continua sin conseguir dar ni media zancada de olvido al pasado y seguir hacia el futuro, con algo de inventiva, el único que vive, tremendamente, cómodo dentro de su zona de confort, nadando entre esa roña que ocupa las playas alrededor de sus ombligos, en esas profundas simas de abstinencia y vértigo a la impaciencia de las cosas. Sí, estoy convencido que algunos intentaron salir y saltar del vacío al vacío, pero les ha sido imposible llegar a nadar sin ahogarse; y más que nada porque como decía Machado “La poesía hecha ahora, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir externo; ya que su interior solo podrá ser ocupado cuando lleguen los nuevos poetas con su nueva sentimentalidad”. Por eso, sin visos de que nada cambie, seguimos estando donde siempre estuvimos, en el carro de las resacas de cualquier buhonero, en la lista de clientes de cualquier comercial.

Sin dudar ni un instante afirmo que veo el mundo de la poesía: achacosamente viejo y enfermo, con las mismas caricaturas, las mismas discusiones y los mismos pensamientos generacionales que existieron y existen, desde siempre, entre padres e hijos, entre aprendices y maestros.

2-Eres un feroz combatiente contra los lugares comunes y las figuras de repetición en la poesía. ¿Crees que en nuestro día a día esos males son los causantes de muchos de los problemas que nos aquejan y nos hacen enfermar como sociedad? Parece que la rutina de lo cotidiano es uno de los asuntos que te preocupan en tu poemario.

El lugar común. ¡Ah, el lugar común! Esa palabra o frase o idea que, convertida en un vicio por su excesiva utilización, ya no aporta nada. Podría afirmar que, quien se expresa, con ellos, es por falta de imaginación, o de recursos para ampliar el cuerpo del escrito, puesto que resulta más fácil sustituir la búsqueda de ideas originales y creativas por otras ya gastadas, simplificándolas y simplificando los conceptos que, seguramente, merecerían perder o ganar tres o cinco instantes más para materializarlos y matizarlos, pero simplemente digo que, sobre todo, es por vaguería.

El lugar común, por las transigencias de este mundo donde se enciende la luz comunitaria, es el camino más sencillo para llegar cuanto antes a cualquier espacio, espacio donde siempre hay alguien que enchufa y protege para que no se noten mucho las distancias, distancias cubiertas por los curritos que realizan en la calle los trabajos sucios. Y sin embargo, tengo que reconocer que lo que para mí es un lugar común, para otra mayoría, al no haber leído el original, eso que les presentan ahora es originalísimo.

Sí, entiendo las figuras de repetición como la luz de otro día que, tal vez, llegue y nos traiga los mismos desatinos, los mismos errores, las mismas formas generales del adoctrinamiento, la misma manera sencilla de aprendernos, como Plateros, el camino a casa. Sí, tal vez a esa casa, siempre llena de silencios. Y sin embargo, lo que proporciona a la repetición su carácter novedoso, es lo mismo que la pone en duda: el hecho de que lo que repite, es algo que ya ha sido: un color kilométrico, un beso con cincuenta años cumplidos, una sonrisa que no tiene por qué tener historia, una situación determinada que, siempre niña, nos sorprende y nos llena de misterio. Sí, cuando no se ve y sólo se oye repetida una vez y otra vez la misma voz, surge la sorpresa en la mente del que escucha, aparece la imagen abstracta del momento agradable o desagradable, un objeto desmaterializado que despierta una vibración en la conciencia capaz de situarnos donde más le interese al poeta, en el mismo vértice del abismo, junto al espectro de la repetición que nos despierta.

Desde mi cabeza, totalmente reformada y amueblada por las imposibilidades de no alcanzar a tener nunca el título de propiedad, de sus encuentro y mis encuentros, en el bolsillo, afirmaría que sí, que nos han hecho, nos hacen y nos harán enfermar como sociedad, pero que, sin duda, estamos totalmente capacitados para sobreponernos y continuar.

Confieso que una de mis grandes torpezas o aciertos, a la hora de crear poesía, es haber llegado a comprender que nunca soy yo quien elige: ni sus temas ni sus formas, que después de amasar y amasar durante tanto tiempo el verso y el poema, son estos los que me dictan, qué y cómo escribir, por lo que sí, he de responder afirmativamente, parece que en esta ocasión, en “Un cuántico aleteo en la boca” es en la rutina de lo cotidiano por donde mejor se han movido. Lo único que a mí me dejaron fue escoger donde: de cuatro a siete de cada madrugada.

3-La tristeza… ¿viene de la mano de la falta de imaginación? Sin embargo, nadie más imaginativo que un poeta, como tú por ejemplo, y sin embargo tus versos viajan cargados de una amargura profunda y pesada. ¿Son tus poemas la admisión o el reconocimiento de una derrota?

Permíteme que para contestar a esta pregunta, comience utilizando unos versos de Baudelaire: “Hoy el poeta, cuando quiere imaginar […] siente el alma envuelta en un frío tenebroso, y, lamentablemente, se asusta de la visión”, y desde aquí, continuar negando que la tristeza venga de la mano de la falta de imaginación, pues es desde esta atmósfera triste y desgarrada desde donde el autor hace que el lector vaya ansioso a buscar esa alegría que echa en falta. Sí, es cierto que, de las emociones básicas del ser humano en el transcurso de su existencia, es en la tristeza donde, en más ocasiones, nos detenemos y con la que más tiempo desperdiciamos, pero también es verdad, que es esa misma tristeza, la causa que nos lleva a buscar las alegrías y los encuentros, la que cogiéndose de la mano de la imaginación pone en valor la felicidad, puesto que solo, después de sentir el aire del filo de su destreza, después de patalear y llorar hasta decir basta, se saborean de otra forma los escasos momentos felices que nos acompañan. Y sí, admito que mis tropiezos, más que nada, en los huecos inexistentes de las baldosas, son cada vez más dolorosos, pero todas las ficciones que he vivido y vivo en el sueño de los poemas, aunque nunca se hayan materializado ni se hayan modelado en la realidad, jamás las podré considerar como derrotas. Esos versos, poemas que tú dices, cargados de una amargura profunda y pesada, tienen como única intención “supuestamente” despertar, dos o tres pensamientos dulces, entre las mil hojas del posible lector. Y ya que reconocer o admitir una derrota supone primero constatar que hubo una batalla; acaso, esa, de un aquí y un ahora, la que se quiere despistar, desde esa guerra por edades hasta ese duelo inventicida demasiado enganchado a la sombra de las tristezas, no, que va, no voy a reconocer ni admitir ni constatar que en mí, haya habido derrotas ni duelos ni batallas. Voy a ser modosito. No voy ni a faltar ni arañar a nadie, mientras me sigan acribillando mis ignorancias, afirmaré que todo lo que me rodea es hermoso.

4-¿Encuentras en la poesía un blindaje a las agresiones de la vida cotidiana, una forma de decir lo que de otra manera te resultaría imposible, o un vehículo para mostrarte tal y como eres?

Al pensar que es la poesía lo que nos queda de aquellas humedades juveniles de los sueños, sí, tal vez tendría que reafirmarla como mi blindaje. Y sin embargo, por ser yo un ser relativamente insignificante, alguien que quitando a los trescientos  o mil amigos, y a un familiar que, durante mucho tiempo me han acompañado, creo que no tiene ningún sentido disfrazar, ni lo que hago ni lo que digo ni lo que soy, por lo que, en un momento determinado o indeterminado de mi historia, sobre todo cuando aún pensaba que la poesía era otra cosa distinta: acaso ese ir de la luz a la luz sin dolor, sin sombras en el recorrido, sin excesivos sobresaltos, sin inventiva ni creación, que yo me llamaba yo, y detrás de ese yo estaban, para blindarme al descalabro, mis avales. Esos avales de espuma desde los que me pensaba retractar. Pero hoy que el poeta es un asalariado más, un nominista, un currito por cuenta propia, un aficionado que dedica a escribir poesía, las horas que roba al sueño. Hoy que es el poeta otro mundo, otro prostituto de las palabras, otro mercenario del  ritmo, tal vez, ese que se contrata como autónomo y en ocasiones estresantes, completa el círculo de las canicas, del agua, del aire, de la tierra, del fuego, de todo lo que acoge los restos del funeral, y los deposita sobre las canas del alma. Hoy que mi pensamiento es una maraña de ideas y contra ideas, cubiertas por el polvo de la ignorancia y que mi cabeza funciona como las esponjas de los cuartos de baño, las que en su recorrido, bajo la ducha, se saturan con las ideas muertas, las que tras apretar, escapan para que de inmediato se vuelvan a saturar, sí, aquí que me muestro tal y como soy, podría decir que la poesía es un blindaje a las agresiones de la vida. Pero solo si me presionas, si no me escapo, de uno a cuatro instantes, con mi traje de cortejar.

5-Me consta que eres un profundo conocedor de las técnicas, de los ritmos, de las formas poéticas. ¿Qué opinas de mucha de esta poesía que se perpetra hoy en día, repleta de ripios, vacía, inocua, poesía de blog o de bloggers e, incluso, poesía de presentadores de telediario?

Ya que ser poeta es una pose de estudio, la foto fija que encabeza las bibliografías, los ratos de asueto que, de alguna manera, se han de ocupar y pasar hasta conseguir ver como maduran las cosechas del pensamiento en paro; sí, desde aquí, desde esta postura casi perfecta que se me otorga en mi descalabro, te digo que, una gran mayoría, por no incluir al mundo entero, es poeta. Y me parece muy bien, sobre todo porque pareciera que ser poeta no requiere título oficial, ni requiere haber leído más que los índices de los títulos de los poemas que aparecen al final o al principio de los dos o tres libros que sirven de guía. Sí, ser poeta lo es cualquiera. Y esto es así, en parte por el mamoneo que se traen y se trajeron los “supuestos poetas oficiales”, por el evidente endiosamiento del que hicieron y hacen gala después de haber alcanzado las subvenciones o los escasos trabajos con puesto fijo de la dedocracia, sí, por irse pasando de unos a otros, los encuentros, las avalanchas, los acelerones, porque en el fondo el lector de hoy ya no se cree nada. Como lo común es mucho más fácil y sencillo de hacer y de imitar y como han sido tantos años pagando como originales, marcas blancas, ahora está poesía ripiosa, de blogs, esta poesía vacía, parece ser esa venganza que nadie podía esperar. Y sí, pensando que poetizar es crear mundos nuevos desde la ignorancia, yo los aplaudo, y al estar de acuerdo con G. Blocker cuando escribe que, “Quien persigue lo desconocido no puede seguir caminos conocidos” estoy seguro de que al final, entre tantos, alguien aportará algo distinto, nuevo original y genial.

6-¿En el mundo en el que vivimos la poesía está condenada a la extinción?

Pareciera como si hoy, que lo divino y lo profano, lo terrenal y las mismas nubes del sueño, se hubiesen puesto de acuerdo para, con palabras y más palabras, convencer y convencernos de que así es; particularmente, yo no lo creo, y estoy de acuerdo con Yves Bonnefoy cuando dice que: “La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad”. Porque sí, también la realidad es y se puede ver con los ojos de la poesía. Y sí, por supuesto que hay playas que, rastrilladas por la maquinaria de los ayuntamientos, apenas, si dejan huecos o fisuras donde tropezar y caer y crear y exclamar “¡si no hay poesía, que desierto!” Y si no hay palabras, ¡que distancia! Es cierto que en el lenguaje poético son las palabras quienes abren y cierran el camino hacia la creación de otros mundos posibles que nacen de ellas, pero es el autor quién ha de escoger la más conveniente para recrear y enriquecer la capacidad léxica de nuestra lengua, para mejor comunicarse, para no ser, ni hacer lo mismo que ya hicieron todos, para escribir mucho más que sentimientos. Por todo esto y otras siete o cinco cosas más, mientras haya hombres y palabras y sentimientos y realidades que contar, que reír o que llorar, habrá poesía.

7-¿Al ponerte a escribir un poema, qué autores, que tradiciones, bullen en tu cabeza? ¿Tienes algún poeta de cabecera?

Si mi condición fuese otra, esta pregunta sería la ideal para poder jugar basketball, para pelotear mientras nombro nombres, acaso, con la oscura e interesada intención de hacer saltar sobre cualquier casino sus referencias. Lástima no saber aprovecharme. Cuando aún no era consciente de que para escribir, primero se tenía que estudiar y aprender una serie de reglas, cuando no tenía ni idea de que, el poner sobre papel, todo aquello que bullía en mi cabeza, se denominaba poesía, cuando aún no tenía ni idea de nada, (ahora que tampoco la tengo, voy a intentar disimular, a ver si no se nota mucho mi ignorancia y mis tropiezos, y aunque, particularmente, no es que me importe, no sé; como que parece que viajo por otras latitudes y queda de otra forma) Sí, cuando todavía no era consciente de nada, cuando mi buen amigo, por no decir el único de aquel entonces, “Gustavito” me acompañaba, recuerdo que llegaron de visita en la merienda, un par de libros de autores que, por supuesto, con los once o doce años, yo no sabía: ni quienes eran ni que habían escrito ni cuando lo habían escrito ni cuales pudieron o no pudieron haber sido los motivos para escribir, me imaginaba que, también ellos, lo habían hecho como yo, sin saber. Mis ojos solo se habían detenido y fijado en que, el uno, arriba ponía: Herrera y debajo Poesía y el otro; Garcilaso y Antología Poética. El uno era de color marrón, imitando ful de cuero, el otro gris azulado de ceniza y triste compostura, casi, casi podría afirmar que de sombra y miedo. Con el tiempo, según iba aprendiendo cosas, cursando estudios, memorizando y olvidando reglas, se fueron sucediendo libros y autores y verso y poemas, tantos y muchos más, como para, al menos, llegar a rozar la suela de los maestros, pero no, no tengo ninguno de cabecera, que es la pregunta que me propones, todos están enfrente y sobre mi cabeza, en las estanterías o por no quedar ya hueco en estas, en el suelo. Pero sí, te voy a dar dos nombres que para mí, ahora, destacan sobre todos los demás: Laureano Albán y David Abad.

8-¿Es la lucha por conseguir el poema una batalla contigo mismo, o un combate contra todo lo demás que te impide dedicarte a ser poeta como, por ejemplo, el trabajo, las obligaciones, las facturas que, evidentemente, nunca pagaran la poesía?

Seguro que luego todo cambia, pero ahora mismo pienso que no es ninguna de las dos cosas: ni batalla ni combate. Ni tan siquiera lo concibo como una lucha, si de alguna forma tuviese que calificarlo o definirlo sería como mi filosofía de vida, y esta, no sería capaz de entenderla, si no fuese unida a todo lo demás, si no se besasen, la una a las otras, si no se acurrucasen juntas, si no durmiesen y despertasen en la misma habitación, aunque por la comodidad de los años, en camas unidas pero separadas; ya que, lo mismo que a otros les dio por no comer carne o beber cerveza sin alcohol o pisar descontentos o causar sarpullidos, a mí me dio, como tú en otro artículo, muy bien dices, por “desayunar versos”. Tú sabes, José Carlos, mejor que nadie lo raro que puedo llegar a ser, lo impreciso de mis convicciones, los desajustes entre el mundo, el verso y mi cabeza. Cuando no se busca ya nada, cuando no se espera ya nada, cuando tienes muy claro que solo escribes para ti y para, ( me repito) los trescientos o mil inquietos pensamientos que necesitados exigen el siguiente poema regalo, es más que suficiente y una gran satisfacción haber llegado al centro de su mundo. No, por supuesto que no voy a ser nunca merecedor de ningún premio, ni lo busco ni lo espero. Sé que es difícil, y psicológicamente no recomendable romper las tradiciones, quemar las enseñanzas que se tienen como normas a seguir toda una vida, los hechos y las acciones de otras vidas, en parte equivocadas o no, otras vidas que dijeron en su momento lo que les apeteció, eso es lo que yo hago ahora, disfrutar plenamente haciendo, de otra forma, lo mismo de siempre.

9-¿Qué opinas del Blog Verde Luna?

Hoy que la poesía es una serie de ofertorios que nada tienen que ver con el esfuerzo de las musas, ni tan siquiera con el principio firme de su significante oscuro, hoy que, más bien, tiene que ver con el disimulo, el engaño, el falso protocolo de las fiestas, con los números, las negociaciones, las estadísticas, los currículums, con saber cultivar el amiguismo y ser, un excelente relaciones públicas, para poder así, deslizar, de manera convincente, la mano por la espalda, creo que Verde Luna es un blog valiente, imprescindible para dar a conocer las últimas novedades de lo que literariamente se está imprimiendo. Mis más sinceras felicitaciones.

10-Despídete con un pensamiento poético

Me voy a despedir con unos versos de Laureano Albán, más que nada por pensar que en ellos va parte de mi pensamiento poético:

“El verso es una belleza no creada,

La que permanece debajo, muy por debajo

de la capa del maquillaje, es el poema”.

 

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