La filosofía zen y el taoismo en el haiku japonés – Parte 2/2


Autor: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

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En Verde Luna continuamos navegando por la mágica y purísima dimensión de los haikus de la mano de Montserrar Doucet.

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“Mi peregrinaje es a las profundidades del corazón humano”

SATÔKA (1882-1940)[1]

El haijin es un viajero: existe una larga tradición en Japón de autores de haiku que viajan; el ejemplo más notable sería el de Satoka, que dedicará su vida al viaje, porque el viaje propiciará su voto de no- repetición zen, el mantener la atención en todo lo que está ocurriendo. También para huir del deterioro de las relaciones humanas provocado por la costumbre y para evitar el apego. Pero Satoka no es haijin por ser monje Zen, Satoka encuentra en el Zen el camino propicio para desarrollar su vocación genuinamente japonesa de haijin.

“Leer un haiku significa también despertar en el momento en que logra que estemos allí. Un haiku es un pequeño satori, un pequeño gran satori, pues lo grande solo cabe en lo pequeño y lo pequeño es inmenso en su trayectoria”

Chantal Maillard (Haya 2002:11)

 

Los patos salvajes cruzan el cielo

la Luna, las cañas

también en silencio

SÛÔSHI en (Haya, Vicente 2013:237)

 

Unas aves vuelan pero en seguida nos percatamos de que su vuela es silencioso, tan silencioso como el movimiento de la luna; en tierra no corre ni una ligera brisa pues las cañas tampoco suenan ¿Inmovilidad Tao o precioso instante congelado en el tiempo? Tal vez ambas cosas pero me quedo con ese instante mágico que a veces nos sorprende en el camino: el instante en que las alas de los pájaros no se mueven, tampoco las cañas ni la luna, preciosísima fotografía del instante, porque se trata de eso, del instante que nos asalta con su perfecta armonía: en el siguiente instante las alas de los patos batirán el aire moviéndolo, haciéndolo resonar.

Sigo la luminosidad

la oscuridad del viento

SATÔKA

Bellísimo haiku de Satoka, al que le bastan dos versos para “explicar” el sentido de su viaje.

Impresiona hondamente

Sensación de quietud:

el polvo sobre la mesa.

SATÔKA

Algo pequeño, vulgar, un objeto cotidiano lleno de polvo: una mesa, que conmociona profundamente “impresiona” en lo hondo dirá Satoka al advertir tal vez, al entrar a descansar en una cabaña en uno de sus viajes ese objeto de uso cotidiano frecuente, la mesa cubierta de polvo: ¿Qué es lo que impresiona, la falta de uso, la ausencia de moradores que desplacen ese polvo con su uso, la soledad que se adivina? No. la quietud, la rotundidad del objeto, tal vez olvidado, cubierto de polvo.

Hay dos aspectos de la cultura japonesa que son de vital importancia para entender parte de la esencia del haiku: la muerte y la naturaleza.

 

LA MUERTE

La muerte tiene numerosos vocablos[2] que definen la vida y el modo de vivir del moribundo. Así:

Shinju: suicidio del amante

Junshi: el martirio del guerrero por su señor

Senshi: la muerte en la guerra

Roshi: la muerte a causa de la edad.

Por tanto, no es una frontera que nos iguala a todos al otro lado como en nuestra civilización. Los japoneses al morir, siguen perteneciendo al clan familiar y se les honra en un festival dedicado a ellos cada año y están presentes en el altar familiar: tal vez por esta razón no sea algo tan definitivo como para nosotros. En todo caso y como hemos visto en la variados nombres para referirse a la muerte se nos muestra como algo tan personal, único y diferenciador como la vida de cada individuo. Muchos se preparan para morir cuando sienten que su hora se acerca y al igual que disponen su testamento, los poetas escriben un poema a la muerte. Entre estos poemas abundan los haikus.

La muerte está relacionada con la línea del horizonte en el mar, en el lugar donde se hunde el sol y con las montañas, lugar de conexión entre los humanos, que están en su base y los dioses, “kami” que están en lo alto.

 

INMENSO AMOR A LA NATURALEZA

La naturaleza permite una especie de salvación estética aunque no haya salvación metafísica en el espectáculo de la naturaleza. Hoffman lo define así: “la naturaleza no es un mero gesto de ponderación estética, sino un acto de culto”. El japonés aprecia en el paso de las estaciones el ciclo de la vida desde la serenidad y la celebración. La muerte es la sucesión natural de la vida humana. Este aspecto también lo podemos apreciar en las novelas de Mishima y Yasunari Kawabata.

Con la incorporación del budismo Zen a la cultura japonesa se incorpora el concepto de que la solución al enigma de la vida no se encuentra fuera sino dentro del hombre por lo que hay que purificar la conciencia y ver la realidad tal y como es. Esta dualidad pura no admite dualidades entre la vida y la muerte.

Veamos una bellísima muestra de algunos haikus a la muerte:

 

Mi compañero en el cielo

de la muerte

un cuclillo

FUFU (1762)

 

Oculto entre las raíces

de la hierba oigo

un cuclillo

OTSUIN (1870)

 

En estos kaikus podemos apreciar la delicada alusión a dos de los momentos del funeral sintoísta en Japón: la cremación y la inhumación de las cenizas del difunto. En el primer haiku el difunto asciende en forma de humo al “cielo de la muerte” donde se encuentra con el cuclillo. En el segundo se alude al “país de sombra” lugar bajo la tierra al que van a parar los difuntos, de donde saldrán para incorporarse como Kamis al ciclo de la naturaleza mediante las ceremonias celebradas por sus familiares en su muerte y sus sucesivos aniversarios. Allí el difunto “oye” al cuclillo entre las raíces, que como él está “oculto” entre la tierra.

 

Deshecho el pincel

de aquí en adelante le hablaré a la luna

cara a cara.

KOA (1897)

 

Esto es la calma de la muerte:

un cielo despejado,

los árboles sin hojas

SATÔKA

En el haiku de Koa, obsérvese como este haijin ya no necesita su pincel para escribir porque estará muerto, a cambio podrá participar (“hablará”) directamente de todo aquello sobre lo que había escrito en vida. Bello sin duda, pero también se aprecia la conciencia de estar “despierto” tras la muerte.

En el de Satoka apreciamos también esa conciencia de estar muerto, de anticiparse en lo que será estar muerto en clara alusión a la última de las fases del proceso de la muerte

Ambos haikus, son de una belleza deslumbrante y nos remiten a elementos de la naturaleza que como la fina línea que dibuja los ideogramas japoneses destacan en medio de la inmensidad: la luna, el cielo despejado, los árboles sin hojas. Pero estos haikus son algo más y para ello les transcribo las últimas fases de la muerte consciente en el budismo publicadas en https://4grandesverdades.wordpress.com/2013/08/02/la-muerte-y-el-budismo/

  • Este proceso de encuentro da lugar, primero, a una experiencia como de “un cielo iluminado por la luna” y de percepción extraordinariamente clara, en la que todos los estados de pensamiento que derivan de la ira llegan a su fin. Es el resultado del descenso de la esencia del padre desde la zona de la coronilla hasta la zona del corazón. Después, la esencia de la madre asciende por el canal central del cuerpo desde la zona del bajo vientre hasta el corazón, experimentando una visión como “un sol que brilla en un cielo puro”, y una gran dicha cuando todos los estados de pensamiento que derivan del deseo dejan de funcionar. El encuentro en el corazón de ambas esencias se experimenta como “un cielo vacío envuelto en la más profunda tiniebla” y un estado mental libre de pensamientos.
  • Cuando empezamos a recobrar ligeramente la conciencia amanece la Luminosidad Base, o Clara Luz del Ser, como “un cielo inmaculado libre de nubes, bruma o niebla”. [3]

 

 

BIBLIOGRAFÍA

COYAUD, Maurice (2005): Hormigas sin sombra. El libro del Haiku, DVD poesía, Barcelona.

HAYA, Vicente (2013): Aware. Iniciación al haiku japonés, Kairós, Barcelona.

Haikus de vuelo mágico http://www.vicentehaya.com/resources/Haiku-de-vuelo-m%E1gico.pdf .

Haiku-dô. El haiku como camino espiritual, (2007): Kairós, Barcelona.

HOFFMANN, Yoel (2000): Poemas japoneses a la muerte. Escritos por monjes zen y poetas del haiku en el umbral de la muerte, tercera edición, DVD poesía, Barcelona 2002.

SANTÔCA, Taneda (2002): La poesía zen de Santôka (70 haikus esenciales), traducción de Vicenta Haya y Hiroco Tsuji, CEDMA, Málaga.

MASAJO, Suzuki, CHIE, Kamegaya y SACHICO, Nishiguchi (2011): 70 haikus y senryûs de mujer, traducción de Vicente Haya y Yurie Fujisawa, Hiperión, Madrid.

 

 

 

[1] SHÔICHI TANEDA es el último célebre peregrino japonés, heredero de una larga tradición a la que pertenecieron Saigyô, Bashô, Issa, Rotsû, Sesshû…. Siempre viajaba solo “para hacer lo que quiero, y no hacer lo que no quiero; este es el motivo por el que adopté esta forma de vida. Pensaba que el contacto continuado con la gente traía conflictos, odio y apegos y para librarse de eso debía caminar. El día antes de morir dijo a un amigo “Tengo proyectado un largo viaje. Mañana mismo me arrojaré una vez más en medio de la naturaleza”. Su tutor literario fue Seisensui (1884-1976) el fundador de la Escuela libre de haiku. En diciembre de 1924 intenta suicidarse pero falla y es recogido por Gian Mochizuki Oshô, prior de un templo zen quien no solo no lo reprendió sino que ni siquiera le preguntó su nombre. A los 42 años se ordenó monje zen.

[2] Incluyo algunos de los ejemplos recogidos en Poemas japoneses a la muerte.

[3] Mar López es discípula del maestro Dokushô Villalba roshi, instructora de meditación zen y profesora de Estudios Budistas, responsable de Relaciones Institucionales de la CBSZ y presidenta de la Asociación Zen de Zaragoza.

 

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