4-1: cuerpos

Autor: David Blanco

Título: Piel y sombra

 

Sacerdote: He traído las fuerzas policiales para disolver este horroroso sacrilegio. ¿Donde se ha visto a las prostitutas honradas por dios?

Entran 2 policías.

Policías: Orden, moral, propiedad (mientras forman grupos de detenidos)

Prostitutas: ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?

Policías: Orden, moral, propiedad.

Prostitutas: ¿Qué es esto?

Policías: El orden.

 

 

Aunque se haga desaparecer el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el astral y el alma son siempre libres.
Aunque se haga desaparecer el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el astral y el alma son siempre libres.

Decía Gandhi “podrán quebrar mi cuerpo, podrán encerrarme, pero aún así no podrán obtener mi obediencia”. Este es uno de los principios básicos de la ahimsa o lucha/ resistencia pasiva, no violenta que fue emulada de forma exitosa por tantos y tantos héroes anónimos a lo largo de la historia, épocas, reinados, dictaduras, autocracias, teocracias y democracias.

En esta composición poética en la que básicamente se presenta un contraste por filtros cálidos y fríos en los que también se juega con la saturación del color, se propone una reflexión en torno a la resistencia, a la desaparición física de aquellos que resisten pero no vencen, que son aplastados (al menos durante un tiempo), pero que acaban transformados en espíritu, en sombras proyectadas sobre el mundo de la realidad, de alguna forma no desaparecen sino que perviven entre nosotros.

La primera foto fue tomada en la entrada del Museo de Memoria Histórica en Santiago de Chile, estaban realizando una intervención enfocada a la reflexión sobre los detenidos desparecidos y cuando vi la imagen me vino a la mente las imágenes de los campos de concentración nazi, aquellas pilas de ropa apiladas junto con otros objetos, pieles vacías, cáscaras arrancadas a cuerpos fulminados por el gas, envenenados, quemados, evaporados. Desaparecidos.

 

Prostitutas: Ni siquiera nos dejan morir.

Policías: Orden, moral, propiedad; eso defendemos en el nombre de un señor, que nos paga muy puntual… y muy mal.

Prostitutas: Ni siquiera nos dejan morir.

Irrumpe el Cristo de Elqui y confronta al sacerdote.

 

Extracto del libreto de la ópera chilena: “El Cristo de Elqui” de Miguel Farias

 

 

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Platero y Juan Ramón; una bella mariposa de tres colores

Autor: David Blanco

Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo. Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo por vivir. Juan Ramón Jiménez. Espacio – Fragmento 1

 

En este interesante trabajo de ficción emitido en Televisión Española,  se entrevista a un Agustín González que interpreta de forma interesante  a Juan Ramón Jiménez tras la concesión del Premio Nobel. Por aquel entonces nuestro emigrado autor ya estaba viviendo y dando clases en la Universidad de Puerto Rico (siendo originario de Moguer, en la bella Huelva).

En principio el premio reconoce toda una trayectoria profesional, pero parece ser que peso principalmente el extraordinario trabajo realizado en el libro “Platero y Yo”. Fue el primer libro que leí de niño y de ahí devino el germen de lo que sería mi interés en la poesía. Creo que los versos de este poeta lírico quedaron de alguna forma amalgamados en mi inconsciente, el amor por la poesía, al igual que el amor por la vida, no es algo que resulte de inmediato sino que ha de poder sufrirse.

De su biografía rescato algunos puntos de interés:

  •  Emigra de España en el año 1936.
  •  Tuvo una notable influencia en poetas de la generación del 27.
  •  Al menos hay dos puntos de inflexión bien diferenciados en su gens poética.
  •  En su carácter titilaba débil pero firme una cierta tendencia a la depresión.
  •  No fue a recoger el Premio Nobel. Dos días después de su concesión fallece su mujer Zenobia, punto de no retorno en su tambaleante cimentación emocional.
  • Tenía en mente escribir una segunda parte de Platero y un poemario de título “Tiempo”, complemento del sí publicado “Espacio”.

Escribo estas letras mientas escucho de viva voz a Juan Ramón en el CD de Visor “Juan Ramón Jiménez. Antología Personal”.

Remato la faena con este bello extracto de Platero, donde se narra su muerte, puede que la esencia de todas las muertes donde en el fondo lo que se encierra es una transmutación mal entendida, pero de cualquier manera bella / hermosa:

 

Encontré a Platero echado en su cama de paja, blandos los ojos y tristes. Fuí a él, lo acaricié hablándole, y quise que se levantara…

El pobre se removió todo bruscamente, y dejó una mano arrodillada… No podía… Entonces le tendí su mano en el suelo, lo acaricié de nuevo con ternura, y mandé venir a su médico.

El viejo Darbón, así que lo hubo visto, sumió la enorme boca desdentada hasta la nuca y meció sobre el pecho la cabeza congestionada, igual que un péndulo.

—Nada bueno, ¿eh?

No sé qué contestó… Que el infeliz se iba… Nada… Que un dolor… Que no sé qué raíz mala… La tierra, entre la yerba…

A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza…

Por la cuadra en silencio, encendiéndose cada vez que pasaba por el rayo de sol de la ventanilla, revolaba una bella mariposa de tres colores..

…así como en la poesía, que es la esencia escrita de la misma vida…

 

…pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección, como dioses. Juan Ramón Jiménez. Espacio – Fragmento 1

 

Enlace a la entrevista ficcionada:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-libros-ficcion/libros-platero-yo-juan-ramon-jimenez/3735198/

“Maldito y bienamado bibelot” de Heberto de Sysmo: El rabino Löw y la feliz piñata del lenguaje

Título: Maldito y bienamado bibelot

Autor: Heberto de Sysmo

Editorial: Baile del sol

Calificación: ** (Interesante)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

Quizás alguien pueda pensar, a estas alturas, que ser un poeta influido por el culturalismo como lo es Heberto de Sysmo puede ir en detrimento de la creación de una poesía, no ya comprensible, sino bella. Sería un error habitual y asociado a los tiempos que corren. El poeta ha reducido su tarea lírica (cuando existe) a la mínima expresión de dos o tres versos minúsculos previamente publicados en Twitter o Instagram, o a una chafardera actividad poética desplegada en Facebook como quién despliega las velas de un gran buque al viento por los cuatro confines del universo cibernético para que, después, los lectores con criterio (que alguno queda) comprueben que aquella promesa de velas de goleta no ya es que simplemente sean las de una discreta chalupa: se tratan de un trapillo, menos que un soplamocos cargado de lugares comunes y decepciones adheridas.

Poetas culturalistas extraordinarios hay algunos y de nómina bien ilustre. Podría empezar por Góngora, Julian del Casal, Cavafis, Eliot o Ezra Pound, influencias gozosas de Heberto de Sysmo, terminando por el venecianismo luminoso de Gimferrer, además de un par de Luises —de Villena y de Cuenca— y mi admirado Jose Emilio Pacheco, entre otros.

Estos nombres representan a la Poesía con mayúsculas, y son los grandes olvidados en esa poesía de consumo que se estila hoy en día, poesía de influencers e instagramers, poesía avalada por un gran número de seguidores en las Redes Sociales que celebran cualquier chisposa ocurrencia, más o menos inteligente, como el gran hallazgo que les alegrará no ya el día, sino los próximos quince minutos, masajeando su intelecto y haciendo que se sientan muy profundos al notar como restalla su percepción poética que creían atrofiada.

Por eso, la nómina de poetas citados anteriormente es una lista negra de textos intrincados que no sólo le exigen al lector una atención imponente y un ejercicio de descodificación, sino también un grado de cultura para comprender los referentes —y “comprender” aquí significa disfrutar— para la que ese público potencial de 280 caracteres y tópicos no está en absoluto preparado; ni quiere estarlo, porque la cultura poética vive anclada en la inmediatez de la pereza.

El grupo de rock sinfónico Genesis sostenía una máxima a la hora de componer sus canciones: si eran fáciles de interpretar no las querían; si eran sencillas no eran divertidas. En esto de la poesía actual ocurre justamente lo contrario. Al primer signo de esfuerzo, de complejidad lírica, de oscuridad, de un pequeño problema de interpretación, el consumidor de lo obvio cataloga a ese poema y a ese poeta de insufribles. Los tiempos actuales serían muy malos tiempos para los Montale, Ungaretti y Quasimodo, esa Santísima Trinidad el hermetismo.

Heberto de Sysmo se encuentra en la categoría de los poetas inteligentes, de esos poetas que también exigen un grado de talento a sus lectores. Los poemas de su último libro, Maldito y bienamado bibelot, publicado por Baile del Sol, ponen en pie un entramado complejo y casi ensayístico acerca del lenguaje como personaje, como misterioso caballero embozado que nos acompaña al lado, o en nuestro interior, en el viaje de nuestras vidas, pero no como una herramienta de la que podemos servirnos a nuestro antojo, sino como un ente poderoso que se apodera de nosotros, que habla por nosotros.

Poetas y lectores de lo inmediato y de lo obvio, me despido de vosotros. Lectores avezados, continuamos desde aquí juntos, tratando de desentrañar este ejercicio lingüístico y reconfortante que Heberto de Sysmo ha expandido sobre las páginas de su bibelot: porque no nos engañemos: el poemario es, en sí, todo él, también un bibelot.

A Sysmo, el asunto le viene de lejos. Su anterior poemario titulado La flor de la vida, elogio de la Geometría Sagrada (Lastura), presentaba un profundo análisis lírico del fractalismo y de las leyes que rigen el universo contemplado desde lo micro-cuántico hasta lo macro-cuántico. Eso es demasiado para Instagram. Puedes leer una crítica sobre esta obra excepcional que realice para este blog de Verde Luna aquí:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Pero volvamos al bibelot. En primer lugar, puede sorprender la estructura del libro, que se articula en cuatro grandes apartados: Physis, Mathesis, Mímesis y Semiosis. Sin embargo, en cuanto comprendemos que es un poemario sobre el lenguaje, elaborado con lenguaje para reflexionar sobre el lenguaje, es decir, metalenguaje, empezamos a atisbar la verdad poética que se alberga oculta en ese bibelot. Y si hablamos de bibelots con verdades ocultas, qué mayor bibelot que aquel Caballo de Troya.

Empecemos partiendo de la idea que tiene Heberto de Sysmo respecto al bibelot: somos nosotros, una especie de figurillas vacías, desprovistas de toda vida y que nos activamos gracias a la irrupción en nuestro interior del lenguaje. El poeta entiende nuestra naturaleza humana como la del Golem creado por el rabino Judah Loew Ben Bezalel, más conocido como el rabino Löv, el Maharal de Praga. Este rabino construyó un homúnculo a partir de hojas y barro que se activaba a través de un juego de palabras: se escribía la palabra hebrea Emet, “verdad”, en su frente, y el Golem tomaba vida y obedecía órdenes. Para desactivarlo, bastaba con borrar la primera letra de emet y convertirla en met, es decir “muerte”, y el Golem se desplomaba en un montón de hojarasca. Nunca el lenguaje cumplió una función tan poderosa como dador de vida.

¿Nunca? Podríamos retroceder hasta los tiempos del Paraíso Terrenal, incluso un poco más allá: En el principio era el Verbo. Heberto de Sysmo lo poetiza: “Si antes que el ser/ fue el pensamiento”, escribe en el poema Tendencia de copista. Es decir, era logos, un logos o pensamiento racional explicitado mediante la palabra, es decir, lenguaje, que entró en nosotros para convertirnos en humanos.

La palabra antecede a todo. Antecede incluso a la vida. Y el Verbo es, además, el corazón de la frase. Y la frase ayuda a construir: el hombre y la mujer proporcionan los nombres a las cosas que no existen hasta que no son nombradas por ellos, se trata de un sagrado juego léxico de creación. Todo: animales, plantas, cosas…, comienza a existir cuando adquiere su nombre. De nuevo, tenemos al lenguaje como dador de vida, como motor primigenio de creación: “Para que todo sea/debemos expresarnos”, nos dice el poeta.

Por lo tanto, la naturaleza fue cobrando forma mientras era nombrada por el hombre y la mujer, artífices y colaboradores de la creación divina. Hombre y mujer eran dos poetas, yo quiero imaginarlos como tales, guiados muy de cerca por el poder de la Luz. ¿Acaso existe una función más cercana al poeta que levanta mundos con sus versos y estados de ánimo con sus metáforas? Y, además, esta forma de nominar aleja al hombre de su estado animal primigenio, lo eleva al plano de las ideas y connota así su humanidad. Tal y como se afirma en el poema Las fuerzas de la literatura: “Resistirse a decir, convierte al hombre/ en el bruto animal del que proviene”.

Renunciar al lenguaje nos alejaría definitivamente de Dios, de la deidad o del demiurgo en el que creamos, de esa Luz, al declinar esa tarea creadora que se depositó en nosotros cuando todavía habitábamos el Paraíso o el Estado Ideal. Sin lenguaje, o con un lenguaje deturpado, involucionamos desde el plano elevado de la deidad hasta el fango animal, conectando directamente con la brutalidad.

Porque la poesía es un lenguaje divino. La Pitia en el Oráculo de Delfos, a quien se le preguntaba la duda, interiorizaba esa frase y consultaba a Apolo para responder en hexámetros. Contestaba con poesía, y ese lenguaje descendía directamente del lenguaje divino.

Heberto de Sysmo indaga en esta función creadora, como primer motor y misterio. Así, la primera parte del poemario, Physis, abunda en el lenguaje como misterio inherente al ser. El primer poema del libro, Dicotomía saussureana, plantea el enigma de un origen natural lingüístico, de que tal vez estemos ante un Dios primordial de la Naturaleza, del Ser al principio de los tiempos que se apodera de nosotros, entra en el interior de la conciencia y nos transforma.

El primer verso del poema define al lenguaje como “patria, trinchera y escondite”, relacionándolo de inmediato con la idea de que los sistemas lingüísticos son la razón identitaria primordial del ser humano. En obras como El regreso del húligan (Tusquets) del rumano Norman Manea, se concreta el desarraigo de los exiliados del régimen totalitario de Ceauşescu como una completa pérdida del idioma original en el que se expresaban, al verse obligados a escribir en otras lenguas en el extranjero. Además, el manoseo criminal al que someten al lenguaje los sistemas totalitarios termina por quebrantar el concepto de identidad nacional y se extravía la idea de patria o refugio primigenio, de escondite.

Tal y como prosigue Heberto de Sysmo en esta primera poesía saussereana, el lenguaje es “herramienta”, incluso “arma”; no en vano, en mi novela El vaso canope uno de los personajes argumenta que una imprenta clandestina hizo mucho más por derrocar a Ceauşescu que las pistolas y los cuchillos. Sin embargo, esta herramienta armada encierra un enigma fundamental para el poeta: “es más allá de mí”, y en ello radica el discurso que se extenderá por todo el poemario. El intento de descifrar los misterios —con raigambre en lo divino— de lo que claramente se muestra como “una arquitectura afín a la conciencia”, un constructo, un artificio que muchas veces puede resultar letal y cuyo origen desconocemos, o tal vez no conocemos tanto como la ciencia y los estudios parecen asegurar.

Artificio letal, en efecto, tal y como se describe en el poema (Dis) función estética. Las palabras pueden provocar grandes alegrías, como las primeras pronunciadas por los niños, pero también grandes tristezas, como las últimas, esas que prorrumpen misteriosas en el agostamiento de la vida de alguien. De esta forma, el lenguaje se mueve ubicado a horcajadas entre “la belleza y el espanto”, aumentando exponencialmente su capacidad de misterio.

Un misterio que se emboza en las cualidades de la metáfora, tal y como muestra el poema Atavío: “Sabes que en la metáfora sucede/algo nunca ocurrido;/que la ficción es hueso que vertebra/la entintación de otra mentira”. Ese misterio mentiroso de la metáfora conecta con aquella idea que dio Vargas Llosa sobre la literatura, a la que denominó como “la verdad de las mentiras”. Por esa senda, el poeta interroga al lector al final de Atavío: “Si en algo aprecias la sinceridad/ ¿por qué sigues leyendo?”.

Ser poeta es adorar y acariciar el misterio de esa lengua que ha penetrado en nosotros apoderándose del bibelot humano, de nuestro Golem propio al que resucita. Ser poeta viene definido en el poema Desopercular: “Rebañas la colmena, aunque tu vida/arriesgas por la miel de la palabra;/nada te importa ya, /morir buscando, /yacer en el sendero de los héroes”. Así que ser poeta, hacer poemas, es eso, un remover las celdillas de la vida, como si fueran un panal, y obtener en los versos las esencias, ceras y mieles, palabras que desentrañen el hermoso misterio que dota de vida al bibelot.

La segunda parte del poemario, Mathesis, abunda en el proceso del aprendizaje, con un fondo en el modelo matemático de Descartes y Leibniz, esa Mathesis Universalis mediante la cual, porque la lengua son signos como las matemáticas, se puede buscar y alcanzar la perfección lingüística.

El primer poema de este segundo tramo, Ergógrafo del alma, nos trae al bibelot, presente, como esencia del lenguaje: “Maldito y bienamado bibelot, /insuficiente eres, imprescindible, /nuestras vidas constriñes y constelas”. Somos Golem, somos los hombres huecos de T.S. Eliot, somos la criatura de barro y hojas aterrada, esperando ser desactivada por el hacedor, esperando para convertirnos en un montículo de polvo, dominados por esas palabras y ese lenguaje que nos convierte en todo y en nada.

Además, el poeta, el escritor, prolonga la vida en sus palabras, incluso en la tinta con la que las escribe. En el poema Dicterio se consolida esta relación vital: “En el dibujo, /una delgada línea limita/la carne, del vacío. // En la escritura, /la tinta es la frontera/de la fragilidad de nuestra vida”. La perspectiva es aterradora, tan sólo queda refugiarse tras la poesía si se tiene la fortuna de poder utilizar de esa forma el misterio del lenguaje. El poeta es El cobarde embozado: “Mi verdadero yo es quién se oculta/detrás de este atavío de fonemas…”. Y la poesía, el lenguaje, es un virus “que en tinta se propaga”, se nos advierte en Huésped.

Heberto de Sysmo, con esta transición hacia el impulso poético como sufrimiento, está abriendo la vía al lenguaje como enfermedad, incluso como maldición. La poesía provoca dolor y además “nacido del dolor/un verso escapa;/como lamento, /como respuesta al daño/que su herida comporta” (poema Asunción). Tal vez la raíz de este mal tan doloroso provenga de que el poeta intenta un imposible mediante el uso del lenguaje: “quiero inventar más mundos/y tan solo los nombro” (poema Cláusula del Arte).

El tercer tramo de Maldito y bienamado bibelot es el titulado Mímesis, es decir, imitación, estética. De esta forma, las referencias a técnicas artísticas cuyo objeto buscan copiar la realidad, se convierten en el leitmotiv de la parte. Ya sea en pintura o en arquitectura, la cuestión es, mediante la recreación de la realidad, intentar descubrir una zona misteriosa que se encuentra oscurecida, que quizá pueda explicar el misterio del bibelot. Así, el primer poema presenta un título muy significativo, Esbatimiento, técnica pictórica mediante la cual un cuerpo deja en penumbra parte de otro al entorpecer la luz que incide sobre él.

Heberto de Sysmo entiende que hay zonas del lenguaje en penumbra, que necesitamos iluminar. En Apostema lo afirma con certeza: “El pensamiento abunda/en los ángulos muertos del lenguaje”. Para encontrar esos misterios hay que trabajar la forma poética, “las trilladas semillas/del verbo” (en Mies poética), porque es indudable que “Entre los versos/arden palabras libres/nunca escritas” (Caligrafía oculta). Parece que en esta parte de Mímesis será en donde el poeta se sienta con mayor control sobre este misterio del lenguaje, una vez que ha concluido que todo forma parte de un código ante el cual es imposible oponerse.

De esa forma, solo admitiendo eso, puede aparecer, ahora, la estrofa clave de este Maldito y bienamado bibelot. Y será en el final del poema Isoyeta: “Somos en el lenguaje, /a través suyo urdimos/cartografías de la mente”. Quizás este sea el gran descubrimiento que habitaba en esa zona en sombra, entre las aristas de la penumbra. Porque urdiendo esas cartografías de la mente, así, podemos alcanzar cierta forma de inmortalidad: “Dramática belleza la del signo;/sobrevive a su autor/y aun sin testigos/se inmortaliza” (en poema Magma etéreo).

Un momento… Desengañémonos, lo que es eterno son las palabras, nosotros no podemos aspirar a competir con su longevidad. Serán las palabras quienes nos sobrevivan, en una dulce derrota.

Por último, Semiosis, cierra el poemario. De las cuatro partes, la segunda, tercera y cuarta se están refiriendo a las potencias de la Literatura: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se ha basado en la Physis, como una potencia particularmente humana que se suma a esas mismas potencias.

Ahora, esta Semiosis o creación de signos con significados, esta forma de construcción de la realidad, buscará reafirmar al poeta en su poesía, a Juan Antonio Olmedo López-Amor en su heterónimo de Heberto de Sysmo, del cual disfruta como si hubiera obtenido una canonjía. Tal es el título del primer poema de esta última parte, Canonjía, en donde se firma una declaración de lo que es ser poeta: una “declinación a la locura”.

Una locura en la que se debe creer con toda la fe. El poema Retribución de fe muestra los beneficios que se derivan de aceptar ese uso del lenguaje, o de permitir que el lenguaje nos haya penetrado a la búsqueda de la belleza en nosotros, los seres huecos: solo creciendo en la escritura y creyendo en la escritura los “párrafos se convirtieron/ en dolientes estrofas”. ¿Acaso no va de eso ser poeta? ¿De que duela cada verso empalado en cada estrofa?

Volvemos, mediante este dolor de las estrofas, o a través de este dolor de las estrofas, hacia atrás en el tiempo y en el poemario, porque el bibelot-Golem está cercano a desarmarse, el lector está a punto de terminar la lectura y con ello dibujar la palabra met en la frente del poeta. Por ello, es necesario establecer la palabra, de nuevo, como el inicio de todo, de ese big bang semántico, del estallido de la materia oscura en colores que luego nos hizo humanos. Esto queda fijado en el poema Falso hohlraum, que se remonta al destello de la palabra como faro de las entrañas del Universo y que tiene su continuación en el poema Espiral de vida, donde el fractalismo de lo que es “Decir para vivir/vivir para decir” es sinónimo de vida. Y en Óbelo esta vida propiciada por la palabra poética revienta incontrolada: “Soy tantos como pueda imaginarse”, afirma el poeta.

Sin embargo, el bibelot que también es el libro de Heberto de Sysmo desemboca en su poema final: bien podría componerse de solo esa palabra met que lo desactivaría, pero aún tiene fuerzas de sellar su epitafio en Sagrada evanescencia: “Morir en la Palabra/es justa aspiración/ para aquellos que “solo” / han vivido por ella”.

Expira así este bibelot animado por la posesión del lenguaje poético, con abundante carga catafórica en los títulos de los poemas que, así, conforman parte misma de ellos. Eso significa que cada poema es un pequeño bibelot poseído por sus propios títulos que lo animan, creando una constelación de bibelots que se replican a sí mismos para conformar el gran bibelot del poemario que a su vez proviene del bibelot-poeta, en un panorama de fractales que toma su dirección hacia la macro-cuántica.

Todo posee un significado que va más allá de lo simple, de lo visible, en la poesía de Heberto de Sysmo, eso es lo que la convierte en algo tan apasionante. El lenguaje se introduce en nosotros como su fuera un Caballo de Troya, consigue pegar fuego a nuestras defensas, y justo desde ese mismo instante comienza a gobernarnos. Sysmo, en su poesía, intenta apoderarse de las riendas de ese Caballo, de ese lenguaje, aunque tan solo sea por un momento y poder crear, así, belleza.

Y no debemos olvidar que el poemario se llevó el Premio Nacional Isabel Agüera Ciudad de Villa del Río, un mérito más de este texto, pero que a mí me interesa traerlo al final de mi análisis por un motivo: Heberto de Sysmo presentó este poemario al concurso bajo el pseudónimo de Scardanelli. Y este es el último guiño que nos hace el poeta, ya desde la concepción primigenia de su bibelot.

Bajo ese nombre de Scardanelli firmaba, hace más de siglo y medio, el enfermo, el poeta Hölderlin desde sus treinta y seis años de encierro en la torre de Tubinga cuando era víctima de la locura, de una esquizofrenia que lo atravesaba obligándolo a desencadenar una verborrea imparable. Hölderlin era, así, bibelot-Tourette ahíto de palabras que lo convulsionaban. Algo de Tourette hay en los poetas, siempre lo he mantenido, que se activan como un Golem cuando en su bibelot penetra el lenguaje y entonces solo son capaces de mencionar la belleza…, incluso extrayéndola de la negritud más horrible.

Heberto de Sysmo es una moderna versión de ese Scardanelli pleno de palabras, instalado en la pacífica locura de su bibelot que cuelga del árbol de lenguaje como una piñata que, al romperla, nos baña con la felicidad de sus poemas.

Mezouar El IDrissi: poesía actual en Marruecos

Por: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

 

Hay eventos que generan momentos inolvidables entre los que participan o asisten como oyentes a ella. Un ejemplo lo tenemos en la charla poética sobre poesía marroquí actual del poeta y traductor Mezouar El Idrissi, en la que contamos con la presencia de Ricardo Lorenzo, ex director del aula de poesía José Luis Sampedro con  Carmen Dones Alonso, directora de la biblioteca municipal de Aranjuez y Luis de la Vega, director de la Universidad Popular de Aranjuez y un público maravilloso y entregado.

A Mezouar Mezouar El Idrissi (Tetuán, 1963) lo presentó Ricardo Lorenzo como poeta, crítico y profesor  que entre 1996 y 2011 impartió clases de Lengua y Cultura Árabe en el IES Severo Ochoa, de Tánger. También resaltó su trabajo actual comos profesor universitario de traducción en la Escuela Superior Rey Fahd y como coautor de la traducción al árabe de las antologías poéticas de Ángel González, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.

Ricardo Lorenzo, escritor al que admiro por su interesante, extensa y documentada obra Pasaron por aquí, recopilación apasionada de los escritores, músicos, artistas e intelectuales que estuvieron en Aranjuez a lo largo de los siglos y que es en parte recopilación de artículos periodísticos publicados en el diario Mas, señaló su impronta simpatía y admiración por Mezouar El Idrissi: inexplicablemente, el poeta marroquí había traducido al árabe algunos de los poetas favoritos de Ricardo Lorenzo: Poemas escogidos, de Vicente Aleixandre; Fuego blanco e Inscripciones, de Andrés Sánchez Robayna; Llevarte el día a casa, de Jordi Villalonga; Viajes por Marruecos, de Alí Bey; Rimas, de G. A. Bécquer; Vista cansada, de Luis García Montero; Sefarad, de Antonio Muñoz Molina; Para vivir aquí, de Juan Goytisolo.

Ricardo Lorenzo nos relató cómo recibió los poemas De Mezouar El Idrissi en Argentina, entre ellos el poema titulado “Los árboles”. En ese momento se encontraba viendo un programa en la televisión argentina sobre Alberti y su Arboleda perdida. Asimismo Mezouar al relatar lo que más le había impresionado tras su llegada a Aranjuez dijo que habían sido las arboledas que habían acompañado sus pasos desde la estación de ferrocarril hasta el Centro Cultural.

Los árboles

Los árboles que bordan las ansias de los pasos,

los árboles que acompañan las noches de los muertos,

los árboles que se deshojan al compás de los otoños,

los árboles que se embellecen frente al leñador,

los árboles que mecen a los lactantes,

los árboles que esconden árboles,

los árboles que ocultan cuerpos

son los que mueren de pie y no nos abandonan.

La magia de este encuentro prosiguió a lo largo de la charla con la que nos obsequió nuestro poeta: nos habló del origen de la poesía marroquí destacando que ya desde el inicio tuvieron gran protagonismo las mujeres poetas. Sin dejar de ser crítico con algunas de las actuaciones españolas en su país, nos habló de su inmenso amor por España y su lengua, que aprendió de niño viendo la televisión; del enorme legado positivo de la convivencia hispano marroquí; del teatro, herencia española que se desmorona en uno de sus edificios más emblemáticos:

(DEDICADO AL GRAN TEATRO CERVANTES, DE TÁNGER, EN TIEMPO DE SILENCIO)

El tiempo se derrama amarillo

sobre tus columnas

como si el azul no te hubiera habitado

como si Hércules hubiera contrabandeado tus alegrías

como si las tristezas de Ricote

hubieran flotado sobre tu silencio

como si hubieras sido otro 

 

Especialmente nos cautivó su charla sobre la poesía actual marroquí en la voz de sus mujeres. Mezouar dedicó la última parte de esta a hablarnos de tres poetas actuales marroquíes de las que a continuación reseño lo más significativo. Tres poetas: Quafae El Armani, Touria Magdouline e Imán Kahatabi, a las que Mezouar puso voz árabe y la que escribe, voz española y en ambas voces resonaba alta su música y sus reivindicaciones. Para Mezouar:

 

“Está claro que hay diferencias entre cada una de las tres poetas, porque cada una tiene su peculiaridad y se destaca con su técnica, lenguaje y estilo. Pero, en general, se pueden encontrar aguas subterráneas que corren debajo de sus versos tallando puntos de encuentro entre ellas. Estos puntos comunes se concretan en: reflexionar sobre la condición de la mujer, criticar la sociedad conservadora, revolucionar la cultura y la escritura, y dar el protagonismo al cuerpo.”

 

A continuación concluyo con las voces de cada una de ellas esperando que los lectores disfruten y reflexionen tanto como todos los que asistimos a la charla poética de Mezouar El Idrissi el pasado 26 de abril:

 

Ouafae El Amrani

 

Al extraño enraizado en los vestíbulos de mis promesas

a sus clarinetes que ascienden desde la avidez del latido

a su tierra que se desvela para el hechizo de matar

a su herida

a sus bodas

al idioma de sus cosas

al jazmín al que confié la soledad de sus bosques

algún poema

a la sal de sus deseos en mi sangre

a mi sueño que es de antiguo vino

a nuestra noche que no era

conocedora de mis pulsaciones

Que venga mi amado

murmulla un sueño de iris en su alba

torrencial

Prepararé mi mañana y mi ayer.

Sobrepasé las orillas del pequeño cansancio

el gran enfado

me hermané con el aleteo del viento

arribé en medio del fuego

como si yo fuera la delantera

al que aspira el andar

y no lo alcanzan los pasos

Para conocer el amor

salí del amor

Para esparcir las rosas

moré en la promesa

Para turbar el pétalo

penetré en las raíces

Para amar una patria

tenía que recogerme a mí misma

Para recogerme a mí misma

diseminé mucho

y me inventé a mí

 

 

Touria Majdouline

 

Y tú

Solamente quieres restaurar este corazón

Y andas

queriendo saber

¿Quién provocó la sed al mar?

Y ¿Quién atizó la talla de las llamas

Hasta que crecieron en las leñas de tus noches?

Entonces

Arroja tus antiguas sombras

Tienes todas las razones para tantear

Para dibujar el arco iris

Sobre su pecho

Y entrar en el jardín de los cerezos

En el cerezo que crece entre tus manos

En la presencia y la ausencia

El cerezo que

Esconde el secreto de la naturaleza

Lo revelará en tu presencia

 

 

Iman Khattabi

 

Soy portadora de mi cuerpo,

lo cuido y lo vigilo

y no domino su alma.

 

2

 

Guardias vigilan mi alma,

y fuera del alma mi cuerpo es

rehén.

 

3

Guardias vigilan mi cuerpo,

y mi alma dentro de mi cuerpo

prisionera.

Me siento junto al río de la infancia

Me mojo con lejanos recuerdos

y empapo mi alma en la alegría del agua,

¡oh voz del agua! ¡oh baile del agua!

¡oh hechizo del agua!

Sigo todavía deseando morir de noche

y deseo morar en las entrañas del agua.

¿Combustión? ¿Sed?

¿Sequedad del alma o calor del corazón

lo que me arrastra hacia las orillas?

A ellas les digo: me he secado,

llevadme por vuestro camino hacia el agua.

 

-El Idrissi, Mezouar, “La voz de la mujer en la poesía marroquí contemporánea”, Tres Orillas. Revista intercultural : (2007), Ed. A.M.P. Victoria Kent. Algeciras, nº 9-10, pp.52-57.

-Lorenzo Sanz, Ricardo, Aranjuez (De la “A” a la “Z”): Pasaron por aquí, Madrid, Díkitur, 2014.

Montserrat Doucet en Aranjuez a 9 de mayo de 2018