Zeus de Juno


Fotopoema

 

Un gran ojo nos observa desde hace cientos de años desde Júpiter; se trata de una gran tormenta quizás desatada por los dioses de un Olimpo invisible. Quizás dicha e imponente tormenta esté generada por el revoloteo de pájaros formados por polvo de estrellas  color verde (el mismo material del que están hechos los sueños), dando una y mil vueltas alrededor de algún punto imaginario bajo su superficie.

Los expertos, los científicos, cualquier aficionado a la astronomía podrá comprobar con claridad (ya que este coloso de gas se encuentra en su perigeo u órbita más próxima a la Tierra), que está mancha existe, que está ahí. Tiene más o menos el mismo tamaño que nuestro planeta imaginario, la Tierra que algunos dementes aún piensan sigue siendo plana. Desde ese pozo de Murakami, perteneciente a sus muchos mundos posibles, novelados, descritos, esbozados y fijados para siempre en lo más profundo de nuestro subconsciente, se pueden observar las estrellas, los planetas y puede que algún que otro Humuamua que venga de nuevo a adelantarnos la proximidad de nuestro encuentro como especie con Rama.

El trabajo está realizado a partir de la combinación de dos fotografías, la de Júpiter facilitada por Nasa, esa maravillosa agencia militar de exploración espacial (y próximamente adalid de la explotación minera), y la de unos pájaros pintados cual grafititi sobre el muro de alguna ciudad portuguesa de cuyo nombre no quiero acordarme. Con el consabido filtro le fue agregada una tercera foto de conglomerado de soles, estrellas y en definitiva de otros mundos posibles donde muy probablemente almas renacidas que antes estuvieron por este pequeño punto azul del firmamento dirigen sus miradas al los cielos quizás iluminados por dos, tres soles, mientras se preguntan si más allá de sí mismos, hay otros mundos posibles.

Mientras tanto, me agrada pensar en la idea de que ninguna bandera podrá ser hincada ni alzada sobre el suelo de Júpiter ya que no tiene suelo, de sus nubes, de su rara atmósfera, se pasa a su núcleo (un auténtico enigma). Me agrada pensar que poner un pie en su superficie es casi tan imposible como tomarse un te con Dios y susurrarle al oído (tenía razón, soy pues era observado).

 

 

 

 

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