Ronald Campos, poeta de certezas y claridades

Autor: José Carlos Breto

Revisado por: David2

Ronald Campos nació en San José de Costa Rica, en 1984. Profesor de Lengua y Literatura en la Universidad, su obra publicada ya puede considerarse extensa y clave dentro del panorama poético de su país, con proyección en Hispanoamérica. Ha publicado los siguientes poemarios: Deshabitado augurio (2004), Hormigas en el pecho (2007), Navaja de luciérnagas (2010), Varonaria (2012), Mendigo entre la tarde (2013), La invicta soledad (2014) Quince claridades para mi padre (2015) y el poemario que ha propiciado esta entrevista, Respuestas de la tierra (2016).

 

Ronald Campos entrevistado por nuestro colaborador José Carlos
Ronald Campos entrevistado por nuestro colaborador José Carlos

 

1-En primer lugar, ¿qué significa la poesía para ti? ¿Por qué esa necesidad de poetizar la realidad?

La poesía no es una cuestión de palabras, decía Aleixandre. Hablar de poesía es tan inefable como lo que la misma poesía persigue. Acaso puedo decir que sea un centro, hacia donde el poeta se dirige a sí mismo y al poema y al lector, y un vehículo, laborado y creador, por medio del cual se llega a un ámbito cotidiano, es decir, fenomenológico y trascendente, profano y sagrado, real e irreal. De ahí que la necesidad de poetizar responda a concretar ese ámbito de manera que sea percibido e intuido por aquellos tres que, contingente y casualmente, se (con)funden en el siempre instante cuántico en que solo dicho ámbito tiene lugar.

2-¿Es el poeta un niño que juega con la realidad o un adulto que se refugia en el juego poético para defenderse de las ofensas de la vida?

Es un adolescente. El poeta está a medias entre el niño, al que regresa intuitiva y lúdicamente porque aprendió estas aptitudes de él, y el adulto, al que escucha y obedece a fin de tenderle trampas al lenguaje y al poder. Es un adolescente que está descubriendo constantemente su voz e identidades, a caballo entre lo que reconoce y acepta, y lo que le dicen debe ser. En medio de este estado, de esta tensión, el poeta, consciente de su capacidad contemplativa, intuitiva, de ensoñación poética e imaginación simbólica, explora la realidad acaso para refugiarse, acaso para renombrarla y, así, recrearla como la vive o no.

3-¿Qué significa para ti Castilla y lo castellano como objeto poético?

Castilla es parte de mi niño. Cuando comencé a escribir a los 17 años, visité la biblioteca de mi colegio y, al azar, llegué hasta dos poemarios que estaban yuxtapuestos: Cantos de vida y esperanza y Campos de Castilla. Los dos se convirtieron en centros y vehículos. Y, claramente, el segundo de ellos aportó un plano, un espacio que yo imaginaba como de libertad y, a la vez, de empoderamiento, de realización imaginaria y, por tanto, plena, en ese momento tenso que todo adolescente, y más uno gay, padece al (des)oír las voces de lo que debe ser y la que está buscando ser, decir. Castilla en mi adolescencia fue uno de mis primeros ámbitos cotidianos. Lo castellano, recientemente descubierto por mí en su materialidad física y simbólica, me ha revelado la heterogeneidad cultural que soy, y somos, a ambos lados del Atlántico, en tanto sujetos hispánicos. Porque lo castellano es, como parte de lo hispánico, también una voz de voces donde se escuchan cuánticamente lo indoamericano, lo hispano-cristiano, lo hispano-judío, lo hispano-musulmán y muchos más ecos.

4-En tu poemario Respuestas de la tierra vemos como sería Castilla mirada con ojos tropicales, pero ¿y Costa Rica, el trópico, visto con ojos castellanos? ¿Cómo sería?

El ámbito verde. Lo verde que a Castilla le falta y que, por ello, asombra, escapa de sus posibilidades, conduce a la ensoñación. Lo verde que, como todo lo americano y nuestra historia, a través de la poesía es manantío expresivo, caudal, potencia, montaña, centro de reunión que, aunque no lo reconozcan ni acepten quizás algunos ojos castellanos, es igualmente una voz de voces de lo hispánico. Costa Rica, en las fantasías actuales, es un paraíso, es “pura vida” y, tal vez, hasta un poco Keylor Navas; sin embargo, mi país, con su literatura y cultura, es un ámbito que invito, no solo a los castellanos sino también a todos los españoles, a descubrir, ya que podría sorprenderlos, a pesar de ser un territorio pequeño o inclusive incierto, pues muchos no saben ni donde se ubica.

5-En España, la mitad de los españoles ha escrito un libro, y la otra mitad lo está escribiendo… En Costa Rica… ¿la mitad son poetas y la otra mitad quieren serlo? Me ha parecido percibir un cierto cansancio poético allí, y una intención de revitalizar la narrativa… ¿es así? Entonces, ¿hacia dónde se dirige la poesía actual?

La narrativa, tanto en Costa Rica como España y en otras latitudes, goza de salud. Pero la poesía anda eufórica, enérgicamente desatada. En cada esquina se encuentra uno un poeta y así variedad de voces, ecos, cuchicheos, susurros, silencios. Como en todos lados, y esto es parte de la literatura en general, existen quienes desean monopolizar e institucionalizar lo que es la poesía; sin embargo, y para bien, se da la heteroglosia, aunque por esta misma razón existan poesías que gritan, poesías que cantan, poesías que repiten y, por suerte, poesías que, vinculadas a lo primordial y creador, balbucean. Hace un tiempo dejé de interesarme en hacia dónde se dirige la poesía; me interesa ver cómo conviven sus distintas manifestaciones, aunque dicha convivencia a veces lo lleve a uno a querer balbucear en solitario.

6-Háblanos un poco de tus maestros en poesía, de tus lecturas favoritas, de aquellos que más te hayan influido en la poesía y, por extensión, en la literatura. ¿Qué has encontrado en ellos?

Al inicio cité a Aleixandre. De él, sus formas, imágenes y ese ámbito cósmico donde los seres irreales —¡y qué más irreal que un sujeto homosexual pues está relegado a la irrealidad (la inexistencia e irrealización) dentro del ámbito real: el orden (hetero)patriarcal— combaten lo que deberían ser, sus enajenaciones culturales y se representan, son, viven, aman como cuerpos liberados con nuevos campos de percepción y afectividad de forma abierta y en conexión con la naturaleza, con la necesidad primigenia de pertenecer a los ciclos. Luego mencioné a Darío y Machado. De ellos, la heterogeneidad y la creación de los espacios poéticos adonde ir y llevar al poema y al lector. He estado (re)descubriendo últimamente a mis otros maestros y maestras del 27, así como a poetas hispanomusulmanes, hispanojudíos, indoamericanos y más contemporáneos, españoles y latinoamericanos, como Claudio Rodríguez, Lezama Lima, Esthela Calderón, entre otros. Sin embargo, el poeta que más ha influido en mí como persona, poeta y académico ha sido Laureano Albán. De él aprendí no solo técnicas, estrategias textuales, sino también a autodescubrir mi propia voz y perspectiva con respecto a lo que deseo y creo como poesía. Laureano ha sido mi maestro, mi amigo y le debo mucho. He dedicado tiempo y esfuerzo a estudiar y dar a conocer su amplísima y valiosa producción, la cual es sin duda cima, tanto como las de Darío o Neruda, de la poesía hispánica.

7-¿Qué opinas cuando te dicen o escuchas comentar que eres el próximo Laureano Albán? ¿Cuándo dicen que has heredado su poesía, su conciencia poética, o que serás un prolongador de su escuela lírica…?

Es un halago, pero no una verdad. Laureano Albán y yo hemos compartido durante mucho tiempo y hasta hoy sigo aprendiendo de él y, como dije, me enseñó lo principal: a descubrir mi propia voz. Coincidimos en la perspectiva trascendentalista, pero cada uno tiene su propia huella para devolver en forma de cantos los rastros del misterio. Nunca me he propuesto ser el próximo Laureano Albán. He leído y escuchado decir que yo soy el “Laureanito rosa”; lo de “rosa” por mi esfuerzo de enunciar y visibilizar lo homoerótico a través de mi palabra. Dentro del piropo, les agradezco porque reconocen también que mi obra estaría en un nivel y visión de mundo de alta calidad estética hacia la cual, con aciertos o no, he tratado de dirigirme, eso sí, conscientemente desde el inicio de mi carrera literaria. Por otra parte, Laureano Albán no tiene escuela. Él no enseña un método de escritura. Él ha llevado a que muchos encontremos nuestra propia voz. Esto lo saben mis compañeros del Círculo de Poetas Costarricenses y el Grupo Trascendentalista de Aranjuez. Más allá de nosotros, algunos le reconocen y agradecen tal enseñanza. Otros la niegan y aborrecen. O malentendieron o no pudieron entenderla, por cuestiones de ego o conveniencias editoriales y amiguismos. Cada quien sabrá, pero repito: Laureano Albán no tiene escuela: tiene magisterio, como demiurgo que es, y no ha hecho más que compartir sus aprendizajes, inquietudes, dudas y verdades a través de su poesía, ensayos, sobremesas, talleres, recitales, confesiones. Si seré prolongador de este acervo de conocimientos, no lo sé, pero me gustaría rescatarlo y darlo a conocer.

8-Si la poesía es un arma cargada de futuro… ¿qué es la narrativa? ¿Una bomba atómica? O una pérdida de tiempo…

Complicado nos lo pone Gabriel Celaya con esta metáfora. Yo no restringiría a la poesía la tarea o pretensión de soñar y crear ese futuro, esa utopía donde todos podamos convivir en la heterogeneidad que somos. La poesía hace lo que puede, como también la novela, y aun el ensayo, el teatro, el cuento y otros. Ningún texto literario puede entenderse como pérdida de tiempo; cada uno logra o intenta, a su manera, ser “arma cargada de futuro”; cada uno estalla, nunca destructiva, sino constructivamente en sus cómplices que lo reciben.

9-La poesía, un poema, el trabajarlo… ¿es más una cuestión de desperdicio de papel o de inspiración?

El papel aguanta lo que le escriban. Y así hay publicaciones. Son parte de la diversidad. Trato de leer lo que se publica, comprender esta vastedad, pero también selecciono según múltiples criterio. El principal de estos es el trabajo con la metáfora, el trabajo con aquello no que hace a la poesía poesía, porque ella no es ni tiene una esencia, pero por lo menos aquello que intenta volverla ese centro, ese vehículo otro y que por medio de un trabajo lingüístico, intuitivo, simbólico e ideológico lo cautiva a uno mismo y al lector, y nos hace pensar que tal poema es un ámbito de profundidad y mostración inasequible por otro procedimiento. Por tanto, creo que un poema debe trabajarse, no es el resultado de un proceso de inspiración, del impulso que todos tenemos, pues el impulso creador poético está en el lenguaje y es el más democrático de todos, decía Borges, en algún momento todos hemos dicho al menos una metáfora o escrito un poema; pero a la vez, decía él, el poema es aristocrático, pues pocos lo conciben y logran como concreción artesanal que implica meditación, trabajo y dedicación. A ello mismo se refería el propio García Lorca con su diferencia entre poesía y poema. Ahora, que los poetas actuales consideren que sus textos son un desperdicio de papel, me parece que, si fueran conscientes de ello, evitarían tal despilfarro, ya que los árboles nos son mucho más necesarios y urgentes hoy.

10-¿Qué opinas del Blog Verde Luna?

Repito las palabras de Borges, nada más democrático que la poesía y, por tal razón, ella asalta hoy más que nunca las redes sociales. Estas son el más democrático de los espacios de enunciación. Sin embargo, hay que saber seleccionar no solamente los poemas que se leen, sino también los blogs o páginas donde aparecen. Por mi parte, creo que son pocos los blogs que contribuyen realmente a dar a conocer nuevas voces poéticas de calidad, aportar las teorizaciones sobre la poesía de especialistas y profesores, brindar reseñas que guíen a las lecturas de obras novedosas en las letras hispánicas, entrevistar a poetas que algo nuevo tendrán que decir a través de su voz y su mirada. Verde Luna se ha propuesto estos como sus objetivos y, aprovecho la ocasión, para felicitarlos por ellos, porque en realidad están desarrollando, con un magnífico equipo de trabajo, un excelente trabajo de crítica, promoción y teorización sobre la poesía hispánica contemporánea.

11-Despídete con un pensamiento poético.

El poeta es aquel quien mueve, desde la marginalidad, su palabra, para volverla eterna. Esta ha sido mi frase desde hace algún tiempo; por eso, y en honor de esta perseverancia y dedicación, me gustaría compartir, más que un pensamiento poético, un poema, adelanto de una próxima depravación de la luz:

 

HABITAR EL MILAGRO

 

“Mi religión es la religión del amor,

dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras”

 

Ibn ‘Arabi (1165-1240)

 

No nos importa si

nuestro amor no es legal.

Tú y yo somos hombres-mujeres,

mujeres-hombres

y juntos otra cosa.

Nuestra sombra andrógina, ¡ya ves!, es un desastre.

Y ellos no pueden verlo, no por ciegos, sino

porque no es de estas sillas

y es de estas sillas.

 

Nuestra habitación, Franklin,

no temas, no es un encierro.

No es que triunfaran

insultos o amenazas.

Es que desde adentro le hacemos

el amor al bullicio,

depravados de luz,

voranescos de asombros,

con todo un antemar en el oído,

para escuchar lo blanco

distinto en las gaviotas,

para que tiemble

lo eterno

como solo Dios puede en sus espejos.

 

Desde adentro le hacemos

el amor a la injuria, Franklin.

Con tu cabello perdiéndose donde

ambinacen mis piernas,

¡adelantándose entre la niebla nuestras manos

juntas!

   Una

Descubriendo que el mundo

también había nacido en ella, pues

siempre            siempre

el verdadero espacio

nace del corazón

vertical de la luz.

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Castilla vista con ojos tropicales: Respuestas de la tierra, de Ronald Campos.

Título: Respuestas de la tierra.

Autor: Ronald Campos.

Editorial: Juglar.

**Interesante

Por José Carlos Rodrigo

 

 Cuando la poeta Montserrat Doucet le envió a un Miguel Delibes, ya enfermo y retirado de la literatura, su poemario Paisajes hacia lo hondo, el escritor vallisoletano le respondió con una carta en la que afirmaba, con una sentencia no exenta de nostalgia, pero también con algo de rabia: “Otro libro de Castilla. La arruinada Castilla madre de pueblos”.

            En efecto, una Castilla desolada, áspera y dura, tal y como habitualmente la han visto los poetas, desde Machado a Juan Ramón Jiménez, pasando por Unamuno y Claudio Rodríguez. Y Delibes no era ajeno a que en el poemario de Montserrat Doucet esta visión tensa, de una tierra incómoda y cuarteada, continuaba con la tradición.

            Ronald Campos, en su poemario Respuestas de la tierra, también se ha ubicado sobre las tierras castellanas para mostrarnos su mirada poética. En ese sentido, abraza toda la cosmovisión lírica anterior, pero, de repente, la Castilla que aparece tras el tamiz de sus versos es una región bien distinta a lo poetizado hasta ahora: porque Ronald Campos observa Castilla con ojos tropicales.

            La Castilla como región poética, amasada por Ronald Campos en Respuestas de la tierra, es una tierra repleta de sorpresas que se le revela como una extraña amalgama de piedra y naturaleza desbocada. La hibridación entre el trópico y la meseta queda establecida ya en uno de los primeros poemas del libro, Castilla y León, en donde se produce un primer e inmediato reconocimiento del poeta con el paisaje, gracias a una lengua común (aquí el llamado “yo poético” pertenece al del autor, dado que enfoca este poemario como un poemario de viajes y las vivencias desgajadas de los mismos). Un lenguaje similar, el que se habla allá y acá, lenguaje castellano que establece un puente de reconocimiento y, gracias a él, el poeta puede definirse: “Tu lengua con que me mantengo//reptil//con antaños presentimientos”. El poeta asume su cualidad tropical en la figura del reptil, identificado con alguna de las 255 especies de reptiles que habitan Costa Rica y que tienen su espejo en nuestras pizpiretas lagartijas que descansan sobre las paredes rurales, empachadas del sol inclemente.

            De esta forma, y tal y como argumenta Montserrat Doucet en su espléndido prólogo al poemario, se produce una invasión de animales tropicales que, invocados por la mirada poética, poblarán el espacio castellano. Así, el acueducto segoviano se metamorfosea en iguana de piedra: “Esta iguana de piedra//sacude sus escamas alborales//Empuja a lengüetazos//coches a mis umbrales” (en Spleen segoviano). Tal es la riqueza y originalidad de estas imágenes, que el poeta puede sentirse transido en ocelote por la contemplación de la catedral de Valladolid en el poema Catedral, sus huesos se inflan “como boas” en El otoño, salpicando las composiciones con lagartijas, cigüeñas, “panteras de viento”, un “jabalí de frío”, el “águila-tigre de claridades” o una “videollamada con búfalos en la garganta” (en De repente, Valladolid).

            Después, aparece el motivo de la piedra. De esa piedra reptiliana sobre la que se calienta la iguana, esa piedra que forma parte del paisaje castellano como el bosque lluvioso lo es de Costa Rica. Para Ronald Campos la piedra está viva, ya sea formando parte de los frontales y portones de las catedrales, ya sea en una conexión cósmica percibida en el desfiladero de la Yecla, en Burgos, o en las torres del horizonte de Monte El Viejo, en Palencia. La piedra transporta un código en su interior, un mensaje que es como una carga de ADN; la piedra, los sillares, emanan una sustancia en la que el poeta reconoce el paso del tiempo, la permanencia eterna e inmóvil en ese devenir, y se proyecta en ellas como un viajero atemporal, cuántico. Lo que ha sucedido delante de la piedra continúa ocurriendo, y ocurrirá siempre.

            Estas piedras castellanas conforman una vegetación viva y característica de la región, como en Costa Rica lo es la vegetación exuberante. Se produce una simbiosis entre la materia tropical del poeta y el ecosistema castellano. Así, el otoño es “un quetzal de cuero atrapado entre los árboles//¡Alpaca de lluvias trastabillando,//con náuseas de planicies//sobre los campos de Castilla!//El otoño…”. El ave trepadora, el camélido, colocados por ensalmo lírico en el corazón del otoño castellano.

            Es Respuestas de la tierra un poemario ambiental, un ejercicio de versificación que busca atrapar la luz, la quietud trágica y monumental de los espacios castellanos: “Bordear la catedral//es entregarle devotamente un rostro al mediodía”, afirma en Spleen segoviano, para comprender que la presencia de lo sagrado en las piedras causa un impacto en el alma que “es terminar por colocarle//a la tarde una silla,//y paralizarla ahí, con un clavo oliendo a escaleras”.

            El poemario, en su segunda parte, amplía el viaje al resto de España —Valencia, Granada, Barcelona, Madrid, Sevilla, Córdoba…—, para, en la tercera, expandirse con un recorrido por Europa —Berlín, Ámsterdam, París, Venecia, Atenas, Budapest, Praga…—, ciudades y experiencias poéticas siempre repletas de una espiritualidad que emana de la fuente de la Historia, una Historia cosida a golpes de sangre y pasiones.

            Ronald Campos busca en Respuestas de la tierra establecer un diálogo con el tiempo y con la Historia, con esos códigos que se ocultan en los materiales que conforman los monumentos y así, tal vez, poder desvelar algunos de los misterios que guarda el espacio y el tiempo, porque “todo —guirnaldas, gárgola, rosetón y agujas—//pretende —lo mismo que en la piedra en la literatura—//vaciar el vacío y el terrible misterio de las cosas”.

            Desvelar “el terrible misterio de las cosas”… ¿Acaso no es esa la primigenia labor de la poesía?