Dos poemarios de Alfonso Aguado Ortuño: las perspectivas del pintor poeta

(Esta crítica contiene dos referencias: una al libro Diálogos con el papel y otra al libro Poemas desde mi jardín incluida a continuación).

 

Título: Diálogos con el papel

Autor: Alfonso Aguado Ortuño

Editorial: Frutos del tiempo

Calificación: ** (Interesante)

Portada de los poemarios Diálogos con el papel y Poemas desde mi jardín

Alfonso Aguado Ortuño es un poeta de Piccasent (Valencia) que puede entenderse como un hombre casi renacentista. A su enorme producción lírica de más de una veintena de poemarios debemos sumar sus creaciones como pintor y fotógrafo, habiendo realizado, además, diferentes exposiciones. Solo así podemos explicarnos el importante contenido visual de su poesía, que prima las imágenes como esencia de sus versos. Además, Ortuño es artista digital y postal, escultor, poeta tipográfico, con una obra repleta de originalidad y que incluye libros-objeto y naipes manipulados que se convierten, así, también, en una suerte de poemas visuales.

Inmersos en este torrente creativo, dos poemarios: Diálogos con el papel (2008) y Poemas desde mi jardín (2010) —ambos editados por Frutos del tiempo—, presentan una muestra significativa de su trabajo poético, así como una gran parte del imaginario que los motiva.

Diálogos con el papel contiene el espíritu de pintor de su autor. El papel en blanco es un lienzo sobre el cual poder dibujar las emociones, las vivencias, donde plasmar la voz poética, pero no sin trabajo, casi con sufrimiento. Así, en el primer poema, Encuentro, se nos plantea esa colisión del escritor con la página en blanco al estilo de un lanzazo en un costado: la sangre que brota será la tinta que mancha el papel de versos, versos que después se convierten en poemas. Ortuño nos advierte que ha vaciado su vida y que por esa herida ha salpicado las páginas del libro, quedándonos estos treinta y cuatro diálogos con las cuartillas, que conforman, así, el poemario.

La intención meta literaria está bien clara desde el inicio del libro, se trata de escritura sobre escritura, literatura hablando de literatura, poesía construida sobre el acto de elaborar poesía: meta poesía. La conversación del poeta con el papel ha nacido desde una herida, y no puede, por eso, resultar sencilla, ni ausente de dolor, más aún cuando entiende que sus versos lastiman el papel con palabras que son como “azuladas heridas”.

El papel, además, sufre con la escritura de los versos una interesante metamorfosis: se convierte en espejo, lugar sobre el cual el poeta puede verse reflejado, e incluso en una especie de legajo acusador, porque señala directamente al poeta con las confesiones que almacena, producto de toda una vida.

Esta relación del autor con el papel nos llega mediante una estructura binaria de amor y odio. Sin duda, al escribir sus versos ennoblece la página, aunque la daña, y confiando sus intimidades líricas al papel lo reviste de poder. Porque en este caso, más que nunca, la poesía es un arma cargada, o mejor dicho, un arma que se va cargando de significado y potencia con el paso del tiempo.

En uno de los mejores poemas del libro (Séptimo) Ortuño conjuga los colores que amarillean las hojas con el paso del tiempo, los compara con las frutas, y entiende que desde la perspectiva del correr de los años sus poemas encontrarán su justa sazón: “La fruta verde/ que nadie quiere// Pero el tiempo/ te pintará de amarillo/ y serás fruta madura/ cargada de azúcar/ y de pensamiento”.

Ortuño es un poeta visual, pictórico, y nada puede haber más visual y pictórico que el campo. De esta forma, entiende también la poesía, como una zona en donde arar y los poemas son sus semillas. En Decimoquinto lo expresa así: “Paso una hoja/ que ya no es una hoja/ sino campo/ donde la tinta ha penetrado/ en los poros,/ en busca/ de las semillas/ que se precipitaron”.

Siguiendo con el trabajo de ese campo semántico, nos encontramos ahora con la mano del propio autor que planea sobre la página blanca al estilo de un pájaro que volase trazando círculos sobre la cosecha.

Las imágenes de este Diálogos con el papel remiten muchas veces a la sangre, a la tarea de escribir como un esfuerzo sangriento o sangrante, volcado desde heridas permanente abiertas que empapan las páginas. Es la dicotomía de lo que estos papeles significan para el autor: a veces los ensucia con sus palabras, otras veces los raya como si fuera un niño que garabatea sobre una pared, confiando, a pesar de todo, lo más valioso del escritor que son los versos; el destilado de sus poemas.

Desde ese momento, ambos, papeles y poeta, pueden renacer, porque la escritura significa eso para Ortuño, la posibilidad de ajustar cuentas con el pasado, dejar prendidas en ellas los recuerdos y, así, renacer. Pero para renacer, el poemario debe ser leído. Y ese lector será como Howard Carter cuando se encontró con la tumba de Tutankamón, porque todo poema, toda poesía y poemario, esconde, en su interior cavernario de oscuridades y silencios, un preciado tesoro por descubrir.

 

Título: Poemas desde mi jardín

Autor: Alfonso Aguado Ortuño

Editorial: Frutos del tiempo

Calificación: * (Mejorable)

Por su parte, Poemas desde mi jardín presenta un propuesta deconstructivista de las Bucólicas de Virgilio, lo que en principio es muy interesante, pero el poemario tal vez termine algo lastrado por cierto barroquismo que albergan los textos, a veces recargados. Se trata de una visión exultante del jardín en el que descansa el poeta, que alcanza desde lo micro hasta lo macro.

En efecto, porque la mirada lirica de Ortuño se puede detener en los insectos, en las diminutas criaturas, pero también en los aviones que sobrevuelan ese jardín. De esta forma conforma un bodegón animado de numerosas plantas, animalillos, en el cual el propio poeta se inserta, componiendo al final una especie de retrato de escritor en su jardín con aspecto arcimboldesco.

El poeta, ya viejo, descansa en ese jardín, pero lejos del ambiente bucólico virgiliano, aquí no impera un ambiente lírico, sino antilírico: “Se escuchan pájaros/ de mal agüero y los perros no paran/ de ladrar a mi alrededor”.

El poeta no encuentra ese acomodo vivificador que Virgilio experimentaba en la naturaleza, al revés, está incómodo, junto a “tijeretas y babosas”, “la aridez impera”. Tal vez sea este jardín un reflejo de la vejez del escritor que, en un alarde de poesía cuántica, se ha contemplado en un poema “desde el tejado me veo más viejo, con pocas ganas, sentado, enfermizo”.

De esta forma, se nos propone un texto saturado, dificultoso. Narrativo en su poeticidad que, a pesar del evidente simbolismo que puedan poseer las plantas e insectos que aparecen —y son muchos, desde luego— busca en la escasez de imágenes acercarnos esa mirada magnificada de pulgones, libélulas o gatos que pululan en derredor de un yo poético que, cada vez más, se metamorfosea con el entorno: “Formo parte de estos árboles, de estas plantas”, afirma contundente y certero.

El poemario se transforma, así, casi en un insectario, un estudio entomológico y natural de las especies que circundan a ese hombre, poeta envejecido y cansado que quizás se da a la tierra antes de tiempo, derrotado. Pero no es una asimilación con el entorno traumática, al contrario, la adecuación del hombre con el jardín es afable y tranquila, lenta, como si la naturaleza representase lo temporal de la vida y lo eterno de la muerte: “Tiene mi jazmín mil flores y mil dolores tengo”.

La simbología del jardín, con sus flores y sus plantas, es rica y compleja, porque en los brotes, en los retoños, florecen recuerdos antiguos convocados por el sentimiento bucólico. Pero una vez más, esa naturaleza contiene en sí misma su propia descomposición: “el trastero abierto deja ver las cajas enmohecidas donde guardo los recuerdos”.

Impertérrito, el poeta accede a la noche del jardín, una noche que trae inquietudes para su ánimo que “sangra lombrices de tierra”. Los pavorosos recuerdos y el dolor de antaño se enlazan con los insectos que horadan el suelo y se mueven entre el mantillo y el barro.  El hombre es un súbdito de la naturaleza y, por eso, los poemas que compone son como plantas. Si las plantas no se riegan no crecen y se agostan; los poemas que compone son “bajitos” porque “no los riega casi nadie con su mirada”.

Algunas composiciones están aromatizadas de haikus, pero no cumplen estrictamente ni con sus leyes ni con su espíritu porque así lo decide el poeta. Porque el poeta es como un cuervo “capaz de entonar todos/ los sonidos del mundo”. Y en mitad de esa naturaleza que es descomposición y muerte, el yo lírico se encuentra como en su “cementerio”. Demasiados frutos en descomposición, demasiada vida empeñada en pudrir como para no entender que todo lo que ocurre en ese jardín es un retorno a la fusión espiritual con la naturaleza. Y la mariposa de la esfinge de la calavera, que aparece sobre el ocaso, transporta los recuerdos de su padre y la advertencia de la fragilidad del tiempo presente.

Es una realidad áspera, la realidad de la vida, la realidad del jardín, la realidad de esta naturaleza antivirgiliana en la que la lírica de Arcimboldo que se ha puesto en pie termina por marcar la dirección que toma el protagonista: el abandono del jardín para siempre. ¿Es una muerte poética? ¿El acceso a una dimensión superior? ¿La quiebra de una tradición compositiva deconstruida?

En cualquier caso, estos Poemas desde mi jardín, por momentos excesivos y por veces vertiginosos, son el manifiesto de un momento muy determinado de un poeta cansado que buscaba el reacomodo en la naturaleza, y que le dio la espalda. Desde ahí, cada cual puede cargar de sentido metafórico y simbólico esta naturaleza muerta de Ortuño.

 

 

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Tetris

Título: Tetris
Editorial: Libros del Pez Espiral

Autor: Andrés Urzúa de la Sotta
Por: David Blanco

Calificación: * Mejorable

 

La geometría habita en el lenguaje. 
El ángulo recto habita en la L. 

La 

es 

una 

perpendicular. Level 12. Tetris

 

Те́трис (Tetris), más conocido como Tetris es un conocido videojuego que popularizó una de las primeras video consolas portátiles, la Game Boy de Nintendo. En el mismo el jugador tenía a su disposición un conjunto definido de tetrominós ideados por Alekséi Pazhitnov con los que debía jugar, a los que debía dar forma para poder encajarlos, como se encajan las palabras en un poema para poder componer algo que haga sentido a poeta y lector.

En este curioso poemario publicado por Libros del Pez Espiral , publicación que contó con invaluable el apoyo del Fondo Nacional del Fomento del Libro y la Lectura, el lector podrá encontrar un conjunto de 45 poemas que bajo la forma de caligramas,  por título simplemente cuentan con la denominación de Level (niveles), de la misma forma que en el videojuego.

Caligramas y tetrominós son una bella síntesis casi con aires de retruécano que resumen la búsqueda que parece subyacer tras el texto, una extraña amalgama de vocales y de consonantes como metáfora de la deconstrucción/construcción conque juega de forma constante la capacidad creativa del lenguaje Le  / operan / las / mamas / a / la / palabra m ujer. (Level 13).

No obstante el texto en alguna e sus partes,  adolece de cierta profundidad poética y metapoética, es algo simple en muchos de sus poemas y cuesta encontrar brillo en una gran parte de sus composiciones. El poema titulado Level 31 es un claro ejemplo Ud. no pertenece a este lugar. / No pertenece Ud. a este lugar. / A este lugar Ud. no pertenece… y en esta misma anodina línea hasta el final del mismo. Por el lado de la edición, aunque con una portada interesante, bien graficada, la calidad del papel del trabajo resta un fuerte protagonismo a la edición y el texto conserva alguna errata ortotipográfica. 

Resulta especialmente interesante la lectura del poema Level 15, donde el autor parece exponer la verdadera filosofía, el verdadero principio que parece mover a cada poema Ninguna palabra permanece intacta por mucho tiempo. / En cualquier momento las palabras  corren el riesgo del vacío, del exceso de luz o de sombra.  Concluye la declaración con la siguiente declaración de intenciones Yo no lo veo así, fijaté: el problema de los poetas son las palabras. 

Realmente no tenemos mucho más que decir al respecto. Game over

 

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Aquí podrán encontrar una visión complementaria sobre este trabajo:

http://www.revistaintemperie.cl/2016/03/10/cinco-libros-de-poesia-del-2015/

 

Dulce violencia

Título: Violencia

Autor/a: María Ramírez Delgado

Editorial: Mago Editores

Colección: Escritores Chilenos y Latinoamericanos

Calificación: *** Obra de referencia

 

Hoy me he levantado,

aparte mis sábanas calientes.

mi mejilla no volverá a rozar la almohada,

exhalo por mis ojos, inhalo mi rutina. Violencia, María Ramírez Delgado

 

De esta forma, con esta declaración de intenciones comienza uno de los trabajos más interesantes que hemos leído por Verde Luna en los últimos años.

Editado de forma impecable dentro de la Colección de Escritores Chilenos y Latinoamericanos de la Editorial Chilena Mago Editores, este trabajo de la autora venezolana incluye un total de 59 poemas donde el lector podrá encontrar oscuras verdades contadas en poemas de nombre tan llamados al morbo, a la oscuridad tan característica de la luz del ser humano como “Sádicos” o “Juárez”.

¿Realmente puede la violencia, aquella parte de la negrura procedente de lo más oscuro del ser humano,  ser la materia prima de algún tipo de beldad, de hermosura, de certidumbre? Nada más cierto que la muerte. Ya lo promulgó Budha. La violencia es uno de los múltiples caminos naturales que conducen a ella, junto con el tiempo. Se trata de una herramienta que el fuerte emplea sobre el débil para poder prevalecer.

Ya lo afirma la propia autora en el poema Ejercicio austero Contener el aire es embargar el avance del lenguaje.  En todo el poemario está presente la oscuridad, la locura, una presencia extraña que llama en cada lectura hacia la desesperación de la experiencia vital mal consumada, la forzada anticipación de su fin, la reminiscencia de un mal sueño. Toda una pesadilla literaria elevada a la categoría de experiencia relatada por quien sufre en penitencia de los peores ahogos y tormentos inventados por la mano del hombre y que quedan en evidencia en poemas como Vértebras  Una vara impía atraviesa mi columna / Delicada y pulcra se alimenta de mi médula, bebe mi perversidad, germina a través de mí, se extiende en incontables ramas o en poemas tan perturbadores como Arder Permanecía, un poco inclinado, sus brazos abrazaban sus piernas en suprema nostalgia. / Lo escuchamos destilar y lo vimos consumirse durante la quema. 

La experiencia de lo violento, el trauma físico y psicológico  esta en gran medida  encarnado  en lo femenino. Poemas como Juárez, La bailarina o La última sirena son desgarradoras muestras de ellos. Existe una cierta mirada pesimista en la voz de la autora en lo que respecta a las relaciones humanas en sociedad que puede apreciarse con patente crudeza en poemas como Distancias o Las ratas, este último uno de los mejores poemas del trabajo: En los ojos de las ratas uno puede reflejarse del todo. Nuestras tribus han calculado meticulosas las distancias…. / Las he visto, despiadadas, abandonar a sus crías, devorarse entre sí, conservarse.

El poemario es toda una experiencia sensorial y extrasensorial. Los golpes, los desgarros, la oscuridad, el miedo, el olor a podredumbre los peores gritos e incluso una particular visión del infierno en la tierra y el que está más allá de la experiencia corpórea están presentes en este imprescindible retrato de la verdadera naturaleza del ser humano. Hay que poder transportarse hasta la más profunda de las negruras para poder contemplar la luz, o al menos eso parece indicarlos la autora, de forma un tanto suicidante en el  poema Detergente Y beber, fondo blanco.

Sin duda la muerte, la violencia, el no ser, la desaparición y el sufrimiento, forman parte de nuestra existencia. Budha ya lo advirtió. La autora, en su calidad de filósofa lo destiló y manipulándolo en categoría de sofismo impermanente, etéreo, lo eleva a la categoría de verdadero arte. Que lo disfruten.

 

El último grito ha sido detonado. Violencia, María Ramírez Delgado

 

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Enlace a la web de la editorial, donde podrán adquirir el libro:

http://magoeditores.cl/?p=6933

 

 

“Maldito y bienamado bibelot” de Heberto de Sysmo: El rabino Löw y la feliz piñata del lenguaje

Título: Maldito y bienamado bibelot

Autor: Heberto de Sysmo

Editorial: Baile del sol

Calificación: ** (Interesante)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

Quizás alguien pueda pensar, a estas alturas, que ser un poeta influido por el culturalismo como lo es Heberto de Sysmo puede ir en detrimento de la creación de una poesía, no ya comprensible, sino bella. Sería un error habitual y asociado a los tiempos que corren. El poeta ha reducido su tarea lírica (cuando existe) a la mínima expresión de dos o tres versos minúsculos previamente publicados en Twitter o Instagram, o a una chafardera actividad poética desplegada en Facebook como quién despliega las velas de un gran buque al viento por los cuatro confines del universo cibernético para que, después, los lectores con criterio (que alguno queda) comprueben que aquella promesa de velas de goleta no ya es que simplemente sean las de una discreta chalupa: se tratan de un trapillo, menos que un soplamocos cargado de lugares comunes y decepciones adheridas.

Poetas culturalistas extraordinarios hay algunos y de nómina bien ilustre. Podría empezar por Góngora, Julian del Casal, Cavafis, Eliot o Ezra Pound, influencias gozosas de Heberto de Sysmo, terminando por el venecianismo luminoso de Gimferrer, además de un par de Luises —de Villena y de Cuenca— y mi admirado Jose Emilio Pacheco, entre otros.

Estos nombres representan a la Poesía con mayúsculas, y son los grandes olvidados en esa poesía de consumo que se estila hoy en día, poesía de influencers e instagramers, poesía avalada por un gran número de seguidores en las Redes Sociales que celebran cualquier chisposa ocurrencia, más o menos inteligente, como el gran hallazgo que les alegrará no ya el día, sino los próximos quince minutos, masajeando su intelecto y haciendo que se sientan muy profundos al notar como restalla su percepción poética que creían atrofiada.

Por eso, la nómina de poetas citados anteriormente es una lista negra de textos intrincados que no sólo le exigen al lector una atención imponente y un ejercicio de descodificación, sino también un grado de cultura para comprender los referentes —y “comprender” aquí significa disfrutar— para la que ese público potencial de 280 caracteres y tópicos no está en absoluto preparado; ni quiere estarlo, porque la cultura poética vive anclada en la inmediatez de la pereza.

El grupo de rock sinfónico Genesis sostenía una máxima a la hora de componer sus canciones: si eran fáciles de interpretar no las querían; si eran sencillas no eran divertidas. En esto de la poesía actual ocurre justamente lo contrario. Al primer signo de esfuerzo, de complejidad lírica, de oscuridad, de un pequeño problema de interpretación, el consumidor de lo obvio cataloga a ese poema y a ese poeta de insufribles. Los tiempos actuales serían muy malos tiempos para los Montale, Ungaretti y Quasimodo, esa Santísima Trinidad el hermetismo.

Heberto de Sysmo se encuentra en la categoría de los poetas inteligentes, de esos poetas que también exigen un grado de talento a sus lectores. Los poemas de su último libro, Maldito y bienamado bibelot, publicado por Baile del Sol, ponen en pie un entramado complejo y casi ensayístico acerca del lenguaje como personaje, como misterioso caballero embozado que nos acompaña al lado, o en nuestro interior, en el viaje de nuestras vidas, pero no como una herramienta de la que podemos servirnos a nuestro antojo, sino como un ente poderoso que se apodera de nosotros, que habla por nosotros.

Poetas y lectores de lo inmediato y de lo obvio, me despido de vosotros. Lectores avezados, continuamos desde aquí juntos, tratando de desentrañar este ejercicio lingüístico y reconfortante que Heberto de Sysmo ha expandido sobre las páginas de su bibelot: porque no nos engañemos: el poemario es, en sí, todo él, también un bibelot.

A Sysmo, el asunto le viene de lejos. Su anterior poemario titulado La flor de la vida, elogio de la Geometría Sagrada (Lastura), presentaba un profundo análisis lírico del fractalismo y de las leyes que rigen el universo contemplado desde lo micro-cuántico hasta lo macro-cuántico. Eso es demasiado para Instagram. Puedes leer una crítica sobre esta obra excepcional que realice para este blog de Verde Luna aquí:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Pero volvamos al bibelot. En primer lugar, puede sorprender la estructura del libro, que se articula en cuatro grandes apartados: Physis, Mathesis, Mímesis y Semiosis. Sin embargo, en cuanto comprendemos que es un poemario sobre el lenguaje, elaborado con lenguaje para reflexionar sobre el lenguaje, es decir, metalenguaje, empezamos a atisbar la verdad poética que se alberga oculta en ese bibelot. Y si hablamos de bibelots con verdades ocultas, qué mayor bibelot que aquel Caballo de Troya.

Empecemos partiendo de la idea que tiene Heberto de Sysmo respecto al bibelot: somos nosotros, una especie de figurillas vacías, desprovistas de toda vida y que nos activamos gracias a la irrupción en nuestro interior del lenguaje. El poeta entiende nuestra naturaleza humana como la del Golem creado por el rabino Judah Loew Ben Bezalel, más conocido como el rabino Löv, el Maharal de Praga. Este rabino construyó un homúnculo a partir de hojas y barro que se activaba a través de un juego de palabras: se escribía la palabra hebrea Emet, “verdad”, en su frente, y el Golem tomaba vida y obedecía órdenes. Para desactivarlo, bastaba con borrar la primera letra de emet y convertirla en met, es decir “muerte”, y el Golem se desplomaba en un montón de hojarasca. Nunca el lenguaje cumplió una función tan poderosa como dador de vida.

¿Nunca? Podríamos retroceder hasta los tiempos del Paraíso Terrenal, incluso un poco más allá: En el principio era el Verbo. Heberto de Sysmo lo poetiza: “Si antes que el ser/ fue el pensamiento”, escribe en el poema Tendencia de copista. Es decir, era logos, un logos o pensamiento racional explicitado mediante la palabra, es decir, lenguaje, que entró en nosotros para convertirnos en humanos.

La palabra antecede a todo. Antecede incluso a la vida. Y el Verbo es, además, el corazón de la frase. Y la frase ayuda a construir: el hombre y la mujer proporcionan los nombres a las cosas que no existen hasta que no son nombradas por ellos, se trata de un sagrado juego léxico de creación. Todo: animales, plantas, cosas…, comienza a existir cuando adquiere su nombre. De nuevo, tenemos al lenguaje como dador de vida, como motor primigenio de creación: “Para que todo sea/debemos expresarnos”, nos dice el poeta.

Por lo tanto, la naturaleza fue cobrando forma mientras era nombrada por el hombre y la mujer, artífices y colaboradores de la creación divina. Hombre y mujer eran dos poetas, yo quiero imaginarlos como tales, guiados muy de cerca por el poder de la Luz. ¿Acaso existe una función más cercana al poeta que levanta mundos con sus versos y estados de ánimo con sus metáforas? Y, además, esta forma de nominar aleja al hombre de su estado animal primigenio, lo eleva al plano de las ideas y connota así su humanidad. Tal y como se afirma en el poema Las fuerzas de la literatura: “Resistirse a decir, convierte al hombre/ en el bruto animal del que proviene”.

Renunciar al lenguaje nos alejaría definitivamente de Dios, de la deidad o del demiurgo en el que creamos, de esa Luz, al declinar esa tarea creadora que se depositó en nosotros cuando todavía habitábamos el Paraíso o el Estado Ideal. Sin lenguaje, o con un lenguaje deturpado, involucionamos desde el plano elevado de la deidad hasta el fango animal, conectando directamente con la brutalidad.

Porque la poesía es un lenguaje divino. La Pitia en el Oráculo de Delfos, a quien se le preguntaba la duda, interiorizaba esa frase y consultaba a Apolo para responder en hexámetros. Contestaba con poesía, y ese lenguaje descendía directamente del lenguaje divino.

Heberto de Sysmo indaga en esta función creadora, como primer motor y misterio. Así, la primera parte del poemario, Physis, abunda en el lenguaje como misterio inherente al ser. El primer poema del libro, Dicotomía saussureana, plantea el enigma de un origen natural lingüístico, de que tal vez estemos ante un Dios primordial de la Naturaleza, del Ser al principio de los tiempos que se apodera de nosotros, entra en el interior de la conciencia y nos transforma.

El primer verso del poema define al lenguaje como “patria, trinchera y escondite”, relacionándolo de inmediato con la idea de que los sistemas lingüísticos son la razón identitaria primordial del ser humano. En obras como El regreso del húligan (Tusquets) del rumano Norman Manea, se concreta el desarraigo de los exiliados del régimen totalitario de Ceauşescu como una completa pérdida del idioma original en el que se expresaban, al verse obligados a escribir en otras lenguas en el extranjero. Además, el manoseo criminal al que someten al lenguaje los sistemas totalitarios termina por quebrantar el concepto de identidad nacional y se extravía la idea de patria o refugio primigenio, de escondite.

Tal y como prosigue Heberto de Sysmo en esta primera poesía saussereana, el lenguaje es “herramienta”, incluso “arma”; no en vano, en mi novela El vaso canope uno de los personajes argumenta que una imprenta clandestina hizo mucho más por derrocar a Ceauşescu que las pistolas y los cuchillos. Sin embargo, esta herramienta armada encierra un enigma fundamental para el poeta: “es más allá de mí”, y en ello radica el discurso que se extenderá por todo el poemario. El intento de descifrar los misterios —con raigambre en lo divino— de lo que claramente se muestra como “una arquitectura afín a la conciencia”, un constructo, un artificio que muchas veces puede resultar letal y cuyo origen desconocemos, o tal vez no conocemos tanto como la ciencia y los estudios parecen asegurar.

Artificio letal, en efecto, tal y como se describe en el poema (Dis) función estética. Las palabras pueden provocar grandes alegrías, como las primeras pronunciadas por los niños, pero también grandes tristezas, como las últimas, esas que prorrumpen misteriosas en el agostamiento de la vida de alguien. De esta forma, el lenguaje se mueve ubicado a horcajadas entre “la belleza y el espanto”, aumentando exponencialmente su capacidad de misterio.

Un misterio que se emboza en las cualidades de la metáfora, tal y como muestra el poema Atavío: “Sabes que en la metáfora sucede/algo nunca ocurrido;/que la ficción es hueso que vertebra/la entintación de otra mentira”. Ese misterio mentiroso de la metáfora conecta con aquella idea que dio Vargas Llosa sobre la literatura, a la que denominó como “la verdad de las mentiras”. Por esa senda, el poeta interroga al lector al final de Atavío: “Si en algo aprecias la sinceridad/ ¿por qué sigues leyendo?”.

Ser poeta es adorar y acariciar el misterio de esa lengua que ha penetrado en nosotros apoderándose del bibelot humano, de nuestro Golem propio al que resucita. Ser poeta viene definido en el poema Desopercular: “Rebañas la colmena, aunque tu vida/arriesgas por la miel de la palabra;/nada te importa ya, /morir buscando, /yacer en el sendero de los héroes”. Así que ser poeta, hacer poemas, es eso, un remover las celdillas de la vida, como si fueran un panal, y obtener en los versos las esencias, ceras y mieles, palabras que desentrañen el hermoso misterio que dota de vida al bibelot.

La segunda parte del poemario, Mathesis, abunda en el proceso del aprendizaje, con un fondo en el modelo matemático de Descartes y Leibniz, esa Mathesis Universalis mediante la cual, porque la lengua son signos como las matemáticas, se puede buscar y alcanzar la perfección lingüística.

El primer poema de este segundo tramo, Ergógrafo del alma, nos trae al bibelot, presente, como esencia del lenguaje: “Maldito y bienamado bibelot, /insuficiente eres, imprescindible, /nuestras vidas constriñes y constelas”. Somos Golem, somos los hombres huecos de T.S. Eliot, somos la criatura de barro y hojas aterrada, esperando ser desactivada por el hacedor, esperando para convertirnos en un montículo de polvo, dominados por esas palabras y ese lenguaje que nos convierte en todo y en nada.

Además, el poeta, el escritor, prolonga la vida en sus palabras, incluso en la tinta con la que las escribe. En el poema Dicterio se consolida esta relación vital: “En el dibujo, /una delgada línea limita/la carne, del vacío. // En la escritura, /la tinta es la frontera/de la fragilidad de nuestra vida”. La perspectiva es aterradora, tan sólo queda refugiarse tras la poesía si se tiene la fortuna de poder utilizar de esa forma el misterio del lenguaje. El poeta es El cobarde embozado: “Mi verdadero yo es quién se oculta/detrás de este atavío de fonemas…”. Y la poesía, el lenguaje, es un virus “que en tinta se propaga”, se nos advierte en Huésped.

Heberto de Sysmo, con esta transición hacia el impulso poético como sufrimiento, está abriendo la vía al lenguaje como enfermedad, incluso como maldición. La poesía provoca dolor y además “nacido del dolor/un verso escapa;/como lamento, /como respuesta al daño/que su herida comporta” (poema Asunción). Tal vez la raíz de este mal tan doloroso provenga de que el poeta intenta un imposible mediante el uso del lenguaje: “quiero inventar más mundos/y tan solo los nombro” (poema Cláusula del Arte).

El tercer tramo de Maldito y bienamado bibelot es el titulado Mímesis, es decir, imitación, estética. De esta forma, las referencias a técnicas artísticas cuyo objeto buscan copiar la realidad, se convierten en el leitmotiv de la parte. Ya sea en pintura o en arquitectura, la cuestión es, mediante la recreación de la realidad, intentar descubrir una zona misteriosa que se encuentra oscurecida, que quizá pueda explicar el misterio del bibelot. Así, el primer poema presenta un título muy significativo, Esbatimiento, técnica pictórica mediante la cual un cuerpo deja en penumbra parte de otro al entorpecer la luz que incide sobre él.

Heberto de Sysmo entiende que hay zonas del lenguaje en penumbra, que necesitamos iluminar. En Apostema lo afirma con certeza: “El pensamiento abunda/en los ángulos muertos del lenguaje”. Para encontrar esos misterios hay que trabajar la forma poética, “las trilladas semillas/del verbo” (en Mies poética), porque es indudable que “Entre los versos/arden palabras libres/nunca escritas” (Caligrafía oculta). Parece que en esta parte de Mímesis será en donde el poeta se sienta con mayor control sobre este misterio del lenguaje, una vez que ha concluido que todo forma parte de un código ante el cual es imposible oponerse.

De esa forma, solo admitiendo eso, puede aparecer, ahora, la estrofa clave de este Maldito y bienamado bibelot. Y será en el final del poema Isoyeta: “Somos en el lenguaje, /a través suyo urdimos/cartografías de la mente”. Quizás este sea el gran descubrimiento que habitaba en esa zona en sombra, entre las aristas de la penumbra. Porque urdiendo esas cartografías de la mente, así, podemos alcanzar cierta forma de inmortalidad: “Dramática belleza la del signo;/sobrevive a su autor/y aun sin testigos/se inmortaliza” (en poema Magma etéreo).

Un momento… Desengañémonos, lo que es eterno son las palabras, nosotros no podemos aspirar a competir con su longevidad. Serán las palabras quienes nos sobrevivan, en una dulce derrota.

Por último, Semiosis, cierra el poemario. De las cuatro partes, la segunda, tercera y cuarta se están refiriendo a las potencias de la Literatura: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se ha basado en la Physis, como una potencia particularmente humana que se suma a esas mismas potencias.

Ahora, esta Semiosis o creación de signos con significados, esta forma de construcción de la realidad, buscará reafirmar al poeta en su poesía, a Juan Antonio Olmedo López-Amor en su heterónimo de Heberto de Sysmo, del cual disfruta como si hubiera obtenido una canonjía. Tal es el título del primer poema de esta última parte, Canonjía, en donde se firma una declaración de lo que es ser poeta: una “declinación a la locura”.

Una locura en la que se debe creer con toda la fe. El poema Retribución de fe muestra los beneficios que se derivan de aceptar ese uso del lenguaje, o de permitir que el lenguaje nos haya penetrado a la búsqueda de la belleza en nosotros, los seres huecos: solo creciendo en la escritura y creyendo en la escritura los “párrafos se convirtieron/ en dolientes estrofas”. ¿Acaso no va de eso ser poeta? ¿De que duela cada verso empalado en cada estrofa?

Volvemos, mediante este dolor de las estrofas, o a través de este dolor de las estrofas, hacia atrás en el tiempo y en el poemario, porque el bibelot-Golem está cercano a desarmarse, el lector está a punto de terminar la lectura y con ello dibujar la palabra met en la frente del poeta. Por ello, es necesario establecer la palabra, de nuevo, como el inicio de todo, de ese big bang semántico, del estallido de la materia oscura en colores que luego nos hizo humanos. Esto queda fijado en el poema Falso hohlraum, que se remonta al destello de la palabra como faro de las entrañas del Universo y que tiene su continuación en el poema Espiral de vida, donde el fractalismo de lo que es “Decir para vivir/vivir para decir” es sinónimo de vida. Y en Óbelo esta vida propiciada por la palabra poética revienta incontrolada: “Soy tantos como pueda imaginarse”, afirma el poeta.

Sin embargo, el bibelot que también es el libro de Heberto de Sysmo desemboca en su poema final: bien podría componerse de solo esa palabra met que lo desactivaría, pero aún tiene fuerzas de sellar su epitafio en Sagrada evanescencia: “Morir en la Palabra/es justa aspiración/ para aquellos que “solo” / han vivido por ella”.

Expira así este bibelot animado por la posesión del lenguaje poético, con abundante carga catafórica en los títulos de los poemas que, así, conforman parte misma de ellos. Eso significa que cada poema es un pequeño bibelot poseído por sus propios títulos que lo animan, creando una constelación de bibelots que se replican a sí mismos para conformar el gran bibelot del poemario que a su vez proviene del bibelot-poeta, en un panorama de fractales que toma su dirección hacia la macro-cuántica.

Todo posee un significado que va más allá de lo simple, de lo visible, en la poesía de Heberto de Sysmo, eso es lo que la convierte en algo tan apasionante. El lenguaje se introduce en nosotros como su fuera un Caballo de Troya, consigue pegar fuego a nuestras defensas, y justo desde ese mismo instante comienza a gobernarnos. Sysmo, en su poesía, intenta apoderarse de las riendas de ese Caballo, de ese lenguaje, aunque tan solo sea por un momento y poder crear, así, belleza.

Y no debemos olvidar que el poemario se llevó el Premio Nacional Isabel Agüera Ciudad de Villa del Río, un mérito más de este texto, pero que a mí me interesa traerlo al final de mi análisis por un motivo: Heberto de Sysmo presentó este poemario al concurso bajo el pseudónimo de Scardanelli. Y este es el último guiño que nos hace el poeta, ya desde la concepción primigenia de su bibelot.

Bajo ese nombre de Scardanelli firmaba, hace más de siglo y medio, el enfermo, el poeta Hölderlin desde sus treinta y seis años de encierro en la torre de Tubinga cuando era víctima de la locura, de una esquizofrenia que lo atravesaba obligándolo a desencadenar una verborrea imparable. Hölderlin era, así, bibelot-Tourette ahíto de palabras que lo convulsionaban. Algo de Tourette hay en los poetas, siempre lo he mantenido, que se activan como un Golem cuando en su bibelot penetra el lenguaje y entonces solo son capaces de mencionar la belleza…, incluso extrayéndola de la negritud más horrible.

Heberto de Sysmo es una moderna versión de ese Scardanelli pleno de palabras, instalado en la pacífica locura de su bibelot que cuelga del árbol de lenguaje como una piñata que, al romperla, nos baña con la felicidad de sus poemas.

Polifonía de lo inmanente: Guía del autoestopista poético

Título: Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)

Autores: Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo López-Amor (Prólogo de José Luis Morante)

Editorial: Lastura

Calificación: *** (Libro de referencia)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

La editorial Lastura, en la senda de sus magníficas publicaciones, ha editado lo que, sin duda alguna, se trata de un libro de referencia ineludible a la hora de intentar comprender el agitado panorama poético actual en España. El libro Polifonía de lo inmanente, subtitulado Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017), es una guía necesaria para todos aquellos que necesitamos una brújula para poder orientarnos entre una poesía actual que se ha convertido en un complejísimo elemento de análisis.

El libro está firmado por dos críticos poéticos de evidente prestigio, además del aval que poseen al ser importantes poetas con reconocimientos y publicaciones de gran calidad. Los que aquí ejercen la crítica son Gregorio Muelas y Jose Antonio Olmedo, apoyados en la introducción —que no tiene ni una palabra de desperdicio— por otro peso pesado de la poesía y de la crítica: Jose Luis Morante. Lastura ha cuajado aquí uno de los libros sobre teoría y crítica poética más importantes del momento.

Gregorio Muelas queda bien presentado con tan sólo leer la entrevista que no hace mucho le realizamos aquí en Verde Luna, y que encontrarás en este enlace:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/23/gregorio-muelas-haijin-urbano-poeta-sonambulo-y-critico-solidario/

Algo parecido ocurre con Jose Antonio Olmedo, conocido por su heterónimo de Heberto de Sysmo a la hora de hacer poemas, y cuyo poemario La flor de la vida. Elogio de la Geometría Sagrada (en Lastura) también hemos analizado en Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Polifonía de lo inmanente, por tanto, viene firmado a dos manos —más el prólogo de Morante—, en una construcción muy parecida al libro de haikus que ambos poetas ya publicaron en conjunto, La soledad encendida (Ultramarina Cartonera) y del cual también hemos hablado:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/24/la-soledad-encendida-haikus-un-museo-natural-del-verso/

Además, Muelas, Olmedo y el propio Morante, han ido sacando adelante los números de Crátera. Revista de crítica y poesía contemporánea, de cuyas presentaciones y contenidos de las dos primeras entregas os hemos informado cumplidamente:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/13/segundo-numero-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-en-las-trincheras-de-la-belleza-poetica/

Así las cosas, el libro de Polifonía de lo inmanente recoge una selección de las críticas poéticas que en medios especializados han venido realizando ambos autores, que abarcan desde el año 2010 y alcanzan hasta finales del 2017, puesto que el libro fue editado en el mes de diciembre del pasado año.

Un total de 40 críticas en donde son todos los que están, aunque por supuesto no estén todos lo que son. Me explico: quienes aparecen en estas páginas son aquellos poetas que de verdad se merecen aparecer porque han descollado aportando novedad, destacando entre el panorama caótico y demasiado agradecido (por no decir que servil) que alimenta a gran parte del mundillo poético de hoy en día.

Por eso, todos los poemarios y autores que aparecen lo hacen en función a unos méritos bien demostrados, y puedo asegurar que no parece que nadie se haya colado de rondón, en un ejercicio de neutralidad que mucho dice de Muelas y Olmedo a la hora de saber colocar cada cosa en su valor, escapando de amiguismos y favores personales que tan a menudo prostituyen este tipo de reseñas y críticas, convertidas en un juego de favores devueltos y en un intento de quedar bien.

Nada de ello aparece en este libro, que además de las críticas, presenta sendos ensayos o trabajos de Muelas y Olmedo como una forma de abrir boca al compendio que van a presentar. Así que dos ensayos, 40 críticas de otros 40 autores, y un prólogo de Morante para un libro indispensable, un texto con el que podemos viajar quienes, como autoestopistas de lo poético, y ante el aluvión de presunta poesía que nos acecha desde las Redes Sociales y desde los mentideros del capitalismo literario, no somos capaces de discernir a que poemario subirnos, con tanto riesgo como hoy en día existe de descalabrarnos.

1.Los placeres de la buena crítica

Así que empezaré el análisis de esta guía de viaje por la poesía española actual dedicándole mi atención al prólogo del crítico y también poeta José Luis Morante, titulado “La crítica como placer lector”, y que opera como un lujoso receptáculo sobre el que después extenderemos las gollerías en forma de reseñas críticas que nos ofrecerán Muelas y Olmedo.

Como el libro es un compendio de críticas, lo que Jose Luis Morante hace es reflexionar a cerca del oficio del crítico, de su vocación, de sus características, de sus filias, de cómo es la materia a la que se enfrenta y la forma en que debe tratarla. Y como una primera premisa por la que debe empezar a vestirse:

el crítico debe tener una explícita vocación de lector. Solo quien está formado tiene conocimiento y ese es el punto de partida”.

De esa forma,

el crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual”.

Después, es decisiva la independencia, esa actitud de la que hacen gala Muelas y Olmedo, a la que ya me he referido anteriormente, y que Morante acota en una cita de Borges:

Alabar y censurar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.

Lamentablemente, en muchas revistas de crítica se está más por el halago y por los odios, por el amiguismo y por las cruzadas personales; tal y como afirma Morante en su prólogo:

En su tarea de hacer lectores la crítica traza juicios sobre la realidad literaria o confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto”.

Aún así, quedan reductos de integridad que encumbran la crítica a la categoría que merece, libros como esta Polifonía de lo inmanente así vienen a demostrarlo, y yo la entiendo como un género literario en sí misma porque, como afirma Morante:

la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a la propia poesía”.

Es decir:

poesía y crítica se ensamblan sin disidencias”.

Siempre que estén bien elaboradas ambas, me atrevo a añadir.

Por último, Morante se fija en el contenido específico de Polifonía de lo inmanente, un

detallado análisis de influencias y afinidades de autores que aportan títulos de interés en el árbol sólido de la regeneración literaria del siglo XXI

y en donde

el enfoque (…) no se limita a una simple relación de características y poetas”,

porque son

“una convergencia de estéticas plurales que permite intuir la sensibilidad del tiempo digital; confirma que sus aportaciones son pilares firmas, cimientos estables de la poesía de hoy”.

Eso significa que nos encontramos ante un libro-mapa, o un libro-brújula, que nos ayuda a entender lo que se debe leer (y tal vez por descarte lo que resulte indeseable) en el confuso mundo de la poesía 2.0 de estos tiempos de posverdad, mentiras cibernéticas e idolillos de Instagram, Twitter y Facebook que firman contratos con grandes editoriales en función del enorme número de seguidores y de la cortedad de su talento literario. Menos mal que libros como esta Polifonía han venido a enseñarnos, con una diana roja pintada en el centro, los poetas que en estos momentos sí merece la pena que sean leídos.

2. Crítica y buenos críticos: la crítica constructiva como aprendizaje solidario

El grueso del trabajo se inicia con el ensayo de José Antonio Olmedo titulado “Fragmentación del yo, perfilamiento y materialismo, como delaciones tiempo-espaciales de la identidad”. Aunque el título pueda parecer algo complejo, el ensayo buscará ahondar en las claves sobre la crítica anteriormente expuestas en el prólogo de Morante, reflexionando sobre la situación y función de la crítica actual, inmersa en el momento poético, quizás, más complejo de las últimas décadas dado que, tal y como se afirma,

hasta siete generaciones de poetas conviven en una extraña armonía”.

Después, atenderá a la evolución histórica de las corrientes poéticas desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, sin descuidar, además, a nombres y tendencias, dando a entender, así, los motivos de la inclusión de varios poemarios en las críticas posteriores que aparecen en el libro.

Sin embargo, tal vez atravesado por el espíritu crítico de Polifonía de lo inmanente, prefiero centrarme más en la primera sección del ensayo de Olmedo que en ese recorrido, interesantísimo por supuesto, por las variantes que ha experimentado el “yo poético” hasta alcanzar nuestro presente.

Lo primero que manifiesta Olmedo es la imperiosa necesidad de la existencia de un aparato crítico que se ocupe de la poesía. Ya he advertido que la considero como un género propio, y el autor también parece coincidir con este punto de vista al copiar una sentencia de Jaime Siles:

La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”.

Aunque parezca obvio, ser crítico exige de una actitud crítica, y desde esa falta de voluntad se puede construir el axioma de lo que es la mala crítica, tal y como la señala Olmedo al inicio de su ensayo. Una mala crítica, o lo que puedo calificar como una crítica innecesaria e inútil que nada aporta porque no es una crítica, se caracteriza por un

“afán laxo o condescendiente”,

que es producto de

la concesión o devolución de favores, el temor a fabricarse enemigos de la nada o simplemente, el nepotismo”.

Estas son razones más que sobradas para que muchos ya piensen en “la muerte de la crítica”. Esto podría ser un hecho si atendemos a las características enumeradas por Olmedo que suelen predominar en la tarea crítica desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la crítica en Redes, que ahora le permite opinar hasta al mayor descerebrado:

predominio de recensiones elogiosas, burdas o simplemente, opiniones superficiales, que poco, o nada bien, hacían a la literatura”.

Sin embargo, una buena crítica debe pasar por ser objetiva, y no por sacudir a diestro y siniestro por mucho que aquello que merezca ser tratado así lo pida a voces. En ese asunto he podido hablar con el propio Olmedo acerca de nuestra idea de buena crítica, y hemos llegado, ambos, a la conclusión de que será complicado que nos vean escribir mal de alguien.

En primer lugar, porque no merece ni la pena ni el tiempo, ni dedicarle un valioso espacio que al final está publicitando lo criticado, y que priva a otro autor de un sitio que se merece mucho más. En segundo lugar, y esta es la clave, porque ambos, Olmedo y yo, y Gregorio Muelas también, entendemos esto de la crítica como una tarea constructiva en donde es innecesario hundir a nadie. Simplemente, atendiendo a lo que no criticamos, ya estamos demostrando bien a las claras lo que creemos que vale y lo que no vale. Tan solo hay que fijarse de qué autores o poemarios no hablamos nunca, y de quienes sí lo hacemos. Esa sería nuestra feroz crítica negativa, al menos en mi caso.

Por eso, y porque muchos autores pésimos del boom digital se favorecen, además, de haber fichado por grandes grupos editoriales que poseen apoyos en la prensa y en los diferentes medios de comunicación, el crítico, con su actitud, debe tratar de solucionar esa injusticia que se comete con los poetas de largo recorrido, autores que llevan años bregando a pecho descubierto y que no gozan de las simpatías del mercantilismo literario:

Para el crítico honesto, equilibrar injustas desproporciones del sistema es tarea diaria”,

por lo que no tiene sentido volver a hablar, aunque sea mal, de quienes copan esos medios. Es tarea de honestidad refrenar nuestra bilis y ocuparnos de quienes sí merecen la pena y son casi invisibles, porque el lector nos lo agradecerá y como críticos estamos aquí para agradar al lector con nuestras recomendaciones. No para irritarlo con insultos y descalificaciones.

La crítica, enfocada desde esta perspectiva, se convierte en algo muy beneficioso para los autores y los lectores, integrándose en un circuito del que todos salen reforzados:

El crítico es una parte importante del círculo literario que comienza en el autor-creador. Continúa en el editor-divulgador y culmina en el lector, quien no es más que otro crítico, pero esta vez susceptible de ser influido —con o sin intermediarios— por la obra, y a través de su proceso de recepción e interpretación, quien la termina”.

Por tanto,

el buen lector, el lector activo, debe saber relacionar” porque “las analogías solo esperan a quien las busca”.

Se debe

entender el pensamiento crítico como algo divulgativo, inclusivo y didáctico”.

Algo que

nos hace partícipes de algunos de los valores incuestionables de la crítica (…) acercar los libros a los lectores, orientar en su búsqueda, ofrecer una opinión fundamentada”.

Todo esto lleva a

concebir la crítica como un pensamiento en voz alta, como un aprendizaje solidario”,

dado que debemos ser conscientes

de que no es lo mismo leer para entretenerse que leer para reseñar”.

No cabe ninguna duda de que el crítico debe

 “aspirar a educar la mirada del lector”.

Por todo ello, y en relación con lo que anteriormente comentaba de la crítica destructiva, Olmedo concluye que se debe

aspirar a una crítica constructiva, exigirse honestidad y compromiso; no escribir crítica literaria para destruir, sino para construir”.

Y añade un aforismo de cosecha propia bien oportuno:

Leer es reflexionar por cuenta ajena. De una buena crítica se aprende del criticado; de una mala crítica se aprende mucho más de quién critica”.

Olmedo predica con el ejemplo en Polifonía de lo inmanente, y aplica a rajatabla esta máxima: solo aprendemos, en este libro, de los criticados, Nada atisbamos de quienes los critican, salvo su gusto y pasión por la poesía.

 3. Buscar los objetivos e intereses de la poesía española actual según innegables criterios de calidad estética a la hora de elegir a los reseñados

El ensayo que aporta Gregorio Muelas, titulado “Polifonía y diversidad. Una panorámica sobre la poesía actual”, parece recoger el relevo justo desde donde la ha depositado Olmedo en la parte final de su exposición, para analizar lo que denomina como:

el mapa lírico actual de nuestro país”,

Un mapa que es:

“complejo, misceláneo y ecléctico”,

tanto

que resulta una tarea ardua trazar unas líneas definitorias sobre un fenómeno que en la última década ha multiplicado tanto sus medios de producción como sus productores y donde conviven y se superponen diferentes generaciones”.

Sin embargo, Muelas y Olmedo están dispuestos a tratar de organizar el asunto:

Con los autores de las reseñas que siguen pretendemos, más bien, señalar cuales son las grandes líneas que definen la poesía que se escribe en nuestro país, abarcando un periodo concreto de ocho años, de 2010 a 2017, pues solo concentrando nuestro esfuerzo en la producción de la última década podremos tratar de vislumbrar cuáles son los ecos y las permanencias, los objetivos y los intereses de la poesía española actual”.

Que nadie se llame a engaño, es un intento de ofrecer un panorama, lo que yo he denominado un mapa o una brújula, una guía, pero en ningún caso se trata de ofrecer

una finalidad antológica y, por supuesto, está muy lejos de pretender establecer un paradigma canónico”.

En esta Polifonía nos vamos a encontrar

una serie de obras de evidente interés que dicen algo novedoso dentro de una determinada tendencia, ya sea por su lenguaje, ya sea por su mensaje, ya sea por su estructura, ya sea por su finalidad”.

La finalidad de la recopilación crítica es evidente:

tratar de discernir las motivaciones y los objetivos de unos autores que, partiendo de un determinado contexto, han sido capaces de proponer un punto de vista diferente”.

Se trata, por tanto,

de abrir una vía alternativa a los intereses comerciales, tan en boga, y a las concepciones elitistas, de rancio abolengo, proponiendo una lectura plural y diversa”,

y es aquí en donde radica la principal virtud y fortaleza de esta Polifonía de lo inmanente.

Cuando Muelas entra a analizar el panorama actual emanado de las Redes Sociales, no se anda con miramientos:

la más reciente hornada de poetas, muchos de los cuales han hallado en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) su principal vehículo de expresión y de captación de seguidores, es un fenómeno de ventas dirigido a un público ingenuo que ha generado no poca polémica en la comunidad académica por su supuesta simplicidad y el abuso de ciertos clichés propios de la posmodernidad”.

Sin duda, se trata de un

fenómeno comercial, más propio de la mercadotecnia que del discurso intelectual”.

Por eso, el criterio a la hora de incluir a los reseñados en Polifonías ha atendido al

principio de excelencia literaria, es decir, de innegable calidad estética

Porque no hay, quizás, otra forma de poder cribar una situación en la que

cada vez sea más difícil discernir la música del ruido”.

Se trata de un panorama harto complejo en donde

los consumidores mayoritarios son los propios cultivadores del género, dado que este exige un lector culto, es decir, versado en la materia”.

Esto puede conducir a la percepción de que

hay más poetas que lectores de poesía

como una consecuencia del estado de

crisis de conciencia (…) que tiene su reflejo en el mundo editorial”.

Muelas repasa, desde este punto, la evolución de las corrientes poéticas de finales y cambio de siglo y se aproxima a los géneros más exitosos como el haikú que él mismo cultiva con maestría, para dar paso, tras estas últimas reflexiones, a las críticas de los 40 poemarios seleccionados.

 4. Los poetas y sus poemarios

Las reseñas se inician con el aproximamiento a Piedras al agua, de Antonio Cabrera, un poemario de 2010 publicado por Tusquets. Desde aquí, desfilaran nombres como los de Julia Uceda Valiente, Dolors Arbeloa con su poemario Máquina (2012), Bibiana Collado Cabrera, o el interesantísimo Masa crítica del poeta Francisco Alba (2013), propietario de una lírica que Olmedo denomina como “lírica transgénica”.

A todos ellos les siguen, entre otros, Julia Conejo Alonso, y después llega un volumen de los cruciales, Fuera de campo, la poesía reunida de Pablo García Casado (2013), una “poesía del realismo sucio” para Olmedo. También aparecen reseñas de trabajos de Jorge Ortiz Robla, Jaime Siles y su Cántico de disolución (2015), el extensísimo análisis del poemario de Blas Muñoz Pizarro titulado De la luz al olvido (2015) en un texto inédito de Gregorio Muelas, y más nombres: Maria Teresa Espasa, un clásico como Antonio Marín Albalate, el poemario La zanja (2015) de Nuria Ruiz de Viñaspre, Museo de cera (2016) de José María Álvarez, y Licencia para bailar (2016) de Kety Parra Carrillo, además de Gema Palacios, Yaiza Martínez, Ricardo Bellveser…, y algunos otros poemarios determinantes como Contra las cosas redondas (2016) de Jesús Jiménez Domínguez, y Tópo (2016) de David Trashumante.

Se completa así esta Polifonía de invitados a la nutricia mesa de la poesía, determinada por estrictos criterios de calidad e innovación, elegidos por dos críticos que son poetas, o por dos poetas que, incluso, son capaces de ejercer una crítica constructiva que funciona como el mapa de una ruta que marca el lugar del tesoro, ese botín lírico (tal y cómo lo definiría Günter Grass) que significan todos esos libros que no debemos pasar por alto entre la saturación comercial y que, sin duda, serán capaces de hacernos un poco más felices.

Por eso, esta Polifonía cultivada por Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo es un concierto poético a dos manos cuyo único objeto —un esfuerzo de crítica descomunal— es el de conducirnos por algunas carreteras secundarias muy bien pavimentadas, hasta la felicidad. Y lo que se ubica fuera de este mapa, en las mesas de novedades con los sitios milimétricamente pagados por las editoriales, en los muros de Internet, y en las publicaciones de Instagram, de verdad, no nos interesa. Ni lo más mínimo. Porque suelen llevarnos por carreteras muertas que desembocan en el despeñadero de la obviedad, los epígonos, los diletantes, las figuras de repetición y los lugares comunes.

Navona nos trae la Antología poética de Sylvia Plath: versos en la Siberia del corazón

Título: Antología poética

Autor: Sylvia Plath

Editorial: Navona

Calificación: *** (Libro de referencia)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

La recuperación de la obra de la poeta norteamericana Sylvia Plath es una extraordinaria noticia para la literatura. Un paso más, un avance en esta tarea, es el más que notable trabajo editorial de Navona, que ha presentado la Antología poética que llevó a cabo el marido de Plath, el también poeta Ted Hughes, de forma póstuma y al poco tiempo de haberse suicidado su esposa. Navona, dentro de su colección de Ineludibles, corona esta labor de reivindicación de la autora presentando una nueva y vigorosa traducción de mano de la también poeta Raquel Lanseros.

Hay que reconocer la dificultad del trabajo de Raquel Lanseros afrontando unos poemas tan complicados como estos que son, además, la expresión de una voz única y personalísima. Es todo un reto, y en el prólogo conciso y directo la traductora reconoce la zozobra y la responsabilidad que significan afrontar semejante desafío, que ha resuelto sobresalientemente.

Hughes ordena las piezas por fecha de composición, con lo que construye una Antología poética que también es un recorrido por la compleja evolución, o tal vez descomposición, de la personalidad de la poeta.

La trayectoria literaria vital de Sylvia Plath, en lo relativo a sus publicaciones es muy escasa. De poesía tan solo publicó un libro: El coloso en 1960. Y una narración ya al final de su vida: La campana de cristal de 1963, que se considera una novela juvenil dado que rememora algunos momentos de la adolescencia de Sylvia, pero que al estar escrita al borde del abismo contiene un inquietante mundo que coquetea con el suicidio, la depresión, la locura y la muerte, acusando una especie de barroquismo desasosegante de novela gótica victoriana.

El primer poema seleccionado por Ted Hughes para la Antología poética ya es toda una declaración del estado de ánimo que se irá apoderando de la escritora a lo largo de su vida, lidiando siempre con los instintos suicidas, el desencanto depresivo y la angustiosa presencia de la muerte.

Se trata de La señorita Drake se dispone a cenar, escrito en 1956, y en donde ya aparece el desequilibrio mental de una paciente de un psiquiátrico. Es la primera gran imagen de la locura que antecede a la muerte y que tanto se repetirá en los poemas siguientes. Por eso, el segundo poema, Solterona, nos permite ver el mundo interior de Sylvia Plath: un mundo yermo y helado, en donde no son capaces de arraigar los sentimientos. En un juego climático, la voz protagonista del poema se resiste a la llegada de su primavera interior. Uno de los principales problemas de la autora, su permanencia continuada en una Siberia del corazón.

Una sensación, la de encontrarse congelada, aplastada, sumergida en el agua, que es una fijación en su vida y en su obra. En A cinco brazas de profundidad nos lo advierte con un verso final desolador; “preferiría respirar agua”. La poeta se ubica en toda una tradición de poetas suicidas que se ahogaron, con referencia especial a Virginia Woolf, de quien admiraba tanto su obra como su muerte.

Por todo esto, el suicidio es un motivo continuado. El poema Suicidio en Egg Rock vuelve a trabajar y percutir sobre los mismos mimbres y nos permite intuir el futuro que le aguardaba a Sylvia. La decadente punta de Egg Rock en Massachusetts se había convertido en el lugar favorito y perfecto de los suicidas. Tenía un magnetismo especial para la autora, que no puede evitar rendirle un poema. En La campana de cristal ya señala esta ubicación como el sitio en el que tal vez podría afrontar su suicidio.

Este Suicidio en Egg Rock es una de las obras maestras de la escritora, y lo es, en parte, por el poderío de sus imágenes, perturbadoras, que traen la presencia de la muerte de una manera descarnada y directa: “las moscas se filtraban por la cuenca del ojo de una raya muerta” o “las palabras de su libro abandonaron las palabras como gusanos”, mientras pasa un “chucho corriendo al galope”, como alertado por la presencia de la desgracia en el lugar.

Aunque aparece en la Antología poética como un poema único, Las piedras es la séptima parte de Poema para un cumpleaños. Se trata de un recuerdo de la terapia de electro choque a la que la autora se sometió después de su primera tentativa de suicidio, buscando una cura a esos impulsos. Los rastros que la electricidad deja en la poeta la llevan a equipararse al monstruo de Frankenstein, algo de lo que, en ciertos aspectos, ya habla también en la novela La campana de cristal.

Será en El balneario calcinado en donde podamos comprobar en todo su relieve el mundo visual de las composiciones de Sylvia. Son las ruinas del antiguo balneario de Saratoga Springs como un osario blanqueado al sol, también los restos románticos y decadentes de un naufragio. Es el intento de esta poesía la búsqueda de una forma en la que pueda enseñarnos la enfermedad de los cuerpos. La anatomía entendida como un vehículo para la muerte, una vasija en la que viaja la descomposición, la putrefacción, como unas flores colocadas en un jarrón. Pronto se marchitarán.

Por eso, el cuerpo humano es vida y promesa de muerte en la poesía de Sylvia, y de ese desgarro que provoca tal dualidad nacen algunos de sus poemas más hermosos, pero también más torturados. La naturaleza encierra ese ciclo de vida y descomposición, por tanto es un excelente motivo poético al que referirse para explicitar esta contradicción: Olmo, Tulipanes y Amapolas de julio son composiciones que giran sobre este concepto.

Esta comprensión de la existencia lleva, casi de forma inevitable, a un angustioso devenir que se transforma en insomnio; de ahí que el poema Insomne sume, a la exasperación de una vida insoportable, la destrucción que provoca el no poder conciliar el sueño por las noches. Una situación que, quienes la conocemos muy bien, lleva a entender el amanecer de un nuevo día como la llegada de “la enfermedad blanca” que todo lo inunda con una luz de amargura.

Será Espejo un poema que aúne los principales motivos de la escritora de forma contundente. Cierta mitología romántica, el concepto de locura asociado a personajes míticos como la Ofelia de Shakespeare y, como no, la idea del doble, también muy del Romanticismo alemán en su figura de Doppelgänger o “gemelo maligno”. El tema del doble es un referente en Sylvia Plath. Tanto, que a él dedicó su tesis doctoral.

El término “espejo”, generalmente asociado a la figura reflejada en él, es decir, a un doble, es una de las palabras más recurrentes de la poeta en su obra. Ese desdoblamiento extraño —tratado en extensión en La campana de cristal— y que produce cierta incomodidad o rechazo, confraterniza en este caso con las leyendas de las mujeres del agua como por ejemplo Ondina, de Friedich de la Motte Fouqué. De esta manera, el poema Espejo es un compendio de motivos literarios que abarcan desde Shakespeare hasta el Romanticismo alemán.

Toda la brutalidad visceral, la ira de la voz de la poeta, se concreta en uno de sus poemas más célebres, Papá. El ajuste de cuentas con su padre es salvaje e inmisericorde. Los paralelismos que Sylvia establece entre su padre y el nazismo, con mención de los Campos de Exterminio por su fatídico nombre, así como la imagen desmesurada de un ogro que se asemeja, otra vez, a Frankenstein o Drácula, hacen de esta composición una de las más celebres y estudiadas por la crítica.

La violencia verbal, el odio completo, cristaliza en ese “cabrón”, final. Es un arreglo de cuentas psicológico con la figura paterna en donde sale a relucir todo el aborrecimiento, los problemas mentales a los que la poeta se vio sometida y los complejos que revientan en el poema. Como en la Carta al padre de Kafka, la sinceridad de la autora es un alambre de espinas para la memoria del padre.

La Antología poética aporta algunos de los poemas más celebres de la voz de la autora, como Ariel, Muerte y Cía. y Los maniquíes de Múnich. Se trata de una poesía dañina y suicida, hermosamente herida. Al ir leyendo las composiciones sabemos que, irremediablemente, nos acercamos al fatal desenlace concretado en Filo, escrito en 1963, el último poema de la autora.

Hasta aquí hemos llegado, se acabó”, nos avisa en uno de los versos de Filo. Nosotros sabemos que ahora, con cada lectura, volvemos a conseguir que la poderosa y única voz de Sylvia Plath resuene en nuestro interior y que consiga lo que, curiosamente, no lograron los poemas en ella, encender un fuego de infierno que derrite nuestra propia Siberia interior.

Poemas con compromiso desde la tierra de los cuatro lugares

Calificación: ** Interesante

Título:  Meli Witran Mapu – Tierra de los cuatro lugares

Colección: Escritores Chilenos y Latinoamericanos

Autor: José María Memet

Editorial: Mago Editores

 

Era la humanidad

la que enterraban

El polvo del polvo

Eran pobres

y sus ojotas

pisaban los charcos

llenos de estrellas

todas las semanas.

Extracto del poema “Meli Witran Mapu” – Tierra de los cuatro lugares

De entre todos los libros que han pasado por nuestras manos durante el pasado 2107, este  trabajo de José María Memet “Melii Witrar Mapu – Tierra de los cuatro lugares”, es sin duda, uno de los más interesantes.

No estamos hablando de cualquier autor, sino de un escritor comprometido con la causa (cualquiera que esta sea para el mismo), dotado de carácter poético y puede que político. Justo en el ecuador entre lo lítico y lo ético podemos ubicar la voz de este poeta de fuerza, no en vano su obra ha sido reconocida con más de cuarenta premios nacionales: Premio Gabriela Mistral 1977, Premio Pablo Neruda 1996 y la Beca de Excelencia 2006 del Consejo Nacional del Libro de Chile.

El poemario, publicado por Mago Editores dentro de una cuidada edición perteneciente a la “Colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos”, está estructurado en torno a tres partes:

  1. Meli Witran Mapu / Tierra de los cuatro lugares. Esta parte del poemario que ocupa en torno al 55%-60% del trabajo y constituye su núcleo central, es un canto a la tradición familiar, una reivindicación política, casi un manifiesto de vida con connotados tintes biográficos, del propio autor que plasma de forma muy directa en el poema “El poder de la pedrada”; Cuando niño / le tiré una piedra al sol / y lográ darle en plena frente,  en poemas como “La alcancía”: “Valió la pena ser niño para ser un hombre / Vale la pena ser hombre para amar”, o en interesantes manifiestos poéticos como “Oración pop”: Señor, lo común ya resulta ser / una humanidad sin sentimientos / sin lenguajes, sin ideas…”Señor, si existes / Haz explotar todas las bombas atómicas / sobre Estados Unidos / La tierra será un mejor paisaje sin política imperial”. 
  2. La estructura del amor es romántica … salvo el lunes. Estructurado en torno a seís poemas (el primero de ellos formado por cinco partes), su temática gira en torno al amor y una visión personal del amor como la que podemos encontrar en II “El amor es violento como una laguna / violento como los lotos que flotan / violento como las bacterias / que se reproducen / violento como el reflejo / de la luna en el agua / El amor es violento / por naturaleza”.
  3. Wallmapu / Diario de Guerra. Está conformado por un total de ocho poemas y supone el cierre del circulo entorno al reencuentro del autor con sus raíces mapuche. En esta parte del poemario hay lucha, guerra y palpita el sueño, la llama la gens de la lucha de un pueblo que no olvida. Es especialmente llamativo el poema “Re evolución”: “Los chilenos volverán a ser mapuche. Los chilenos tendrán madre y padre”.

La muerte (o más bien su presencia velada), está presente en una gran parte del poemario. En lo personal uno de los poemas que más me llamaron la atención fue el titulado “poetas”, perteneciente a la primera parte del poemario ya citada:

Brodsky fue acusado de parasitismo social

Pound de traición  a la patria

Hernández se pudrió en la cárcel

Lorca fue fusilado y desaparecido

….

Qué te espera Memet

en esta calle tan fría

que es el futuro.

Algunos poemas son de una gran belleza y/o profundidad que podrían estar muy próximos a lo zen:

Encontré una flor,

una sola flor

en medio del desierto

más seco del mundo.

 

Yo sabía que serias feliz

si te llevaba,

esa flor,

pero no pude arrancarla.

 

Sola,

en medio del polvo

y de la arena,

me dí cuenta que esperaba

un colibrí.

La flor – La estructura del amor es romántica … salvo el lunes

 

Desde Verde Luna consideramos como un gran aporte el grado de sinceridad en lo expuesto en su obra, fruto de vivencias extremas y resultado de una gran fuerza interior. Es bien destacable en la biografía del autor que nos ocupa en la presente reseña su participación en la Vicaría de la Solidaridad, imprescindible organismo de la Iglesia Católica, que promovió en pleno vendaval de los años de plomo de la dictadura la defensa y promoción de los Derechos Humanos en Chile. La buena literatura nace, se escribe, se edita y se publica para poder estar comprometida con la paz y la verdad.

Que lo disfruten.

Presentación de Máximo G. Sáez del libro de poesía “Meli Witran Mapu” – Colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la belleza es un arma

Calificación: ** Interesante

Autor: Gloria Young

Editorial: Ediciones Doce Calles, Aranjuez, 2013

Por: Montserrat Doucet

 

La primera impresión que me invadió como lectora cuando tuve este poemario entre mis manos y me dispuse a hojearlo fue la de una belleza casi infinita: cubierta y contracubierta cuidadosamente diseñadas, atractivo tacto del volumen, primera página de cada una de sus partes ilustrada de manera exquisita por inspiradas artistas femeninas de distintas nacionalidades: Soledad Velasco, Perla Bajder, Silvia Costa.

En una primera lectura me impresionaron la inusual y hermosa dedicatoria, las intensas y resonantes palabras de Berta Lucía Estrada, los versos de Gloria Young que, precedidos en cada uno de sus epígrafes por sugerentes interpretaciones pictóricas, se suceden con elegancia, belleza y pasión y se alargan y alargan para convertirse en un doloroso desenlace en prosa poética ya sin los límites y fronteras de la puntuación ortográfica.

En sucesivas lecturas pude advertir que lo esencial de este poemario ya me había tocado el corazón en la primera de ellas y constatado que la correspondencia entre contemporaneidad formal reflejada en la actualidad estilística de su lenguaje y la temática era más que evidente.

Yo destacaría la forma en la que la poeta panameña Gloria Young ha estructurado esta obra, el hábil dominio de la progresión dramática que se inicia con la violencia y ambigüedad de las imágenes, de su primera parte, Cristal que no se rompe: “el terco vendaval arrebató mis sueños”, “tu juego es efímero y cruel / pero amanece, “-todo el peso del mundo sobre mi cuerpo”, “¿eras tú sobre mi cuerpo? / ¿protegiéndome? / ¿o matándome de asfixia? Y frente a esa fuerza natural o masculina, la única arma de la poeta: “necesito el canto / la palabra”. Destacaría también, como se intensifican las sensaciones dentro del mundo vegetal a medida que vamos avanzando en el poemario y en especial en la parte Llama de los abrojos y como a partir del poema Prefiero la libertad, el verso crece para acoger ese manifiesto que nuestra poeta no oculta y que devuelve a la mujer a su olvidado origen vegetal, libre y primigenio, metáfora del paraíso terrenal en el que es imposible el sufrimiento pero donde también es consciente de que “no escojo la felicidad”. Forma rotunda, conseguida, la del poema Todas las mujeres donde el versículo alterna con palabras únicas dotadas de gran significado: resistir, gritar, amar, abuela, abuela, abuela. Me gusta como Nada que ocultar se inicia con una destrucción natural que en el verso amplio adquiere dimensiones míticas y como acaba en prosa sin pausas: la pasión se ha desbordado al máximo y ya no hay una estructura que la contenga por eso adquiere la apariencia de una prosa infinita donde el dolor se adivina inagotable y alcanza la frontera de lo mítico “en el palacio de Knossos frente a la imagen del príncipe de los lirios un silbido desata mis manos para no necesitar que me sostengas”.

 

Objeto exquisito este libro que puede disfrutarse con todos y cada uno de nuestros sentidos: con la vista en las recreaciones pictóricas que anteceden cada una de sus partes; con el oído: escuchando cada uno de los poemas que lo integran; con el tacto: observando las diferencias y texturas de un papel que armoniza con cada una de las distintas expresiones del arte, sea palabra o pintura; con el olfato: recreando el olor de las flores, frutos y árboles del huerto, de la tierra abierta por el terremoto o anegada por la inundación, de los puertos, del hombre amado o de la abuela que abraza a la nieta y la incita a conquistar libertades que le pertenecen. Pero lo más importante es que puede también leerse desde el alma o desde el corazón, tal vez porque en su interior cada lector, cada persona, sabe que no hay nada que ocultar, que todo se reduce a ser y para ser hay que pasar por encima de las circunstancias y las de conveniencias sociales y que nada se avanza sometiendo a la mitad del género humano, que es mujer. Nada que ocultar se nos presenta en este sentido como un arma poderosa llena de significado, como un manifiesto de una mujer del siglo XXI, que no quiere una descendencia femenina escindida entre la felicidad y el derecho a su realización como persona.

Como acertadamente ha dicho Berta Lucía Estrada “En la poesía de Gloria Young está ella, y estamos todas las mujeres de todos los tiempos y de todas las culturas. Su poesía es un grito visceral que recuerda que vivimos en una sociedad patriarcal que nos agobia y nos “asfixia”. Gloria Young, solo tiene un arma: la palabra, pero lanzada al mundo en el bello envase que es esta obra puede ser el comienzo del fin de esta guerra tan absurda entre hombres y mujeres.

Que lo disfruten.

 

Tourette en los no-lugares o el poeta que desayuna versos

Título: Un cuántico aleteo en la boca

Autor: Maximiano Revilla

Editorial: Vitruvio

Calificación: ** (Interesante)

Por Jose Carlos Rodrigo

 

Portada “Un cuántico aleteo en la boca”. Maximiliano Revilla.

Maximiano Revilla es uno de los poetas más sorprendentes que he conocido. Y una de sus principales virtudes radica en que el asombro de su poesía aumenta con cada libro que publica. En Un cuántico aleteo en la boca despliega, de nuevo, esos poemas que son como retazos de vida, jirones de existencia, momentos congelados de lirismo. Escenas cotidianas que pueden presenciarse en las calles de la ciudad, en el transporte público, en la televisión, todas ellas poetizadas: esa sería la idea subyacente del poemario.

La poesía de Maximiano Revilla ha tomado una interesante deriva hacia lo social. Es como si hubiera encontrado un traje cómodo para sus versos cuando se remangan y se ponen a trabajar denunciando la tristeza habitual que nos atonta. De esta forma, nace en el poeta una necesidad casi obsesiva de nombrar aquellos elementos que vertebran la cotidianeidad venenosa, dejando en sus composiciones un rosario de marcas comerciales, de lugares que son no-lugares, por donde transita nuestra maldita rutina.

El filósofo francés Marc Auge puso en marcha la teoría de los no-lugares, para designar esos sitios en donde estamos de paso y que acrecientan la incomunicación. No-lugares son los aeropuertos o las habitaciones de hotel, y en cierto modo alguno de los lugares favoritos de Maximiano Revilla a la hora de poetizar: los vagones de metro, el autobús, y las marquesinas de las paradas en donde mientras esperamos podemos ver el interminable desfile de la vida amortajada.

Cotidianidad, no-lugares y trasporte público, junto con un afán incontrolable por nombrar, hacen de este poemario un ejercicio de poesía-tourette tan fascinante como incisivo, porque perfora y tritura el corazón, y deja un sabor amargo al final de la lectura.

El primer verso del primer poema, ya hace que se tambalee el mundo del lector ante lo que podemos inferir detrás de este tremebundo ataque: “Contra la corrupción: esto es la vida”. Y, lógicamente, lo que es la vida para el poeta es la poesía. Y las escenas que van a desfilar por sus poemas son el armamento para combatir esa corrupción que es la podredumbre del dia a día que nos carcome, preñado de lugares comunes, figuras de repetición, aburrimientos y obviedades. El libro se desgrana en fractales de tiempo. Comienza a la una, y dentro de ese poema aparecen otros poemas titulados A la una, como fragmentos que conforman un todo. Después, llega A la una y uno, compuesto de otras pequeñas partes, y así, hasta el último poema del libro: A la una y veintinueve.

Estamos ante una poesía de fractales, una poesía cuántica concebida como una forma de capturar en esos instantes que transcurren ante nosotros, en el vagón de metro o la parada del bus, los diferentes mundos paralelos que conviven juntos a modo de palimpsesto. Y en este poema fundacional ya se aprecia el rastro de lo social en:

Efímero igual que las hojas de los diarios escritos

con la historia de una esquina emigrante”.

Para después, terminar el poema con el primer ejemplo de esa intrusión de la vida cotidiana tecnológica, que se nos apodera del día a día: “Selfies a la mañana”. Desde aquí, en la siguiente porción de poema, aparece ya el despertador y la oficina. Es el momento de fijarnos en algunas de las isotopías del texto y determinar que palabras lo articulan. Encontramos referencias al mundo laboral —además del despertador y la oficina, las lámparas lead, los trajes, las corbatas, los táper donde se lleva el almuerzo—, a las transiciones de lo cotidiano —maquillaje, conversaciones, anuncios, las bolsas de plástico de los supermercados, tampones, preservativos—, a la situación social —el hambre, los emigrantes, un tren de refugiados, el reciclaje, la compra-venta —, y a la vida en los no-lugares como el supermercado, el autobús, el metro, las paradas de los autobuses las calles, los pasos de cebra frente a los semáforos, las butacas de los cines…

Todo ello, junto a una preocupante interpretación del tiempo, un tiempo que es inasible, que se escurre por entre los versos, dado que el poemario alberga una profunda intención de retorno a la infancia. El poeta ha encontrado una estructura cuántica que le permite cohabitar en diferentes mundos a la vez; lamentablemente, son los mundos del ahora. Versifica todo aquello que le sucede a su alrededor, simultáneamente, pero sin posibilidad de acceso al pasado o al futuro, por mucho que la poesía pueda aproximar algún recuerdo que, simplemente, es un mero y decepcionante sucedáneo de la vida.

Por ello, tiene que ser nombrando las cosas, la forma en que puede convocar los recuerdos. Maximiano entabla un descomunal combate que tiene mucho de quijotesco (no en vano ya me referí en la crítica de otro libro suyo, aparecida aquí en Verde Luna, al aspecto quijotesco de su poesía), y en donde los poemas golpean al pasado con la terrible actualidad:

Contra todo pronóstico, entre tantas ofertas

nos amamos en un hostal del centro,

huyendo de la lluvia y de tus padres.

Cuarenta años después de criar a nuestros hijos,

te presento a las nuevas rebeliones:

pan sin corteza en su bolsa de plástico”.

Maximiano Revilla traza una poética urbana en este poemario, donde las barras de los cafés, los madrugones para acudir al trabajo, los gimnasios y las perfumerías, las farmacias y los estancos, forman parte del esqueleto de la ciudad que nos alberga, por la que nos movemos como zombis y en donde no somos ya capaces de percibir lo que nos rodea. La ciudad, como el mayor de los no-lugares posibles. La ciudad es una isla. El lugar de mayúsculo aislamiento en donde serpentea el Gran Commuter, el poeta de los transportes públicos, las tristezas colectivas y los versos de desayuno con churros o pincho de tortilla. Y todo ello posee un lirismo desbocado en los ojos, y en el corazón, de Maximiano Revilla.

Ciertos retales del pasado, de una era pre-tecnológica, parecen asociarse al espíritu puro de la poesía: “Adiós tienda del barrio, constelación del poeta”, se nos dice en un verso amargo que lamenta esta pérdida de la capacidad de sorpresa, aniquilada por tuits, selfies, comida basura y anuncios que prometen la felicidad. En medio de todo esto, vivimos en una soledad profunda y tediosa.

Todo se retransmite en diferido para poder cortar si fuese necesario”, es este verso el cogollo central del poemario. El alfa y el omega de todos los problemas: programados, supervisados en el día a día, dominados por biempensantes y buenistas que dictan lo políticamente correcto, disponen con absurda autoridad aquello de lo que debemos hablar a voces y aquello de lo que tenemos que cuchichear a escondidas, y que marcan las lindes de unas vidas cotidianas que, obligatoriamente, deben discurrir ocupadas por mujer, perro y niño

Ser poeta significa realizar la elección más políticamente incorrecta que se pueda hacer. Porque ser poeta, obligatoriamente, lleva a preguntarse acerca de las cosas, a no admitirlas como son o como ellos quieren que sean, y eso resulta incómodo para el pensamiento único que pretende regirnos dentro del buenismo-light y la corrección de pastel.

Quizás, por todo ello, el poema A la una y veintinueve, que cierra el libro, presenta una conversación del poeta con una dama que muy bien pudiera ser la Vida, en una especie de entrevista de trabajo, ese mal que gobierna estos tiempos, y de la que solo queda un regusto amargo porque, la Vida, no parece estar dispuesta a contratarnos.

De esta forma, Maximiano Revilla ha intentado resolver un misterio: el cuántico aleteo en la boca es el movimiento de la lengua y de los labios al articular un nombre —recordamos el principio de la Lolita de Nabokov…, no podía ser de otra manera—. ¿Pero cuál es este nombre que pronunciamos como un ensalmo y que nos guarece de los insultos de esa vida que no nos quiere? Se trata del nombre de la persona amada, del nombre de un libro, de un escritor, del nombre de cualquier cosa que pueda hacernos la existencia más llevadera; nombres que pronunciamos como corazas, que nos blindan ante la hostilidad cotidiana y nos protegen del horror de los telediarios, del espanto de la cola de la panadería, de la soledad de las butacas del cine, de la agresión del café de máquina en la agria pausa de la media mañana.

Personas amadas, libros, sueños, ideales…, al final, todos estamos articulando el mismo nombre con el mismo aleteo cuántico: es la poesía. Nuestra poesía de batalla, personal, intransferible, esa que consigue que nos sobrepongamos, la que nos proporciona fuerzas para afrontar el día a día y poder escapar de la pavorosa soledad de los no-lugares.

O de un único y descomunal no-lugar: nuestra propia vida.

Buenos días, poeta

Título: Buenas noches, buenos días

Autor: Pedro Montealegre

Editorial: Libros del Pez Espiral

Calificación: ** Interesante

Por: David Blanco

Buenos días, poetas en sepia, poetas en blanco y negro, poetas in blue: el domingo se tuerce como una anguila, quisiera comer caramelos de frambuesa, que todo me indigeste, que todo me indigeste, que poetas amigos y amigas hagan fiesta….

 

 

Pedro Montealegre (Santiago, 1975-2015),  publicó Santos subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998), La palabra rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005), El hijo de todos (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006), Transversal (El billar de Lucrecia, México D. F., 2007), Animal escaso (Ediciones Idea, Las Palmas de Gran Canaria, 2010) y La pobre prosa humana (Ediciones Amargord, Madrid, 2010). Integra diversas antologías hispanoamericanas y su material inédito incluye, entre otros títulos, Retrocometa (Garceta Ediciones Pyrautass, 2015), Flores de Ulmo y Buenas noches, buenos días (Pez Espiral, 2015), obra póstuma del autor, que nos ocupa en la presente crítica. 

La gens de este interesante libro,  son post o publicaciones subidas en el muro de facebook del autor. A partir de ahí hay todo un excelente trabajo editorial de Libro del Pez Espiral que, realizando una notable labor de alquimista literario, ha conseguido dotar de alma propia, de cuerpo literario a un trabajo ya de por sí interesante. La portada del libro (depende del ejemplar), está representada por un arcano del tarot de Marsella; el Sol o la Luna. Esto está puesto directamente en relación con el enfoque del texto que se abre de forma alternada en cada poema del trabajo con un “buenos días” y / o “buenas noches” sobre fondo blanco y negro, respectivamente.

El trabajo es un interesante recorrido más que por estados mentales del autor, por estados del alma que mutan entre el día y la noche. Está planteado en torno a una conversación o más bien ante el inicio de una conversación que fluye desde el autor hacia el basto espacio de la red social, de Internet.  Los destinatarios principales de sus mensajes enviados por el autor al insondable espacio de la red social (para poder hablar de conversación realmente deberíamos poder analizar las respuestas o reacciones a los mismos), parecen ser los poetas, el amor, los poetas críticos (estos parecen ser una clase especial), aquellos que no son opacos aquellos poetas que son matutinos, aquellos que son pacientes y/o legítimos, aquellos que son parientes de la amatista… hasta llegar a saludar a nadie y a aquellos que tienen hasta tendencias suicidas (esta mención resulta especialmente significativa). El lenguaje empleado por el autor es claro y directo y no está desprovisto de cierto componente de crítica y de autocrítica hacia el oficio:

¿Ustedes beben té o caflé? ¿O beben ambas con un cirro de leche? No les conozco pero admito vuestra malicia, vuestra sinceridad. ¿Tienen hijos o hijas? ¿Besan a la noche a un compañero o compañera? Me gustaría ser, como ustedes, valiente y combativo, pero solo escribo, y no sé si sea algo importante.  

A título personal hay partes del texto de Pedro Montealegre que me recuerdan a uno de mis poemas favoritos (Elegía didáctica), del autor brasileño Lêdo Ivo:

Piensa en los muertos, sobre todo en los soldados desconocidos que se quedaron en cementerios ilocalizables, y piensa en los vivos que ignoran los cementerios donde reposarán un día. Oh, piensa en todo, en los horizontes tranquilos de tus días de entonces, en el escalofrío que te recorre al caer la noche en latitudes extranjeras. Piensa en tu infancia transformada en fábula, vientos y frutales estallando al sol y en los senos de las mujeres que fueron envejeciendo sin darse cuenta, y piensa también en las formas de esas mujeres, destruidas implacablemente sin que tu mirada las solicite. 

Ambos escritos en segunda persona, ambos hermosos y no desprovistos de una inusitada profundidad.

El hecho de incluir cartas del Tarot de Marsella creo que resulta altamente simbólico habida cuenta de la muerte no natural del autor. Todo el texto en su conjunto parece como un gran epitafio vital, un epitafio imposible que hubo de ser comunicado en vida pero no transformado en libro, mutado su estado original, hasta después de la muerte (al menos física), del autor. La inmortalidad ya está conseguida, en sus palabras, en las emociones resilientes que no abandonan a quien lo lee.

 

Oh poetas, que pacientemente me han leído, ante la lata, ante la verborrea, ante la lata, ante la verborrea y la verbigracia; desaparecen mis saludos por ahora.

 

Buenos días, poeta. El fin no fue más que el principio.

Que lo disfruten.

 

Otras críticas / reseñas de este trabajo:

http://www.revistalecturas.cl/pedro-montealegre-buenas-noches-buenos-dias-retrocometa/

https://www.poemas-del-alma.com/blog/resenas/buenas-noches-buenos-dias

http://www.revistaintemperie.cl/2016/01/04/poesia-2015-los-libros-recomendados/

 

Editorial Libros del Pez Espiral:

https://www.librosdelpezespiral.cl/​