La soledad encendida, haikus: un museo natural del verso

Título: La soledad encendida

Autores: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo

Editorial: Ultramarina Cartonera

Calificación: ** (Interesante)

Por Jose Carlos Rodrigo

 

Un haiku es como un chispazo, un destello, un relámpago poético. Por tanto, un haijin será un hombre-relámpago, un poeta que viaja con el asombro en la mochila, con el resplandor de la poesía colgado de sus parpados y prendido de sus dedos. Este libro, todo en él, es extraordinario. Es la historia de dos haijines que decidieron entremezclar sus poemas como si combinaran los naipes de una baraja de sorpresas. Pero también es la muestra de un gran amor por la edición. En ese sentido, todo el libro es un enorme haiku conformado de pequeños haikus, un descomunal asombro preñado de otros asombros que lo convierten en un monumento poético.

A la editorial Ultramarina Cartonera le corresponde el orgullo de firmar un ejemplar que es un pura sangre de la edición: un libro bello, un libro artesano y artesanal compuesto con materiales japoneses (bambú o tela de kimono) y plagado de ilustraciones únicas. Numerado y exclusivo, no hay dos ejemplares iguales ni dos portadas similares. En lo relativo a los deliciosos dibujos con motivos japoneses, son las manos de Susana Benet y de Sara García Lafont las que consiguen conectar con la naturaleza nipona mediante sus ilustraciones. Y como todo en el libro es brillante, el prólogo de Mila Villanueva y el epílogo de Raul Fortes Guerrero enmarcan los haikus. Unos poemas escritos a dos manos, sin declarar su autoría porque el poema japonés es eso, una emanación de la naturaleza en donde bien poca importancia tiene el poeta. Los dos haijines, vehículo que se encarga de plasmar el asombro, son dos poetas comprometidos con el haiku, dos poetas en estado permanente de aware o emoción: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo.

Pero antes de referirme al trabajo de estos dos poetas en La soledad encendida, no puedo menos que rendir un tributo a quienes me pusieron por vez primera en contacto con el haiku, allá por el año 2002. Fueron poetas, y también fueron dos, con ocasión de un libro firmado a medias, como si el haiku tuviera que venir acunado por un dúo de creadores, recelando de la individualidad. El texto, otro libro exquisito, una joya para los bibliófilos, de cuidada edición a cargo de la editorial Celya, se titula Paisajes hacia lo hondo. Un título realmente acertado para definir lo que representa el haiku para el haijin: la proyección en la naturaleza de un profundo estado de comunión con lo que le rodea. Y las poetas eran Almudena Urbina y Montserrat Doucet.

Son los haikus de La soledad encendida un recorrido por las variadas formas de estas composiciones líricas ancestrales. Hay, desde haikus a la naturaleza, pasando por haikus de Año Nuevo, e incluso haikus urbanos, una modalidad que no ha tenido mucho éxito en Japón, quizás por lo moderno, pero que sí se construye con gran aceptación en Europa. Y hay haikus tristes, y haikus intrigantes, y los hay de saludo a la vida, o sobre gatos, ranas y sapos, perros e insectos. Sobre árboles, flores y plantas, pájaros y ganado, incluso sobre agua y lluvia, demostrando que esta composición es versátil, que su traje rítmico se adecúa a la perfección a cualquier asunto, aunque a veces pueda alejarse algo de esa pureza sacrosanta que para los entendidos debe reunir el haiku.

El haiku clásico debe ceñirse estrictamente a tres reglas determinantes: en primer lugar a una métrica concreta (esos 5-7-5 versos en cada una de sus líneas); después, necesariamente, debe alejar el yo, la persona, el componente humano, de la impresión poética; y por supuesto, tiene que reflejar un instante vivido en la naturaleza, que aparecerá en los versos como congelado, atrapado, producto de ese momento deslumbrante que tiene que haberle sucedido al haijin.

Sin embargo, es cuando los haijines Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo desabrochan un poco esta camisa de fuerza estilística, alcanzan, quizás, las composiciones de mayor belleza. Panteras, colibrís o cisnes, engalanan sus pelajes y plumajes con el collar de estos versos. Y rayos, tormentas, nieves y soles resplandecen con mayor brío. Son instantes capturados con la red de la poesía, quedando detenidos en el tiempo, en la memoria, y ya para siempre en nuestra percepción, como ese gato que regresa de la lonja y huele a pescado, o ese perro que regala lametones a un niño delgado, o esas grullas que destacan en el cielo…

En efecto, es el título de la soledad encendida una definición gráfica. Casi anatómica, del efecto germinativo del haiku en el interior de la fisiología sensitiva del poeta. El haiku nace en un momento de intimidad lírica, y lo hace como una descarga eléctrica. Atraviesa al haijin con una sacudida de alta tensión, y los voltios poéticos encienden, literalmente, la inspiración compositiva ante aquello que se está presenciando. Entonces, ese instante queda apresado en la cabeza y el corazón del poeta como el insecto en el cazamariposas, y desde allí, pasa a conformar un libro como este que nos presentan Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo: un compendio de belleza que es un gabinete entomológico, en donde cada ejemplar poético aparece expuesto en su vitrina, atravesado por un alfilerazo de sensibilidad lírica, detenidos en el tiempo y en el espacio, desplegando sus vivos colores, sus delicados perfumes a tierra mojada tras la tormenta, a pan recién horneado en la tahona, a nieve invernal, y hablándonos con el sonido de las grullas en el estío y el lenguaje de los arroyos en otoño.

Todo esto es La soledad encendida. Pero, por encima de formas, composiciones, y versos, es un mayúsculo poemario al que cualquier día le saldrán alas y, dejando un leve polvillo tras de sí, saldrá volando por una de nuestras ventanas, a la búsqueda de otros lugares en donde anidar. En ese momento, nosotros también seremos ya haijines. Prisioneros, de por vida, en la belleza del latigazo del verso.

 

Adjuntamos algunos links de interés para una mejor aproximación a la obra :

  • Lectura de algunos kaikus por parte del autor
  • Referencias a la editorial:

https://editorialultramarina.com/

  • Entrevistas realizadas a los autores:

http://www.lagallaciencia.com/2015/11/la-soledad-encendida-de-gregorio.ht

http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-haikus-heberto-sysmo-gregorio-muelas-02-06-15/3152626/?media=rnehttps://editorialultramarina.com/11-la-soledad-encendida-gregorio-muelas-heberto-de-sysmo/

 

 

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PRESENTACIÓN DE LA REVISTA DE CRÍTICA Y POESÍA CONTEMPORÁNEA CRÁTERA: POESÍA PARA TIEMPOS DESHUMANIZADOS

Autor: José Carlos Rodrigo Breto

El pasado 21 de abril, envuelto en las celebraciones del día del libro, se celebró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares algo que podría calificarse como un acto doblemente heroico: la presentación de Crátera, una nueva revista de poesía, y del libro de haikus La soledad encendida. Doblemente heroico, en efecto, porque en los tiempos que corren para las humanidades, la literatura, y no digamos ya para la poesía, demuestra un arrojo rayano con la inconsciencia plantearse la publicación de una “Revista de crítica y poesía contemporánea”, tal y como se define la publicación. Y no digamos ya, además, hacerlo coincidir con un libro de coleccionista, una extraña joya artesanal y preñada de haikus, editada por Ultramarina Cartonera, un extraordinario trabajo al que dedicaremos una reseña, en esta misma bitácora, más adelante.

Los autores del proyecto Crátera son tres poetas de largo recorrido: Heberto de Sysmo, sinónimo de José Antonio Olmedo López-Amor, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz Robla. Estos poetas, radicados en Valencia, quieren prestarle atención, con una periodicidad trimestral, a los vericuetos de la poesía que se realiza actualmente, y no sólo en su Comunidad Autónoma, sino en cualquier lugar del mundo. Con esa vocación universalista nace la revista, y lo demuestra bien pronto: en este primer número se incluye un apartado de traducción que nos trae la voz de un poeta ruso, Robert Rozhdestvensky, en la traslación de Natalia Litvinova; de uno rumano, Mircea Petean, a cargo Elisabeta Botan; del premio Nobel italiano, Eugenio Montale, en un trabajo de Carlos Vitale, y de la alemana Hilde Domin, adaptada por Gema Estudillo.

Una crátera es una vasija que, preferentemente, se utilizaba para almacenar una mezcla de agua y vino que se servía en las comidas de la antigüedad clásica. Con semejante naturaleza, no es de extrañar que esta revista-damajuana guarde en su interior una combinación poética de alta graduación en cuanto a la calidad de lo ofertado. En primer lugar, una pléyade de poetas nacionales de la talla de Siles, Guinda, Veyrat, Azaústre… que además se agrupan bajo un delicioso epígrafe: Inéditos, lo que hace aún más atractiva, si cabe, esta selección. Después, La mirada de Basho, un apartado que continúa la pasión de los directores de la revista por la forma del haiku y en el que Susana Benet, Ricardo Virtanen y Gorka Arellano exhiben buen hacer y músculo poético. Además, un llamativo apartado dedicado a la poesía experimental, con los artefactos visuales de Atilano Sevillano y Rafael Marín.

Como la revista se define “de crítica”, no permanece ajena a la hora de realizar una serie de lecturas de poemarios en el apartado de Reseñas, que se complementan con otras valoraciones algo más breves en el apartado Leído por, y que todas en conjunto forman un corpus crítico que se culmina en la sección de Investigación con un trabajo de Justo Serna sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez. Después de este despliegue poético y crítico, la revista Crátera todavía ofrece más, en la forma de una entrevista a Marcus Versus, escritor y director de una editorial independiente de poesía. Sin olvidarnos del magnífico dibujo de la cubierta de la revista, una ilustración que el poeta y grabador Juan Carlos Mestre ha cedido especialmente para la ocasión.

De igual manera, en la presentación de la revista también se nos ofreció más: intervino la traductora Elisabeta Botan, que hizo las veces de maestra de ceremonias, y se nos regaló un interludio musical que culminó este esfuerzo heroico de un grupo de poetas que pretende hablar y escribir sobre poesía, sobre humanidades en tiempos deshumanizados.

Solo resta ya, servir el vino albergado en el corazón de esta crátera poética y que el aedo comience con el recital de sus páginas.

 

Nota: El autor del presente post dispone de permiso por parte de la propia Revista Crátera para la reproducción de la foto de portada que lo acompaña y que ilustra su número 0.