Polifonía de lo inmanente: Guía del autoestopista poético

Título: Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)

Autores: Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo López-Amor (Prólogo de José Luis Morante)

Editorial: Lastura

Calificación: *** (Libro de referencia)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

La editorial Lastura, en la senda de sus magníficas publicaciones, ha editado lo que, sin duda alguna, se trata de un libro de referencia ineludible a la hora de intentar comprender el agitado panorama poético actual en España. El libro Polifonía de lo inmanente, subtitulado Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017), es una guía necesaria para todos aquellos que necesitamos una brújula para poder orientarnos entre una poesía actual que se ha convertido en un complejísimo elemento de análisis.

El libro está firmado por dos críticos poéticos de evidente prestigio, además del aval que poseen al ser importantes poetas con reconocimientos y publicaciones de gran calidad. Los que aquí ejercen la crítica son Gregorio Muelas y Jose Antonio Olmedo, apoyados en la introducción —que no tiene ni una palabra de desperdicio— por otro peso pesado de la poesía y de la crítica: Jose Luis Morante. Lastura ha cuajado aquí uno de los libros sobre teoría y crítica poética más importantes del momento.

Gregorio Muelas queda bien presentado con tan sólo leer la entrevista que no hace mucho le realizamos aquí en Verde Luna, y que encontrarás en este enlace:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/23/gregorio-muelas-haijin-urbano-poeta-sonambulo-y-critico-solidario/

Algo parecido ocurre con Jose Antonio Olmedo, conocido por su heterónimo de Heberto de Sysmo a la hora de hacer poemas, y cuyo poemario La flor de la vida. Elogio de la Geometría Sagrada (en Lastura) también hemos analizado en Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Polifonía de lo inmanente, por tanto, viene firmado a dos manos —más el prólogo de Morante—, en una construcción muy parecida al libro de haikus que ambos poetas ya publicaron en conjunto, La soledad encendida (Ultramarina Cartonera) y del cual también hemos hablado:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/24/la-soledad-encendida-haikus-un-museo-natural-del-verso/

Además, Muelas, Olmedo y el propio Morante, han ido sacando adelante los números de Crátera. Revista de crítica y poesía contemporánea, de cuyas presentaciones y contenidos de las dos primeras entregas os hemos informado cumplidamente:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/13/segundo-numero-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-en-las-trincheras-de-la-belleza-poetica/

Así las cosas, el libro de Polifonía de lo inmanente recoge una selección de las críticas poéticas que en medios especializados han venido realizando ambos autores, que abarcan desde el año 2010 y alcanzan hasta finales del 2017, puesto que el libro fue editado en el mes de diciembre del pasado año.

Un total de 40 críticas en donde son todos los que están, aunque por supuesto no estén todos lo que son. Me explico: quienes aparecen en estas páginas son aquellos poetas que de verdad se merecen aparecer porque han descollado aportando novedad, destacando entre el panorama caótico y demasiado agradecido (por no decir que servil) que alimenta a gran parte del mundillo poético de hoy en día.

Por eso, todos los poemarios y autores que aparecen lo hacen en función a unos méritos bien demostrados, y puedo asegurar que no parece que nadie se haya colado de rondón, en un ejercicio de neutralidad que mucho dice de Muelas y Olmedo a la hora de saber colocar cada cosa en su valor, escapando de amiguismos y favores personales que tan a menudo prostituyen este tipo de reseñas y críticas, convertidas en un juego de favores devueltos y en un intento de quedar bien.

Nada de ello aparece en este libro, que además de las críticas, presenta sendos ensayos o trabajos de Muelas y Olmedo como una forma de abrir boca al compendio que van a presentar. Así que dos ensayos, 40 críticas de otros 40 autores, y un prólogo de Morante para un libro indispensable, un texto con el que podemos viajar quienes, como autoestopistas de lo poético, y ante el aluvión de presunta poesía que nos acecha desde las Redes Sociales y desde los mentideros del capitalismo literario, no somos capaces de discernir a que poemario subirnos, con tanto riesgo como hoy en día existe de descalabrarnos.

1.Los placeres de la buena crítica

Así que empezaré el análisis de esta guía de viaje por la poesía española actual dedicándole mi atención al prólogo del crítico y también poeta José Luis Morante, titulado “La crítica como placer lector”, y que opera como un lujoso receptáculo sobre el que después extenderemos las gollerías en forma de reseñas críticas que nos ofrecerán Muelas y Olmedo.

Como el libro es un compendio de críticas, lo que Jose Luis Morante hace es reflexionar a cerca del oficio del crítico, de su vocación, de sus características, de sus filias, de cómo es la materia a la que se enfrenta y la forma en que debe tratarla. Y como una primera premisa por la que debe empezar a vestirse:

el crítico debe tener una explícita vocación de lector. Solo quien está formado tiene conocimiento y ese es el punto de partida”.

De esa forma,

el crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual”.

Después, es decisiva la independencia, esa actitud de la que hacen gala Muelas y Olmedo, a la que ya me he referido anteriormente, y que Morante acota en una cita de Borges:

Alabar y censurar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.

Lamentablemente, en muchas revistas de crítica se está más por el halago y por los odios, por el amiguismo y por las cruzadas personales; tal y como afirma Morante en su prólogo:

En su tarea de hacer lectores la crítica traza juicios sobre la realidad literaria o confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto”.

Aún así, quedan reductos de integridad que encumbran la crítica a la categoría que merece, libros como esta Polifonía de lo inmanente así vienen a demostrarlo, y yo la entiendo como un género literario en sí misma porque, como afirma Morante:

la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a la propia poesía”.

Es decir:

poesía y crítica se ensamblan sin disidencias”.

Siempre que estén bien elaboradas ambas, me atrevo a añadir.

Por último, Morante se fija en el contenido específico de Polifonía de lo inmanente, un

detallado análisis de influencias y afinidades de autores que aportan títulos de interés en el árbol sólido de la regeneración literaria del siglo XXI

y en donde

el enfoque (…) no se limita a una simple relación de características y poetas”,

porque son

“una convergencia de estéticas plurales que permite intuir la sensibilidad del tiempo digital; confirma que sus aportaciones son pilares firmas, cimientos estables de la poesía de hoy”.

Eso significa que nos encontramos ante un libro-mapa, o un libro-brújula, que nos ayuda a entender lo que se debe leer (y tal vez por descarte lo que resulte indeseable) en el confuso mundo de la poesía 2.0 de estos tiempos de posverdad, mentiras cibernéticas e idolillos de Instagram, Twitter y Facebook que firman contratos con grandes editoriales en función del enorme número de seguidores y de la cortedad de su talento literario. Menos mal que libros como esta Polifonía han venido a enseñarnos, con una diana roja pintada en el centro, los poetas que en estos momentos sí merece la pena que sean leídos.

2. Crítica y buenos críticos: la crítica constructiva como aprendizaje solidario

El grueso del trabajo se inicia con el ensayo de José Antonio Olmedo titulado “Fragmentación del yo, perfilamiento y materialismo, como delaciones tiempo-espaciales de la identidad”. Aunque el título pueda parecer algo complejo, el ensayo buscará ahondar en las claves sobre la crítica anteriormente expuestas en el prólogo de Morante, reflexionando sobre la situación y función de la crítica actual, inmersa en el momento poético, quizás, más complejo de las últimas décadas dado que, tal y como se afirma,

hasta siete generaciones de poetas conviven en una extraña armonía”.

Después, atenderá a la evolución histórica de las corrientes poéticas desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, sin descuidar, además, a nombres y tendencias, dando a entender, así, los motivos de la inclusión de varios poemarios en las críticas posteriores que aparecen en el libro.

Sin embargo, tal vez atravesado por el espíritu crítico de Polifonía de lo inmanente, prefiero centrarme más en la primera sección del ensayo de Olmedo que en ese recorrido, interesantísimo por supuesto, por las variantes que ha experimentado el “yo poético” hasta alcanzar nuestro presente.

Lo primero que manifiesta Olmedo es la imperiosa necesidad de la existencia de un aparato crítico que se ocupe de la poesía. Ya he advertido que la considero como un género propio, y el autor también parece coincidir con este punto de vista al copiar una sentencia de Jaime Siles:

La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”.

Aunque parezca obvio, ser crítico exige de una actitud crítica, y desde esa falta de voluntad se puede construir el axioma de lo que es la mala crítica, tal y como la señala Olmedo al inicio de su ensayo. Una mala crítica, o lo que puedo calificar como una crítica innecesaria e inútil que nada aporta porque no es una crítica, se caracteriza por un

“afán laxo o condescendiente”,

que es producto de

la concesión o devolución de favores, el temor a fabricarse enemigos de la nada o simplemente, el nepotismo”.

Estas son razones más que sobradas para que muchos ya piensen en “la muerte de la crítica”. Esto podría ser un hecho si atendemos a las características enumeradas por Olmedo que suelen predominar en la tarea crítica desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la crítica en Redes, que ahora le permite opinar hasta al mayor descerebrado:

predominio de recensiones elogiosas, burdas o simplemente, opiniones superficiales, que poco, o nada bien, hacían a la literatura”.

Sin embargo, una buena crítica debe pasar por ser objetiva, y no por sacudir a diestro y siniestro por mucho que aquello que merezca ser tratado así lo pida a voces. En ese asunto he podido hablar con el propio Olmedo acerca de nuestra idea de buena crítica, y hemos llegado, ambos, a la conclusión de que será complicado que nos vean escribir mal de alguien.

En primer lugar, porque no merece ni la pena ni el tiempo, ni dedicarle un valioso espacio que al final está publicitando lo criticado, y que priva a otro autor de un sitio que se merece mucho más. En segundo lugar, y esta es la clave, porque ambos, Olmedo y yo, y Gregorio Muelas también, entendemos esto de la crítica como una tarea constructiva en donde es innecesario hundir a nadie. Simplemente, atendiendo a lo que no criticamos, ya estamos demostrando bien a las claras lo que creemos que vale y lo que no vale. Tan solo hay que fijarse de qué autores o poemarios no hablamos nunca, y de quienes sí lo hacemos. Esa sería nuestra feroz crítica negativa, al menos en mi caso.

Por eso, y porque muchos autores pésimos del boom digital se favorecen, además, de haber fichado por grandes grupos editoriales que poseen apoyos en la prensa y en los diferentes medios de comunicación, el crítico, con su actitud, debe tratar de solucionar esa injusticia que se comete con los poetas de largo recorrido, autores que llevan años bregando a pecho descubierto y que no gozan de las simpatías del mercantilismo literario:

Para el crítico honesto, equilibrar injustas desproporciones del sistema es tarea diaria”,

por lo que no tiene sentido volver a hablar, aunque sea mal, de quienes copan esos medios. Es tarea de honestidad refrenar nuestra bilis y ocuparnos de quienes sí merecen la pena y son casi invisibles, porque el lector nos lo agradecerá y como críticos estamos aquí para agradar al lector con nuestras recomendaciones. No para irritarlo con insultos y descalificaciones.

La crítica, enfocada desde esta perspectiva, se convierte en algo muy beneficioso para los autores y los lectores, integrándose en un circuito del que todos salen reforzados:

El crítico es una parte importante del círculo literario que comienza en el autor-creador. Continúa en el editor-divulgador y culmina en el lector, quien no es más que otro crítico, pero esta vez susceptible de ser influido —con o sin intermediarios— por la obra, y a través de su proceso de recepción e interpretación, quien la termina”.

Por tanto,

el buen lector, el lector activo, debe saber relacionar” porque “las analogías solo esperan a quien las busca”.

Se debe

entender el pensamiento crítico como algo divulgativo, inclusivo y didáctico”.

Algo que

nos hace partícipes de algunos de los valores incuestionables de la crítica (…) acercar los libros a los lectores, orientar en su búsqueda, ofrecer una opinión fundamentada”.

Todo esto lleva a

concebir la crítica como un pensamiento en voz alta, como un aprendizaje solidario”,

dado que debemos ser conscientes

de que no es lo mismo leer para entretenerse que leer para reseñar”.

No cabe ninguna duda de que el crítico debe

 “aspirar a educar la mirada del lector”.

Por todo ello, y en relación con lo que anteriormente comentaba de la crítica destructiva, Olmedo concluye que se debe

aspirar a una crítica constructiva, exigirse honestidad y compromiso; no escribir crítica literaria para destruir, sino para construir”.

Y añade un aforismo de cosecha propia bien oportuno:

Leer es reflexionar por cuenta ajena. De una buena crítica se aprende del criticado; de una mala crítica se aprende mucho más de quién critica”.

Olmedo predica con el ejemplo en Polifonía de lo inmanente, y aplica a rajatabla esta máxima: solo aprendemos, en este libro, de los criticados, Nada atisbamos de quienes los critican, salvo su gusto y pasión por la poesía.

 3. Buscar los objetivos e intereses de la poesía española actual según innegables criterios de calidad estética a la hora de elegir a los reseñados

El ensayo que aporta Gregorio Muelas, titulado “Polifonía y diversidad. Una panorámica sobre la poesía actual”, parece recoger el relevo justo desde donde la ha depositado Olmedo en la parte final de su exposición, para analizar lo que denomina como:

el mapa lírico actual de nuestro país”,

Un mapa que es:

“complejo, misceláneo y ecléctico”,

tanto

que resulta una tarea ardua trazar unas líneas definitorias sobre un fenómeno que en la última década ha multiplicado tanto sus medios de producción como sus productores y donde conviven y se superponen diferentes generaciones”.

Sin embargo, Muelas y Olmedo están dispuestos a tratar de organizar el asunto:

Con los autores de las reseñas que siguen pretendemos, más bien, señalar cuales son las grandes líneas que definen la poesía que se escribe en nuestro país, abarcando un periodo concreto de ocho años, de 2010 a 2017, pues solo concentrando nuestro esfuerzo en la producción de la última década podremos tratar de vislumbrar cuáles son los ecos y las permanencias, los objetivos y los intereses de la poesía española actual”.

Que nadie se llame a engaño, es un intento de ofrecer un panorama, lo que yo he denominado un mapa o una brújula, una guía, pero en ningún caso se trata de ofrecer

una finalidad antológica y, por supuesto, está muy lejos de pretender establecer un paradigma canónico”.

En esta Polifonía nos vamos a encontrar

una serie de obras de evidente interés que dicen algo novedoso dentro de una determinada tendencia, ya sea por su lenguaje, ya sea por su mensaje, ya sea por su estructura, ya sea por su finalidad”.

La finalidad de la recopilación crítica es evidente:

tratar de discernir las motivaciones y los objetivos de unos autores que, partiendo de un determinado contexto, han sido capaces de proponer un punto de vista diferente”.

Se trata, por tanto,

de abrir una vía alternativa a los intereses comerciales, tan en boga, y a las concepciones elitistas, de rancio abolengo, proponiendo una lectura plural y diversa”,

y es aquí en donde radica la principal virtud y fortaleza de esta Polifonía de lo inmanente.

Cuando Muelas entra a analizar el panorama actual emanado de las Redes Sociales, no se anda con miramientos:

la más reciente hornada de poetas, muchos de los cuales han hallado en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) su principal vehículo de expresión y de captación de seguidores, es un fenómeno de ventas dirigido a un público ingenuo que ha generado no poca polémica en la comunidad académica por su supuesta simplicidad y el abuso de ciertos clichés propios de la posmodernidad”.

Sin duda, se trata de un

fenómeno comercial, más propio de la mercadotecnia que del discurso intelectual”.

Por eso, el criterio a la hora de incluir a los reseñados en Polifonías ha atendido al

principio de excelencia literaria, es decir, de innegable calidad estética

Porque no hay, quizás, otra forma de poder cribar una situación en la que

cada vez sea más difícil discernir la música del ruido”.

Se trata de un panorama harto complejo en donde

los consumidores mayoritarios son los propios cultivadores del género, dado que este exige un lector culto, es decir, versado en la materia”.

Esto puede conducir a la percepción de que

hay más poetas que lectores de poesía

como una consecuencia del estado de

crisis de conciencia (…) que tiene su reflejo en el mundo editorial”.

Muelas repasa, desde este punto, la evolución de las corrientes poéticas de finales y cambio de siglo y se aproxima a los géneros más exitosos como el haikú que él mismo cultiva con maestría, para dar paso, tras estas últimas reflexiones, a las críticas de los 40 poemarios seleccionados.

 4. Los poetas y sus poemarios

Las reseñas se inician con el aproximamiento a Piedras al agua, de Antonio Cabrera, un poemario de 2010 publicado por Tusquets. Desde aquí, desfilaran nombres como los de Julia Uceda Valiente, Dolors Arbeloa con su poemario Máquina (2012), Bibiana Collado Cabrera, o el interesantísimo Masa crítica del poeta Francisco Alba (2013), propietario de una lírica que Olmedo denomina como “lírica transgénica”.

A todos ellos les siguen, entre otros, Julia Conejo Alonso, y después llega un volumen de los cruciales, Fuera de campo, la poesía reunida de Pablo García Casado (2013), una “poesía del realismo sucio” para Olmedo. También aparecen reseñas de trabajos de Jorge Ortiz Robla, Jaime Siles y su Cántico de disolución (2015), el extensísimo análisis del poemario de Blas Muñoz Pizarro titulado De la luz al olvido (2015) en un texto inédito de Gregorio Muelas, y más nombres: Maria Teresa Espasa, un clásico como Antonio Marín Albalate, el poemario La zanja (2015) de Nuria Ruiz de Viñaspre, Museo de cera (2016) de José María Álvarez, y Licencia para bailar (2016) de Kety Parra Carrillo, además de Gema Palacios, Yaiza Martínez, Ricardo Bellveser…, y algunos otros poemarios determinantes como Contra las cosas redondas (2016) de Jesús Jiménez Domínguez, y Tópo (2016) de David Trashumante.

Se completa así esta Polifonía de invitados a la nutricia mesa de la poesía, determinada por estrictos criterios de calidad e innovación, elegidos por dos críticos que son poetas, o por dos poetas que, incluso, son capaces de ejercer una crítica constructiva que funciona como el mapa de una ruta que marca el lugar del tesoro, ese botín lírico (tal y cómo lo definiría Günter Grass) que significan todos esos libros que no debemos pasar por alto entre la saturación comercial y que, sin duda, serán capaces de hacernos un poco más felices.

Por eso, esta Polifonía cultivada por Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo es un concierto poético a dos manos cuyo único objeto —un esfuerzo de crítica descomunal— es el de conducirnos por algunas carreteras secundarias muy bien pavimentadas, hasta la felicidad. Y lo que se ubica fuera de este mapa, en las mesas de novedades con los sitios milimétricamente pagados por las editoriales, en los muros de Internet, y en las publicaciones de Instagram, de verdad, no nos interesa. Ni lo más mínimo. Porque suelen llevarnos por carreteras muertas que desembocan en el despeñadero de la obviedad, los epígonos, los diletantes, las figuras de repetición y los lugares comunes.

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Gregorio Muelas: haijin urbano, poeta sonámbulo y crítico solidario

Por: José Carlos Rodrigo Breto

Gregorio Muelas es un estajanovista del trabajo poético. Arranca horas al sueño, a la noche y al descanso para poner en pie una obra enorme, no solamente dedicada a la forma lírica, sino que también codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea. Como crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente (Lastura/Ediciones Juglar) y hace poco que firmó un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Heberto de Sysmo.

 

Gregorio Muelas ha ganado el Poetry Slam del I Festival de Poesía de Valencia “Vociferio” 2011. Ha publicado los poemarios Aunque me borre el tiempo (Círculo Rojo, 2010) y Un fragmento de eternidad (Germanía, 2014), y el libro de guiones de cine Cuando la aurora le hable al tiempo (Círculo Rojo, 2011), además de prólogos y poemas en varias antologías de asociaciones literarias y culturales. Algunos de sus poemas han sido traducidos al japonés, al ruso y al rumano.

1-Uno de tus últimos libros es La soledad encendida (Ultramarina Cartonera), un libro de haikus escritos en compañía de Heberto de Sysmo, seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor. ¿Por qué el haiku? ¿A qué se debe que hayas elegido esa forma para expresarte poéticamente?

El haiku siempre ha sido un reto. Siempre se me ha colocado en una corriente poética que se nutre del culturalismo y de los novísimos, definiéndome como poeta torrencial. Por eso para mí era un reto, realmente, tratar de ceñir mi poética, mis versos, a un formato tan reducido. Era y es un reto apasionante, sobre todo por el hechizo y el encanto que posee el haiku, y por la corriente de espiritualidad que transmite.

2-: ¿Qué dificultades presenta el haiku para un autor occidental?

Con el tiempo me he ido dando cuenta de que es un mundo casi inabarcable, con un sinfín de subgéneros. Detrás de la aparente sencillez del haiku hay una gran complejidad. La inmensa mayoría de los poetas actuales afrontan el haiku como si fuera un género en sí mismo, y no lo es. Es una forma de vivir, una forma de trascender, y esto es lo que me apasionó. Por eso quise que mi creación poética siguiera esa vía, aún sin olvidar que somos autores españoles que escribimos en castellano y que practicamos un haiku desde este aquí y desde este ahora. De eso trata el haiku, además, de hablar de este momento, de eternizar un instante, que ese instante se perpetúe a través de esa pincelada, de ese poema que es incompleto y que el lector con su experiencia va a completarlo en la lectura.

3-El haiku exige, incluso, una tipografía propia y que se edite de una manera determinada, como demostráis en el libro de La soledad encendida

La importancia de que el haiku figure justo en el centro de la página y que navegue ese negro sobre ese blanco, sobre esa nada, en un concepto muy zen, aunque no sea el zen el punto de partida del haiku, sino más bien el taoísmo. El haiku debe figurar de esta forma en el libro para que se pueda paladear mejor. De hecho, los grandes autores aconsejan que se lean de dos a cuatro haikus, no más, y que se relean porque en una primera lectura siempre se escapan matices y con cada lectura se enriquece ese contexto que tenemos que reconstruir entre todos y, fundamentalmente, el lector. El haijin tiene que estar sumido en esa tensión poética, contemplar ese instante y plasmarlo en la página y que luego lo interprete el lector de la mejor forma posible, que se aproxime a ese espíritu inicial del autor que lo plasmó.

4- Sin embargo, existe una “crisis del yo” en la literatura de mitad del siglo XX hasta la actualidad, con una literatura del desarraigo a causa de la pérdida de identidad y de esa imposible búsqueda por recuperarla. Tal vez uno de los motivos por los que el haiku esté de moda sea porque hemos experimentado esa pérdida de la identidad…

En efecto, somos conscientes de que hay un vacío espiritual, de hecho la crisis económica es una crisis de valores…

5-Entonces ¿todavía crees que la poesía es un arma cargada de futuro?

Bueno, yo he transformado ese aserto tan manido de Cantos Íberos de Celaya y siempre digo que es un arma cargada de esperanza. A mí me sirve, no sé si la poesía tiene más o menos poder terapéutico, pero me sirve para vivir. No entiendo la vida sin la poesía. Tanto es así, que no sé muy bien en donde empieza el poeta y en donde acaba la persona, o al revés, porque conformamos la misma materia lo poético y la persona. La poesía convive conmigo, eso no lo puedo desarraigar de ninguna forma. Yo estoy inserto en mi contexto laboral y soy poeta también porque intento hacer las cosas de una forma original. A mí la poesía me mediatiza favorablemente.

6-¿Entonces logras conciliar la tarea poética con los asuntos meramente laborales?

Ese conflicto lo vivo a diario. Cuando estoy trabajando me lo estoy planteando todo el rato. Siempre busco la vía más original para intentar salir de ese contexto de la realidad impuesta. Vivimos en este momento de crisis, tanto económica como de conciencia, crisis en todos los sentidos, e intento aportar ese granito de arena para huir de ella buscando ser diferente desde la originalidad que todos y cada uno poseemos. Estoy habituado a la típica frase de “es que tú eres diferente”, “es que tú vas contra corriente”, “es que haces cosas que los demás no hacen”. A mi ese reconocimiento me incentiva para seguir en este camino en donde he sido muy precoz. A los siete años ya escribía mis primeros poemas y cuentos…

7-¿Es la poesía una forma de conocimiento?

La mejor forma de conocerse a uno mismo es decirse a uno mismo, plasmarse a uno mismo y compartirlo. Siempre he creído que la poesía sirve para compartir. Dejarla en un cajón no sirve para mucho. Sin duda, la vocación de la poesía es ser compartida. Además, yo creo que siempre acabara aflorando cualquier obra literaria, aunque esté pernoctando en un cajón durante un tiempo. Recuerdo el caso de La conjura de los necios de John Kennedy Toole… La obra siempre saldrá a relucir en algún momento. A lo mejor no sale hasta que debe, porque en el momento en que se hizo no era el adecuado. Hay muchos autores que van un pasito por delante. Por eso creo que la vocación nuestra es encontrar ese pasito, ir por delante y decir algo diferente, pero desde la humildad, porque yo no entiendo el arte sin humildad. De ahí el empeño de derrotar el “yo”, que inconscientemente siempre se filtra en la obra. Es un poco paradójico…, qué menos que escribir desde un “yo”, qué menos que buscar una identidad; en este caso se trata de que desde ese “yo” podamos compartir algo

8- ¿Cómo entiendes el dedicarte a una tarea como la poesía, algo completamente anticapitalista, en un mundo de literatura capitalista?

A mí me estimula. Soy rabiosamente consciente de que prevalece una literatura consumista y que la poesía es esa forma de socavar esa literatura que no podemos evitar, pero sí al menos debilitarla. Uno puede prostituirse en muchos aspectos, pero plegarse a aquello que va en contra de tu propia identidad cuando todavía la estás configurando…, porque la configuración de la identidad propia dura lo que dura una vida, y por eso plegarme a ese tipo de literatura comercial me crearía un conflicto aún mayor por esa plena conciencia que tendría, entonces, de que no estoy inserto en el mejor contexto para desarrollarme como quisiera.

9-¿Qué opinas del blog de pensamiento poético Verde Luna?

Pues me encanta que haya otro blog que se encuentre en la misma sintonía que mi blog La Biblioteca de Gregorivus, y que coincida con mis ideas poéticas. A través de las Redes Sociales, de Facebook, también puedes aprender mucho si sabes mirar. Os sigo, sigo el blog, y por ejemplo la visión personal que tú diste del libro de Heberto de Sysmo, La Flor de la vida, me sirvió de mucho a la hora de enfocar mi propia reseña. Así se completan las visiones críticas de las obras. Este tipo de blogs son muy necesarios precisamente por eso. Así que os doy la enhorabuena por el blog, de verdad.

10-Despídete con un pensamiento poético.

Uno debe escribir desde uno mismo y no hacia alguien, no tiene que pensar en el posible lector porque puede que ese lector no exista. Hay que escribir poesía desde sí hacia sí. Luego habrá alguien a quien le valga. Lo que es válido para uno también tiene que ser valioso para el lector, y de ahí el componente solidario de la poesía. La poesía es un faro para desarrollar el pensamiento crítico.

Segundo número de la Revista de Crítica y poesía contemporánea Crátera: en las trincheras de la belleza poética.

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

El segundo número de la Revista Crátera, perteneciente a la pasada primavera de 2017, vio la luz hace un tiempo, y ya es hora de comentar este milagro editorial producto de un grupo de soñadores, de amantes de la poesía, de poetas mayúsculos que se han empeñado en sacar adelante algo tan complejo como una revista literaria y algo tan imposible como una revista literaria de poesía. Para mí, son unos héroes.

En Verde Luna ya os hablamos de la presentación del número cero, también considerado como número uno a efectos contables, de esta revista:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

Aquella primera entrega ya parecía insuperable, pero este segundo trago de Crátera nos ofrece más calidad, más poesía y mucho más de todo aquello que hace de la revista un referente internacional entre las revistas de crítica literaria.

Como siempre, la revista empieza con esa impagable galería de inéditos, especialmente cedidos para Crátera. Este número dos incluye valiosos poemas inéditos: destacan los de Luis Antonio de Villena, Jorge Reichman y Vanesa Pérez Sauquillo, entre otros nombres de referencia de la poesía actual.

Gregorio Muelas y Jose Antonio Olmedo López-Amor son dos apasionados del haiku, dos haijines en perpetuo estado de asombro. Por eso, desde el principio, no han querido descuidar la presencia de este género tan complejo como fascinante en la revista. Bajo el epígrafe de La mirada de Basho presentan diferentes haikus. En esta ocasión de Felix Arce, Mila Villanueva y Xaro Ortolá.

Y como un empeño personal, los directores de Crátera se han propuesto, además, continuar con la difusión de la poesía visual y experimental, a la que también dedican una sección muy estimulante.

Notable es la sección de Traducción. En esta ocasión, el esfuerzo de Elisabeta Botan es para la traducción de un poema del rumano Robert Şerban, y el de Natasa Lambrou para verter al castellano una curiosa poesía escrita a dos voces por los griegos Stela Sourafi y Ceofanis Panaigiotópoulos.

La sección central que separa la parte poética de la parte de crítica literaria siempre está dedicada a una entrevista. En esta ocasión, Jorge Ortiz Robla charla con Ignacio Escuín Borao, director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, además de doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, crítico y —obviamente— poeta.

La sección de Investigación aporta un trabajo de Gema Astudillo sobre la correspondencia entre la poeta Hilde Domin y el escritor Max Aub. Lo que da paso a la sección de reseñas y críticas literarias sobre poemarios y novedades editoriales. Entre ellos, destaca la crítica que de la Antología de Francisco Brines realiza el prestigioso crítico Jose Luis Morante.

La sección Leído por presenta un estudio de poemarios algo más breve en comparación con la sección anterior. Mención especial merece la visión de Ramón Campos sobre la obra La noche de Europa del singular Dionisio Cañas y la de Antonio Praena sobre una Antología de Montserrat Abelló.

Sin duda, otro monumento a la crítica literaria y a la poesía de calidad en este nuevo número de Cratera. Un regalo para el lector ávido de buenas publicaciones y para quien desee encontrar un radar que le permita moverse con certeza en el complejo panorama lírico actual.

La soledad encendida, haikus: un museo natural del verso

Título: La soledad encendida

Autores: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo

Editorial: Ultramarina Cartonera

Calificación: ** (Interesante)

Por Jose Carlos Rodrigo

 

Un haiku es como un chispazo, un destello, un relámpago poético. Por tanto, un haijin será un hombre-relámpago, un poeta que viaja con el asombro en la mochila, con el resplandor de la poesía colgado de sus parpados y prendido de sus dedos. Este libro, todo en él, es extraordinario. Es la historia de dos haijines que decidieron entremezclar sus poemas como si combinaran los naipes de una baraja de sorpresas. Pero también es la muestra de un gran amor por la edición. En ese sentido, todo el libro es un enorme haiku conformado de pequeños haikus, un descomunal asombro preñado de otros asombros que lo convierten en un monumento poético.

A la editorial Ultramarina Cartonera le corresponde el orgullo de firmar un ejemplar que es un pura sangre de la edición: un libro bello, un libro artesano y artesanal compuesto con materiales japoneses (bambú o tela de kimono) y plagado de ilustraciones únicas. Numerado y exclusivo, no hay dos ejemplares iguales ni dos portadas similares. En lo relativo a los deliciosos dibujos con motivos japoneses, son las manos de Susana Benet y de Sara García Lafont las que consiguen conectar con la naturaleza nipona mediante sus ilustraciones. Y como todo en el libro es brillante, el prólogo de Mila Villanueva y el epílogo de Raul Fortes Guerrero enmarcan los haikus. Unos poemas escritos a dos manos, sin declarar su autoría porque el poema japonés es eso, una emanación de la naturaleza en donde bien poca importancia tiene el poeta. Los dos haijines, vehículo que se encarga de plasmar el asombro, son dos poetas comprometidos con el haiku, dos poetas en estado permanente de aware o emoción: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo.

Pero antes de referirme al trabajo de estos dos poetas en La soledad encendida, no puedo menos que rendir un tributo a quienes me pusieron por vez primera en contacto con el haiku, allá por el año 2002. Fueron poetas, y también fueron dos, con ocasión de un libro firmado a medias, como si el haiku tuviera que venir acunado por un dúo de creadores, recelando de la individualidad. El texto, otro libro exquisito, una joya para los bibliófilos, de cuidada edición a cargo de la editorial Celya, se titula Paisajes hacia lo hondo. Un título realmente acertado para definir lo que representa el haiku para el haijin: la proyección en la naturaleza de un profundo estado de comunión con lo que le rodea. Y las poetas eran Almudena Urbina y Montserrat Doucet.

Son los haikus de La soledad encendida un recorrido por las variadas formas de estas composiciones líricas ancestrales. Hay, desde haikus a la naturaleza, pasando por haikus de Año Nuevo, e incluso haikus urbanos, una modalidad que no ha tenido mucho éxito en Japón, quizás por lo moderno, pero que sí se construye con gran aceptación en Europa. Y hay haikus tristes, y haikus intrigantes, y los hay de saludo a la vida, o sobre gatos, ranas y sapos, perros e insectos. Sobre árboles, flores y plantas, pájaros y ganado, incluso sobre agua y lluvia, demostrando que esta composición es versátil, que su traje rítmico se adecúa a la perfección a cualquier asunto, aunque a veces pueda alejarse algo de esa pureza sacrosanta que para los entendidos debe reunir el haiku.

El haiku clásico debe ceñirse estrictamente a tres reglas determinantes: en primer lugar a una métrica concreta (esos 5-7-5 versos en cada una de sus líneas); después, necesariamente, debe alejar el yo, la persona, el componente humano, de la impresión poética; y por supuesto, tiene que reflejar un instante vivido en la naturaleza, que aparecerá en los versos como congelado, atrapado, producto de ese momento deslumbrante que tiene que haberle sucedido al haijin.

Sin embargo, es cuando los haijines Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo desabrochan un poco esta camisa de fuerza estilística, alcanzan, quizás, las composiciones de mayor belleza. Panteras, colibrís o cisnes, engalanan sus pelajes y plumajes con el collar de estos versos. Y rayos, tormentas, nieves y soles resplandecen con mayor brío. Son instantes capturados con la red de la poesía, quedando detenidos en el tiempo, en la memoria, y ya para siempre en nuestra percepción, como ese gato que regresa de la lonja y huele a pescado, o ese perro que regala lametones a un niño delgado, o esas grullas que destacan en el cielo…

En efecto, es el título de la soledad encendida una definición gráfica. Casi anatómica, del efecto germinativo del haiku en el interior de la fisiología sensitiva del poeta. El haiku nace en un momento de intimidad lírica, y lo hace como una descarga eléctrica. Atraviesa al haijin con una sacudida de alta tensión, y los voltios poéticos encienden, literalmente, la inspiración compositiva ante aquello que se está presenciando. Entonces, ese instante queda apresado en la cabeza y el corazón del poeta como el insecto en el cazamariposas, y desde allí, pasa a conformar un libro como este que nos presentan Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo: un compendio de belleza que es un gabinete entomológico, en donde cada ejemplar poético aparece expuesto en su vitrina, atravesado por un alfilerazo de sensibilidad lírica, detenidos en el tiempo y en el espacio, desplegando sus vivos colores, sus delicados perfumes a tierra mojada tras la tormenta, a pan recién horneado en la tahona, a nieve invernal, y hablándonos con el sonido de las grullas en el estío y el lenguaje de los arroyos en otoño.

Todo esto es La soledad encendida. Pero, por encima de formas, composiciones, y versos, es un mayúsculo poemario al que cualquier día le saldrán alas y, dejando un leve polvillo tras de sí, saldrá volando por una de nuestras ventanas, a la búsqueda de otros lugares en donde anidar. En ese momento, nosotros también seremos ya haijines. Prisioneros, de por vida, en la belleza del latigazo del verso.

 

Adjuntamos algunos links de interés para una mejor aproximación a la obra :

  • Lectura de algunos kaikus por parte del autor
  • Referencias a la editorial:

https://editorialultramarina.com/

  • Entrevistas realizadas a los autores:

http://www.lagallaciencia.com/2015/11/la-soledad-encendida-de-gregorio.ht

http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-haikus-heberto-sysmo-gregorio-muelas-02-06-15/3152626/?media=rnehttps://editorialultramarina.com/11-la-soledad-encendida-gregorio-muelas-heberto-de-sysmo/

 

 

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA DE CRÍTICA Y POESÍA CONTEMPORÁNEA CRÁTERA: POESÍA PARA TIEMPOS DESHUMANIZADOS

Autor: José Carlos Rodrigo Breto

El pasado 21 de abril, envuelto en las celebraciones del día del libro, se celebró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares algo que podría calificarse como un acto doblemente heroico: la presentación de Crátera, una nueva revista de poesía, y del libro de haikus La soledad encendida. Doblemente heroico, en efecto, porque en los tiempos que corren para las humanidades, la literatura, y no digamos ya para la poesía, demuestra un arrojo rayano con la inconsciencia plantearse la publicación de una “Revista de crítica y poesía contemporánea”, tal y como se define la publicación. Y no digamos ya, además, hacerlo coincidir con un libro de coleccionista, una extraña joya artesanal y preñada de haikus, editada por Ultramarina Cartonera, un extraordinario trabajo al que dedicaremos una reseña, en esta misma bitácora, más adelante.

Los autores del proyecto Crátera son tres poetas de largo recorrido: Heberto de Sysmo, sinónimo de José Antonio Olmedo López-Amor, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz Robla. Estos poetas, radicados en Valencia, quieren prestarle atención, con una periodicidad trimestral, a los vericuetos de la poesía que se realiza actualmente, y no sólo en su Comunidad Autónoma, sino en cualquier lugar del mundo. Con esa vocación universalista nace la revista, y lo demuestra bien pronto: en este primer número se incluye un apartado de traducción que nos trae la voz de un poeta ruso, Robert Rozhdestvensky, en la traslación de Natalia Litvinova; de uno rumano, Mircea Petean, a cargo Elisabeta Botan; del premio Nobel italiano, Eugenio Montale, en un trabajo de Carlos Vitale, y de la alemana Hilde Domin, adaptada por Gema Estudillo.

Una crátera es una vasija que, preferentemente, se utilizaba para almacenar una mezcla de agua y vino que se servía en las comidas de la antigüedad clásica. Con semejante naturaleza, no es de extrañar que esta revista-damajuana guarde en su interior una combinación poética de alta graduación en cuanto a la calidad de lo ofertado. En primer lugar, una pléyade de poetas nacionales de la talla de Siles, Guinda, Veyrat, Azaústre… que además se agrupan bajo un delicioso epígrafe: Inéditos, lo que hace aún más atractiva, si cabe, esta selección. Después, La mirada de Basho, un apartado que continúa la pasión de los directores de la revista por la forma del haiku y en el que Susana Benet, Ricardo Virtanen y Gorka Arellano exhiben buen hacer y músculo poético. Además, un llamativo apartado dedicado a la poesía experimental, con los artefactos visuales de Atilano Sevillano y Rafael Marín.

Como la revista se define “de crítica”, no permanece ajena a la hora de realizar una serie de lecturas de poemarios en el apartado de Reseñas, que se complementan con otras valoraciones algo más breves en el apartado Leído por, y que todas en conjunto forman un corpus crítico que se culmina en la sección de Investigación con un trabajo de Justo Serna sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez. Después de este despliegue poético y crítico, la revista Crátera todavía ofrece más, en la forma de una entrevista a Marcus Versus, escritor y director de una editorial independiente de poesía. Sin olvidarnos del magnífico dibujo de la cubierta de la revista, una ilustración que el poeta y grabador Juan Carlos Mestre ha cedido especialmente para la ocasión.

De igual manera, en la presentación de la revista también se nos ofreció más: intervino la traductora Elisabeta Botan, que hizo las veces de maestra de ceremonias, y se nos regaló un interludio musical que culminó este esfuerzo heroico de un grupo de poetas que pretende hablar y escribir sobre poesía, sobre humanidades en tiempos deshumanizados.

Solo resta ya, servir el vino albergado en el corazón de esta crátera poética y que el aedo comience con el recital de sus páginas.

 

Nota: El autor del presente post dispone de permiso por parte de la propia Revista Crátera para la reproducción de la foto de portada que lo acompaña y que ilustra su número 0.