Luz en Babilonia

A veces en las esquinas de calles milenarias uno puede reencontrase con la luz que da forma al pasado. Un pasado donde Babel, donde la famosa torre del millón de lenguas estaba en el centro del mundo conocido desafiando a Dios.

Esta extraña y creo que antigua canción nos transporta quizás a esa época, quizás a un futuro posible donde ese millón de lenguas se transforme en un único tono, puede que esa lengua universal haga precisamente referencia a la música y a la matemática que hay detrás de la misma… y tras de ella Dios.

Que la disfruten.

 

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Keyif

Por: David Blanco (David 2)

Keyif estambulita.
Keyif en Estambul.

Estoy en el corazón de Estambul, en el barrio de Sultahamet. Recostado en un banco, descanso mis posaderas en uno de los muchos bancos con los que está adornada está plaza estambulita. Gracias a un simpático húngaro (fabricante de cañones) desde 1453 esta ciudad deja de ser cristiana para ser musulmana. Desconozco porque pero creo que la catedral de Santa Sofia guarda misteriosamente una cantidad infinitesimal de secretos difícilmente apercibidos entre el juego de luces generado por sus muchas vidrieras y entradas de luz natural.

Keyif es un estado de bienestar del cuerpo y de la mente, una forma de llevar a cabo una vida contemplativa y sin excesivas preocupaciones. Es probable que la memoria de esta antigua tradición siga observándose en la moderna Estambul. Apenas la he intuido y es por ello que he decidido quedarme dentro de las murallas de la antigua ciudad. Creo que cada vez me interesa vivir más mi presente a través del pasado en ciudades y campos llenas de matices que son completamente nuevos. Vivir o no vivir en la novedad constante, he ahí el dilema.

Para tener un buen keyif hay que dejarse llevar, cerrar los ojos y tumbarse en cualquier banco a la luz del día o a la luz de la luna. Cuando cerré los ojos me vi convertido en bala de cañón que partía furiosa de un lado al otro del Bósforo, me movía a través del ligero y gélido filo de una cimitarra engastada en oro y rubíes que cortaba el aire justo en el punto intermedio entre oriente y occidente. Me ví convertido en un bastardo, en uno de los muchos cientos de hijos que cada sultán tenia a bien tener en vida, aunque fuera o fuese por mera afición. Fui eco de canciones de derviches, gire con una mano orientada hacia el cielo y otra hacia la tierra, fui especia convertida en condimento, y alegre mil un estómagos satisfechos. Fui pensamiento antes de ser nombre, y antes de eso fui la idea del mismo nombre para acabar encarnando en poeta, en místico, en loco. A veces fui tan sólo un poema, otras pez de vida efímera tras ser pescado en el Púente Gálata por algún pescador de hombres. Cuando así lo quería la providencia volaba convertido en polvo de oro a través de Anatolia y penetraba en los sueños a través de los poros de trabajadores del campo así como en cierta ocasión fui barca que navegó durante casi trescientos cincuenta y tres años por las heladas aguas del Lago Van, para acabar consumido en un pobre fuego. Fui compañero del gran poeta Yünus Emre, y contemple como los restos del Arca de Noé eran asimilados por las nieves perpetuas del Monte Aratat. En aquellas montañas combatí y fui combatido, expulsado. Desde alguna cima mi mirada atravesó Anatolia y contemplé en silencio como dormía recostado en aquel banco de Sultahamet. Ahora volaba hacia mí convertido en cierto pájaro parecido al cuco actualmente extinto. Sus alas eran de fuego puro.

Entonces desperté. Me encontraba en la misma posición ridícula con la que me quedé plácidamente dormido mientras una cantidad indiscreta de barcos continuaban surcando las aguas del Bósforo. Los gatos seguían a lo suyo y los “Vagabundos del dharma” de Keruak seguía eternamente inacabada en algún rincón de mi memoria.

El canto de las gaviotas era el de siempre y las aguas se seguían dorando al atardecer.

Cuerno de oro. Estambul.
Cuerno de oro: esta foto da a entender porque recibe dicho nombre.