Dos poemarios de Alfonso Aguado Ortuño: las perspectivas del pintor poeta

(Esta crítica contiene dos referencias: una al libro Diálogos con el papel y otra al libro Poemas desde mi jardín incluida a continuación).

 

Título: Diálogos con el papel

Autor: Alfonso Aguado Ortuño

Editorial: Frutos del tiempo

Calificación: ** (Interesante)

Portada de los poemarios Diálogos con el papel y Poemas desde mi jardín

Alfonso Aguado Ortuño es un poeta de Piccasent (Valencia) que puede entenderse como un hombre casi renacentista. A su enorme producción lírica de más de una veintena de poemarios debemos sumar sus creaciones como pintor y fotógrafo, habiendo realizado, además, diferentes exposiciones. Solo así podemos explicarnos el importante contenido visual de su poesía, que prima las imágenes como esencia de sus versos. Además, Ortuño es artista digital y postal, escultor, poeta tipográfico, con una obra repleta de originalidad y que incluye libros-objeto y naipes manipulados que se convierten, así, también, en una suerte de poemas visuales.

Inmersos en este torrente creativo, dos poemarios: Diálogos con el papel (2008) y Poemas desde mi jardín (2010) —ambos editados por Frutos del tiempo—, presentan una muestra significativa de su trabajo poético, así como una gran parte del imaginario que los motiva.

Diálogos con el papel contiene el espíritu de pintor de su autor. El papel en blanco es un lienzo sobre el cual poder dibujar las emociones, las vivencias, donde plasmar la voz poética, pero no sin trabajo, casi con sufrimiento. Así, en el primer poema, Encuentro, se nos plantea esa colisión del escritor con la página en blanco al estilo de un lanzazo en un costado: la sangre que brota será la tinta que mancha el papel de versos, versos que después se convierten en poemas. Ortuño nos advierte que ha vaciado su vida y que por esa herida ha salpicado las páginas del libro, quedándonos estos treinta y cuatro diálogos con las cuartillas, que conforman, así, el poemario.

La intención meta literaria está bien clara desde el inicio del libro, se trata de escritura sobre escritura, literatura hablando de literatura, poesía construida sobre el acto de elaborar poesía: meta poesía. La conversación del poeta con el papel ha nacido desde una herida, y no puede, por eso, resultar sencilla, ni ausente de dolor, más aún cuando entiende que sus versos lastiman el papel con palabras que son como “azuladas heridas”.

El papel, además, sufre con la escritura de los versos una interesante metamorfosis: se convierte en espejo, lugar sobre el cual el poeta puede verse reflejado, e incluso en una especie de legajo acusador, porque señala directamente al poeta con las confesiones que almacena, producto de toda una vida.

Esta relación del autor con el papel nos llega mediante una estructura binaria de amor y odio. Sin duda, al escribir sus versos ennoblece la página, aunque la daña, y confiando sus intimidades líricas al papel lo reviste de poder. Porque en este caso, más que nunca, la poesía es un arma cargada, o mejor dicho, un arma que se va cargando de significado y potencia con el paso del tiempo.

En uno de los mejores poemas del libro (Séptimo) Ortuño conjuga los colores que amarillean las hojas con el paso del tiempo, los compara con las frutas, y entiende que desde la perspectiva del correr de los años sus poemas encontrarán su justa sazón: “La fruta verde/ que nadie quiere// Pero el tiempo/ te pintará de amarillo/ y serás fruta madura/ cargada de azúcar/ y de pensamiento”.

Ortuño es un poeta visual, pictórico, y nada puede haber más visual y pictórico que el campo. De esta forma, entiende también la poesía, como una zona en donde arar y los poemas son sus semillas. En Decimoquinto lo expresa así: “Paso una hoja/ que ya no es una hoja/ sino campo/ donde la tinta ha penetrado/ en los poros,/ en busca/ de las semillas/ que se precipitaron”.

Siguiendo con el trabajo de ese campo semántico, nos encontramos ahora con la mano del propio autor que planea sobre la página blanca al estilo de un pájaro que volase trazando círculos sobre la cosecha.

Las imágenes de este Diálogos con el papel remiten muchas veces a la sangre, a la tarea de escribir como un esfuerzo sangriento o sangrante, volcado desde heridas permanente abiertas que empapan las páginas. Es la dicotomía de lo que estos papeles significan para el autor: a veces los ensucia con sus palabras, otras veces los raya como si fuera un niño que garabatea sobre una pared, confiando, a pesar de todo, lo más valioso del escritor que son los versos; el destilado de sus poemas.

Desde ese momento, ambos, papeles y poeta, pueden renacer, porque la escritura significa eso para Ortuño, la posibilidad de ajustar cuentas con el pasado, dejar prendidas en ellas los recuerdos y, así, renacer. Pero para renacer, el poemario debe ser leído. Y ese lector será como Howard Carter cuando se encontró con la tumba de Tutankamón, porque todo poema, toda poesía y poemario, esconde, en su interior cavernario de oscuridades y silencios, un preciado tesoro por descubrir.

 

Título: Poemas desde mi jardín

Autor: Alfonso Aguado Ortuño

Editorial: Frutos del tiempo

Calificación: * (Mejorable)

Por su parte, Poemas desde mi jardín presenta un propuesta deconstructivista de las Bucólicas de Virgilio, lo que en principio es muy interesante, pero el poemario tal vez termine algo lastrado por cierto barroquismo que albergan los textos, a veces recargados. Se trata de una visión exultante del jardín en el que descansa el poeta, que alcanza desde lo micro hasta lo macro.

En efecto, porque la mirada lirica de Ortuño se puede detener en los insectos, en las diminutas criaturas, pero también en los aviones que sobrevuelan ese jardín. De esta forma conforma un bodegón animado de numerosas plantas, animalillos, en el cual el propio poeta se inserta, componiendo al final una especie de retrato de escritor en su jardín con aspecto arcimboldesco.

El poeta, ya viejo, descansa en ese jardín, pero lejos del ambiente bucólico virgiliano, aquí no impera un ambiente lírico, sino antilírico: “Se escuchan pájaros/ de mal agüero y los perros no paran/ de ladrar a mi alrededor”.

El poeta no encuentra ese acomodo vivificador que Virgilio experimentaba en la naturaleza, al revés, está incómodo, junto a “tijeretas y babosas”, “la aridez impera”. Tal vez sea este jardín un reflejo de la vejez del escritor que, en un alarde de poesía cuántica, se ha contemplado en un poema “desde el tejado me veo más viejo, con pocas ganas, sentado, enfermizo”.

De esta forma, se nos propone un texto saturado, dificultoso. Narrativo en su poeticidad que, a pesar del evidente simbolismo que puedan poseer las plantas e insectos que aparecen —y son muchos, desde luego— busca en la escasez de imágenes acercarnos esa mirada magnificada de pulgones, libélulas o gatos que pululan en derredor de un yo poético que, cada vez más, se metamorfosea con el entorno: “Formo parte de estos árboles, de estas plantas”, afirma contundente y certero.

El poemario se transforma, así, casi en un insectario, un estudio entomológico y natural de las especies que circundan a ese hombre, poeta envejecido y cansado que quizás se da a la tierra antes de tiempo, derrotado. Pero no es una asimilación con el entorno traumática, al contrario, la adecuación del hombre con el jardín es afable y tranquila, lenta, como si la naturaleza representase lo temporal de la vida y lo eterno de la muerte: “Tiene mi jazmín mil flores y mil dolores tengo”.

La simbología del jardín, con sus flores y sus plantas, es rica y compleja, porque en los brotes, en los retoños, florecen recuerdos antiguos convocados por el sentimiento bucólico. Pero una vez más, esa naturaleza contiene en sí misma su propia descomposición: “el trastero abierto deja ver las cajas enmohecidas donde guardo los recuerdos”.

Impertérrito, el poeta accede a la noche del jardín, una noche que trae inquietudes para su ánimo que “sangra lombrices de tierra”. Los pavorosos recuerdos y el dolor de antaño se enlazan con los insectos que horadan el suelo y se mueven entre el mantillo y el barro.  El hombre es un súbdito de la naturaleza y, por eso, los poemas que compone son como plantas. Si las plantas no se riegan no crecen y se agostan; los poemas que compone son “bajitos” porque “no los riega casi nadie con su mirada”.

Algunas composiciones están aromatizadas de haikus, pero no cumplen estrictamente ni con sus leyes ni con su espíritu porque así lo decide el poeta. Porque el poeta es como un cuervo “capaz de entonar todos/ los sonidos del mundo”. Y en mitad de esa naturaleza que es descomposición y muerte, el yo lírico se encuentra como en su “cementerio”. Demasiados frutos en descomposición, demasiada vida empeñada en pudrir como para no entender que todo lo que ocurre en ese jardín es un retorno a la fusión espiritual con la naturaleza. Y la mariposa de la esfinge de la calavera, que aparece sobre el ocaso, transporta los recuerdos de su padre y la advertencia de la fragilidad del tiempo presente.

Es una realidad áspera, la realidad de la vida, la realidad del jardín, la realidad de esta naturaleza antivirgiliana en la que la lírica de Arcimboldo que se ha puesto en pie termina por marcar la dirección que toma el protagonista: el abandono del jardín para siempre. ¿Es una muerte poética? ¿El acceso a una dimensión superior? ¿La quiebra de una tradición compositiva deconstruida?

En cualquier caso, estos Poemas desde mi jardín, por momentos excesivos y por veces vertiginosos, son el manifiesto de un momento muy determinado de un poeta cansado que buscaba el reacomodo en la naturaleza, y que le dio la espalda. Desde ahí, cada cual puede cargar de sentido metafórico y simbólico esta naturaleza muerta de Ortuño.

 

 

Las muchas vidas literarias de Heberto de Sysmo: de haijin cuántico a poeta del lenguaje

Heberto de Sysmo & José Carlos

 

Detrás de Heberto de Sysmo, emboscado, se esconde Jose Antonio Olmedo López-Amor, un poeta prolífico y a veces cuántico, aunque en su último poemario haya intentado descifrar el inmenso enigma del significado del lenguaje. También codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea y, en esa tarea de crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente (Lastura/Ediciones Juglar). Hace poco firmó, además, un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Gregorio Muelas.Heberto de Sysmo tiene un currículo impresionante, repleto de menciones, premios, y publicaciones. Entre su obra destaca el poemario Testamento de la Rosa, que resultó finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador 2014”, el ya mencionado libro de haikus La soledad encendida (Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, 2015) en compañía de Gregorio Muelas, y el poemario de 2016 titulado La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada (Lastura Ediciones), con el que fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2017. Su último libro es Maldito y bienamado bibelot (Baile del Sol), primer premio de poesía Certamen Nacional de las Letras Isabel Agüera Ciudad Villa del Río.

En Verde Luna nos hemos preocupado por su obra, que ahora os enlazamos como prólogo a esta entrevista. Sobre su nuevo poemario, Maldito y bienamado bibelot, esta es la crítica que le hicimos:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/06/08/maldito-y-bienamado-bibelot-de-heberto-de-sysmo-el-rabino-low-y-la-feliz-pinata-del-lenguaje/

La crítica del poemario La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada, aquí:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Crítica de La soledad encendida, haikus en compañía de Gregorio Muelas:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/24/la-soledad-encendida-haikus-un-museo-natural-del-verso/

Sobre Polifonía de lo inmanente, libro de crítica poética junto a Gregorio Muelas:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/05/14/polifonia-de-lo-inmanente-guia-del-autoestopista-poetico/

Reseñas de algunos números de la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea que codirige:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/13/segundo-numero-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-en-las-trincheras-de-la-belleza-poetica/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

 

1-Empezaremos hablando de tu nuevo poemario, ¿qué podemos encontrar en Maldito y bienamado bibelot?

Es un ensayo poético sobre el lenguaje entendido como un ente propio, no como una herramienta o un abecedario que podemos emplear a nuestro antojo, ni como una capacidad gnóstica. Me puse a reflexionar un día tras la lectura de un ensayo de Enrique Sesna que se titula Genealogía de la soberbia intelectual, publicado por Taurus, en donde nos cuenta la manipulación histórica que había sufrido la cultura durante generaciones y la importancia del lenguaje en la cultura no solamente literaria, sino humana. Si cuando nacemos no nos instruyen en la lengua seríamos seres ferales, Mowglis en la jungla. Es algo científico.

2-¿Cómo estructuras un poemario que nace de unos conceptos tan complejos?

El poemario tiene cuatro partes: la segunda, tercera y cuarta se refieren a las potencias de la literatura según Roland Barthes: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se basa en la Physis, que la añado yo como aludiendo a esa parte humana. Además, le he dado mucha importancia a los títulos de los poemas con un valor catafórico muy importante. Son poemas muy breves y ocurre un poco como con los micro relatos, que el título forma parte del cuerpo del texto. En ese caso, hay que atender muy bien a lo que se quiere decir en el título porque es como un verso más. Y muchos de estos poemas se pueden leer de abajo para arriba, al revés, por esa direccionalidad del ser al lenguaje y del lenguaje al ser, algo que intenté representar en los poemas de esta manera.

3-¿Entonces el lenguaje es el absoluto protagonista de Maldito y bienamado bibelot?

En el poemario aparecen muchas referencias a Stefan Mallarmé, hermético de la poesía, que tenía un soneto acabado en –ix y le faltaba un rima pare terminarlo, así que inventó la palabra petix y la llenó del sentido que él quiso darle. Maldito y bienamado bibelot atiende a eso precisamente, al llenado de sentido de la palabra, a ese forzar el lenguaje, a ese quebrar una convención que es una palabra y dotarla de un significado. Sobre esos aspectos gira el poemario. El bibelot al que me refiero en el título he querido representarlo con caballo hueco, un caballo de Troya. El lenguaje como tal, que no sabemos qué es, utiliza la escritura y la literatura como caballo de Troya para entrar en nosotros. Pero también esto puede darse al revés porque, al final de todo, el hombre es el Dios. Somos tan capaces de crear, incluso la Inteligencia Artificial, que llegará un momento en el que sobraremos. Y lo que hayamos hecho nosotros será lo que perdurará.

4-Se nota que este es un poemario muy especial y significativo para ti…

Desde luego, y no puedo sino agradecer a la editorial Baile del Sol que hayan querido mi poemario desde el primer día y hayan hecho una edición muy buena que además cuenta con el prólogo de José Luis Rey, poeta al que admiro. Y después tuve la suerte de que Maldito y bienamado bibelot se llevó el Premio Nacional “Isabel Agüera” Ciudad de Villa del Río, y pude incluir en la publicación unas palabras muy hermosas de uno de los miembros del jurado.

5- ¿Una de tus influencias reconocidas son los novísimos, verdad?

Yo casi diría que la segunda oleada de novísimos, aquellos que Castellet se dejó fuera, pero la verdad es que no son ni ellos ni sus obras lo que me interesa, lo que me parece modélico es la manera en que rompieron con la poesía social y aportaron una forma nueva basada en la cultura. No me interesa ni lo camp ni lo pop, ni la escritura mecánica y automática que ellos propugnaban, pero sí ese punto de quebrantar una poesía social tradicionalista, popular y enquistada, gastada ante la que afloraron estas nuevas vertientes de crear. Gimferrer con su poemario Arde el mar, publicado con tan solo 18 años, es impresionante en su complejidad, una forma de versar que cambió el punto de vista, rompió las cosas y abrió nuevas vías.

6-¿Y en este momento hay alguien que este abriendo nuevas vías poéticas?

En este momento de divergencia creativa hay creadores que no son conscientes de que están marcando pautas y creando caminos. Ellos serán la nueva Generación poética que aparecerá algún día, ahora sólo están en periodo de formación. Son inetiquetables, y esto es a causa de la crisis de valores. La poesía se hace a título particular, nadie busca unirse a ninguna causa o movimiento. Ahora mismo convive una Generación inconsciente de que lo es. El poeta a título individual es fácil de identificar con los denominadores comunes ya establecidos, pero ahora nos ocurrirá a la inversa con esta Generación inconsciente, siendo identificables por las diferencias de sus libros, porque cada libro es distinto al otro. Esta polivalencia de temática y estilo define a la posible futura Generación ecléctica.

7-¿Esta futura Generación vive y se alimenta de las Redes Sociales, de Internet?

La posibilidad de escribir un poema y que aparezca en Google y publicarlo a los cuatro vientos tiene su parte buena y su parte mala. La divulgación, el que llegue a tanta gente, debería ser bueno, pero el que no sepa lo que está leyendo podrá tomar un mal trabajo poético como le apetezca y eso será algo peligroso porque se visibiliza lo que no merece la pena; por otra parte, el autor puede llegar a gente que de otra forma ni se propondría alcanzar. Como autores cruzamos océanos a golpe de clic y eso es indudablemente bueno.

8: ¿Qué te parece el que hayamos considerado en el blog de pensamiento poético Verde Luna a tu poemario anterior, La flor de la vida, como un texto de referencia de la poesía cuántica?

Estoy encantado. Y asombrado, No pensaba que mi poemario pudiera llegar tan lejos, ni mucho menos, lleno de agradecimiento. Es un libro de muchas alegrías, incluso ha sido finalista de los Premios de la Crítica Literaria de Valencia. Y efectivamente, es cuántico, porque allí se habla de asuntos geométricos y fractales. Desde luego. Que me adscribas a la corriente cuántica, que hables del libro en diferentes conferencias o que lo nominen a premios, son regalos inesperados que recibo con los brazos abiertos y que además conllevan una divulgación. La divulgación es vital para la poesía, en donde somos una minoría.

9-¿Qué opinas del Blog de pensamiento poético Verde Luna?

Pues tengo que felicitaros a todos lo que hacéis el Blog. Es algo muy necesario. Cuantos más foros de poesía haya, mejor, y acercar la crítica poética al lector es acercar la poesía. En Verde Luna he podido constatar el rigor de tu trabajo, por ejemplo, y la enorme vocación que se encuentra detrás de las reseñas, y eso no se ofrece en todos los blogs que se publican en las Redes. No suele verse muy a menudo el compromiso que tienes, y eso se percibe en Verde Luna, que debajo de las publicaciones hay una persona que lo vive y comulga con lo que hace. Y mira que hay blogs… Muchos hacen reseñas meramente testimoniales, de copiar la contraportada y poco más. Es importante que te digan que estás haciendo las cosas bien y en Verde Luna es así con esas críticas que subís.

10-Despídete con un pensamiento poético.

Ezra Pound decía que el poeta no sólo tenía el compromiso de crear, sino el de ser un modelo para la sociedad para la que escribe. Me quedo con esa reflexión, no solo creativa, sino también moral del poeta.

Polifonía de lo inmanente: Guía del autoestopista poético

Título: Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)

Autores: Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo López-Amor (Prólogo de José Luis Morante)

Editorial: Lastura

Calificación: *** (Libro de referencia)

Por: José Carlos Rodrigo Breto

 

La editorial Lastura, en la senda de sus magníficas publicaciones, ha editado lo que, sin duda alguna, se trata de un libro de referencia ineludible a la hora de intentar comprender el agitado panorama poético actual en España. El libro Polifonía de lo inmanente, subtitulado Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017), es una guía necesaria para todos aquellos que necesitamos una brújula para poder orientarnos entre una poesía actual que se ha convertido en un complejísimo elemento de análisis.

El libro está firmado por dos críticos poéticos de evidente prestigio, además del aval que poseen al ser importantes poetas con reconocimientos y publicaciones de gran calidad. Los que aquí ejercen la crítica son Gregorio Muelas y Jose Antonio Olmedo, apoyados en la introducción —que no tiene ni una palabra de desperdicio— por otro peso pesado de la poesía y de la crítica: Jose Luis Morante. Lastura ha cuajado aquí uno de los libros sobre teoría y crítica poética más importantes del momento.

Gregorio Muelas queda bien presentado con tan sólo leer la entrevista que no hace mucho le realizamos aquí en Verde Luna, y que encontrarás en este enlace:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/23/gregorio-muelas-haijin-urbano-poeta-sonambulo-y-critico-solidario/

Algo parecido ocurre con Jose Antonio Olmedo, conocido por su heterónimo de Heberto de Sysmo a la hora de hacer poemas, y cuyo poemario La flor de la vida. Elogio de la Geometría Sagrada (en Lastura) también hemos analizado en Verde Luna:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Polifonía de lo inmanente, por tanto, viene firmado a dos manos —más el prólogo de Morante—, en una construcción muy parecida al libro de haikus que ambos poetas ya publicaron en conjunto, La soledad encendida (Ultramarina Cartonera) y del cual también hemos hablado:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/24/la-soledad-encendida-haikus-un-museo-natural-del-verso/

Además, Muelas, Olmedo y el propio Morante, han ido sacando adelante los números de Crátera. Revista de crítica y poesía contemporánea, de cuyas presentaciones y contenidos de las dos primeras entregas os hemos informado cumplidamente:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/13/segundo-numero-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-en-las-trincheras-de-la-belleza-poetica/

Así las cosas, el libro de Polifonía de lo inmanente recoge una selección de las críticas poéticas que en medios especializados han venido realizando ambos autores, que abarcan desde el año 2010 y alcanzan hasta finales del 2017, puesto que el libro fue editado en el mes de diciembre del pasado año.

Un total de 40 críticas en donde son todos los que están, aunque por supuesto no estén todos lo que son. Me explico: quienes aparecen en estas páginas son aquellos poetas que de verdad se merecen aparecer porque han descollado aportando novedad, destacando entre el panorama caótico y demasiado agradecido (por no decir que servil) que alimenta a gran parte del mundillo poético de hoy en día.

Por eso, todos los poemarios y autores que aparecen lo hacen en función a unos méritos bien demostrados, y puedo asegurar que no parece que nadie se haya colado de rondón, en un ejercicio de neutralidad que mucho dice de Muelas y Olmedo a la hora de saber colocar cada cosa en su valor, escapando de amiguismos y favores personales que tan a menudo prostituyen este tipo de reseñas y críticas, convertidas en un juego de favores devueltos y en un intento de quedar bien.

Nada de ello aparece en este libro, que además de las críticas, presenta sendos ensayos o trabajos de Muelas y Olmedo como una forma de abrir boca al compendio que van a presentar. Así que dos ensayos, 40 críticas de otros 40 autores, y un prólogo de Morante para un libro indispensable, un texto con el que podemos viajar quienes, como autoestopistas de lo poético, y ante el aluvión de presunta poesía que nos acecha desde las Redes Sociales y desde los mentideros del capitalismo literario, no somos capaces de discernir a que poemario subirnos, con tanto riesgo como hoy en día existe de descalabrarnos.

1.Los placeres de la buena crítica

Así que empezaré el análisis de esta guía de viaje por la poesía española actual dedicándole mi atención al prólogo del crítico y también poeta José Luis Morante, titulado “La crítica como placer lector”, y que opera como un lujoso receptáculo sobre el que después extenderemos las gollerías en forma de reseñas críticas que nos ofrecerán Muelas y Olmedo.

Como el libro es un compendio de críticas, lo que Jose Luis Morante hace es reflexionar a cerca del oficio del crítico, de su vocación, de sus características, de sus filias, de cómo es la materia a la que se enfrenta y la forma en que debe tratarla. Y como una primera premisa por la que debe empezar a vestirse:

el crítico debe tener una explícita vocación de lector. Solo quien está formado tiene conocimiento y ese es el punto de partida”.

De esa forma,

el crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual”.

Después, es decisiva la independencia, esa actitud de la que hacen gala Muelas y Olmedo, a la que ya me he referido anteriormente, y que Morante acota en una cita de Borges:

Alabar y censurar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.

Lamentablemente, en muchas revistas de crítica se está más por el halago y por los odios, por el amiguismo y por las cruzadas personales; tal y como afirma Morante en su prólogo:

En su tarea de hacer lectores la crítica traza juicios sobre la realidad literaria o confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto”.

Aún así, quedan reductos de integridad que encumbran la crítica a la categoría que merece, libros como esta Polifonía de lo inmanente así vienen a demostrarlo, y yo la entiendo como un género literario en sí misma porque, como afirma Morante:

la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a la propia poesía”.

Es decir:

poesía y crítica se ensamblan sin disidencias”.

Siempre que estén bien elaboradas ambas, me atrevo a añadir.

Por último, Morante se fija en el contenido específico de Polifonía de lo inmanente, un

detallado análisis de influencias y afinidades de autores que aportan títulos de interés en el árbol sólido de la regeneración literaria del siglo XXI

y en donde

el enfoque (…) no se limita a una simple relación de características y poetas”,

porque son

“una convergencia de estéticas plurales que permite intuir la sensibilidad del tiempo digital; confirma que sus aportaciones son pilares firmas, cimientos estables de la poesía de hoy”.

Eso significa que nos encontramos ante un libro-mapa, o un libro-brújula, que nos ayuda a entender lo que se debe leer (y tal vez por descarte lo que resulte indeseable) en el confuso mundo de la poesía 2.0 de estos tiempos de posverdad, mentiras cibernéticas e idolillos de Instagram, Twitter y Facebook que firman contratos con grandes editoriales en función del enorme número de seguidores y de la cortedad de su talento literario. Menos mal que libros como esta Polifonía han venido a enseñarnos, con una diana roja pintada en el centro, los poetas que en estos momentos sí merece la pena que sean leídos.

2. Crítica y buenos críticos: la crítica constructiva como aprendizaje solidario

El grueso del trabajo se inicia con el ensayo de José Antonio Olmedo titulado “Fragmentación del yo, perfilamiento y materialismo, como delaciones tiempo-espaciales de la identidad”. Aunque el título pueda parecer algo complejo, el ensayo buscará ahondar en las claves sobre la crítica anteriormente expuestas en el prólogo de Morante, reflexionando sobre la situación y función de la crítica actual, inmersa en el momento poético, quizás, más complejo de las últimas décadas dado que, tal y como se afirma,

hasta siete generaciones de poetas conviven en una extraña armonía”.

Después, atenderá a la evolución histórica de las corrientes poéticas desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, sin descuidar, además, a nombres y tendencias, dando a entender, así, los motivos de la inclusión de varios poemarios en las críticas posteriores que aparecen en el libro.

Sin embargo, tal vez atravesado por el espíritu crítico de Polifonía de lo inmanente, prefiero centrarme más en la primera sección del ensayo de Olmedo que en ese recorrido, interesantísimo por supuesto, por las variantes que ha experimentado el “yo poético” hasta alcanzar nuestro presente.

Lo primero que manifiesta Olmedo es la imperiosa necesidad de la existencia de un aparato crítico que se ocupe de la poesía. Ya he advertido que la considero como un género propio, y el autor también parece coincidir con este punto de vista al copiar una sentencia de Jaime Siles:

La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”.

Aunque parezca obvio, ser crítico exige de una actitud crítica, y desde esa falta de voluntad se puede construir el axioma de lo que es la mala crítica, tal y como la señala Olmedo al inicio de su ensayo. Una mala crítica, o lo que puedo calificar como una crítica innecesaria e inútil que nada aporta porque no es una crítica, se caracteriza por un

“afán laxo o condescendiente”,

que es producto de

la concesión o devolución de favores, el temor a fabricarse enemigos de la nada o simplemente, el nepotismo”.

Estas son razones más que sobradas para que muchos ya piensen en “la muerte de la crítica”. Esto podría ser un hecho si atendemos a las características enumeradas por Olmedo que suelen predominar en la tarea crítica desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la crítica en Redes, que ahora le permite opinar hasta al mayor descerebrado:

predominio de recensiones elogiosas, burdas o simplemente, opiniones superficiales, que poco, o nada bien, hacían a la literatura”.

Sin embargo, una buena crítica debe pasar por ser objetiva, y no por sacudir a diestro y siniestro por mucho que aquello que merezca ser tratado así lo pida a voces. En ese asunto he podido hablar con el propio Olmedo acerca de nuestra idea de buena crítica, y hemos llegado, ambos, a la conclusión de que será complicado que nos vean escribir mal de alguien.

En primer lugar, porque no merece ni la pena ni el tiempo, ni dedicarle un valioso espacio que al final está publicitando lo criticado, y que priva a otro autor de un sitio que se merece mucho más. En segundo lugar, y esta es la clave, porque ambos, Olmedo y yo, y Gregorio Muelas también, entendemos esto de la crítica como una tarea constructiva en donde es innecesario hundir a nadie. Simplemente, atendiendo a lo que no criticamos, ya estamos demostrando bien a las claras lo que creemos que vale y lo que no vale. Tan solo hay que fijarse de qué autores o poemarios no hablamos nunca, y de quienes sí lo hacemos. Esa sería nuestra feroz crítica negativa, al menos en mi caso.

Por eso, y porque muchos autores pésimos del boom digital se favorecen, además, de haber fichado por grandes grupos editoriales que poseen apoyos en la prensa y en los diferentes medios de comunicación, el crítico, con su actitud, debe tratar de solucionar esa injusticia que se comete con los poetas de largo recorrido, autores que llevan años bregando a pecho descubierto y que no gozan de las simpatías del mercantilismo literario:

Para el crítico honesto, equilibrar injustas desproporciones del sistema es tarea diaria”,

por lo que no tiene sentido volver a hablar, aunque sea mal, de quienes copan esos medios. Es tarea de honestidad refrenar nuestra bilis y ocuparnos de quienes sí merecen la pena y son casi invisibles, porque el lector nos lo agradecerá y como críticos estamos aquí para agradar al lector con nuestras recomendaciones. No para irritarlo con insultos y descalificaciones.

La crítica, enfocada desde esta perspectiva, se convierte en algo muy beneficioso para los autores y los lectores, integrándose en un circuito del que todos salen reforzados:

El crítico es una parte importante del círculo literario que comienza en el autor-creador. Continúa en el editor-divulgador y culmina en el lector, quien no es más que otro crítico, pero esta vez susceptible de ser influido —con o sin intermediarios— por la obra, y a través de su proceso de recepción e interpretación, quien la termina”.

Por tanto,

el buen lector, el lector activo, debe saber relacionar” porque “las analogías solo esperan a quien las busca”.

Se debe

entender el pensamiento crítico como algo divulgativo, inclusivo y didáctico”.

Algo que

nos hace partícipes de algunos de los valores incuestionables de la crítica (…) acercar los libros a los lectores, orientar en su búsqueda, ofrecer una opinión fundamentada”.

Todo esto lleva a

concebir la crítica como un pensamiento en voz alta, como un aprendizaje solidario”,

dado que debemos ser conscientes

de que no es lo mismo leer para entretenerse que leer para reseñar”.

No cabe ninguna duda de que el crítico debe

 “aspirar a educar la mirada del lector”.

Por todo ello, y en relación con lo que anteriormente comentaba de la crítica destructiva, Olmedo concluye que se debe

aspirar a una crítica constructiva, exigirse honestidad y compromiso; no escribir crítica literaria para destruir, sino para construir”.

Y añade un aforismo de cosecha propia bien oportuno:

Leer es reflexionar por cuenta ajena. De una buena crítica se aprende del criticado; de una mala crítica se aprende mucho más de quién critica”.

Olmedo predica con el ejemplo en Polifonía de lo inmanente, y aplica a rajatabla esta máxima: solo aprendemos, en este libro, de los criticados, Nada atisbamos de quienes los critican, salvo su gusto y pasión por la poesía.

 3. Buscar los objetivos e intereses de la poesía española actual según innegables criterios de calidad estética a la hora de elegir a los reseñados

El ensayo que aporta Gregorio Muelas, titulado “Polifonía y diversidad. Una panorámica sobre la poesía actual”, parece recoger el relevo justo desde donde la ha depositado Olmedo en la parte final de su exposición, para analizar lo que denomina como:

el mapa lírico actual de nuestro país”,

Un mapa que es:

“complejo, misceláneo y ecléctico”,

tanto

que resulta una tarea ardua trazar unas líneas definitorias sobre un fenómeno que en la última década ha multiplicado tanto sus medios de producción como sus productores y donde conviven y se superponen diferentes generaciones”.

Sin embargo, Muelas y Olmedo están dispuestos a tratar de organizar el asunto:

Con los autores de las reseñas que siguen pretendemos, más bien, señalar cuales son las grandes líneas que definen la poesía que se escribe en nuestro país, abarcando un periodo concreto de ocho años, de 2010 a 2017, pues solo concentrando nuestro esfuerzo en la producción de la última década podremos tratar de vislumbrar cuáles son los ecos y las permanencias, los objetivos y los intereses de la poesía española actual”.

Que nadie se llame a engaño, es un intento de ofrecer un panorama, lo que yo he denominado un mapa o una brújula, una guía, pero en ningún caso se trata de ofrecer

una finalidad antológica y, por supuesto, está muy lejos de pretender establecer un paradigma canónico”.

En esta Polifonía nos vamos a encontrar

una serie de obras de evidente interés que dicen algo novedoso dentro de una determinada tendencia, ya sea por su lenguaje, ya sea por su mensaje, ya sea por su estructura, ya sea por su finalidad”.

La finalidad de la recopilación crítica es evidente:

tratar de discernir las motivaciones y los objetivos de unos autores que, partiendo de un determinado contexto, han sido capaces de proponer un punto de vista diferente”.

Se trata, por tanto,

de abrir una vía alternativa a los intereses comerciales, tan en boga, y a las concepciones elitistas, de rancio abolengo, proponiendo una lectura plural y diversa”,

y es aquí en donde radica la principal virtud y fortaleza de esta Polifonía de lo inmanente.

Cuando Muelas entra a analizar el panorama actual emanado de las Redes Sociales, no se anda con miramientos:

la más reciente hornada de poetas, muchos de los cuales han hallado en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) su principal vehículo de expresión y de captación de seguidores, es un fenómeno de ventas dirigido a un público ingenuo que ha generado no poca polémica en la comunidad académica por su supuesta simplicidad y el abuso de ciertos clichés propios de la posmodernidad”.

Sin duda, se trata de un

fenómeno comercial, más propio de la mercadotecnia que del discurso intelectual”.

Por eso, el criterio a la hora de incluir a los reseñados en Polifonías ha atendido al

principio de excelencia literaria, es decir, de innegable calidad estética

Porque no hay, quizás, otra forma de poder cribar una situación en la que

cada vez sea más difícil discernir la música del ruido”.

Se trata de un panorama harto complejo en donde

los consumidores mayoritarios son los propios cultivadores del género, dado que este exige un lector culto, es decir, versado en la materia”.

Esto puede conducir a la percepción de que

hay más poetas que lectores de poesía

como una consecuencia del estado de

crisis de conciencia (…) que tiene su reflejo en el mundo editorial”.

Muelas repasa, desde este punto, la evolución de las corrientes poéticas de finales y cambio de siglo y se aproxima a los géneros más exitosos como el haikú que él mismo cultiva con maestría, para dar paso, tras estas últimas reflexiones, a las críticas de los 40 poemarios seleccionados.

 4. Los poetas y sus poemarios

Las reseñas se inician con el aproximamiento a Piedras al agua, de Antonio Cabrera, un poemario de 2010 publicado por Tusquets. Desde aquí, desfilaran nombres como los de Julia Uceda Valiente, Dolors Arbeloa con su poemario Máquina (2012), Bibiana Collado Cabrera, o el interesantísimo Masa crítica del poeta Francisco Alba (2013), propietario de una lírica que Olmedo denomina como “lírica transgénica”.

A todos ellos les siguen, entre otros, Julia Conejo Alonso, y después llega un volumen de los cruciales, Fuera de campo, la poesía reunida de Pablo García Casado (2013), una “poesía del realismo sucio” para Olmedo. También aparecen reseñas de trabajos de Jorge Ortiz Robla, Jaime Siles y su Cántico de disolución (2015), el extensísimo análisis del poemario de Blas Muñoz Pizarro titulado De la luz al olvido (2015) en un texto inédito de Gregorio Muelas, y más nombres: Maria Teresa Espasa, un clásico como Antonio Marín Albalate, el poemario La zanja (2015) de Nuria Ruiz de Viñaspre, Museo de cera (2016) de José María Álvarez, y Licencia para bailar (2016) de Kety Parra Carrillo, además de Gema Palacios, Yaiza Martínez, Ricardo Bellveser…, y algunos otros poemarios determinantes como Contra las cosas redondas (2016) de Jesús Jiménez Domínguez, y Tópo (2016) de David Trashumante.

Se completa así esta Polifonía de invitados a la nutricia mesa de la poesía, determinada por estrictos criterios de calidad e innovación, elegidos por dos críticos que son poetas, o por dos poetas que, incluso, son capaces de ejercer una crítica constructiva que funciona como el mapa de una ruta que marca el lugar del tesoro, ese botín lírico (tal y cómo lo definiría Günter Grass) que significan todos esos libros que no debemos pasar por alto entre la saturación comercial y que, sin duda, serán capaces de hacernos un poco más felices.

Por eso, esta Polifonía cultivada por Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo es un concierto poético a dos manos cuyo único objeto —un esfuerzo de crítica descomunal— es el de conducirnos por algunas carreteras secundarias muy bien pavimentadas, hasta la felicidad. Y lo que se ubica fuera de este mapa, en las mesas de novedades con los sitios milimétricamente pagados por las editoriales, en los muros de Internet, y en las publicaciones de Instagram, de verdad, no nos interesa. Ni lo más mínimo. Porque suelen llevarnos por carreteras muertas que desembocan en el despeñadero de la obviedad, los epígonos, los diletantes, las figuras de repetición y los lugares comunes.

Maximiano Revilla: Cruzado del verso, poeta de la imaginación y el cortejo

 

Maximiano Revilla es una de las voces poéticas más particulares, originales y sorprendentes del panorama literario español actual. Y esos adjetivos con los que lo defino se los ha ganado a pulso y son producto de un afán de estudio y mejora inquebrantable, de un sentimiento poético fuera de lo común, y de una voluntad de bulldozer a la hora de percutir contra lo establecido y lo monótono.

Maximiano lleva un prodigioso y fecundo camino: Consonancias de la voz (2003), De todo lo que no se pierde (2005), Motivos venatorios (digital, 2013), Urbanidades y otras distancias (digital, 2013), Notateti (digital, 2013), Cuando se lanzan los cuerpos desde la terraza para ver qué sucede (digital, 2014), Pálpitos del tren que no vuelve (2016), Un cuántico aleteo en la boca (2017).

En Verde Luna henos realizado dos reseñas críticas de su obra:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/01/20/palpitos-del-tren-que-no-vuelve/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/10/16/tourette-en-los-no-lugares-o-el-poeta-que-desayuna-versos/

 

1-Tu último libro, “Un cuántico aleteo en la boca”, es una visión del mundo cotidiano con los ojos del poeta, pero ¿cómo ve el poeta el mundo de la poesía?

 Sorprendido, tremendamente sorprendido al comprobar cómo, en este mundo en el que nos movemos, vegetamos o simplemente esperamos a que todo termine, en este mundo donde la nota predominante es la excesiva velocidad, la evolución a toda prisa, la innovación hasta esos extremos a los que solo el hombre es capaz de llegar y continuar rodando un trecho más de patio o de cielo; digo que, el mundo de la poesía, es el único mundo estancado en la prehistoria de la historia, el único detenido en ese pasado que, si huele, y huele mucho, es a naftalina, a conservantes con sus letras y sus números, iguales a los que aparecen en cualquier etiquetado. Sí, el mundo de la poesía es el único que continua sin conseguir dar ni media zancada de olvido al pasado y seguir hacia el futuro, con algo de inventiva, el único que vive, tremendamente, cómodo dentro de su zona de confort, nadando entre esa roña que ocupa las playas alrededor de sus ombligos, en esas profundas simas de abstinencia y vértigo a la impaciencia de las cosas. Sí, estoy convencido que algunos intentaron salir y saltar del vacío al vacío, pero les ha sido imposible llegar a nadar sin ahogarse; y más que nada porque como decía Machado “La poesía hecha ahora, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir externo; ya que su interior solo podrá ser ocupado cuando lleguen los nuevos poetas con su nueva sentimentalidad”. Por eso, sin visos de que nada cambie, seguimos estando donde siempre estuvimos, en el carro de las resacas de cualquier buhonero, en la lista de clientes de cualquier comercial.

Sin dudar ni un instante afirmo que veo el mundo de la poesía: achacosamente viejo y enfermo, con las mismas caricaturas, las mismas discusiones y los mismos pensamientos generacionales que existieron y existen, desde siempre, entre padres e hijos, entre aprendices y maestros.

2-Eres un feroz combatiente contra los lugares comunes y las figuras de repetición en la poesía. ¿Crees que en nuestro día a día esos males son los causantes de muchos de los problemas que nos aquejan y nos hacen enfermar como sociedad? Parece que la rutina de lo cotidiano es uno de los asuntos que te preocupan en tu poemario.

El lugar común. ¡Ah, el lugar común! Esa palabra o frase o idea que, convertida en un vicio por su excesiva utilización, ya no aporta nada. Podría afirmar que, quien se expresa, con ellos, es por falta de imaginación, o de recursos para ampliar el cuerpo del escrito, puesto que resulta más fácil sustituir la búsqueda de ideas originales y creativas por otras ya gastadas, simplificándolas y simplificando los conceptos que, seguramente, merecerían perder o ganar tres o cinco instantes más para materializarlos y matizarlos, pero simplemente digo que, sobre todo, es por vaguería.

El lugar común, por las transigencias de este mundo donde se enciende la luz comunitaria, es el camino más sencillo para llegar cuanto antes a cualquier espacio, espacio donde siempre hay alguien que enchufa y protege para que no se noten mucho las distancias, distancias cubiertas por los curritos que realizan en la calle los trabajos sucios. Y sin embargo, tengo que reconocer que lo que para mí es un lugar común, para otra mayoría, al no haber leído el original, eso que les presentan ahora es originalísimo.

Sí, entiendo las figuras de repetición como la luz de otro día que, tal vez, llegue y nos traiga los mismos desatinos, los mismos errores, las mismas formas generales del adoctrinamiento, la misma manera sencilla de aprendernos, como Plateros, el camino a casa. Sí, tal vez a esa casa, siempre llena de silencios. Y sin embargo, lo que proporciona a la repetición su carácter novedoso, es lo mismo que la pone en duda: el hecho de que lo que repite, es algo que ya ha sido: un color kilométrico, un beso con cincuenta años cumplidos, una sonrisa que no tiene por qué tener historia, una situación determinada que, siempre niña, nos sorprende y nos llena de misterio. Sí, cuando no se ve y sólo se oye repetida una vez y otra vez la misma voz, surge la sorpresa en la mente del que escucha, aparece la imagen abstracta del momento agradable o desagradable, un objeto desmaterializado que despierta una vibración en la conciencia capaz de situarnos donde más le interese al poeta, en el mismo vértice del abismo, junto al espectro de la repetición que nos despierta.

Desde mi cabeza, totalmente reformada y amueblada por las imposibilidades de no alcanzar a tener nunca el título de propiedad, de sus encuentro y mis encuentros, en el bolsillo, afirmaría que sí, que nos han hecho, nos hacen y nos harán enfermar como sociedad, pero que, sin duda, estamos totalmente capacitados para sobreponernos y continuar.

Confieso que una de mis grandes torpezas o aciertos, a la hora de crear poesía, es haber llegado a comprender que nunca soy yo quien elige: ni sus temas ni sus formas, que después de amasar y amasar durante tanto tiempo el verso y el poema, son estos los que me dictan, qué y cómo escribir, por lo que sí, he de responder afirmativamente, parece que en esta ocasión, en “Un cuántico aleteo en la boca” es en la rutina de lo cotidiano por donde mejor se han movido. Lo único que a mí me dejaron fue escoger donde: de cuatro a siete de cada madrugada.

3-La tristeza… ¿viene de la mano de la falta de imaginación? Sin embargo, nadie más imaginativo que un poeta, como tú por ejemplo, y sin embargo tus versos viajan cargados de una amargura profunda y pesada. ¿Son tus poemas la admisión o el reconocimiento de una derrota?

Permíteme que para contestar a esta pregunta, comience utilizando unos versos de Baudelaire: “Hoy el poeta, cuando quiere imaginar […] siente el alma envuelta en un frío tenebroso, y, lamentablemente, se asusta de la visión”, y desde aquí, continuar negando que la tristeza venga de la mano de la falta de imaginación, pues es desde esta atmósfera triste y desgarrada desde donde el autor hace que el lector vaya ansioso a buscar esa alegría que echa en falta. Sí, es cierto que, de las emociones básicas del ser humano en el transcurso de su existencia, es en la tristeza donde, en más ocasiones, nos detenemos y con la que más tiempo desperdiciamos, pero también es verdad, que es esa misma tristeza, la causa que nos lleva a buscar las alegrías y los encuentros, la que cogiéndose de la mano de la imaginación pone en valor la felicidad, puesto que solo, después de sentir el aire del filo de su destreza, después de patalear y llorar hasta decir basta, se saborean de otra forma los escasos momentos felices que nos acompañan. Y sí, admito que mis tropiezos, más que nada, en los huecos inexistentes de las baldosas, son cada vez más dolorosos, pero todas las ficciones que he vivido y vivo en el sueño de los poemas, aunque nunca se hayan materializado ni se hayan modelado en la realidad, jamás las podré considerar como derrotas. Esos versos, poemas que tú dices, cargados de una amargura profunda y pesada, tienen como única intención “supuestamente” despertar, dos o tres pensamientos dulces, entre las mil hojas del posible lector. Y ya que reconocer o admitir una derrota supone primero constatar que hubo una batalla; acaso, esa, de un aquí y un ahora, la que se quiere despistar, desde esa guerra por edades hasta ese duelo inventicida demasiado enganchado a la sombra de las tristezas, no, que va, no voy a reconocer ni admitir ni constatar que en mí, haya habido derrotas ni duelos ni batallas. Voy a ser modosito. No voy ni a faltar ni arañar a nadie, mientras me sigan acribillando mis ignorancias, afirmaré que todo lo que me rodea es hermoso.

4-¿Encuentras en la poesía un blindaje a las agresiones de la vida cotidiana, una forma de decir lo que de otra manera te resultaría imposible, o un vehículo para mostrarte tal y como eres?

Al pensar que es la poesía lo que nos queda de aquellas humedades juveniles de los sueños, sí, tal vez tendría que reafirmarla como mi blindaje. Y sin embargo, por ser yo un ser relativamente insignificante, alguien que quitando a los trescientos  o mil amigos, y a un familiar que, durante mucho tiempo me han acompañado, creo que no tiene ningún sentido disfrazar, ni lo que hago ni lo que digo ni lo que soy, por lo que, en un momento determinado o indeterminado de mi historia, sobre todo cuando aún pensaba que la poesía era otra cosa distinta: acaso ese ir de la luz a la luz sin dolor, sin sombras en el recorrido, sin excesivos sobresaltos, sin inventiva ni creación, que yo me llamaba yo, y detrás de ese yo estaban, para blindarme al descalabro, mis avales. Esos avales de espuma desde los que me pensaba retractar. Pero hoy que el poeta es un asalariado más, un nominista, un currito por cuenta propia, un aficionado que dedica a escribir poesía, las horas que roba al sueño. Hoy que es el poeta otro mundo, otro prostituto de las palabras, otro mercenario del  ritmo, tal vez, ese que se contrata como autónomo y en ocasiones estresantes, completa el círculo de las canicas, del agua, del aire, de la tierra, del fuego, de todo lo que acoge los restos del funeral, y los deposita sobre las canas del alma. Hoy que mi pensamiento es una maraña de ideas y contra ideas, cubiertas por el polvo de la ignorancia y que mi cabeza funciona como las esponjas de los cuartos de baño, las que en su recorrido, bajo la ducha, se saturan con las ideas muertas, las que tras apretar, escapan para que de inmediato se vuelvan a saturar, sí, aquí que me muestro tal y como soy, podría decir que la poesía es un blindaje a las agresiones de la vida. Pero solo si me presionas, si no me escapo, de uno a cuatro instantes, con mi traje de cortejar.

5-Me consta que eres un profundo conocedor de las técnicas, de los ritmos, de las formas poéticas. ¿Qué opinas de mucha de esta poesía que se perpetra hoy en día, repleta de ripios, vacía, inocua, poesía de blog o de bloggers e, incluso, poesía de presentadores de telediario?

Ya que ser poeta es una pose de estudio, la foto fija que encabeza las bibliografías, los ratos de asueto que, de alguna manera, se han de ocupar y pasar hasta conseguir ver como maduran las cosechas del pensamiento en paro; sí, desde aquí, desde esta postura casi perfecta que se me otorga en mi descalabro, te digo que, una gran mayoría, por no incluir al mundo entero, es poeta. Y me parece muy bien, sobre todo porque pareciera que ser poeta no requiere título oficial, ni requiere haber leído más que los índices de los títulos de los poemas que aparecen al final o al principio de los dos o tres libros que sirven de guía. Sí, ser poeta lo es cualquiera. Y esto es así, en parte por el mamoneo que se traen y se trajeron los “supuestos poetas oficiales”, por el evidente endiosamiento del que hicieron y hacen gala después de haber alcanzado las subvenciones o los escasos trabajos con puesto fijo de la dedocracia, sí, por irse pasando de unos a otros, los encuentros, las avalanchas, los acelerones, porque en el fondo el lector de hoy ya no se cree nada. Como lo común es mucho más fácil y sencillo de hacer y de imitar y como han sido tantos años pagando como originales, marcas blancas, ahora está poesía ripiosa, de blogs, esta poesía vacía, parece ser esa venganza que nadie podía esperar. Y sí, pensando que poetizar es crear mundos nuevos desde la ignorancia, yo los aplaudo, y al estar de acuerdo con G. Blocker cuando escribe que, “Quien persigue lo desconocido no puede seguir caminos conocidos” estoy seguro de que al final, entre tantos, alguien aportará algo distinto, nuevo original y genial.

6-¿En el mundo en el que vivimos la poesía está condenada a la extinción?

Pareciera como si hoy, que lo divino y lo profano, lo terrenal y las mismas nubes del sueño, se hubiesen puesto de acuerdo para, con palabras y más palabras, convencer y convencernos de que así es; particularmente, yo no lo creo, y estoy de acuerdo con Yves Bonnefoy cuando dice que: “La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad”. Porque sí, también la realidad es y se puede ver con los ojos de la poesía. Y sí, por supuesto que hay playas que, rastrilladas por la maquinaria de los ayuntamientos, apenas, si dejan huecos o fisuras donde tropezar y caer y crear y exclamar “¡si no hay poesía, que desierto!” Y si no hay palabras, ¡que distancia! Es cierto que en el lenguaje poético son las palabras quienes abren y cierran el camino hacia la creación de otros mundos posibles que nacen de ellas, pero es el autor quién ha de escoger la más conveniente para recrear y enriquecer la capacidad léxica de nuestra lengua, para mejor comunicarse, para no ser, ni hacer lo mismo que ya hicieron todos, para escribir mucho más que sentimientos. Por todo esto y otras siete o cinco cosas más, mientras haya hombres y palabras y sentimientos y realidades que contar, que reír o que llorar, habrá poesía.

7-¿Al ponerte a escribir un poema, qué autores, que tradiciones, bullen en tu cabeza? ¿Tienes algún poeta de cabecera?

Si mi condición fuese otra, esta pregunta sería la ideal para poder jugar basketball, para pelotear mientras nombro nombres, acaso, con la oscura e interesada intención de hacer saltar sobre cualquier casino sus referencias. Lástima no saber aprovecharme. Cuando aún no era consciente de que para escribir, primero se tenía que estudiar y aprender una serie de reglas, cuando no tenía ni idea de que, el poner sobre papel, todo aquello que bullía en mi cabeza, se denominaba poesía, cuando aún no tenía ni idea de nada, (ahora que tampoco la tengo, voy a intentar disimular, a ver si no se nota mucho mi ignorancia y mis tropiezos, y aunque, particularmente, no es que me importe, no sé; como que parece que viajo por otras latitudes y queda de otra forma) Sí, cuando todavía no era consciente de nada, cuando mi buen amigo, por no decir el único de aquel entonces, “Gustavito” me acompañaba, recuerdo que llegaron de visita en la merienda, un par de libros de autores que, por supuesto, con los once o doce años, yo no sabía: ni quienes eran ni que habían escrito ni cuando lo habían escrito ni cuales pudieron o no pudieron haber sido los motivos para escribir, me imaginaba que, también ellos, lo habían hecho como yo, sin saber. Mis ojos solo se habían detenido y fijado en que, el uno, arriba ponía: Herrera y debajo Poesía y el otro; Garcilaso y Antología Poética. El uno era de color marrón, imitando ful de cuero, el otro gris azulado de ceniza y triste compostura, casi, casi podría afirmar que de sombra y miedo. Con el tiempo, según iba aprendiendo cosas, cursando estudios, memorizando y olvidando reglas, se fueron sucediendo libros y autores y verso y poemas, tantos y muchos más, como para, al menos, llegar a rozar la suela de los maestros, pero no, no tengo ninguno de cabecera, que es la pregunta que me propones, todos están enfrente y sobre mi cabeza, en las estanterías o por no quedar ya hueco en estas, en el suelo. Pero sí, te voy a dar dos nombres que para mí, ahora, destacan sobre todos los demás: Laureano Albán y David Abad.

8-¿Es la lucha por conseguir el poema una batalla contigo mismo, o un combate contra todo lo demás que te impide dedicarte a ser poeta como, por ejemplo, el trabajo, las obligaciones, las facturas que, evidentemente, nunca pagaran la poesía?

Seguro que luego todo cambia, pero ahora mismo pienso que no es ninguna de las dos cosas: ni batalla ni combate. Ni tan siquiera lo concibo como una lucha, si de alguna forma tuviese que calificarlo o definirlo sería como mi filosofía de vida, y esta, no sería capaz de entenderla, si no fuese unida a todo lo demás, si no se besasen, la una a las otras, si no se acurrucasen juntas, si no durmiesen y despertasen en la misma habitación, aunque por la comodidad de los años, en camas unidas pero separadas; ya que, lo mismo que a otros les dio por no comer carne o beber cerveza sin alcohol o pisar descontentos o causar sarpullidos, a mí me dio, como tú en otro artículo, muy bien dices, por “desayunar versos”. Tú sabes, José Carlos, mejor que nadie lo raro que puedo llegar a ser, lo impreciso de mis convicciones, los desajustes entre el mundo, el verso y mi cabeza. Cuando no se busca ya nada, cuando no se espera ya nada, cuando tienes muy claro que solo escribes para ti y para, ( me repito) los trescientos o mil inquietos pensamientos que necesitados exigen el siguiente poema regalo, es más que suficiente y una gran satisfacción haber llegado al centro de su mundo. No, por supuesto que no voy a ser nunca merecedor de ningún premio, ni lo busco ni lo espero. Sé que es difícil, y psicológicamente no recomendable romper las tradiciones, quemar las enseñanzas que se tienen como normas a seguir toda una vida, los hechos y las acciones de otras vidas, en parte equivocadas o no, otras vidas que dijeron en su momento lo que les apeteció, eso es lo que yo hago ahora, disfrutar plenamente haciendo, de otra forma, lo mismo de siempre.

9-¿Qué opinas del Blog Verde Luna?

Hoy que la poesía es una serie de ofertorios que nada tienen que ver con el esfuerzo de las musas, ni tan siquiera con el principio firme de su significante oscuro, hoy que, más bien, tiene que ver con el disimulo, el engaño, el falso protocolo de las fiestas, con los números, las negociaciones, las estadísticas, los currículums, con saber cultivar el amiguismo y ser, un excelente relaciones públicas, para poder así, deslizar, de manera convincente, la mano por la espalda, creo que Verde Luna es un blog valiente, imprescindible para dar a conocer las últimas novedades de lo que literariamente se está imprimiendo. Mis más sinceras felicitaciones.

10-Despídete con un pensamiento poético

Me voy a despedir con unos versos de Laureano Albán, más que nada por pensar que en ellos va parte de mi pensamiento poético:

“El verso es una belleza no creada,

La que permanece debajo, muy por debajo

de la capa del maquillaje, es el poema”.

 

Ronald Campos, poeta de certezas y claridades

Autor: José Carlos Breto

Revisado por: David2

Ronald Campos nació en San José de Costa Rica, en 1984. Profesor de Lengua y Literatura en la Universidad, su obra publicada ya puede considerarse extensa y clave dentro del panorama poético de su país, con proyección en Hispanoamérica. Ha publicado los siguientes poemarios: Deshabitado augurio (2004), Hormigas en el pecho (2007), Navaja de luciérnagas (2010), Varonaria (2012), Mendigo entre la tarde (2013), La invicta soledad (2014) Quince claridades para mi padre (2015) y el poemario que ha propiciado esta entrevista, Respuestas de la tierra (2016).

 

Ronald Campos entrevistado por nuestro colaborador José Carlos
Ronald Campos entrevistado por nuestro colaborador José Carlos

 

1-En primer lugar, ¿qué significa la poesía para ti? ¿Por qué esa necesidad de poetizar la realidad?

La poesía no es una cuestión de palabras, decía Aleixandre. Hablar de poesía es tan inefable como lo que la misma poesía persigue. Acaso puedo decir que sea un centro, hacia donde el poeta se dirige a sí mismo y al poema y al lector, y un vehículo, laborado y creador, por medio del cual se llega a un ámbito cotidiano, es decir, fenomenológico y trascendente, profano y sagrado, real e irreal. De ahí que la necesidad de poetizar responda a concretar ese ámbito de manera que sea percibido e intuido por aquellos tres que, contingente y casualmente, se (con)funden en el siempre instante cuántico en que solo dicho ámbito tiene lugar.

2-¿Es el poeta un niño que juega con la realidad o un adulto que se refugia en el juego poético para defenderse de las ofensas de la vida?

Es un adolescente. El poeta está a medias entre el niño, al que regresa intuitiva y lúdicamente porque aprendió estas aptitudes de él, y el adulto, al que escucha y obedece a fin de tenderle trampas al lenguaje y al poder. Es un adolescente que está descubriendo constantemente su voz e identidades, a caballo entre lo que reconoce y acepta, y lo que le dicen debe ser. En medio de este estado, de esta tensión, el poeta, consciente de su capacidad contemplativa, intuitiva, de ensoñación poética e imaginación simbólica, explora la realidad acaso para refugiarse, acaso para renombrarla y, así, recrearla como la vive o no.

3-¿Qué significa para ti Castilla y lo castellano como objeto poético?

Castilla es parte de mi niño. Cuando comencé a escribir a los 17 años, visité la biblioteca de mi colegio y, al azar, llegué hasta dos poemarios que estaban yuxtapuestos: Cantos de vida y esperanza y Campos de Castilla. Los dos se convirtieron en centros y vehículos. Y, claramente, el segundo de ellos aportó un plano, un espacio que yo imaginaba como de libertad y, a la vez, de empoderamiento, de realización imaginaria y, por tanto, plena, en ese momento tenso que todo adolescente, y más uno gay, padece al (des)oír las voces de lo que debe ser y la que está buscando ser, decir. Castilla en mi adolescencia fue uno de mis primeros ámbitos cotidianos. Lo castellano, recientemente descubierto por mí en su materialidad física y simbólica, me ha revelado la heterogeneidad cultural que soy, y somos, a ambos lados del Atlántico, en tanto sujetos hispánicos. Porque lo castellano es, como parte de lo hispánico, también una voz de voces donde se escuchan cuánticamente lo indoamericano, lo hispano-cristiano, lo hispano-judío, lo hispano-musulmán y muchos más ecos.

4-En tu poemario Respuestas de la tierra vemos como sería Castilla mirada con ojos tropicales, pero ¿y Costa Rica, el trópico, visto con ojos castellanos? ¿Cómo sería?

El ámbito verde. Lo verde que a Castilla le falta y que, por ello, asombra, escapa de sus posibilidades, conduce a la ensoñación. Lo verde que, como todo lo americano y nuestra historia, a través de la poesía es manantío expresivo, caudal, potencia, montaña, centro de reunión que, aunque no lo reconozcan ni acepten quizás algunos ojos castellanos, es igualmente una voz de voces de lo hispánico. Costa Rica, en las fantasías actuales, es un paraíso, es “pura vida” y, tal vez, hasta un poco Keylor Navas; sin embargo, mi país, con su literatura y cultura, es un ámbito que invito, no solo a los castellanos sino también a todos los españoles, a descubrir, ya que podría sorprenderlos, a pesar de ser un territorio pequeño o inclusive incierto, pues muchos no saben ni donde se ubica.

5-En España, la mitad de los españoles ha escrito un libro, y la otra mitad lo está escribiendo… En Costa Rica… ¿la mitad son poetas y la otra mitad quieren serlo? Me ha parecido percibir un cierto cansancio poético allí, y una intención de revitalizar la narrativa… ¿es así? Entonces, ¿hacia dónde se dirige la poesía actual?

La narrativa, tanto en Costa Rica como España y en otras latitudes, goza de salud. Pero la poesía anda eufórica, enérgicamente desatada. En cada esquina se encuentra uno un poeta y así variedad de voces, ecos, cuchicheos, susurros, silencios. Como en todos lados, y esto es parte de la literatura en general, existen quienes desean monopolizar e institucionalizar lo que es la poesía; sin embargo, y para bien, se da la heteroglosia, aunque por esta misma razón existan poesías que gritan, poesías que cantan, poesías que repiten y, por suerte, poesías que, vinculadas a lo primordial y creador, balbucean. Hace un tiempo dejé de interesarme en hacia dónde se dirige la poesía; me interesa ver cómo conviven sus distintas manifestaciones, aunque dicha convivencia a veces lo lleve a uno a querer balbucear en solitario.

6-Háblanos un poco de tus maestros en poesía, de tus lecturas favoritas, de aquellos que más te hayan influido en la poesía y, por extensión, en la literatura. ¿Qué has encontrado en ellos?

Al inicio cité a Aleixandre. De él, sus formas, imágenes y ese ámbito cósmico donde los seres irreales —¡y qué más irreal que un sujeto homosexual pues está relegado a la irrealidad (la inexistencia e irrealización) dentro del ámbito real: el orden (hetero)patriarcal— combaten lo que deberían ser, sus enajenaciones culturales y se representan, son, viven, aman como cuerpos liberados con nuevos campos de percepción y afectividad de forma abierta y en conexión con la naturaleza, con la necesidad primigenia de pertenecer a los ciclos. Luego mencioné a Darío y Machado. De ellos, la heterogeneidad y la creación de los espacios poéticos adonde ir y llevar al poema y al lector. He estado (re)descubriendo últimamente a mis otros maestros y maestras del 27, así como a poetas hispanomusulmanes, hispanojudíos, indoamericanos y más contemporáneos, españoles y latinoamericanos, como Claudio Rodríguez, Lezama Lima, Esthela Calderón, entre otros. Sin embargo, el poeta que más ha influido en mí como persona, poeta y académico ha sido Laureano Albán. De él aprendí no solo técnicas, estrategias textuales, sino también a autodescubrir mi propia voz y perspectiva con respecto a lo que deseo y creo como poesía. Laureano ha sido mi maestro, mi amigo y le debo mucho. He dedicado tiempo y esfuerzo a estudiar y dar a conocer su amplísima y valiosa producción, la cual es sin duda cima, tanto como las de Darío o Neruda, de la poesía hispánica.

7-¿Qué opinas cuando te dicen o escuchas comentar que eres el próximo Laureano Albán? ¿Cuándo dicen que has heredado su poesía, su conciencia poética, o que serás un prolongador de su escuela lírica…?

Es un halago, pero no una verdad. Laureano Albán y yo hemos compartido durante mucho tiempo y hasta hoy sigo aprendiendo de él y, como dije, me enseñó lo principal: a descubrir mi propia voz. Coincidimos en la perspectiva trascendentalista, pero cada uno tiene su propia huella para devolver en forma de cantos los rastros del misterio. Nunca me he propuesto ser el próximo Laureano Albán. He leído y escuchado decir que yo soy el “Laureanito rosa”; lo de “rosa” por mi esfuerzo de enunciar y visibilizar lo homoerótico a través de mi palabra. Dentro del piropo, les agradezco porque reconocen también que mi obra estaría en un nivel y visión de mundo de alta calidad estética hacia la cual, con aciertos o no, he tratado de dirigirme, eso sí, conscientemente desde el inicio de mi carrera literaria. Por otra parte, Laureano Albán no tiene escuela. Él no enseña un método de escritura. Él ha llevado a que muchos encontremos nuestra propia voz. Esto lo saben mis compañeros del Círculo de Poetas Costarricenses y el Grupo Trascendentalista de Aranjuez. Más allá de nosotros, algunos le reconocen y agradecen tal enseñanza. Otros la niegan y aborrecen. O malentendieron o no pudieron entenderla, por cuestiones de ego o conveniencias editoriales y amiguismos. Cada quien sabrá, pero repito: Laureano Albán no tiene escuela: tiene magisterio, como demiurgo que es, y no ha hecho más que compartir sus aprendizajes, inquietudes, dudas y verdades a través de su poesía, ensayos, sobremesas, talleres, recitales, confesiones. Si seré prolongador de este acervo de conocimientos, no lo sé, pero me gustaría rescatarlo y darlo a conocer.

8-Si la poesía es un arma cargada de futuro… ¿qué es la narrativa? ¿Una bomba atómica? O una pérdida de tiempo…

Complicado nos lo pone Gabriel Celaya con esta metáfora. Yo no restringiría a la poesía la tarea o pretensión de soñar y crear ese futuro, esa utopía donde todos podamos convivir en la heterogeneidad que somos. La poesía hace lo que puede, como también la novela, y aun el ensayo, el teatro, el cuento y otros. Ningún texto literario puede entenderse como pérdida de tiempo; cada uno logra o intenta, a su manera, ser “arma cargada de futuro”; cada uno estalla, nunca destructiva, sino constructivamente en sus cómplices que lo reciben.

9-La poesía, un poema, el trabajarlo… ¿es más una cuestión de desperdicio de papel o de inspiración?

El papel aguanta lo que le escriban. Y así hay publicaciones. Son parte de la diversidad. Trato de leer lo que se publica, comprender esta vastedad, pero también selecciono según múltiples criterio. El principal de estos es el trabajo con la metáfora, el trabajo con aquello no que hace a la poesía poesía, porque ella no es ni tiene una esencia, pero por lo menos aquello que intenta volverla ese centro, ese vehículo otro y que por medio de un trabajo lingüístico, intuitivo, simbólico e ideológico lo cautiva a uno mismo y al lector, y nos hace pensar que tal poema es un ámbito de profundidad y mostración inasequible por otro procedimiento. Por tanto, creo que un poema debe trabajarse, no es el resultado de un proceso de inspiración, del impulso que todos tenemos, pues el impulso creador poético está en el lenguaje y es el más democrático de todos, decía Borges, en algún momento todos hemos dicho al menos una metáfora o escrito un poema; pero a la vez, decía él, el poema es aristocrático, pues pocos lo conciben y logran como concreción artesanal que implica meditación, trabajo y dedicación. A ello mismo se refería el propio García Lorca con su diferencia entre poesía y poema. Ahora, que los poetas actuales consideren que sus textos son un desperdicio de papel, me parece que, si fueran conscientes de ello, evitarían tal despilfarro, ya que los árboles nos son mucho más necesarios y urgentes hoy.

10-¿Qué opinas del Blog Verde Luna?

Repito las palabras de Borges, nada más democrático que la poesía y, por tal razón, ella asalta hoy más que nunca las redes sociales. Estas son el más democrático de los espacios de enunciación. Sin embargo, hay que saber seleccionar no solamente los poemas que se leen, sino también los blogs o páginas donde aparecen. Por mi parte, creo que son pocos los blogs que contribuyen realmente a dar a conocer nuevas voces poéticas de calidad, aportar las teorizaciones sobre la poesía de especialistas y profesores, brindar reseñas que guíen a las lecturas de obras novedosas en las letras hispánicas, entrevistar a poetas que algo nuevo tendrán que decir a través de su voz y su mirada. Verde Luna se ha propuesto estos como sus objetivos y, aprovecho la ocasión, para felicitarlos por ellos, porque en realidad están desarrollando, con un magnífico equipo de trabajo, un excelente trabajo de crítica, promoción y teorización sobre la poesía hispánica contemporánea.

11-Despídete con un pensamiento poético.

El poeta es aquel quien mueve, desde la marginalidad, su palabra, para volverla eterna. Esta ha sido mi frase desde hace algún tiempo; por eso, y en honor de esta perseverancia y dedicación, me gustaría compartir, más que un pensamiento poético, un poema, adelanto de una próxima depravación de la luz:

 

HABITAR EL MILAGRO

 

“Mi religión es la religión del amor,

dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras”

 

Ibn ‘Arabi (1165-1240)

 

No nos importa si

nuestro amor no es legal.

Tú y yo somos hombres-mujeres,

mujeres-hombres

y juntos otra cosa.

Nuestra sombra andrógina, ¡ya ves!, es un desastre.

Y ellos no pueden verlo, no por ciegos, sino

porque no es de estas sillas

y es de estas sillas.

 

Nuestra habitación, Franklin,

no temas, no es un encierro.

No es que triunfaran

insultos o amenazas.

Es que desde adentro le hacemos

el amor al bullicio,

depravados de luz,

voranescos de asombros,

con todo un antemar en el oído,

para escuchar lo blanco

distinto en las gaviotas,

para que tiemble

lo eterno

como solo Dios puede en sus espejos.

 

Desde adentro le hacemos

el amor a la injuria, Franklin.

Con tu cabello perdiéndose donde

ambinacen mis piernas,

¡adelantándose entre la niebla nuestras manos

juntas!

   Una

Descubriendo que el mundo

también había nacido en ella, pues

siempre            siempre

el verdadero espacio

nace del corazón

vertical de la luz.