Tras los Passos de Pessoa

Autor: David Blanco

Título: “Ferro 28”

Fernando Pessoa resulta ser una de esas figuras icónicas de Portugal, de sus gentes, de sus calles y de la literatura. Recuerdo que en las paredes de la estación de metro de “Parque” estaban anotados varios pasajes poéticos de diferentes autores, principalmente portugueses junto con representaciones de los antiguos mapas europeos del mar tenebroso y de las extrañas criaturas que poblaban éste.

¿Se puede ser Pessoa entre la multitud? Para mí Fernando Pessoa es el fado, es la saudade, la brisa del mar, del océano,la síntesis de esa ensenada tranquila de esa Lisbona de los romanos, la que dío origen a la actual Lisboa. Dicen en Portugal “que quien no vió Lisboa, no vió cosa buena”, (obviamente en portugués tiene otra música, otra sonoridad). Leer un Poema de Pessoa es transformarse en Pessoa entre una masa de gente, es recorrer Lisboa, Alfama en su tranvía número 28, es recorrer los surcos de la memoria de un pueblo – puede que abandonado – inseguro de sí mismo o de su futuro, triste en un entorno urbano preñado de luz y de doença.

En el presente trabajo quise combinar y extrapolar todas esas emociones, todas esas visiones en una imagen recurrente pero cotidiana. Los colores están aumentados, como las emociones que transmite Pessoa en sus poemas, en su pensamiento convertido en bronce frente a ese famoso café en el Barrio Alto.   Sí, sin duda, Fernando ya es eterno.

Recordando Lisboa y las frases de Pessoa.
Recordando Lisboa y las frases de Pessoa.
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Recuerdos de Lisboa…

 

Recuerdos de Lisboa y de sus cerros.
Recuerdos de Lisboa y de sus cerros.

Autor: David2

Título: “Quem nâo viu Lisboa” / Seríe: “Ciudades imitadas”

Invitamos al lector a leer “Oda a Valparaíso”, de Pablo Neruda. En el texto, el lector que conozca ambas ciudades (Lisboa y Valparaíso), tendrá la oportunidad de valorar los numerosos paralelismos que existen entre las dos ciudades. Una mira hacia el Atlántico, la otra hacia el Pacífico, ambas aún conservan un aspecto de decadencia y de extraña belleza.

El trabajo expuesto está realizado superponiendo varias imágenes en capas y fusionando las mismas de la forma más conveniente. Los aspectos más característicos de Lisboa que se han intentado reflejar en la imagen son:

  1. El Puente Américo Vespucio que atraviesa las aguas de la ensenada que en el latín de los romanos da el nombre a la ciudad “La ensenada tranquila”, Lisboa. En su momento también los españoles escogieron la bahía de Valparaíso para instalar allí su puerto como una nueva herramienta para afianzar el control de tierras de ultramar, para poder abrir una vía de comunicación imprescindible con el virreinato del Perú.
  2. Los graffitis, que como una nueva forma de arte urbano intentan recuperar alguno de los espacios más degradados y olvidados de la ciudad, siempre transgresores siempre reconquistando un espacio para la reflexión. En el expuesto en la composición, podemos ver diferentes posturas de un hombre común y corriente. Con los mismos la pared se constituye en fotograma e intenta enviar un mensaje.
  3. Una conocida manzana, la herramienta si la cual no sería posíble ni la propía composición fotográfica ni el mismo blog, ni la historía. Nada hay sin la manzana.
  4. Un graffiti de Pessoa, un pessoa entre la multitud que en el caso de Valparaíso podría ser un Neruda entre los cerros que abren la vista al mar.
  5. El casco antiguo de la propia ciudad de Lisboa  y cerros: uno el visto, el otro el cerro desde el cual está tomada la instantánea.

En la próxima entrega de esta seríe, intentaremos realizar lo propio con Valparaíso.

 

 

 

¿Prosa poética?: Lacobriga o de cómo descubrí el Algarve

Playa de Lagos

Outras vezes oiço passar o vento,

E acho que só para ovir passar o vento vale a pena

ter nascido.

Fernando Pessoa ( A espantosa realidade das coisas)
Otras veces oigo como silba el viento
Y pienso que tan sólo por oír como silba el viento vale la
pena
haber nacido.

Autor: David 2

Algarve es una palabra árabe que traducido a castellano significa “al poniente”. Nuestros antepasados árabes no distinguieron bien la frontera (que aún no existía entre España y Portugal) y tuvieron a bien conquistar la tierra más al sur de todo el continente europeo. También es la tierra europea con más y mejores horas de luz, sin duda un paraíso para el pintor cuyos colores anclan todo su significado y fuerza expresiva en el verbo silencioso que marca el dios fotón. Sí, de doble naturaleza corpuscular y ondulatoria.

Cuando el sencillo tren, que sólo funciona en época estival, finalizó su trayecto comenzó mi viaje en Lagos. Lacobriga era el nombre con el que la bautizaron nuestros romanos, antes incluso de que los árabes hicieran lo propio con lo que contenía el resto. Me llamo la atención sus aires marinos, el hecho de que estuviese a reventar por los cuatro costados de británicos aparentemente felices como el resto de mortales y muy educados. Su vino “de la casa”, sus berberechos a la portuguesa, su calderetada de pescado con nuevos sabores no paladeados… la poética de su amanecer, el descanso en el que guarecerse, su vida nocturna animada y animosa en medio de la cual no somos más que un aderezo provisional que complementa el paisanaje. El viento marino que sopla desde poniente nos recuerda que estamos vivos, mejorando si entre medias abunda una cosecha de abrazos.

Lagos, amo ese lugar. Es uno de los pocos lugares que he conocido al que necesito volver cada año, mejor si es acompañado que para compartir la soledad del viajero con extraños… ¿pero no comienzan siendo incluso los amigos desconocidos? En este pequeño rincón, casi en el otro finis terrae de la Península, soy consciente de que necesito descubrir su secreto, bañarme de forma despreocupada en sus aguas, tomar ese sol al natural mientras imagino nubes y reconstruyo el diálogo que mantuve con los peces… soñar con un eterno verano allí, puede que incluso para siempre.

Alguien dijo una vez que recordamos lo que queremos y olvidamos lo que debemos… he omitido en este relato a una persona con la que pasé unos días que recordaré siempre. Tuvimos una relación que ola tras ola se acabó disolviendo. Recuerdo que en cierta ocasión pensé en relatarla la conocida historia del rey moro que se casó con una princesa nórdica que extinguía involuntariamente su vida por no poder volver a ver las tierras nevadas. El monarca mandó plantar miles de almendros, donde hoy sólo permanecen en su silencio millones de naranjos. Cuando florecieron y se abrieron por orden del monarca todas las puertas y ventanas de palacio, todo amaneció cubierto por flores blancas. La princesa creyó que era nieve y por ello volvió a la vida…

Si os escribo sobre Algarve, si os he hablado sobre Lacobriga (Lagos), es porque mi alma aún zozobra empujada por el intenso viento de aquella playa, persiguiendo la estela telúrica de sus pisadas. Aún hoy siguen orientadas hacia poniente atravesando un mar de arena blanca como la nieve.

Pisadas dejadas por los que fueron y ya no son.
Pisadas dejadas por los que fueron y ya no son.

Si os he escrito sobre ella, es porque nunca fue más bello el engaño.