Diálogos a la Luz de la Luna: La Función del Arte Parte 2/2

La idea de Diálogos a Luz de Luna es poder establecer un ágora de pensamiento literario, un espacio de diálogo con autores de ensayos sobre arte / literatura, en la que podamos aproximar las ideas expresadas en los mismos con nuestro punto de vista sobre los diversos temas tratados. A tal fin cada diálogo tendrá dos interlocutores: el autor del ensayo y Verde Luna.

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Ensayo: La Función del Arte

Autor: Ernsr Fisher

Parte 2/2

 

Pero, ¿no resulta demasiado romántica esta definición del arte como medio de fundirse con la totalidad de lo real, como el camino del individuo para llegar al mundo en general, como la expresión de su deseo de identificarse con lo que es? ¿No es temerario llegar a la conclusión sobre la base de nuestro sentido casi histérico de identificación con el protagonista de una película o de una novela, que ésta es l.a función universal y original del arte? ¿No contiene también el arte el elemento contrario a esta pérdida <<dionisíaca>>, de uno mismo? ¿No contiene elemento <<apolíneo>>, del entretenimiento y la satisfacción que consiste precisamente en que el observador no se identifica con Io que se representa sino que se aleja de ello, vence la fuerza directa de la realidad con su representación deliberada y encuentra en el arte aquella libertad de que la privan las cargas de la vida cotidiana? ¿Y no se constata Ia misma dualidad -por un lado la absorción en la realidad, por otro-la excitación de controlarla- en el modo en que trabaja el artista? No nos equivoquemos: la obra de un artista es un proceso altamente consciente y racional, al término del cual surge la obra de arte como una realidad dominada; de esto se trata y no de un estado de inspiración mística y exaltada.

Verde Luna- La realidad ni siquiera existe como tal, solo la mezcla de estados conscientes e inconscientes. Para poder desenvolvernos en la realidad el ser humano ha desarrollado un cerebro superpuesto en varias capas. Parece que es justamente la última, el neocortex, la que permite una mayor control de la realidad, de las emociones, de la capa inferior se trata de la capa consciente y racional. Estamos seguros de que mucho antes e esa consciencia racional el arte también se expresaba a través de la inconsciencia irracional, puede que su parte más oculta y valiosa y la que permita conocer o aproximarnos mejor al alma, al verdadero espíritu animal que todos portamos dentro. Hay poemas que pueden y deben llamar a lo bello y a lo hermoso pero también hay poemas que sondean en las mayores negruras de la existencia y en ellas no existe elemento dionisíaco y hay una libertad no buscada que no es otra que la del encuentro con el dolor, que también puede ser propio y convertirse en ajeno.

Para ser artista hay que captar y transformar la experiencia en recuerdo, el recuerdo en expresión, la materia en forma. Para el artista, la emoción no lo es todo; debe conocer su oficio y encontrar placer en él, comprender todas las reglas, procedimientos, formas y convenciones con que la naturaleza -la arpía- se puede domar y someter al contrato del arte. La pasión que consume al diletante se pone al servicio del verdadero artista; el artista no es vencido por la bestia: la doma.

Verde Luna- Al igual que hay arpías, también hay otros mundos en la mente de Jasón y sus argonautas. Hay vellocinos de oro, entiéndase ego, hay presencia de dioses inspiradores tal y como invocaba Juan Ramón Jiménez “inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”. El único contrato del verdadero poeta es remover los corazones de quien lo escucha y entregar sus poemas como fuego a una nueva humanidad, siempre con ánimo de ser reinventada tras la lectura.

La tensión y la contradicción dialéctica son inherentes al arte; éste no solo debe surgir de una experiencia intensa de la realidad sino que debe construirse, adquirir forma a través de la objetividad. El libre juego artístico es resultado de un dominio total. Aristóteles, tan incomprendido, consideraba que la función del arte consiste en purificar las emociones, en vencer el terror y la piedad, de modo que el espectador, identificado con Orestes o Edipo, se libere de esta identificación y se eleve por encima del destino ciego. Las ataduras de la vida son rotas temporalmente, porque el arte (cautivar de manera muy distinta a como cautiva la realidad; y en esta agradable cautividad temporal radica, precisamente, la característica del , del placer que encontramos incluso en las tragedias.

Verde Luna- ¿Qué es la realidad? ¿Qué es el arte? ¿Quién vive? En poesía la capacidad (o incapacidad), del lenguaje escrito es el único y verdadero limitante ¿en verdad se puede expresar y transmitir formas diferentes de realidad no vividas a través del simple lenguaje. Quizás fueron estas reflexiones de Aristóteles sobre el arte las que elevaron el espíritu de Alejandro lo elevaron, liberándolo de toda identificación por encima del destino ciego y convirtiéndolo (casi) en un mito. ¿Fue la fuerza liberadora o la potencia de su filosofía?

Bertolt Brecht ha dicho de este placer, de esta cualidad liberadora del arte:

<<Nuestro teatro debe fomentar la emoción de la comprensión y enseñar al pueblo el placer de modificar la realidad. Nuestros públicos no solo deben ver como se liberó Prometeo sino también prepararse para el placer de librarle. Debemos enseñarles a experimentar en nuestro teatro toda la satisfacción y el goce sentidos por el inventor y el descubridor, la sensación de triunfo del liberador.>>

Verde Luna- Recordamos en este preciso punto aquellas palabras de un famoso maestro de poetas en cuyo seno, al igual que sucede en las nebulosas en el espacio, se engendraron las más bellas luces de la razón. Este extraordinario ser afirmó que la poesía requeria de tres complementos ideales; revista, tertulia y teatro. Shakespeare decía que la vida es como una inmensa obra de teatro donde nosotros pasamos representando algún papel, mayor o menor. El arte y sus muchos mundos posibles conviven en un universo paralelo cuya existencia a veces puede ser intuido. El teatro es el equivalente a una hoja de papel, el escenario es su libro.

Brecht señala que en una sociedad donde reine la lucha de clases el efecto <<inmediato>> que la estética dominante exige a la obra de arte es la supresión de las diferencias sociales en el público y la creación, mientras se goza de la obra de arte, de una colectividad no dividida en clases sino universalmente humana. En cambio Ia función del <> propugnado por Brecht consiste, precisamente, en dividir el público eliminando el conflicto entre el sentimiento y la razón, existente en el mundo capitalista.

Verde Luna- Siempre existirá diferencia de clases, siempre existirán humanos bellos, humanos de alma retorcida, humanos sin humanidad y dioses encarnados bajo apariencia humana. Ser humano es ser en contradicción entre razón y emoción. Ese conflicto es casi tan antiguo como nuestra reciente existencia, como especie hemos aparecido en lo que viene a ser en términos evolutivos el último instante del último día del último mes del año. Eso y nada es lo mismo ¿a quien le importa ese conflicto? El mundo, tú mundo y el mío seguirá girando. Y lo importante es que aquí estamos.

<<El sentimiento y la razón han degenerado a medida que la época capitalista se acerca a su fin; entre ellos ha surgido un conflicto indeseable y estéril. Pero la nueva clase ascendente y los que luchan a su lado quieren un sentimiento y una razón en conflicto productivo. Nuestros sentimientos nos impelen al máximo esfuerzo de razonamiento y nuestra razón purifica nuestros sentimientos. >>

Verde Luna- El capitalismo es un mal necesario como el oxigeno viciado de las ciudades que respiramos. Nos gusta la propiedad privada, resultado de la capitalización, la vida en el entorno urbano así lo exige para poder tener un territorio propio en la ciudad. ¿Qué sentido tiene entonces la sinrazón o la irracionalidad? ¿No tiene un papel decisivo en la formación del arte?

En el mundo alienado en que vivimos la realidad social debe presentarse en forma llamativa, bajo una nueva luz, a través de la <<alienación>> del tema y de los personajes. La obra de arte debe penetrar en el público no mediante la identificación pasiva sino mediante un llamamiento a la razón que exige, a la vez, acción y decisión. Las reglas que mantienen la convivencia de los seres humanos deben tratarse en el drama como <<temporales e imperfectas>>, de modo que el espectador haga algo más productivo que limitarse a observar, se sienta estimulado a pensar en y con la obra y acabe pronunciando un juicio: <<No es ésta la manera de hacerlo. Es extraño, casi increíble. Debemos poner fin a todo esto.>> Y así, el espectador, trabajador o trabajadora, irá al teatro a ver:

<<… como un entretenimiento su propia, terrible e interminable labor, con la que debe sostenerse, y a sufrir ei impacto de su propio e incesante cambio. En el teatro puede producirse a sí mismo con la máxima facilidad, porque la existencia más fácil es la que se encuentra en el arte.>>

Verde Luna- La existencia en el arte puede ser en ocasiones el reflejo de una triste existencia fuera del mismo. Una interesante teoría indica que una gran proporción de artistas tienen vidas complicadas y retorcidas. Esto es especialmente notorio en el caso de muchas poetas y pienso en este punto en grandes poetas suicidas que pasaron por este mundo como una estrella fugaz, por un cielo temporal e imperfecto donde tan solo vinieron, brillaron fuerte, iluminaron el rostro de los seres humanos para concluir desvaneciéndose. Ese fue su sino pero también el resultado de su elección y por tanto nada más alejado de la alienación. En el momento en que vivimos en sociedad, acudimos al consumo del arte (que debiera ser más que un bien de consumo un bien de primera necesidad, un servicio para el alma), estamos alineándonos una vez más. ¿Por qué hacer arte para otros humanos? ¿Por qué no hacer arte para otros seres vivientes, reales o imaginarios? ¿Por qué no hacer arte por el arte o por mera necesidad vital? ¿Por qué no respirar arte?

No pretendo que el <<teatro épico>> de Brecht sea el único tipo posible de drama obrero militante, pero cito la importante teoría de Brecht como una ilustración de la dialéctica del arte y de la forma en que la función del arte cambia al cambiar el mundo.

La. raison d’étre del arte nunca es del todo la misma. La función del arte en una sociedad dividida en clases y sometida a la lucha de éstas difiere en muchos sentidos de su función original. Pero, pese a la diferencia de las situaciones sociales, hay algo en el arte que expresa una verdad inmutable. Esto es lo que nos permite a nosotros, hombres del siglo xx, emocionarnos al contemplar pinturas rupestres o al oir canciones antiguas. Karl Marx dijo de la épica que era el arte de una sociedad subdesarrollada, y añadió:

Verde Luna- En pleno siglo XXI nuestras cavernas son museos y nuestras canciones ancestrales viajan hasta las profundidades del espacio grabadas en discos de oro en sondas lanzadas con la esperanza de encontrar a otros “nosotros” para pode decir, no estás solo en tu espacio, en tu firmamento estrellado.  

<<Pero la dificultad no radica en comprender la idea de que el arte griego y Ia épica están ligados a ciertas formas del desarrollo social. Radica, más bien, en comprender por qué constituyen todavía una fuente de placer estético y, en cierto sentido, todavía prevalecen como una norma y un modelo inalcanzables.>>

Verde Luna- La belleza al igual que la verdad que subyace tras los muchos mundos que hay en este mundo se reconoce por sí misma. No es una norma, es un polo al que tiende el espíritu del mundo y del ser humano.

El mismo avanzó la siguiente respuesta:

<<¿Por qué la infancia social de la humanidad, allí donde había alcanzado un más bello desarrollo, no puede tener un encanto eterno, como una época que jamás volverá? Hay niños mal educados y niños precoces. Muchos de los países antiguos pertenecen a la segunda clase. Los griegos eran niños normales. El encanto que su arte tiene para nosotros no está en contradicción con el carácter primitivo del orden social en que nació. Es más bien su producto, y está indisolublemente ligado al hecho de que ñas condiciones sociales inmaduras en que este arte surgió y en las que solo podía surgir nunca más volverán a darse.>>

Verde Luna- Reflexionemos sobre el primitivismo de las siguientes palabras recubiertas, efectivamente de encanto eterno, pronunciadas en el discurso fúnebre de Pericles y que siguen llenando de orgullo y profundo respeto aún hoy en nuestros días, en pleno siglo XXI a quien las escucha:

“Comenzaré, ante todo, por nuestros antepasados, pues es justo y, al mismo tiempo, apropiado a una ocasión como la presente, que se les rinda este homenaje de recordación. Habitando siempre ellos mismos esta tierra a través de sucesivas generaciones, es mérito suyo el habérnosla legado libre hasta nuestros días. Y si ellos son dignos de alabanza, más aún lo son nuestros padres, quienes, además de lo que recibieron como herencia, ganaron para sí, no sin fatigas, todo el imperio que tenemos, y nos lo entregaron a los hombres de hoy.”

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Diálogos a Luz de Luna: La Función del Arte – Parte 1/2

La idea de Diálogos a Luz de Luna es poder establecer un ágora de pensamiento literario, un espacio de  diálogo con autores de ensayos sobre arte / literatura, en la que podamos aproximar las ideas expresadas en los mismos con nuestro punto de vista sobre los diversos temas tratados.  A tal fin cada diálogo tendrá dos interlocutores: el autor del ensayo y Verde Luna.

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Ensayo: La Función del Arte

Autor:  Ernsr Fisher

Parte 1/2

 

<<La poesía es indispensable, pero me gustaría saber para qué>>. Con esta encantadora paradoja Jean Cocteau resumió la necesidad del arte y, a la vez, su dudosa función en el mundo burgués contemporáneo.

Verde Luna- La poesía es la bella búsqueda de la verdad que hay inherente en la realidad objetiva y subjetiva que subyace en la existencia de todo individuo que vive en sociedad expresada a través del lenguaje literario. Tiene un uso objetivo, sobre todo para el lector, y un uso subjetivo para quien la escribe.

El pintor Mondrian habló de Ia posible desaparición del arte. En su opinión, la realidad puede acabar desplazando Ia obra de arte, cuya esencia consiste, precisamente, en ser un sustitutivo del equilibrio del que carece actualmente la realidad. <>

Verde Luna –La existencia del arte es inherente a la existencia del ser humano. Aunque toda forma de arte no sea más que una posible imitación de la naturaleza, su destino, su posibilidad va ligada con la del ser humano. La base de la misma escritura, la lengua, las palabras, radica en los primeros símbolos pintados sobre las paredes de las primeras cavernas. La vida es en esencia una lucha permanente por la supervivencia, en primera instancia del individuo en la naturaleza, luego de los primeros grupos humanos en la misma para pasar posteriormente a convertirse, dentro del actual contexto de vida en las urbes, en una lucha por la supervivencia dentro de la naturaleza pero, al mismo tiempo, alejados de ella.

El arte como <<sustitutivo>> de la vida, el arte como medio de establecer un equilibrio entre el hombre y el mundo circundante: esta idea contiene un reconocimiento parcial de la naturaleza del arte y de su necesidad. Y puesto que ni siquiera en la sociedad más desarrollada puede existir un equilibrio perpetuo entre el hombre y el mundo circundante, la idea sugiere, también, que el arte no solo ha sido necesario en el pasado sino que lo será siempre.

Verde Luna- Por ese mismo motivo y apoyándonos en nuestra idea previa, en efecto el destino del arte esta ligado con el destino del hombre. El arte al ser una expresión viva de un ente vivo inmerso y auto organizado en sociedad, dentro de un ente artificial creado dentro de la naturaleza (el ámbito urbano), consigue evolucionar, se adapta, cambia. Un ejemplo claro lo podemos hallar en la evolución del lenguaje literario en la poesía. El lenguaje de un autor del siglo de oro español no tiene nada que ver con el lenguaje de cualquier poeta contemporáneo, como alguno de los excelentes poetas de los que hemos hablado en Verde Luna. Mientras seamos necesarios, el arte estará con nosotros.

Ahora bien, ¿puede decirse de verdad que el arte no es más que un sustitutivo? ¿No expresa también una relación más profunda entre el hombre y el mundo? ¿Puede resumirse la función del arte con una sola fórmula? ¿No ha de satisfacer múltiples y variadas necesidades? Y si al reflexionar sobre los orígenes del arte llegamos a comprender su función inicial, ¿no resultará evidente que esta función ha cambiado al cambiar la sociedad y que han aparecido nuevas funciones?

Verde Luna- En un bello poema, bien construido, con un uso del lenguaje (una consecuencia en sí misma de la expresión artística) adecuado hay verdad, belleza, hay un mensaje, hay un desvelo de la verdadera naturaleza de las cosas y de aquellas palabras que las expresan y las amarran a nuestro mundo. Un bello poema, calma o altera, entretiene, traslada a su lector a otra dimensión (los desarrollos de la física contemporánea hacen plausible esta afirmación), de alguna manera nos une en comunión con quien lo escribió. Como dijo alguna vez Javier Lostalé: “el poema no acaba sino en el lector”. Con toda la fuerza de síntesis contenida en estas palabras es evidente que el arte tiene una notable función social; el poema nace para ser leído, para ser declamado, para dar vueltas en las mentes y corazones de sus lectores.

Como primer paso, cabe decir que tendernos con excesiva facilidad a considerar como algo natural un fenómeno realmente sorprendente. Millones de personas leen libros, oyen música, van al teatro, al cine. ¿Por qué? Decir que van en busca de distracción, de recreo, de entretenimiento es dejar de lado la verdadera cuestión. Pues, ¿por qué distrae, recrea o entretiene penetrar en la vida y los problemas de otro, identificarse con una pintura o un fragmento musical o con los personajes de una novela, un drama o una película? ¿Por qué reaccionamos ante esta <<irrealidad>> como si se tratase de una intensificación de la realidad? ¿Qué extraña y misteriosa distracción es ésta? Si tras la respuesta es que queremos huir de una existencia insatisfactoria para conocer otra más rica, librarnos a una experiencia sin riesgos, se plantea otra cuestión: ¿por qué no tenemos bastante con nuestra propia existencia? ¿Por qué este deseo de llenar nuestras vidas vacías con otros personajes, otras formas, de contemplar desde la oscuridad de una sala una escena iluminada donde algo que no es más que juego, representación, nos absorbe totalmente?

Verde Luna- Una de las funciones más mágicas, más irreales pero al mismo tiempo presentes en la literatura, y me refiero por supuesto a la lírica, es que es capaz de extraer de alguna forma nuestra luz interna. Es nuestra particular tesis. La física cuántica ha demostrado / postulado de alguna forma que somos más de lo que aparentamos ser, que podemos, que vivimos varias realidades de alguna u otra forma al mismo tiempo. Las partículas subatómicas tienen la extraña capacidad de estar en varios espacios físicos al mismo tiempo, existen múltiples dimensiones probadas por la matemática ergo no es extraño deducir que nos sintamos atraídos hacia otras realidades, que necesitemos proyectarnos hacia ellas ya que, de un modo u otro, ya vivimos dentro de las mismas.

Es evidente que el hombre quiere ser algo más que él mismo. Quiere ser un hombre total. No le satisface ser un individuo separado; parte del carácter fragmentario de su vida individual para elevarse hacia una plenitud, que siente y exige, hacia la plenitud de vida que no puede conocer por las limitaciones de su individualidad, hacia un mundo más comprensible y más justo, hacia un mundo con sentido. Se rebela contra el hecho de tener que consumirse dentro de los límites de su propia vida, dentro de los limites transitorios y casuales de su propia personalidad. Quiere referirse a algo superior al <<yo>>, algo situado fuera de él pero, al mismo tiempo, esencial para él. Quiere absorber el mundo circundante, incorporarlo a su personalidad, extender su <<yo>> inquisitivo y hambriento de mundo por los ámbitos de la ciencia y la tecnología hasta alcanzar las más remotas constelaciones y penetrar en los más profundos secretos del átomo; quiere, con el arté, unir su <<yo>> limitado a una existencia comunitaria; quiere convertir en social su individualidad.

Verde Luna- La mera publicación / lectura de un poema transforma un mero acto individual del yo en un acto social del nosotros.

Si la naturaleza del hombre consistiera únicamente en ser un individuo, este deseo resultaría incomprensible y absurdo, pues ya sería un todo como individuo, es decir ; sería todo lo que fuese capaz de ser. El deseo del hombre de expansionarse, de complementar su ser indica que es algo más que un individuo. Sabe que solo puede alcanzar la plenitud, Ia totalidad si toma posesión de aquellas experiencias de los demás que puedan ser potencialmente suyas. Ahora bien, lo que el hombre aprende como potencial suyo abarca todo cuanto la humanidad es capaz de hacer. El arte es el medio indispensable para esta fusión del individuo con el todo. Refleja su infinita capacidad de asociarse a los demás, de compartir las experiencias y las ideas.

Verde Luna- No hay ningún objeto tan bello, tan personal pero al mismo tiempo tan colectivo y social como un libro, en este caso de poemas. El libro es un objeto que parte de un sujeto (el artista / escritor/individuo) que acaba siendo compartido y transmitido a otro sujeto, la colectividad que lo asimila y lo hace suyo. Aquí es donde se produce el efecto mágico: a través de una mera producción individual compartida de forma colectiva el sujeto individual (lector), contenido dentro de la colectividad amplia, fusiona sus ideas, experiencias, o bien adquiere otras completamente nuevas a través del producto de otro individuo al que muy probablemente nunca conocerá. Y ese conocimiento amplia el suyo y por ende el de la colectividad a la que pertenece. Y ahí es donde radica la magia del arte.  

La filosofía zen y el taoismo en el haiku japonés – Parte 2/2

Autor: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

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En Verde Luna continuamos navegando por la mágica y purísima dimensión de los haikus de la mano de Montserrar Doucet.

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“Mi peregrinaje es a las profundidades del corazón humano”

SATÔKA (1882-1940)[1]

El haijin es un viajero: existe una larga tradición en Japón de autores de haiku que viajan; el ejemplo más notable sería el de Satoka, que dedicará su vida al viaje, porque el viaje propiciará su voto de no- repetición zen, el mantener la atención en todo lo que está ocurriendo. También para huir del deterioro de las relaciones humanas provocado por la costumbre y para evitar el apego. Pero Satoka no es haijin por ser monje Zen, Satoka encuentra en el Zen el camino propicio para desarrollar su vocación genuinamente japonesa de haijin.

“Leer un haiku significa también despertar en el momento en que logra que estemos allí. Un haiku es un pequeño satori, un pequeño gran satori, pues lo grande solo cabe en lo pequeño y lo pequeño es inmenso en su trayectoria”

Chantal Maillard (Haya 2002:11)

 

Los patos salvajes cruzan el cielo

la Luna, las cañas

también en silencio

SÛÔSHI en (Haya, Vicente 2013:237)

 

Unas aves vuelan pero en seguida nos percatamos de que su vuela es silencioso, tan silencioso como el movimiento de la luna; en tierra no corre ni una ligera brisa pues las cañas tampoco suenan ¿Inmovilidad Tao o precioso instante congelado en el tiempo? Tal vez ambas cosas pero me quedo con ese instante mágico que a veces nos sorprende en el camino: el instante en que las alas de los pájaros no se mueven, tampoco las cañas ni la luna, preciosísima fotografía del instante, porque se trata de eso, del instante que nos asalta con su perfecta armonía: en el siguiente instante las alas de los patos batirán el aire moviéndolo, haciéndolo resonar.

Sigo la luminosidad

la oscuridad del viento

SATÔKA

Bellísimo haiku de Satoka, al que le bastan dos versos para “explicar” el sentido de su viaje.

Impresiona hondamente

Sensación de quietud:

el polvo sobre la mesa.

SATÔKA

Algo pequeño, vulgar, un objeto cotidiano lleno de polvo: una mesa, que conmociona profundamente “impresiona” en lo hondo dirá Satoka al advertir tal vez, al entrar a descansar en una cabaña en uno de sus viajes ese objeto de uso cotidiano frecuente, la mesa cubierta de polvo: ¿Qué es lo que impresiona, la falta de uso, la ausencia de moradores que desplacen ese polvo con su uso, la soledad que se adivina? No. la quietud, la rotundidad del objeto, tal vez olvidado, cubierto de polvo.

Hay dos aspectos de la cultura japonesa que son de vital importancia para entender parte de la esencia del haiku: la muerte y la naturaleza.

 

LA MUERTE

La muerte tiene numerosos vocablos[2] que definen la vida y el modo de vivir del moribundo. Así:

Shinju: suicidio del amante

Junshi: el martirio del guerrero por su señor

Senshi: la muerte en la guerra

Roshi: la muerte a causa de la edad.

Por tanto, no es una frontera que nos iguala a todos al otro lado como en nuestra civilización. Los japoneses al morir, siguen perteneciendo al clan familiar y se les honra en un festival dedicado a ellos cada año y están presentes en el altar familiar: tal vez por esta razón no sea algo tan definitivo como para nosotros. En todo caso y como hemos visto en la variados nombres para referirse a la muerte se nos muestra como algo tan personal, único y diferenciador como la vida de cada individuo. Muchos se preparan para morir cuando sienten que su hora se acerca y al igual que disponen su testamento, los poetas escriben un poema a la muerte. Entre estos poemas abundan los haikus.

La muerte está relacionada con la línea del horizonte en el mar, en el lugar donde se hunde el sol y con las montañas, lugar de conexión entre los humanos, que están en su base y los dioses, “kami” que están en lo alto.

 

INMENSO AMOR A LA NATURALEZA

La naturaleza permite una especie de salvación estética aunque no haya salvación metafísica en el espectáculo de la naturaleza. Hoffman lo define así: “la naturaleza no es un mero gesto de ponderación estética, sino un acto de culto”. El japonés aprecia en el paso de las estaciones el ciclo de la vida desde la serenidad y la celebración. La muerte es la sucesión natural de la vida humana. Este aspecto también lo podemos apreciar en las novelas de Mishima y Yasunari Kawabata.

Con la incorporación del budismo Zen a la cultura japonesa se incorpora el concepto de que la solución al enigma de la vida no se encuentra fuera sino dentro del hombre por lo que hay que purificar la conciencia y ver la realidad tal y como es. Esta dualidad pura no admite dualidades entre la vida y la muerte.

Veamos una bellísima muestra de algunos haikus a la muerte:

 

Mi compañero en el cielo

de la muerte

un cuclillo

FUFU (1762)

 

Oculto entre las raíces

de la hierba oigo

un cuclillo

OTSUIN (1870)

 

En estos kaikus podemos apreciar la delicada alusión a dos de los momentos del funeral sintoísta en Japón: la cremación y la inhumación de las cenizas del difunto. En el primer haiku el difunto asciende en forma de humo al “cielo de la muerte” donde se encuentra con el cuclillo. En el segundo se alude al “país de sombra” lugar bajo la tierra al que van a parar los difuntos, de donde saldrán para incorporarse como Kamis al ciclo de la naturaleza mediante las ceremonias celebradas por sus familiares en su muerte y sus sucesivos aniversarios. Allí el difunto “oye” al cuclillo entre las raíces, que como él está “oculto” entre la tierra.

 

Deshecho el pincel

de aquí en adelante le hablaré a la luna

cara a cara.

KOA (1897)

 

Esto es la calma de la muerte:

un cielo despejado,

los árboles sin hojas

SATÔKA

En el haiku de Koa, obsérvese como este haijin ya no necesita su pincel para escribir porque estará muerto, a cambio podrá participar (“hablará”) directamente de todo aquello sobre lo que había escrito en vida. Bello sin duda, pero también se aprecia la conciencia de estar “despierto” tras la muerte.

En el de Satoka apreciamos también esa conciencia de estar muerto, de anticiparse en lo que será estar muerto en clara alusión a la última de las fases del proceso de la muerte

Ambos haikus, son de una belleza deslumbrante y nos remiten a elementos de la naturaleza que como la fina línea que dibuja los ideogramas japoneses destacan en medio de la inmensidad: la luna, el cielo despejado, los árboles sin hojas. Pero estos haikus son algo más y para ello les transcribo las últimas fases de la muerte consciente en el budismo publicadas en https://4grandesverdades.wordpress.com/2013/08/02/la-muerte-y-el-budismo/

  • Este proceso de encuentro da lugar, primero, a una experiencia como de “un cielo iluminado por la luna” y de percepción extraordinariamente clara, en la que todos los estados de pensamiento que derivan de la ira llegan a su fin. Es el resultado del descenso de la esencia del padre desde la zona de la coronilla hasta la zona del corazón. Después, la esencia de la madre asciende por el canal central del cuerpo desde la zona del bajo vientre hasta el corazón, experimentando una visión como “un sol que brilla en un cielo puro”, y una gran dicha cuando todos los estados de pensamiento que derivan del deseo dejan de funcionar. El encuentro en el corazón de ambas esencias se experimenta como “un cielo vacío envuelto en la más profunda tiniebla” y un estado mental libre de pensamientos.
  • Cuando empezamos a recobrar ligeramente la conciencia amanece la Luminosidad Base, o Clara Luz del Ser, como “un cielo inmaculado libre de nubes, bruma o niebla”. [3]

 

 

BIBLIOGRAFÍA

COYAUD, Maurice (2005): Hormigas sin sombra. El libro del Haiku, DVD poesía, Barcelona.

HAYA, Vicente (2013): Aware. Iniciación al haiku japonés, Kairós, Barcelona.

Haikus de vuelo mágico http://www.vicentehaya.com/resources/Haiku-de-vuelo-m%E1gico.pdf .

Haiku-dô. El haiku como camino espiritual, (2007): Kairós, Barcelona.

HOFFMANN, Yoel (2000): Poemas japoneses a la muerte. Escritos por monjes zen y poetas del haiku en el umbral de la muerte, tercera edición, DVD poesía, Barcelona 2002.

SANTÔCA, Taneda (2002): La poesía zen de Santôka (70 haikus esenciales), traducción de Vicenta Haya y Hiroco Tsuji, CEDMA, Málaga.

MASAJO, Suzuki, CHIE, Kamegaya y SACHICO, Nishiguchi (2011): 70 haikus y senryûs de mujer, traducción de Vicente Haya y Yurie Fujisawa, Hiperión, Madrid.

 

 

 

[1] SHÔICHI TANEDA es el último célebre peregrino japonés, heredero de una larga tradición a la que pertenecieron Saigyô, Bashô, Issa, Rotsû, Sesshû…. Siempre viajaba solo “para hacer lo que quiero, y no hacer lo que no quiero; este es el motivo por el que adopté esta forma de vida. Pensaba que el contacto continuado con la gente traía conflictos, odio y apegos y para librarse de eso debía caminar. El día antes de morir dijo a un amigo “Tengo proyectado un largo viaje. Mañana mismo me arrojaré una vez más en medio de la naturaleza”. Su tutor literario fue Seisensui (1884-1976) el fundador de la Escuela libre de haiku. En diciembre de 1924 intenta suicidarse pero falla y es recogido por Gian Mochizuki Oshô, prior de un templo zen quien no solo no lo reprendió sino que ni siquiera le preguntó su nombre. A los 42 años se ordenó monje zen.

[2] Incluyo algunos de los ejemplos recogidos en Poemas japoneses a la muerte.

[3] Mar López es discípula del maestro Dokushô Villalba roshi, instructora de meditación zen y profesora de Estudios Budistas, responsable de Relaciones Institucionales de la CBSZ y presidenta de la Asociación Zen de Zaragoza.

 

V Primavera Poética: mucho más que un festival de poesía 2/2

Por: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

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(Continuación de la parte 1/2)

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2.- Desarrollo del Festival:

Día 1

La inauguración de la V Primavera poética tuvo lugar el 12 de septiembre a las 6 de la tarde en un lugar emblemático: el histórico Salón General de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la universidad más antigua de América cuya fundación data de hace cuatro siglos. El festival empezó con todos los poetas de pie, en el Salón General del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aplaudiendo la poesía de Arturo Corcuera, denominado mago de la palabra.

Las lecturas se distribuyeron en tres mesas en las que leyeron poemas tanto los poetas homenajeados como los poetas participantes

La mesa 1 que abrió la lectura estuvo formada por: Luis de la Hoz (Perú), María Casiraghi (Argentina), Gabriel Cisneros (Ecuador), Andrea Campos Parra (Chile), Omar Lara (Chile), Montserrat Doucet (España) y Enrique Sánchez Hernani (Perú). Fue moderada por Harold Alva, que puso de manifiesto la nota entrañable al presentar a Andrea Campos y Montserrat Doucet como la aportación, el “regalo” al Festival de Omar Lara y Arturo Corcuera respectivamente.

La mesa 2, moderada por Percy Ramírez estuvo integrada por Omar Aramayo, Sonia Luz Carrillo, Juan Cristóbal, Rosella Di Paolo, Hildrebrando Pérez, Olga Saavedra y Selenco Vega.

La mesa 3 compuesta por Oscar Limache, Sandro Chiri, Dimas Arrieta, Fernabdo Obregón, Percy Ramírez, Ricardo Falla Barrola y Harold Alva, estuvo moderada por Sonia Luz Carrillo.

El evento estuvo amenizado con la voz de la cantante Victoria Villalobos.

Asimismo los poetas especialmente invitados a la V Primavera Poética fueros agasajados con una deliciosa comida típica limeña y tuvieron la oportunidad de visitar varios espacios privilegiados dentro del edificio de la Universidad de San Marcos entre los que destacan una exposición antropológica temporal sobre la cultura Paracas y el amplio, bien surtido y excelentemente gestionado Museo de Arte Contemporáneo. Entre uno y otro espacio: arquitectura, fuentes, naturaleza, espacios abiertos al cielo y también espacios a cubierto donde la cultura impregna bóvedas, artesonados y cátedras: la armonía en estado puro.

La cena tuvo lugar en The Phoenix Club, restaurante con encanto de estilo inglés. Los poetas fueron recibidos por Carolina Morillas, hija del propietario, el empresario peruano Pedro Morillas que obsequió a los poetas con un delicioso menú y algunos de sus libros que fueron sorteados entre los comensales: Omar Lara (Chile) ganó el libro País Combi,  Montserrat Doucet (España), obtuvo Impunidad S.A. y Andrea Campos Parra (Chile), Creando riqueza.

Día 2

La segunda jornada del festival se inició con una visita de los poetas internacionales al Colegio José María Eguren, emblemático colegio de Barranco donde en un salón de actos a rebosar de alumnos entre 12 y 14 años los poetas ofrecieron un recital coloquio en torno a la poesía y su escritura. La sala, vibrante de energía adolescente motivó un interesante diálogo entre los poetas y los estudiantes. Cabe destacar las inteligentes preguntas que formularon muchos de los adolescentes y la cariñosa despedida que tuvieron con los poetas.

A continuación y tras compartir un refresco con los profesores del centro a los que felicitaron los poetas por la disciplina e interés de los alumnos en el acto, los poetas se dirigieron a la sede del Colegio Profesional de Abogados, donde fueron obsequiados con un exquisito y típico menú limeño donde las papas a la huancaína fueron las protagonistas.

Por la tarde y en la sede San Borja de la Biblioteca Nacional del Perú, tuvo lugar un recital de poesía distribuido en cuatro mesas de lectura en las que el público pudo deleitarse con voces internacionales y de una selección de poetas peruanos.

 

Por la noche los poetas fueron obsequiados con una cena-espectáculo en una típica peña limeña en las que se pudo cenar, compartir, bailar y celebrar la gran hermandad que crea en torno a sí la poesía. Mientras disfrutaban el riquísimo espectáculo de los cantos y danzas emblemáticas del país, los poetas brindaron con delicioso pisco sour.

Día 3

La jornada se inició con una vista al campus universitario de Carreras Profesionales en Ingeniería y Tecnología (TECSUP). Gracias al poeta y profesor Sixto Sarmiento, los escritores convocados al V Festival Internacional Primavera Poética, tuvieron una generosa recepción en TECSUP. Los poetas fueron recibidos por las autoridades de TECSUP y a sus alumnos en su auditorio principal.

 

 

 

 

 

En la imagen, de pie: Jesús Rito García (México), Harold Alva (Perú),Omar Lara (Chile), Augusta Morales (Jefa del Departamento de Servicios Educativos de TECSUP), Gabriel Cisneros Abedrabbo (Ecuador),Sixto Sarmiento (Perú), Randall Roque (Costa Rica); sentados: Andrea Campos Parra (Chile), Montserrat Doucet (España), Mariana Libertad (Venezuela) y María Casiraghi (Argentina). Foto: Byron Leiton Roque (Costa Rica).

Cabe destacar el interés con el que fue recibido el recital por los alumnos, que llenaban la sala.

A continuación, los poetas pasaron a degustar una comida en la que la causa limeña fue la gran protagonista.

Por la tarde tuvo lugar un nuevo recital en la Biblioteca Nacional, Sede de San Borja donde leyeron los poetas internacionales y peruanos que no lo habían hecho la tarde anterior.

La cena tuvo lugar en la Fifa más emblemática de Lima por cortesía del poeta peruano Héctor Ñaupari y donde se pudo disfrutar de una exquisita cocina de fusión chino- peruana.

Día 4

La cuarta jornada se inició con una nueva visita al Colegio José María Eguren donde los poetas invitados ofrecieron un recital coloquio, esta vez, a los alumnos de cursos superiores. Los alumnos plantearon inteligentes preguntas en torno a la literatura, la poesía y su escritura: todo un reto para los poetas que respondieron desde su posición personal y dentro de las circunstancias particulares de su país. De nuevo, los poetas fueron despedidos cariñosamente por el joven auditorio.

Seguidamente los poetas disfrutaron de una comida de hermandad poética por cortesía de Harold Halva y Haruko San, organizadores del festival y regada con excelente vino chileno, obsequio de los poetas de Chile.

En la tarde noche tuvo lugar la clausura del Festival en el incomparable marco de la Plaza de Armas de Barranco, decorada para la ocasión con cada una de las banderas de los poetas invitados de honor. Montserrat Doucet (España), Jesús Rito García (México), Randall Roque (Costa Rica), Mariana Libertad (Venezuela), Gabriel Cisneros Abedrabbo (Ecuador), Luis La Hoz, Enrique Sánchez Hernani, Miguel Ángel Zapata (Perú), María Casiragui (Argentina), Omar Lara, Andrea Campos Parra, Enrique Moro, Gabriel de la Isla (Chile). Todos recibieron una preciosa medalla conmemorativa, tributo a su trayectoria poética con su nombre grabado y flores naturales.

El recital se distribuyó en cuatro mesas y fue amenizado por distintos grupos artísticos y la preciosa voz a capela de la artista peruana Julie Freundt.

Mesa 1: formada por Luis La Hoz, Randall Roque, Gabriel De La Isla, Miguel Ángel Zapata, Enrique Moro y Alonso Rabí fue moderada por Harold Alva.

Mesa 2: con Karina Valcárcel, Cosme Saavedra, Marcela Robles, Pedro Novoa, Paloma La Hoz y Héctor Ñaupari, moderada por Leydy Loayza.

Mesa 3: con Leydy Loayza, Yoshiro Chávez, Ricardo González Vigil, Sixto Sarmiento, Carlos Llaza y Claudia Pacheco, moderada por Enrique Montsenegro.

Mesa 4: con Elí Urbina, Mario Bendezú, Erika Rodríguez, Diego Alonso Sánchez, Adrián Alberto y Hugo Kalashnikov, moderada por Hamilton Segura.

Se dio por clausurado el festival cuando el poeta Harold Alva, organizador del festival prendió la antorcha de la esperanza y de la cultura con estas palabras: “Clausurado el V FIP Primavera Poética, agradezco infinitamente a todos quienes hicieron posible que flamearan en nuestra ciudad las banderas de los ocho países protagonistas de esta celebración. En Barranco nos despedimos encendiendo la antorcha de la esperanza. En el distrito de Eguren cerramos nuestro quinto festival, en el distrito de Martín Adán y de Manuel González Prada, confirmamos nuestra lucha por la reconstrucción cultural.”

Resulta interesante la columna Cuaderno de bitácora que Ronald Arquiñigo Vidal publicó el pasado 28 de septiembre en Diario Expresso, una vez terminado el festival, y que reproduzco a continuación.

“El FIPP organizado por Harold Alva se ha convertido, hoy por hoy, en una tradición insoslayable de nuestras letras. No solo reúne y homenajea a nuestros más reconocidos poetas, sino también convoca a otros nombres importantes de diferentes territorios de habla hispana. Entre estos, a autores cuya obra reclamamos un merecido reconocimiento en nuestro país. Con este Festival, Harold Alva consigue hacer de nuestra fría y gris primavera, una celebración del arte. La cultura no está exenta de nuestros ánimos, ni lejos de la necesidad humana. Harold Alva tiene la intuición de un poeta y la capacidad de proyectarla en una empresa como esta, por eso se explica su capacidad de convocatoria en el montaje de este extraordinario evento con la escrupulosidad de un minimalista. En un país donde el germen de la pudrición moral, de la política deleznable y de las injusticias sistemáticas que padece nuestro pueblo brota día a día, la poesía debe repercutir en el alma sensible y hacer más justa la lucha obrera frente a la mezquindad de la explotación; esa opresión que acarrea nuestro pueblo sufrido y le quita oxígeno. El poeta debe ser vigilante de esta realidad, y su poesía servir para respirar; ser una herramienta de riña contra ella y hacer real una existencia más optimista. La poesía como un medio de lucha, para tender puentes y lograr la cohesión; generar el debate y la reflexión; de afirmación de nuestra identidad sin sobornarnos ni sabotearnos. La poesía como el mensaje de un contestatario, de un cuestionador que empuña la pluma para descargar su actitud rebelde. El FIPP nos acerca a eso. A creer que la vida puede ser menos tiránica y más justa. Por eso, la poesía no está para un regodeo petulante, del paladeo del frívolo vino ni del abrazo a la noche como dan esos fantoches malditos que acarician el ego. El verso es un instrumento de acción, de reivindicación, escrito desde un lugar incómodo para incomodar a los déspotas. La poesía es rebeldía, es lucha y resistencia, y enfrenta a la más fatal de las fatalidades y al más consagrado de los sueños, la realidad. Este FIPP abre un camino. Y como todo camino, debe seguirse despejando para avanzar mejor.”

3.- La revista

Otro de los atractivos de la V Primavera Poética fue la edición de COSTANERA: REVISTA DE POETAS DEL PACÍFICO, cuyo primer número se presentó en el V FIP Primavera Poética. Esta revista ve la luz, gracias al equipo constituido por  Andrea Campos Parra (Chile) editora general, los fundadores y miembros del Consejo Editorial: Roberto Arizmendi, Leticia Herrera (México), Carlos Ernesto García (El Salvador), Christian Formoso (Chile), Gabriel Cisneros Abedrabbo (Ecuador), Hugo Francisco Rivella (Argentina). El primer número está dedicado a dos grandes poetas: Omar Lara “quien durante estos años logró reunirnos y afianzar esta hermandad en los encuentros realizados en Concepción (Chile), instalados en la Costanera Suite, donde en su piso 8 empezamos a soñar con la materialización de este proyecto y Arturo Corcuera, por quien muchos aprendimos a leer más allá de nuestras fronteras. COSTANERA nos ha enseñado que los poetas sí podemos trabajar en equipo cuando lo que nos convoca es la voluntad de seguir construyendo puentes.” 

4.- Los Juegos florales

Estos juegos florales constituyen una novedad en el Festival Primavera Poética, ya que en los certámenes anteriores no se habían convocados. Denominan a Barranco Capital de la Poesía y estuvieron dirigidos a los alumnos del primero al quinto año de secundaria de los colegios públicos y privados del distrito de Barranco: son el ejemplo de cómo los organizadores del V Festival Internacional Primavera Poética quieren promover el interés por la poesía entre los más jóvenes. Estos juegos florales junto con la visita de los poeta internacionales al Colegio Eguren mostraron el interés que despiertan entre las generaciones más jóvenes la escritura y en especial la poesía.

5.- Colofón

A modo de conclusión, reproduzco el artículo firmado por Harold Alva, organizador del Festival y que se publicó el 6 de septiembre en el Diario Expresso de Lima.

“LA QUINTA PRIMAVERA

La primera obligación que debe imponerse un hombre es luchar por lo que ama. Cuando le pregunté, hace cinco años, a Arturo Corcuera qué lo movilizó para persistir como poeta, me dijo: “Uno no abandona lo que es”, no necesitó decirme más y continuamos supervisando las pruebas de “Puente de los suspiros” y el facsimilar de “Noé delirante”. Era agosto del 2013, preparábamos la edición del I Festival Internacional Primavera Poética. Fueron nuestros primeros libros de una serie que hoy reúne a 32 de los más emblemáticos escritores en nuestra lengua. Cada vez que emprendo la organización del Festival, retorno a la respuesta de Arturo. Es increíble cómo la vida puede reducirse a un instante tan poderoso que es capaz de movilizar voluntades para hacer realidad un evento cuya única finalidad es hermanar a través de la poesía valorando a los poetas. Reconocimos y valoramos en vida a Arturo Corcuera el 2013, reconocimos y valoramos en vida a Jorge Ariel Madrazo el 2015 y reconocemos y valoramos, en vida, a estos 32 autores que con sus obras construyen los pilares que sostendrán el nuevo tiempo. La primera obligación que debe imponerse un hombre es luchar por lo que ama. Este festival es un acto de amor. Cada libro, cada mesa de lectura, cada detalle previo a su inauguración, cada clausura, es un acto de absoluta sensibilidad que incorpora la preocupación de mis amigos, el entusiasmo de los poetas, las atenciones de mi mujer que no ha dejado de alentarme para que todo se acerque a lo perfecto y para mí no hay nada más cerca a lo perfecto que la publicación de un libro, esa victoria sobre la oralidad, ese triunfo del documento físico, del objeto material que se impone como agente de cambio. “Uno no abandona lo que es” me respondió Arturo. Pienso que si hemos llegado a esta quinta primavera es porque los poetas confían en la inmortalidad de sus jardines. Mi gratitud a ellos, mi gratitud al equipo, mi gratitud a los lectores, mi gratitud a setiembre y a todos quienes luchan sin traicionarse ni perderse.”
Montserrat Doucet

En Aranjuez a 9 de octubre de 2017

 

 

V Primavera Poética: mucho más que un festival de poesía 1/2

Por: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

El origen del Festival Primavera Poética

El Primer Festival Internacional Primavera Poética tuvo lugar en el año 2013, en conmemoración a los 50 años de la primera edición de Noé delirante del poeta peruano Arturo Corcuera. A partir de entonces se ha celebrado todos los años en Perú y  ha ido creciendo gracias a la persistencia de sus organizadores. En cada Festival se ha homenajeado a importantes poetas de distintos lugares del mundo, con la particularidad de que este homenaje se hace a poetas vivos, reconociendo la trayectoria de una obra poética en marcha. Otra particularidad no menos importante es que la Editorial Summa publica un poemario a algunos de estos poetas homenajeados. El Festival Primavera Poética 2017, el quinto que se celebra, ha tenido como patrocinadores al Ministerio de Cultura y a la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PROMPERÚ).

Los poetas homenajeados fueron 13 y a 8 de ellos se les ha publicado un poemario. Asimismo participaron en las diversas lecturas hasta 70 poetas, en su mayoría peruanos.

 

1.- Los libros publicados

Tal vez, uno de los mayores atractivos de este festival sea la publicación de un poemario a cada uno de los poetas homenajeados. Esto es posible gracias al amor y generosidad que Harold Alva, organizador de este festival, pone en todo lo que hace. En esta quinta edición, bajo el sello editorial Summa y en la Colección Primavera Poética han visto la luz los siguientes poemarios: Arar tierras heridas de Andrea Campos Parra (Chile), Bahía de los poetas de Jesús Rito García (México), Vaca de matadero de María Casiraghi (Argentina), Contracultura de Randall Roque (Costa Rica), Oscura bisagra de Mariana Libertad (Venezuela), El sol entre las islas de Luis de la Hoz (Perú), Catálogo del maestro de obras de Enrique Sánchez Hernani y El Oscuro de Montserrat Doucet.

A continuación, reproduzco uno o dos poemas de cada poemario para que pueda disfrutarse de la calidad, diversidad y singularidad de esta colección poética:

Andrea Campos Parra
Arar tierras heridas

 

TERREMOTOS
DE CUALQUIER TIPO

Me aseguraste gritando
Lo haríamos juntos
Te quedarías conmigo
Repartiríamos el dividendo
No cumpliste tu palabra
Preferiste quedarte bajo los escombros
Para hacerte la víctima y dejarme sola
.
.
NATURALEZA

Hay furia
En la naturaleza
Se mueven
Atrevidos
El amor el mar
La piel no da tregua
Tampoco el oleaje

 

Jesús Rito García
Bahía de los poetas

 

Algún día quise escribirte una carta compañero Vladimir.
Sí, a ti,
quien le hablaba a los obreros desde la plaza roja
y nadie lo escuchaba.
Maïakovski era tu apellido, y nadie te escuchaba,
porque los obreros iban a las fábricas
y tú al café a deslizar la pluma,
a charlar con los amigos.

Y nadie te escuchaba, Vladimir,
o Maïakovski, ¿cómo quieres que te diga?

“Yo mismo soy una fábrica.
Y si bien me faltan chimeneas,
esto quiere decir que más coraje me cuesta serlo”

Y nadie te escuchaba.

Porque la fábrica estaba muy lejos y
los cables transportaban mensajes más importantes
que los tuyos
y energía suficiente para iluminar las casas:
cables, cables, cables.
Los obreros no te escuchaban, Vladimir,
o Maïakovski, ya no importa cómo te decían.

El tiempo ha pasado y sólo te conozco en versos.
Compañero, las juventudes comunistas no te escuchaban,
y eso ahora vale puritita madre.

“Levanto el cráneo lleno de versos,
como una copa de vino en un brindis de sobremesa.
Pienso más y más a menudo:
sería mejor poner el fin
con la punta de una bala:
Hoy mismo,
por si acaso,
doy un concierto de despedida.”

Y nadie te escuchaba, Vladimir,
Maïakovski, pendejo, valiente, fábrica sin chimenea.
O como quieran decirle al compañero.

Lilya Yúrievna Brik no te escuchaba.
O quizá sí, pero los obreros tenían hambre
y los ductos de gas eran más importantes.

Y nadie te escuchaba, compañero,
y nadie escuchó el estallido ese 14 de abril de 1930,

Vladimir, Maïakovsky,
o cómo chingaos quieres que te diga.
Lo siento,
lo sentimos todos.
Y como dijiste en tus últimas palabras:
“El incidente está cerrado”.

 

María Casiragui
Vaca de matadero

IMAGEN

No tengo fósforos
para tanta podredumbre.
Si enciendo las alamedas
me dicen asesina.
Llamo a la puerta del ángel
y me hacen pasar
como a la muerte.

BALANCE

Nace el ala
antes que el pájaro
el envión
se acomoda en el aire
y allí se alza
milenario
el torpe vuelo de la vaca.

Todos fuimos
en las rocas
un camino.

Y no decíamos nada.

Suplicábamos un cuerpo inmaterial
para traspasar los muros
los secretos
las estrellas.

En las catacumbas
huele todavía
esa pluma errante
que dejamos ir
equivocados.

La humanidad
entera
se está mirando en el espejo
y diluvia
en las ventanas de las casas
y gimen aterrados
en los hospitales
los recién nacidos.

Agachados
a la lluvia
imploramos un mago

que nos meta de nuevo en el sombrero.

 

Randall Roque
Contracultura

 

COLCHÓN BLANCO PARA SASHA GREY

A eso de las tres y quince de la tarde
llegó el nuevo colchón matrimonial,
lo trajo un tipo mal encarado
que exigía la contra factura
y un garabato en sus papeles.

Tuve que buscar en el basurero
y sacudirle la borra del café
para dejarla, al menos,
un poco presentable.

Me gusta la cama con buen espacio,
para las piernas, la ropa y la distancia,
sobre todo, que sea ortopédica.

Luego, en la noche junto a un Jack Daniel’s,
miraba una película porno de Sasha Grey,
quien se sacrificó para que todos gozáramos del cielo
y es lo más cercano a la santidad en este mundo.

De todas las escenas repetidas,
atrajo mi atención de inmediato
el colchón blanco ortopédico.

Qué bien se siente saber
-aunque sea de este modo-
que la garantía está segura.

Me levanté y fumé un cigarro.
¿De qué otra cosa podía escribir, sino de esto?
.
.
TOMMY LEE

La velocidad para armar y desarmar
los lados opuestos de un Cubo Rubik
lo era todo, hasta que no fue suficiente
y se dedicó al póker como Stu Ungar,
y recibió patadas por el culo en casi
todas las puertas de los casinos.

Las putas lo trataban bien,
sus amigos no tanto,
el póker menos.

Una cosa es cierta:
«La mano es más rápida que la vista»,
estoy seguro escuchaste esa frase,
pues ese no era su caso y perdió
uno o dos dientes irremplazables,
un reloj de oro y las llaves
del carro de un amigo.

Tommy Lee no era Stu Ungar.

Ese tipo sabía perder como una leyenda.

Y en todos los casinos lo conocen.

Se escucha siempre decir:

Allá va Tommy Lee.
Otra vez un Tommy Lee.
Te fuiste como Tommy Lee.
Si no me creés.
Vamos, preguntale a cualquiera
que pierda en los casinos.

 

Mariana Libertad
Oscura bisagra

 

EL FUEGO

Aunque la obra y la voz, aunque la letra
Aunque incipiente el rostro se destiempa
Aunque has sincronizado esa impresión
y es más diacrónica que los reflejos

Aunque el futuro pronuncie su falacia
Aunque menos falaz que inexistente
Aunque se niegue con sólo ser pensado
Aunque arrítmico vaya a cualquier nada
Aunque sea fractura hueca y sea memoria

Lograrás renacer de las cenizas.

COMO LOS ANIMALES

Si te sueño a lo lejos así, como los animales
Con los ojos abiertos y húmedos, como los animales
(Sin dejar de mover la derecha y apretar la izquierda)
Y te araño en mitad de la noche, sin miedo a las marcas,
Y te lamo, te aspiro y succiono como los animales.
Y formulo un deseo mugriento que sabe a uvas rancias
Y te veo y entiendo que sí, que es posible tenerte
en la alfombra que salva tu paso del andar mundano.
Ese grito que aflora de mí toma un nombre propio
porque hoy yo no quiero placer y olvidarme de todo
porque hoy sólo quiero parir
como los animales.

 

Luis La Hoz
El sol entre las islas

 

HE puesto a Homero a contemplar la mar
Un busto de Homero, en yeso, para ser exactos
Pero es Homero, digo, y como debe ser, contempla la mar
La vasta, la incesante
La perfecta para el espectáculo de los enigmas
Para esas cosas que la mente murmura
Que se mueven como tules
Como el siseo de una lagartija
Como el viento salado y minucioso que orea
Todas y cada una de las preguntas
Que son ninguna respuesta
A lo más la lagartija que ha cruzado frente a Homero
De verdad, una lagartija ha cruzado frente a Homero
Frente al busto de Homero

Creo que se han mirado
Así son las lagartijas
.
.
THELONIUS MONK CIERRA LOS OJOS

Arañas sobre un piano
Precisas arañas sobre un piano
Marfil, madera, metales

Cuánta memoria
Cuántos vasos, cuántos ceniceros
Cuántas octavas
Cuánto corazón sin partitura
Cuántas partituras borradas por el humo
Traídas por el humo

Arañas sobre un piano
Reinas de la madrugada
Venenosas reinas coronadas de amor
Y de pelos
Que suenan a borrasca
A gemidos
A sincronía de camastro
A cómplice
A soñador que sueña
Cosas infames
Y extrañamente dulces
Y extrañamente sinceras
Arañas sobre un piano
Esplendor de 5 líneas
Paralelas e infinitas
Donde no se halla la calma
Ni la paz
Tampoco la felicidad
Menos la felicidad
Solo algo invisible
Oro invisible
Pasión invisible
Y ligaduras
Y plicas
Melodías en la madrugada
Arañas en la madrugada
Sobre un piano

Enrique Sánchez Hernani
Catálogo del maestro de obras

HEAVY ROCK

El rock de mi barrio era tranquilo y pesado
como un autobús aplastando a una señora:
la sangre se esparcía por la pista
y un mural de Diego Rivera
se levantaba igual a un manifiesto
escrito en el centro de Tenochtitlán
por los lánguidos muchachos que habían sido ametrallados
vibrando en rojo
antes de que oyeran la última grabación de rock
entonada con dulzura por Jim Morrison
amante de los colores cósmicos
llovidos en el patio de su casa al oeste de Arkham
igual a ellos hermoso y muerto
con su blue jean apretado
sobre sus sentimientos
y pusimos otra vez el disco solo para oír
lo que ya no existía
recordando a los mexicanos
a las calaveras y al general Zapata
dos minutos antes de huir
porque la policía nos tendió una cerca
en la primera marcha violenta a la que acudió mi muchacha
echando molotovs como la pileta de la Plaza de Armas
llorando bajo el diluvio universal de gases lacrimógenos.
Al rock de mi barrio llegamos con el pelo corto
nada sabíamos de marxismo
pero quisimos inmediatamente
a ese testarudo pensador alemán
por el gran parecido que guardaba con John Lennon
en las láminas de espejos que venían con el LP Blanco
es cierto que sin lentes
también que Marx nunca vivió
en Liverpool
pero nos dimos cuenta que sus Tesis sobre Fuerbach
las escribió oyendo Revolution Number Nine
tiempo de recesión
la muerte da vueltas en los discos de rock
y un gesto de timidez nos hacía llorar por Jimmy Hendrix
por los que se pasaron totalmente de vueltas
por los estadios
donde la gente acudía a oír la música del stone Brian Jones
antes de que entonara su último blues
al borde de una piscina
llevando los libros de Henry Miller en los bolsillos
mezclados con la barra de chocolate
con los cigarrillos sueltos
sin saber si esa noche dormiríamos con una muchacha
o el mozo de los bares cercanos a la Plaza San Francisco nos llevaría llorando
al lugar donde nos esperaban los taxis de regreso a casa
ebrios sin sentido ni dinero y odiábamos a nuestros padres
porque nos obligaban a cortarnos el pelo
sabiendo que Hendrix había muerto
que ellos habían muerto
que hasta Janis Joplin había muerto.
Siempre recordaremos a la loca Janis
Balas y Cadenas
sobre el corazón y cómo nos gustaba su cabello
teñido por Van Gogh en Arles
pintor por el cual gastó su primer sueldo mi muchacha
al adquirir un libro donde este guardaba la oreja
que se cercenó por el amor a una puta
vestida toda de violeta en un traje de organdí
muy similar al que usaba Janis
el día que se lo quitó en público
mientras un fantástico rock se le subía por las piernas
y el arco iris crecía con el ácido
y muchos chicos con
sus parejas
se encerraron en burbujas para oírla mejor
para hacer
el amor
hasta que el sol los ahogó de un sordo latigazo.
No volvimos nunca a las aulas
nos encerraron en celdas llenas de chinches y sabandijas
nos arrancaron los jeans
amenazaron con hacer de nosotros
hombres y mujeres razonables
que amasen a su patria y pudiesen morir sin gemidos
por su bandera
y una lenta canción nos devolvió el recuerdo de nuestros
discos
desvaneciéndose en los armarios
heridos por el sol
y el insoportable ruido de nuestros sueños.

Montserrat Doucet
El Oscuro

 

Es hermoso sentir
que al otro lado de las aguas
alguien espera
el término completo de mis días.
Saber que está ahí
cercano e inalcanzable.
Como esta silueta desdibujándose
hacia el fin.

Siempre a mi alcance
desde los acantilados del sueño.
Pasión, certeza,
impaciencia por abrazar
sin entender por qué
un cuerpo terso entre la noche
o ese esqueleto que flota
burlando el mar.

A ti, que no existes,
porque eres un vuelo de sal
sobre la arena.
Sábete que lo hubiera dejado todo por ti:
mi ribera bordeada de cañas y de pájaros,
El,
La,
Tú, El Oscuro
Por ti acompañaba tus madrugadas
Por ti recitaba al lobo y a la araña
Por ti neutralicé el veneno de la distancia
Por ti creía ser la luz
que iluminaba tus senderos.
Pero tus caminos se adentraban en el bosque del sexo,
pechos de hembra, potentes faros. Eras y no eras
el mismo, tú El Oscuro,
yo en la penumbra, nunca en la luz
por ti fagocitada, espantada la serpiente,
volcada la copa por el fango.
Los sexos exquisitos, las farolas temblorosas de los senos.
El reclamo de la lluvia
y tú, El Oscuro, con toda mi luz corriendo
sobre las olas
destruyéndome a mi
porque tú,
Tú, El Oscuro
eres un muerto:
un puñado de cal
entre la tierra.
***

FIN de la primera parte

Oculta poética del útero etéreo – Parte II: Ophelia – De Erika Rodríguez

Por: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

Hay poetas que fascinan, tal vez porque en ellos encontramos resonancias de lo que antaño nos introdujo en las misteriosas salas de la palabra y poetas que nos siguen fascinando años después porque encontramos en su obra una serie de concomitancias de misterios revelados, una especie de iniciación compartida que raya en lo sacro y que se suma a la fascinación que sentimos cuando leímos por primera vez sus versos. Es por eso que quiero rescatar la preciosa palabra denostada, olvidada, sustituida, de poetisa para referirme a Erika Rodríguez.

Ophelia, ópera prima de esta poetisa peruana, es un poemario de gran originalidad: intenso, breve, bello.

Del poemario de Erika Rodríguez me fascinó la noche, motivo al que los poetas han recurrido constantemente y a la que San Juan de la Cruz otorgó místico protagonismo. Un poemario que Arturo Corcuera destaca por “la pulcritud de su poesía y su propensión interior por internarse en la sombra, en lo lúgubre, en los pliegues más enigmáticos de la noche…”

La noche en Ophelia adquiere un sesgo inaudito pese a recoger en cada una de sus acepciones ecos de otras voces que lejos de restarle originalidad le dan intensidad y nos redescubre lo que significa ser poeta, tener esa capacidad de crear, de levantar mundos posibles mediante las palabras, esas palabras que en alguno de sus significados también sirven a otros para edificar sus sueños. Para Erika, la noche es “la dama perpetua / de fúnebres encajes de sombra”, “un conjuro exquisito” y llega “como una estación monacal” o “como un óleo estridente de sombras”; en la noche es “donde ahogamos todas las llamadas”.

En San Juan de la Cruz la noche era guía de los amantes que ansiaban su unión y era también un espacio, un vacío susceptible de ser llenado, donde la unión entre la amada-alma y amado-Dios era posible. En el poemario de Erika la noche, ese “escenario delineado y vacío” es la bella que “en nombre de Ophelia / te espera” y es el espacio donde la realidad más dolorosa se manifiesta bajo la bella forma de lo mítico- erótico: es en la noche cuando “un fauno se aproxima”, “Es un fauno que llega pálido / infiel y sereno”.

Después de unos años y tras la relectura de este poemario me siguen fascinando sus versos. Leo en Ophelia:

“E s T r E m E c I d A

detrás de las cortinas de la noche

una sombra se esconde.

Detrás de las cortinas

el cadáver de la mañana.”

E inevitablemente resuenan en mi mente los estremecidos versos de otra poetisa admirada, antigua, japonesa, que acompaña mi verano en los bosques: son los versos de Akiko Yosano, también estremecidos de pasión:

“Murmullos amorosos

tras la cortina de la noche

constelada de estrellas;

lejos del mundo y de la gente

me arreglo el pelo desordenado.”

Akiko revolucionó la poesía de su tiempo con su Midaregami (pelo revuelto), Ophelia es “un libro insólito dentro de la poesía reciente del Perú en el siglo XXI” argumenta Marco Martos en su prólogo.

Akiko supo recrear hace un siglo el profundo misterio de la mujer que flota en el agua con su larga cabellera suelta: “aunque suelto en el agua/ mi largo pelo de cinco shakus,/ mis sentimientos de mujer/ permanecen secretos/ retenidos.”    Erika nos canta:

“La bella es la noche

y en nombre de Ophelia te espera

con el rostro pálido y oculto

con el cabello desordenado

con peinetas de bronce

te espera.”

“Qué difícil es distinguir entre la noche / y una mujer ahogada hace tiempo en un estanque.” Epitafio de Xavier Abril al comienzo de este poemario. Qué difícil matizar la fascinación que nos produce una mujer que se arregla el pelo revuelto tras el amor en el espejo, junto a las cortinas que la preservan de la noche y la fascinación que nos produce una mujer flotando con sus cabellos revueltos en el espejo-estanque que sostiene su bella imagen. Porque para Erika la noche es líquida, está “alumbrada de peces” y es también el mar, el agua, y por extensión el agua que fue sepulcro para Ophelia de Shakespeare y donde ahora “en versos se hunde un barco” pero también “tu voz de océano” y “mi olor a mar”; “el suave espejismo / que trae la marea / a media noche”. ¿Se pueden encontrar más registros sobre el agua y la noche? Tal vez sí pero no tan sugerentes como se nos ofrecen en este libro que comienza con el poema “Ophelia” y concluye con el poema “Epitafio”, el poema a la tumba líquida de una muchacha que fluye a lo largo del tiempo sosteniendo el misterio del eros y de su silente belleza, detenida sobre las aguas.

Montserrat Doucet

En Tabanera de Valdavia a 11 de agosto de 2017

***

Nota del autor:

En las diferentes entregas de “Oculta poética del útero etéreo”, exploraremos las vertientes de la poesía femenina desde múltiples ángulos, revisaremos los principales trabajos, descubriremos poetas todavía cubiertas por el peso de la historia y del desinterés e intentaremos desgranar el porqué se trata de un valor en alza que irá (sin duda), recuperando el terreno prohibído en los últimos años para poder acabar ocupando el lugar que merece en el ámbito literario.

El presente trabajo forma parte de una serie de reseñas o reflexiones personales de nuestra nueva colaboradora Montserrat Doucet,  sobre poemarios que la han impactado. Se trata de poetisas americanas actuales que nuestra nueva colaboradora,  tuvo la oportunidad de conocer.

 

 

 

 

Oculta poética del útero etéreo – Parte I: “Y Dios me hizo mujer”

Sólo el alma sabe cómo cantar

En el vórtice del mar. (Suicidio, Kamala Suraiya Das)

Autor: David2

Siempre he pensado que la poesía escrita por mujeres está más concebida desde algún punto remoto entre las entrañas y a emoción que a partir de la pura razón. Quizás debido a ello, a su potencia nacida desde el inconsciente y multiplicada por una suerte de fuerza creadora -que quizás explique porque son el taller del ser humano (según afirma la poeta Gioconda Belli)- se trate de un tipo de composición que desafíe el standard de poesía masculina.

No se puede competir con lo que no se tiene y resulta claro que el mundo poético es  un mundo repleto de ego y testosterona reconvertida en tinta donde lo único importante parece ser la competencia y que hablen de él y de su libro. Resulta cierto que la poesía escrita por ellas es como el rumor natural que mana de un bosque primigénio, como el rumor del río o de los ríos que uno puede escuchar al alba en el Parque Nacional Conguillío (Araucanía chilena), mientras despunta el alba y bosque, nube y animales ocupan sus posiciones en el decorado natural. Y es que ellas suelen estár como mínimo más sintonizadas por la naturaleza, escuchan mejor sus ritmos y se mecen mejor en sus olas. En el poema “El suicidio” la poeta Kamala Suraiya Das declama en silencio:

¡Oh mar! / Vaca generosa / Tú y yo somos grandes fracasos. / Somos demasiado sentimentales / Para nuestro propio / Bien / Las luces se mueven en la orilla, / Pero no volveré. / Mar, devuélveme mi cuerpo /

En contraposición poetas como Aleixandre afirmó:

árboles, mujeres y niños, / son todo lo mismo: /  Fondo.

En general en la poesía escrita por mujeres, el enfoque y el foco suele centrarse precisamente en ese fondo aparentemente despreciado por Aleixandre (al que tanto admiro) lo que desde nuestro punto de vista constituye el principal aporte a la poesía respecto al enfoque femenino. Y resulta natural que esto sea así.

Cabría preguntarse entonces por qué siempres se ha planteado supuestamente la existencia de cierto tipo de discriminación respecto a la poesía femenina; puede que la explicación se encuentre encerrada dentro de la propia naturaleza de la poesía ya que al igual que sucede con la verdad está es difícilmente soportada por el común de los mortales.. peor aún por tanto si esta viene tamizada por una visión desprovista del filtro patriarcal y enfocada desde la viva expresión de las fuentes de la naturaleza.

***

Nota del autor:

En las diferentes entregas de “Oculta poética del útero etéreo”, exploraremos las vertientes de la poesía femenina desde múltiples ángulos, revisaremos los principales trabajos, descubriremos poetas todavía cubiertas por el peso de la historia y del desinterés e intentaremos desgranar el porqué se trata de un valor en alza que irá (sin duda), recuperando el terreno prohibído en los últimos años para poder acabar ocupando el lugar que merece en el ámbito literario.

Todo ello sin olvidar (por supuesto), que el exceso de análisis causa parálisis.

 

 

 

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (IV) —Análisis del poemario Mar de Chira, de Montserrat Doucet, segunda parte—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

“EL catamarán, cremallera

que va abriendo y cerrando

posibilidades sobre tus aguas”.

—Montserrat Doucet, Mar de Chira—

 

            El problema que se presenta en el poemario de Montserrat Docucet, en este Mar de Chira cuántico, radica en cómo unir las líneas temporales, como conectar en un mismo espacio dos cuerpos para que se amen cuando uno de ellos habita en el pasado, tal y como concluye el poema Cálidos guijarros: “Desea un cuerpo que no existe” (27). Pero, obviamente, en un poemario cuántico, el cuerpo, como el gato de Schrödinger, está vivo y no-vivo a la par.

            Así que, convocado el muchacho, el agua será el elemento aglutinador, el agujero de gusano que ponga en conexión ambas líneas temporales. En el poema Lo que vi en el agua (48) se completa esta equiparación de la superficie del mar a un espejo, clave para traer al momento temporal poético y presente de Chira al muchacho. Este poema se complementa con el siguiente, Espejo (49): EN el espejo,//los ojos y los labios//de los amantes”. De esta manera, el agua del mar puede recuperar al muchacho de otro tiempo porque el espejo es una conexión entre dos mundos pero, también, mediante la invocación poética, una conexión entre los amantes.

       La corporización del amante, al producirse mediante el mar, experimenta una metamorfosis con la propia isla de Chira, con la que se identifica su anatomía en el poema Las máscaras no mienten: “Así se muestra//la perfilada geografía de tu piel de isla:// beso de niebla//que refulge en el océano al amanecer” (50). El muchacho no solo ocupa ahora la misma línea temporal de la poeta sino que por un momento se apodera de su espacio geográfico asimilándose a la isla en una materialización completa del espacio-tiempo con tintes que alcanzan mucho más allá de lo cuántico, llegando a lo místico, me atrevería a decir que a lo galáctico, si se me permite ese adjetivo, dado que la aparición del muchacho a través de los mares tiene mucho de ese Big Bang inicial que generó nuestro universo según algunas teorías, dado que lo ha ocupado todo con su presencia expansiva, ocupando con su anatomía, incluso, la geografía del propio espacio de la isla. El muchacho ha atravesado por un agujero de gusano, desde un plano temporal a otro, de una línea temporal a otra, y aparece en ese otro mundo con una explosión invasiva que recuerda a un Big Bang cósmico.

            Abierto, así, el espejo de la correspondencia por la poesía, se ha producido la conexión en el mismo plano de ambas vidas, y empieza la cuarta parte del poemario, de significativo título, Deshielo (53). ¿Hielo en el trópico? Es el hielo que cubre las cumbres de los volcanes: hielo y fuego, lava y nieve. Deshielo, porque al fin, ambos amantes han abandonado lo pétreo de sus líneas temporales por donde deambulaban, como si fueran como aquel mamut atrapado en el frío de siglos, encontrado en un bloque de hielo y traído de vuelta a la actualidad.

            Juntos, así, lograrán pasar una noche de amor[1]: la cuarta parte del libro se inicia con el poema Muchacho de piel de piedra (55), una clave poética para entender lo que significa vivir un amor anclado a una vida pasada, pero que se ha corporizado en esa explosión geográfica a la que la poeta ya puede amar; un poema que despliega todos los motivos temáticos y simbólicos que articulan el poemario. De esa forma, el muchacho presenta algunas características geológicas: “Amplio es su cuerpo//como un río pleno en su deshielo//y huele a río//y posee la humedad redonda//de los cantos rodados”. Sin embargo, la voz poética no puede olvidar que ambos murieron en la otra línea temporal, de forma trágica, y que esta noche de amor también pasará, encontrando el sabor de las tumbas en el fondo de los besos dados a esas piedras que caracterizan al muchacho de la civilización precolombina, caracterizado por ese elemento fundamental que eran sus pirámides escalonadas de piedra: “pero besar la piedra es a veces//justificar tu propia lápida”.

            La poeta sabe que el agujero de gusano cuántico se volverá a cerrar en breve, y que el muchacho de piel de piedra deberá retornar a su existencia temporal. A la explosión o Big Bang generativo le seguirá una implosión omega, ese Big Crunch o gran colapso sideral que algunos expertos en cosmología aseguran que acabará por producirse en algún momento en nuestro propio universo. En el universo poético de Mar de Chira, tras la noche de amor, el muchacho se retira, con su particular Big Crunch, y cierra el agujero de gusano, replegando así el universo poético que se había generado para, después, regresar a las tumbas. Ese retorno en la poeta, a una especie de muerte en vida, se explicita con el abandono de la isla[2], que no es sino un regreso al momento presente, pero vestido de un fuerte anhelo de reencarnación.

            En el otro plano temporal, a la par, se produce el derrumbe de la cultura precolombina a la que pertenecía el muchacho[3] en el poema Llamada de un dios sin pies. Que esta hecatombe cultural y milenaria se produzca inmediatamente después de que en el plano presente la mujer haya conseguido estar con el muchacho de la piedra hace pensar en el elemento corrompedor de la civilización moderna sobre las culturas tradicionales precolombinas. El contacto de la protagonista ha sido determinante y venenoso para que, en el otro plano cuántico, a modo de efecto mariposa, una civilización completa se desmorone. Se cierra así esta “historia de amor cuántica”, o quizás “meta-cuántica”. Ebria de mar y poesía[4], sola de nuevo, entonces, la protagonista se metamorfosea en la propia voz de la autora, ensaya cierta poesía de la autoficción, y puede ya escribir su texto sobre Chira ensayada como un juego metaliterario, otra característica más de la literatura cuántica, dirigiéndose hacia una nueva reencarnación[5] que no sabemos si será un nuevo poemario…buscando un lugar en el mundo actual sin el muchacho de piedra,[6] tal vez obedeciendo a un impulso que es, como puede leerse en el poema Príncipe extraviado (34): “inexplicable como el tiempo”.

            El poemario ha puesto en pie lo que se define en el penúltimo poema, Chira (77), como un “círculo de verdad inexplicable”, que entronca con esas complejas realidades de la cuántica, con esos tratamientos del espacio y del tiempo en donde se puede existir en varios planos a la vez, incluso se puede vivir y morir a la vez, sin que podamos comprender la extraña certeza que esconde esta realidad. Y es este “círculo de verdad inexplicable” algo relacionado con la muerte y con la esperanza en la reencarnación, con el vivir muchas vidas a la vez y con un poemario que no es sino el recuerdo de todas esas vidas pasadas y del mar, y que en su último poema[7], a modo de corolario, sentencia: “Chira, te dibujo el vacío,//sólo tú puedes entenderme//Sola tú estás//donde duerme la noche”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

             Dante Alighieri: (2009) Divina Comedia. 12ª ed. Ed. Giorgio Petrocchi. Trad. y nts. Luis Martínez de Merlo, Madrid, Cátedra.

             Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

[1] Esa noche de amor culmina en el poema del libro cuyo título coincide con el de la cuarta parte: Deshielo (Doucet, 2014: 62). La poeta elige aquí, además, un recurso consistente en asociar palabras referentes al campo semántico del frío y del hielo, de la congelación, para poner en pie una relación amorosa tropical y tórrida que debería ser asaz calurosa. Evidentemente, ese frío que el amor desatado consigue deshelar, como la última palabra del poema concluye, es el frío de la muerte del que no pueden desprenderse ambos personajes, que están juntos por encima del tiempo y de sus propias y trágicas muertes pasadas, de un amor que entonces no pudieron disfrutar, y del que ahora gozan siempre con la presencia de ese escalofrío de fondo que les recuerda la tragedia. En este sentido, la protagonista de Mar de Chira, la voz poética o yo poético, y el muchacho, me recuerdan, en lo que tiene de amor fantasmal, doloroso e imposible, a la historia de Francesca y Paolo que aparece en el Canto V del Infierno de la Comedia de Dante (versos 73-142).

[2] El poema del abandono de la isla, Chira sin mi (Doucet, 2014: 63), con los versos que muestran el alejamiento de la isla: “EL catamarán, cremallera//que va abriendo y cerrando//posibilidades sobre tus aguas”, sutura, cose así el agujero que se había abierto sobre la superficie de las aguas por las que había accedido el muchacho. Se cicatriza el acceso al otro mundo cuántico, bloqueándose la conexión.

[3] Probablemente perteneciente al grupo indígena de los huetares.

[4] No en vano, la quinta y última parte del poemario se titula La ebria de mar (67).

[5] En Solo el instante (71), donde “el instante” es “sólo la vida”. Toda una vida es un instante, en una reflexión “meta-cuántica”.

[6] Un lugar en el mundo que se define en el poema Desdibujada orilla (75): “antes de encontrar la desdibujada//orilla que me acoja”.

[7] Donde duerme la noche (77).

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (III) —Análisis del poemario Mar de Chira, de Montserrat Doucet, primera parte—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

          “No hay espacio y tiempo, sino espaciotiempo (…) En el espaciotiempo, las cosas no ocurren, sino que, simplemente, son” —Manuel García Viñó, La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes, pp. 12-13—.

 

        Habrá quien piense que demasiado ya he hablado de narrativa para analizar un poemario, o que tal vez eso no sea necesario en ninguno de los casos. Puede que tenga razón, pero no tratándose de la “poesía cuántica”, y mucho menos del Mar de Chira de Montserrat Doucet, donde el tratamiento del espacio y del tiempo obedecen a los materiales de una narración implícita en los poemas, y existe toda una historia bajo los versos que se abre en un abanico de diferentes planos temporales. A poco de empezar el libro, aparece uno de los poemas de mayor intención y voluntad cuántica, Saltando meridianos (Doucet, 2014: 24), que aglutina diferentes características de este tipo de estética y es toda una declaración de intenciones de los significados del texto.

           Ya en su título, se nos pone en relación directa con el salto temporal o salto cuántico mediante la metáfora de los meridianos, lo que inevitablemente llevará al yo poético a un desdoblamiento en sus diferentes existencias. Así lo reconoce en los versos iniciales del poema: “A VECES me gustaría vivir//mi cuerpo como lo que es: el celebrado instante y su ceniza”. Al referirse a esta existencia como “ceniza”, nos invita a pensar que en una de las líneas temporales puede estar muerta; es decir, que en un plano temporal el yo poético está vivo, mientras en otro no. Inmediatamente, cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la física cuántica, recordará una de las paradojas más célebres de esta mecánica, la del gato de Schrödinger[1]. Todo ello hace concluir al poema con la certeza cuántica: “la temida, terrible certidumbre://no soy mi cuerpo”.

            Todo comienza con un deseo de Chira, un anhelo de Chira por parte de la voz que voy a denominar como “protagonista” del poemario. Evidentemente, ese anhelo, esa llamada inconsciente que llevará a la voz poética hasta el mar de Chira en busca de alguien, obedece a la memoria de otro tiempo y de otra vida, de otra cadena temporal, de una línea de existencia que, si bien pertenece al pasado, continua sucediendo; son los many worlds cuánticos que acontecen a la vez.

            De manera que la travesía hasta Chira[2], y su mar, el mar, que ejerce de catalizador, acerca los recuerdos de la otra u otras vidas hasta el plano actual de existencia. La llegada de la viajera bien podría ser a esa playa de la Ceyba, que da título al primer poema del libro[3] y que presenta un mar que se mueve entre dos instantes temporales: desde su origen primigenio tras los versos “Estaba el mar respirando en el comienzo de los días”, hasta el instante actual en donde la poeta es consciente de la función que el Pacífico tendrá en el poemario, la de resucitar a los muertos: “El mar siempre vomita//a sus ahogados”. De esa forma se va conformando el recuerdo de otro tiempo, y los actantes que lo protagonizan: la poeta, el muchacho, y su amor en ese otro tiempo[4], en una civilización precolombina. El muchacho fue ritualmente sacrificado y ella, la poeta, asesinada. El viaje se ha transformado, así, en una conversación entre dos orillas, entre el pasado y la actualidad, entre el amor del joven y el amor sustentado en la voz de la poeta que establece una correspondencia entre la vida y de la muerte, y que se empieza a concretar en el poema Tarde lluviosa en las ruinas de Copán (28), con el que se cierra la primera parte del poemario.

            La llegada de la poeta a Chira junto a la impresión del Pacífico[5], con el calor y la pesadez agobiante de su atmósfera,[6] despiertan la anterior vida en común con el muchacho. Al poetizar, la mujer está nombrado, y al nombrar, la poeta se convierte en hacedora de universos, en diosa; crea el mundo mediante un proceso de poiesis que se plasma en el poema Mar de Chira: “Chira, tu vienes de ese lugar//donde sólo se sale, se nace//si unos labios desnudos te nombran” (39). En el poema El silencioso (57) la voz poética se plantea las formas en las que puede convocar al muchacho: “PUEDO elegir pensarte (…) puedo elegir leerte (…) puedo elegir amarte//como lo que fuiste, lo que eres,//enorme letanía silenciosa//entre mi sangre”. Pensar, leer, amar… son formas de poiesis, de creación, mediante la pronunciación del nombre se trae hasta esta realidad al ser convocado.

            Así, invoca al muchacho, y lo recrea. La tercera parte del poemario, Lo que vi en el agua (43), transcurre en la isla, donde la poeta lleva a cabo esa alquimia cuántica. Para ello, utiliza materiales atávicos como el viento, la piedra y el agua, también la fruta[7], con los que moldea un vórtice generador de vida capaz de comunicar una línea temporal, una conexión de un mundo, con el otro, la unión de pasado y presente, creando la conjunción de tiempos cuántica, un pasapresenturo. Se trata de un sistema temporal que alterna presente, pasado y futuro, y que aparece, por ejemplo, en las novelas de Günter Grass.[8] Ese término atemporal grassiano, el pasapresenturo, según las teorías de García Viñó, es una característica inequívoca de la novela quántica:

“no hay espacio y tiempo, sino espaciotiempo. Como quiera que las perspectivas espaciotemporales, según la teoría einsteniana de la relatividad, son cambiantes, para expresarlas se necesita un nuevo lenguaje y una nueva estructuración del texto que implique al observador, esto es, al novelista y, en su momento, al lector (…) En el espaciotiempo, las cosas no ocurren, sino que, simplemente, son” (Viñó, 1995: 12-13).

            En función a ello, puede producirse una reflexión como la que encontramos en una novela del novelista albanés Ismaíl Kadaré, Noviembre de una capital (Tirana, 1975), y que también está sucediendo en Mar de Chira:

“Se diría que aquella fiesta había comenzado dos mil años atrás, en la época del cónsul romano Paulo Emilio el Macedónico, cuando los invitados se burlaban de la reina Teuta y del rey Gentius, ambos vencidos. Dos mil años durante los que asistían al mismo convite, primero con túnicas antiguas, luego con corazas y togas medievales, más tarde con turbantes y velos, saludando a la romana, a la bizantina, a la normanda, a la turca, a la austríaca… (2011b: 197).

        No puede tratarse de una visión más cuántica del tratamiento del tiempo, diferentes momentos y siglos mezclados en el mismo plano. Es lo que Montserrat Doucet titula en uno de sus poemas como Rostro sin tiempo (2014: 38), otra forma de definir esta atemporalidad que aglutina toda la temporalidad.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

                 Doucet, Montserrat: (2008) Arquitectura entre los campos y otros poemas. (Antología). San José, Universidad de Costa Rica. Col. Casa de Poesía.

                Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

           García Viñó, Manuel: (1995) La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes. Madrid, Heterodoxia.

            Kadaré, Ismaíl: (2011b) Noviembre de una capital, 2ª ed. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

                 Madariaga, Salvador de: (2006) El corazón de piedra verde. México, Random House Mondadori.

                    Maldonado Alemán, Manuel: (2006) Günter Grass. Madrid, Síntesis.

[1] Este gato, quebradero de cabeza para muchos estudiosos de la física cuántica, plantea una de las paradojas más controvertidas: la mecánica cuántica permite que, en determinadas condiciones, en un mismo instante, el gato –encerrado en una caja con un veneno radiactivo– permanezca vivo y muerto a un tiempo. La propuesta fue formulada en 1935 por el físico Erwin Schrödinger. En el poemario de Doucet, Mar de Chira, la arquitectura –un recurso tradicional en su poética, véase el título, por ejemplo, de su poemario Arquitectura entre los campos y otros poemas (San José, 2008)–, los espacios, están doblemente ocupados por los vivos y por los muertos como afirma, por ejemplo, en el verso inicial de “Alas abiertas”: “Estas casas que habitaron los muertos”(26). Sobre este plano temporal de los vivos, los muertos continúan desarrollando su línea existencial, ocupando el mismo espacio. Esta forma de ocupar dos mundos a la par, por ejemplo, se explicita, en la forma en que se imbrica la infancia rural de la voz poética con su otra infancia precolombina, simbolizada en una infancia de piedras, que puede leerse en el poema Verano, isla sitiada (36).

[2] No en vano, la primera parte del poemario se titula Travesía (19) y contiene un poema del mismo nombre en la página 22.

[3] Playa de la Ceyba, (21).

[4] De la estirpe de los ángeles (25).

[5] En Océano Pacífico (33).

[6] “EL cuerpo del aire vive aquí”, para definir esa bofetada climatológica que recibe el viajero, un golpe sofocante y denso cuando pisa las playas, por ejemplo, de la Costa Rica en su zona del Pacífico, o más concretamente del cantón de Puntarenas, por ceñirnos al contexto geográfico del poemario.

[7] Tradicionalmente, en el imaginario de la poeta, la fruta ha venido significando la muerte. Con el mismo valor simbólico se desvela en Mar de Chira; al haber sido trágicamente sacrificado el muchacho, y asesinada la voz protagonista, en el otro tiempo, en la pócima simbólica y lirica que construye la resurrección del muchacho y conecta las dos líneas temporales, no puede faltar, junto al viento, la arena, el agua del mar y la piedra, el elemento fúnebre que recuerda la verdadera naturaleza y origen de ambos amantes, significados en la fruta por su valor en la poesía de Doucet. En este poemario, las referencias a la fruta aparecen en algunos títulos de poemas, Fruto prohibido (23), La fruta del corazón (41), y también en imágenes que se asemejan, generalmente, con el corazón, como una fruta que se arrancó del pecho del muchacho cuando fue sacrificado, o que en su color, rojizo como el de las cerezas, recuerdan a “la sangrienta cosecha”  (46) de uno de esos holocaustos llevados a cabo por los pueblos precolombinos  –poema Sin verme–. El sacrificio del muchacho mediante el descorazonamiento es poetizado en Corazón de piedra verde (60): “La piedra generalmente guarda un corazón,//un sustraído corazón.//Un corazón de piedra verde”. La autora entabla así un diálogo metaliterario con una obra narrativa, colocando en una lanzadera comparativa externa su poemario junto a la novela de Salvador de Madariaga de mismo título, El corazón de piedra verde (Buenos Aires, 1943), en donde la narración se detiene extensamente en desarrollar la historia secundaria de un joven que será elegido para ser sacrificado, siendo tratado y agasajado como un rey o un dios, durante todo el periodo de tiempo que transcurre antes del sacrificio, que la propia víctima considera como un gran honor. Para la poeta, el hueco que ocupaba el corazón, una vez extraído, muestra su ausencia de una forma cósmica en el poema Mármol imposible (Doucet, 2014: 61): “ES una enorme cavidad de fuego//donde otrora cegaba el corazón”. Siguiendo el eje temático, la piedra ha dado paso al mármol, y el corazón ha dejado un agujero de fuego al estilo de la explosión de una supernova o la irradiación de un sol, en consonancia con ese Big Bang al que me referiré más abajo.

[8] Término acuñado por Mauel Maldonado Alemán en su estudio titulado Günter Grass. Síntesis, Madrid, 2006.

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (II) —espacio y tiempo cuánticos—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

 

“—Verdad debe de decir mi señor —dijo Sancho—, que como todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quizá lo que a nosotros nos parece un hora debe de parecer allá tres días con sus noches.
—Así será —respondió don Quijote”.
Don Quijote, 2ª Parte, cap. XXIII.

 

            Una primera fuente que establece “lo cuántico” en el arte literario la podemos encontrar en sendos trabajos de Manuel García Viñó: La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes (Madrid, 1995) y Teoría de la novela (Barcelona, 2005). En ellos, su autor aboga por diferenciar dos estados de la novela. Una novela clásica o newtoniana que ha periclitado dejando paso a lo que denomina como novela quántica[1].

            Así, basándose en que la realidad no es aquello que los sentidos nos dictan, ya que el universo no se mueve ni obedece en función de las leyes de un determinismo newtoniano sino en función del principio de indeterminación, la concepción cuántica universal marcará de forma determinante la manera de ofrecer la realidad mediante el empleo del tiempo y del espacio puestos en perspectiva relativa. Espacio y tiempo se diluyen, comparten el mismo lugar, corren mezclados para dar lugar a nuevos sucesos temporales en la concepción de la novela moderna. Con la desaparición del tratamiento clásico del espacio y del tiempo se darán lugar a otros fenómenos temporales que, incluso, sitúan a las novelas en un nuevo paradigma literario.[2]

            Además, en esta nueva novela quántica, la concepción del personaje se ha visto alterada gracias al perspectivismo y a la reconcepción o recreación de lo espacio-temporal.

          En la novela quántica ya no aparece un personaje central al estilo clásico, ni obedece a premisas prototípicas, ya no se puede designar a un personaje central como protagonista del fluido novelístico, sino que ha sufrido una mutación para integrarse como una pieza más en el engranaje narrativo, para colocarse al servicio del mecanismo narrativo-literario en conjunto. A diferencia que en la novela clásica –en ella el argumento y la trama obedecen a la lógica– en la quántica los parámetros espaciales y temporales se atienen a la peculiar estructura lógica del autor que puede, así, alumbrar ilimitadas variaciones de un acontecimiento. Todo el eje narrativo se supedita a la interpretación subjetiva y también, por ello, a las dudas, porque los sucesos y el devenir de los personajes se presentan ahora como puntos en el marco de lo espacio-temporal.

         Este recurso de reinterpretación genera la gran peculiaridad y particularidad de esta nueva novela: pasado y futuro son tan reales y presentes como el presente propiamente dicho. Se ha dinamitado el espacio-tiempo clásico, se ha reconcebido como un espaciotiempo mucho más interesante. Una obra ejemplar para mí, que se define por estas características y, además, define las características mismas en sí, es Austerlitz[3] (Múnich, 2001) de W. G. Sebald, e, indudablemente, estas claves se encuentran en el poemario de Montserrat Doucet, Mar de Chira, lo que me permite una aproximación y análisis desde este punto de vista, independientemente, como se verá, de que se trate de poesía y no de narrativa.

           Como complemento a esta visión de novela quántica proporcionada por García Viñó, contamos, además, con el texto de Gregorio Morales, titulado El cadáver de Balzac: Una visión cuántica de la literatura y el Arte (Alicante, 1998), donde se proporciona una visión general de la teoría, así como una aplicación más amplia, no solo constreñida al ámbito literario. La teoría cuántica propone una nueva estética que

“parte del hecho de que la realidad no sólo no se agota en las apariencias, sino que puede conculcar las leyes que consideremos sensatas; el mundo continúa más allá de donde hasta ahora lo habíamos creído y lo hace de forma no familiar, vulnerando el espacio, el tiempo y la causalidad” (Morales, 1998: 16).

 

          La aplicación de esta nueva estética a la literatura, donde los materiales de trabajo del escritor son, básicamente, el tratamiento del tiempo y del espacio, parte más de una necesidad del avance científico-técnico que de un mero modismo, aunque siempre debemos tener en la cabeza la advertencia de Sokal y Bricmont: el impostor, el diletante, el falto de talento, puede escudarse en la ampulosidad y ofrecer un texto, un poema vacío, amparado en estas premisas. En la próxima entrega de mi análisis veremos que Mar de Chira está cargado de talento, de un talento cuántico.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

            Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

      García Viñó, Manuel: (1995) La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes. Madrid, Heterodoxia.

              García Viñó, Manuel: (2005) Teoría de la novela. Barcelona, Anthropos.

            Morales, Gregorio: (1998) El cadáver de Balzac: Una visión cuántica de la Literatura y el Arte. Alicante, Epígono.

         Vonnegut, Kurt: (2009) Matadero 5 o la cruzada de los niños. Trad. Margarita García de Miro, Barcelona, Anagrama.

           Sebald, W. G.: (2002) Austerlitz. Trad. Miguel Sáenz, Barcelona, Anagrama.

      Sokal, Alan y Bricmont, Jean: (1999) Imposturas intelectuales. Trad. Joan Carles Guix Vilaplana, Buenos Aires, Paidos.

[1] Aunque no he encontrado este término escrito con la letra “q” en el diccionario de la RAE, así lo decide García Viñó. Por tanto, y desde este momento, dado que me ciño a su modelo, cuando me refiera a la novela quántica será utilizando esa grafía. No así cuando me refiera a lo “cuántico” como la cualidad de la física o en relación con el tratamiento del espacio y del tiempo desde esa peculiar perspectiva, entonces seguiré conservando la “ce”, ni cuando hable de “Poesía cuántica”, dado que he decidido acuñar este término así.

[2] A tal efecto, comparto la opinión del profesor Ángel García Galiano a este respecto (comentada en una de sus clases de Máster de Estudios Literarios correspondiente a la asignatura Transformación y transgresión de los Géneros Literarios) y me permito proponer como ejemplo de novela quántica que trasforma desde ese punto de vista la perspectiva del espacio-tiempo, y se instala en un nuevo paradigma, Matadero Cinco (Nueva York, 1969), de Kurt Vonnegut.

[3] Paradigma, además, del género de lo que hoy conocemos como autoficción.