DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (IV) —Análisis del poemario Mar de Chira, de Montserrat Doucet, segunda parte—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

“EL catamarán, cremallera

que va abriendo y cerrando

posibilidades sobre tus aguas”.

—Montserrat Doucet, Mar de Chira—

 

            El problema que se presenta en el poemario de Montserrat Docucet, en este Mar de Chira cuántico, radica en cómo unir las líneas temporales, como conectar en un mismo espacio dos cuerpos para que se amen cuando uno de ellos habita en el pasado, tal y como concluye el poema Cálidos guijarros: “Desea un cuerpo que no existe” (27). Pero, obviamente, en un poemario cuántico, el cuerpo, como el gato de Schrödinger, está vivo y no-vivo a la par.

            Así que, convocado el muchacho, el agua será el elemento aglutinador, el agujero de gusano que ponga en conexión ambas líneas temporales. En el poema Lo que vi en el agua (48) se completa esta equiparación de la superficie del mar a un espejo, clave para traer al momento temporal poético y presente de Chira al muchacho. Este poema se complementa con el siguiente, Espejo (49): EN el espejo,//los ojos y los labios//de los amantes”. De esta manera, el agua del mar puede recuperar al muchacho de otro tiempo porque el espejo es una conexión entre dos mundos pero, también, mediante la invocación poética, una conexión entre los amantes.

       La corporización del amante, al producirse mediante el mar, experimenta una metamorfosis con la propia isla de Chira, con la que se identifica su anatomía en el poema Las máscaras no mienten: “Así se muestra//la perfilada geografía de tu piel de isla:// beso de niebla//que refulge en el océano al amanecer” (50). El muchacho no solo ocupa ahora la misma línea temporal de la poeta sino que por un momento se apodera de su espacio geográfico asimilándose a la isla en una materialización completa del espacio-tiempo con tintes que alcanzan mucho más allá de lo cuántico, llegando a lo místico, me atrevería a decir que a lo galáctico, si se me permite ese adjetivo, dado que la aparición del muchacho a través de los mares tiene mucho de ese Big Bang inicial que generó nuestro universo según algunas teorías, dado que lo ha ocupado todo con su presencia expansiva, ocupando con su anatomía, incluso, la geografía del propio espacio de la isla. El muchacho ha atravesado por un agujero de gusano, desde un plano temporal a otro, de una línea temporal a otra, y aparece en ese otro mundo con una explosión invasiva que recuerda a un Big Bang cósmico.

            Abierto, así, el espejo de la correspondencia por la poesía, se ha producido la conexión en el mismo plano de ambas vidas, y empieza la cuarta parte del poemario, de significativo título, Deshielo (53). ¿Hielo en el trópico? Es el hielo que cubre las cumbres de los volcanes: hielo y fuego, lava y nieve. Deshielo, porque al fin, ambos amantes han abandonado lo pétreo de sus líneas temporales por donde deambulaban, como si fueran como aquel mamut atrapado en el frío de siglos, encontrado en un bloque de hielo y traído de vuelta a la actualidad.

            Juntos, así, lograrán pasar una noche de amor[1]: la cuarta parte del libro se inicia con el poema Muchacho de piel de piedra (55), una clave poética para entender lo que significa vivir un amor anclado a una vida pasada, pero que se ha corporizado en esa explosión geográfica a la que la poeta ya puede amar; un poema que despliega todos los motivos temáticos y simbólicos que articulan el poemario. De esa forma, el muchacho presenta algunas características geológicas: “Amplio es su cuerpo//como un río pleno en su deshielo//y huele a río//y posee la humedad redonda//de los cantos rodados”. Sin embargo, la voz poética no puede olvidar que ambos murieron en la otra línea temporal, de forma trágica, y que esta noche de amor también pasará, encontrando el sabor de las tumbas en el fondo de los besos dados a esas piedras que caracterizan al muchacho de la civilización precolombina, caracterizado por ese elemento fundamental que eran sus pirámides escalonadas de piedra: “pero besar la piedra es a veces//justificar tu propia lápida”.

            La poeta sabe que el agujero de gusano cuántico se volverá a cerrar en breve, y que el muchacho de piel de piedra deberá retornar a su existencia temporal. A la explosión o Big Bang generativo le seguirá una implosión omega, ese Big Crunch o gran colapso sideral que algunos expertos en cosmología aseguran que acabará por producirse en algún momento en nuestro propio universo. En el universo poético de Mar de Chira, tras la noche de amor, el muchacho se retira, con su particular Big Crunch, y cierra el agujero de gusano, replegando así el universo poético que se había generado para, después, regresar a las tumbas. Ese retorno en la poeta, a una especie de muerte en vida, se explicita con el abandono de la isla[2], que no es sino un regreso al momento presente, pero vestido de un fuerte anhelo de reencarnación.

            En el otro plano temporal, a la par, se produce el derrumbe de la cultura precolombina a la que pertenecía el muchacho[3] en el poema Llamada de un dios sin pies. Que esta hecatombe cultural y milenaria se produzca inmediatamente después de que en el plano presente la mujer haya conseguido estar con el muchacho de la piedra hace pensar en el elemento corrompedor de la civilización moderna sobre las culturas tradicionales precolombinas. El contacto de la protagonista ha sido determinante y venenoso para que, en el otro plano cuántico, a modo de efecto mariposa, una civilización completa se desmorone. Se cierra así esta “historia de amor cuántica”, o quizás “meta-cuántica”. Ebria de mar y poesía[4], sola de nuevo, entonces, la protagonista se metamorfosea en la propia voz de la autora, ensaya cierta poesía de la autoficción, y puede ya escribir su texto sobre Chira ensayada como un juego metaliterario, otra característica más de la literatura cuántica, dirigiéndose hacia una nueva reencarnación[5] que no sabemos si será un nuevo poemario…buscando un lugar en el mundo actual sin el muchacho de piedra,[6] tal vez obedeciendo a un impulso que es, como puede leerse en el poema Príncipe extraviado (34): “inexplicable como el tiempo”.

            El poemario ha puesto en pie lo que se define en el penúltimo poema, Chira (77), como un “círculo de verdad inexplicable”, que entronca con esas complejas realidades de la cuántica, con esos tratamientos del espacio y del tiempo en donde se puede existir en varios planos a la vez, incluso se puede vivir y morir a la vez, sin que podamos comprender la extraña certeza que esconde esta realidad. Y es este “círculo de verdad inexplicable” algo relacionado con la muerte y con la esperanza en la reencarnación, con el vivir muchas vidas a la vez y con un poemario que no es sino el recuerdo de todas esas vidas pasadas y del mar, y que en su último poema[7], a modo de corolario, sentencia: “Chira, te dibujo el vacío,//sólo tú puedes entenderme//Sola tú estás//donde duerme la noche”.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

             Dante Alighieri: (2009) Divina Comedia. 12ª ed. Ed. Giorgio Petrocchi. Trad. y nts. Luis Martínez de Merlo, Madrid, Cátedra.

             Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

[1] Esa noche de amor culmina en el poema del libro cuyo título coincide con el de la cuarta parte: Deshielo (Doucet, 2014: 62). La poeta elige aquí, además, un recurso consistente en asociar palabras referentes al campo semántico del frío y del hielo, de la congelación, para poner en pie una relación amorosa tropical y tórrida que debería ser asaz calurosa. Evidentemente, ese frío que el amor desatado consigue deshelar, como la última palabra del poema concluye, es el frío de la muerte del que no pueden desprenderse ambos personajes, que están juntos por encima del tiempo y de sus propias y trágicas muertes pasadas, de un amor que entonces no pudieron disfrutar, y del que ahora gozan siempre con la presencia de ese escalofrío de fondo que les recuerda la tragedia. En este sentido, la protagonista de Mar de Chira, la voz poética o yo poético, y el muchacho, me recuerdan, en lo que tiene de amor fantasmal, doloroso e imposible, a la historia de Francesca y Paolo que aparece en el Canto V del Infierno de la Comedia de Dante (versos 73-142).

[2] El poema del abandono de la isla, Chira sin mi (Doucet, 2014: 63), con los versos que muestran el alejamiento de la isla: “EL catamarán, cremallera//que va abriendo y cerrando//posibilidades sobre tus aguas”, sutura, cose así el agujero que se había abierto sobre la superficie de las aguas por las que había accedido el muchacho. Se cicatriza el acceso al otro mundo cuántico, bloqueándose la conexión.

[3] Probablemente perteneciente al grupo indígena de los huetares.

[4] No en vano, la quinta y última parte del poemario se titula La ebria de mar (67).

[5] En Solo el instante (71), donde “el instante” es “sólo la vida”. Toda una vida es un instante, en una reflexión “meta-cuántica”.

[6] Un lugar en el mundo que se define en el poema Desdibujada orilla (75): “antes de encontrar la desdibujada//orilla que me acoja”.

[7] Donde duerme la noche (77).

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (III) —Análisis del poemario Mar de Chira, de Montserrat Doucet, primera parte—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

          “No hay espacio y tiempo, sino espaciotiempo (…) En el espaciotiempo, las cosas no ocurren, sino que, simplemente, son” —Manuel García Viñó, La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes, pp. 12-13—.

 

        Habrá quien piense que demasiado ya he hablado de narrativa para analizar un poemario, o que tal vez eso no sea necesario en ninguno de los casos. Puede que tenga razón, pero no tratándose de la “poesía cuántica”, y mucho menos del Mar de Chira de Montserrat Doucet, donde el tratamiento del espacio y del tiempo obedecen a los materiales de una narración implícita en los poemas, y existe toda una historia bajo los versos que se abre en un abanico de diferentes planos temporales. A poco de empezar el libro, aparece uno de los poemas de mayor intención y voluntad cuántica, Saltando meridianos (Doucet, 2014: 24), que aglutina diferentes características de este tipo de estética y es toda una declaración de intenciones de los significados del texto.

           Ya en su título, se nos pone en relación directa con el salto temporal o salto cuántico mediante la metáfora de los meridianos, lo que inevitablemente llevará al yo poético a un desdoblamiento en sus diferentes existencias. Así lo reconoce en los versos iniciales del poema: “A VECES me gustaría vivir//mi cuerpo como lo que es: el celebrado instante y su ceniza”. Al referirse a esta existencia como “ceniza”, nos invita a pensar que en una de las líneas temporales puede estar muerta; es decir, que en un plano temporal el yo poético está vivo, mientras en otro no. Inmediatamente, cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la física cuántica, recordará una de las paradojas más célebres de esta mecánica, la del gato de Schrödinger[1]. Todo ello hace concluir al poema con la certeza cuántica: “la temida, terrible certidumbre://no soy mi cuerpo”.

            Todo comienza con un deseo de Chira, un anhelo de Chira por parte de la voz que voy a denominar como “protagonista” del poemario. Evidentemente, ese anhelo, esa llamada inconsciente que llevará a la voz poética hasta el mar de Chira en busca de alguien, obedece a la memoria de otro tiempo y de otra vida, de otra cadena temporal, de una línea de existencia que, si bien pertenece al pasado, continua sucediendo; son los many worlds cuánticos que acontecen a la vez.

            De manera que la travesía hasta Chira[2], y su mar, el mar, que ejerce de catalizador, acerca los recuerdos de la otra u otras vidas hasta el plano actual de existencia. La llegada de la viajera bien podría ser a esa playa de la Ceyba, que da título al primer poema del libro[3] y que presenta un mar que se mueve entre dos instantes temporales: desde su origen primigenio tras los versos “Estaba el mar respirando en el comienzo de los días”, hasta el instante actual en donde la poeta es consciente de la función que el Pacífico tendrá en el poemario, la de resucitar a los muertos: “El mar siempre vomita//a sus ahogados”. De esa forma se va conformando el recuerdo de otro tiempo, y los actantes que lo protagonizan: la poeta, el muchacho, y su amor en ese otro tiempo[4], en una civilización precolombina. El muchacho fue ritualmente sacrificado y ella, la poeta, asesinada. El viaje se ha transformado, así, en una conversación entre dos orillas, entre el pasado y la actualidad, entre el amor del joven y el amor sustentado en la voz de la poeta que establece una correspondencia entre la vida y de la muerte, y que se empieza a concretar en el poema Tarde lluviosa en las ruinas de Copán (28), con el que se cierra la primera parte del poemario.

            La llegada de la poeta a Chira junto a la impresión del Pacífico[5], con el calor y la pesadez agobiante de su atmósfera,[6] despiertan la anterior vida en común con el muchacho. Al poetizar, la mujer está nombrado, y al nombrar, la poeta se convierte en hacedora de universos, en diosa; crea el mundo mediante un proceso de poiesis que se plasma en el poema Mar de Chira: “Chira, tu vienes de ese lugar//donde sólo se sale, se nace//si unos labios desnudos te nombran” (39). En el poema El silencioso (57) la voz poética se plantea las formas en las que puede convocar al muchacho: “PUEDO elegir pensarte (…) puedo elegir leerte (…) puedo elegir amarte//como lo que fuiste, lo que eres,//enorme letanía silenciosa//entre mi sangre”. Pensar, leer, amar… son formas de poiesis, de creación, mediante la pronunciación del nombre se trae hasta esta realidad al ser convocado.

            Así, invoca al muchacho, y lo recrea. La tercera parte del poemario, Lo que vi en el agua (43), transcurre en la isla, donde la poeta lleva a cabo esa alquimia cuántica. Para ello, utiliza materiales atávicos como el viento, la piedra y el agua, también la fruta[7], con los que moldea un vórtice generador de vida capaz de comunicar una línea temporal, una conexión de un mundo, con el otro, la unión de pasado y presente, creando la conjunción de tiempos cuántica, un pasapresenturo. Se trata de un sistema temporal que alterna presente, pasado y futuro, y que aparece, por ejemplo, en las novelas de Günter Grass.[8] Ese término atemporal grassiano, el pasapresenturo, según las teorías de García Viñó, es una característica inequívoca de la novela quántica:

“no hay espacio y tiempo, sino espaciotiempo. Como quiera que las perspectivas espaciotemporales, según la teoría einsteniana de la relatividad, son cambiantes, para expresarlas se necesita un nuevo lenguaje y una nueva estructuración del texto que implique al observador, esto es, al novelista y, en su momento, al lector (…) En el espaciotiempo, las cosas no ocurren, sino que, simplemente, son” (Viñó, 1995: 12-13).

            En función a ello, puede producirse una reflexión como la que encontramos en una novela del novelista albanés Ismaíl Kadaré, Noviembre de una capital (Tirana, 1975), y que también está sucediendo en Mar de Chira:

“Se diría que aquella fiesta había comenzado dos mil años atrás, en la época del cónsul romano Paulo Emilio el Macedónico, cuando los invitados se burlaban de la reina Teuta y del rey Gentius, ambos vencidos. Dos mil años durante los que asistían al mismo convite, primero con túnicas antiguas, luego con corazas y togas medievales, más tarde con turbantes y velos, saludando a la romana, a la bizantina, a la normanda, a la turca, a la austríaca… (2011b: 197).

        No puede tratarse de una visión más cuántica del tratamiento del tiempo, diferentes momentos y siglos mezclados en el mismo plano. Es lo que Montserrat Doucet titula en uno de sus poemas como Rostro sin tiempo (2014: 38), otra forma de definir esta atemporalidad que aglutina toda la temporalidad.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

                 Doucet, Montserrat: (2008) Arquitectura entre los campos y otros poemas. (Antología). San José, Universidad de Costa Rica. Col. Casa de Poesía.

                Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

           García Viñó, Manuel: (1995) La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes. Madrid, Heterodoxia.

            Kadaré, Ismaíl: (2011b) Noviembre de una capital, 2ª ed. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

                 Madariaga, Salvador de: (2006) El corazón de piedra verde. México, Random House Mondadori.

                    Maldonado Alemán, Manuel: (2006) Günter Grass. Madrid, Síntesis.

[1] Este gato, quebradero de cabeza para muchos estudiosos de la física cuántica, plantea una de las paradojas más controvertidas: la mecánica cuántica permite que, en determinadas condiciones, en un mismo instante, el gato –encerrado en una caja con un veneno radiactivo– permanezca vivo y muerto a un tiempo. La propuesta fue formulada en 1935 por el físico Erwin Schrödinger. En el poemario de Doucet, Mar de Chira, la arquitectura –un recurso tradicional en su poética, véase el título, por ejemplo, de su poemario Arquitectura entre los campos y otros poemas (San José, 2008)–, los espacios, están doblemente ocupados por los vivos y por los muertos como afirma, por ejemplo, en el verso inicial de “Alas abiertas”: “Estas casas que habitaron los muertos”(26). Sobre este plano temporal de los vivos, los muertos continúan desarrollando su línea existencial, ocupando el mismo espacio. Esta forma de ocupar dos mundos a la par, por ejemplo, se explicita, en la forma en que se imbrica la infancia rural de la voz poética con su otra infancia precolombina, simbolizada en una infancia de piedras, que puede leerse en el poema Verano, isla sitiada (36).

[2] No en vano, la primera parte del poemario se titula Travesía (19) y contiene un poema del mismo nombre en la página 22.

[3] Playa de la Ceyba, (21).

[4] De la estirpe de los ángeles (25).

[5] En Océano Pacífico (33).

[6] “EL cuerpo del aire vive aquí”, para definir esa bofetada climatológica que recibe el viajero, un golpe sofocante y denso cuando pisa las playas, por ejemplo, de la Costa Rica en su zona del Pacífico, o más concretamente del cantón de Puntarenas, por ceñirnos al contexto geográfico del poemario.

[7] Tradicionalmente, en el imaginario de la poeta, la fruta ha venido significando la muerte. Con el mismo valor simbólico se desvela en Mar de Chira; al haber sido trágicamente sacrificado el muchacho, y asesinada la voz protagonista, en el otro tiempo, en la pócima simbólica y lirica que construye la resurrección del muchacho y conecta las dos líneas temporales, no puede faltar, junto al viento, la arena, el agua del mar y la piedra, el elemento fúnebre que recuerda la verdadera naturaleza y origen de ambos amantes, significados en la fruta por su valor en la poesía de Doucet. En este poemario, las referencias a la fruta aparecen en algunos títulos de poemas, Fruto prohibido (23), La fruta del corazón (41), y también en imágenes que se asemejan, generalmente, con el corazón, como una fruta que se arrancó del pecho del muchacho cuando fue sacrificado, o que en su color, rojizo como el de las cerezas, recuerdan a “la sangrienta cosecha”  (46) de uno de esos holocaustos llevados a cabo por los pueblos precolombinos  –poema Sin verme–. El sacrificio del muchacho mediante el descorazonamiento es poetizado en Corazón de piedra verde (60): “La piedra generalmente guarda un corazón,//un sustraído corazón.//Un corazón de piedra verde”. La autora entabla así un diálogo metaliterario con una obra narrativa, colocando en una lanzadera comparativa externa su poemario junto a la novela de Salvador de Madariaga de mismo título, El corazón de piedra verde (Buenos Aires, 1943), en donde la narración se detiene extensamente en desarrollar la historia secundaria de un joven que será elegido para ser sacrificado, siendo tratado y agasajado como un rey o un dios, durante todo el periodo de tiempo que transcurre antes del sacrificio, que la propia víctima considera como un gran honor. Para la poeta, el hueco que ocupaba el corazón, una vez extraído, muestra su ausencia de una forma cósmica en el poema Mármol imposible (Doucet, 2014: 61): “ES una enorme cavidad de fuego//donde otrora cegaba el corazón”. Siguiendo el eje temático, la piedra ha dado paso al mármol, y el corazón ha dejado un agujero de fuego al estilo de la explosión de una supernova o la irradiación de un sol, en consonancia con ese Big Bang al que me referiré más abajo.

[8] Término acuñado por Mauel Maldonado Alemán en su estudio titulado Günter Grass. Síntesis, Madrid, 2006.

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (II) —espacio y tiempo cuánticos—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

 

“—Verdad debe de decir mi señor —dijo Sancho—, que como todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quizá lo que a nosotros nos parece un hora debe de parecer allá tres días con sus noches.
—Así será —respondió don Quijote”.
Don Quijote, 2ª Parte, cap. XXIII.

 

            Una primera fuente que establece “lo cuántico” en el arte literario la podemos encontrar en sendos trabajos de Manuel García Viñó: La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes (Madrid, 1995) y Teoría de la novela (Barcelona, 2005). En ellos, su autor aboga por diferenciar dos estados de la novela. Una novela clásica o newtoniana que ha periclitado dejando paso a lo que denomina como novela quántica[1].

            Así, basándose en que la realidad no es aquello que los sentidos nos dictan, ya que el universo no se mueve ni obedece en función de las leyes de un determinismo newtoniano sino en función del principio de indeterminación, la concepción cuántica universal marcará de forma determinante la manera de ofrecer la realidad mediante el empleo del tiempo y del espacio puestos en perspectiva relativa. Espacio y tiempo se diluyen, comparten el mismo lugar, corren mezclados para dar lugar a nuevos sucesos temporales en la concepción de la novela moderna. Con la desaparición del tratamiento clásico del espacio y del tiempo se darán lugar a otros fenómenos temporales que, incluso, sitúan a las novelas en un nuevo paradigma literario.[2]

            Además, en esta nueva novela quántica, la concepción del personaje se ha visto alterada gracias al perspectivismo y a la reconcepción o recreación de lo espacio-temporal.

          En la novela quántica ya no aparece un personaje central al estilo clásico, ni obedece a premisas prototípicas, ya no se puede designar a un personaje central como protagonista del fluido novelístico, sino que ha sufrido una mutación para integrarse como una pieza más en el engranaje narrativo, para colocarse al servicio del mecanismo narrativo-literario en conjunto. A diferencia que en la novela clásica –en ella el argumento y la trama obedecen a la lógica– en la quántica los parámetros espaciales y temporales se atienen a la peculiar estructura lógica del autor que puede, así, alumbrar ilimitadas variaciones de un acontecimiento. Todo el eje narrativo se supedita a la interpretación subjetiva y también, por ello, a las dudas, porque los sucesos y el devenir de los personajes se presentan ahora como puntos en el marco de lo espacio-temporal.

         Este recurso de reinterpretación genera la gran peculiaridad y particularidad de esta nueva novela: pasado y futuro son tan reales y presentes como el presente propiamente dicho. Se ha dinamitado el espacio-tiempo clásico, se ha reconcebido como un espaciotiempo mucho más interesante. Una obra ejemplar para mí, que se define por estas características y, además, define las características mismas en sí, es Austerlitz[3] (Múnich, 2001) de W. G. Sebald, e, indudablemente, estas claves se encuentran en el poemario de Montserrat Doucet, Mar de Chira, lo que me permite una aproximación y análisis desde este punto de vista, independientemente, como se verá, de que se trate de poesía y no de narrativa.

           Como complemento a esta visión de novela quántica proporcionada por García Viñó, contamos, además, con el texto de Gregorio Morales, titulado El cadáver de Balzac: Una visión cuántica de la literatura y el Arte (Alicante, 1998), donde se proporciona una visión general de la teoría, así como una aplicación más amplia, no solo constreñida al ámbito literario. La teoría cuántica propone una nueva estética que

“parte del hecho de que la realidad no sólo no se agota en las apariencias, sino que puede conculcar las leyes que consideremos sensatas; el mundo continúa más allá de donde hasta ahora lo habíamos creído y lo hace de forma no familiar, vulnerando el espacio, el tiempo y la causalidad” (Morales, 1998: 16).

 

          La aplicación de esta nueva estética a la literatura, donde los materiales de trabajo del escritor son, básicamente, el tratamiento del tiempo y del espacio, parte más de una necesidad del avance científico-técnico que de un mero modismo, aunque siempre debemos tener en la cabeza la advertencia de Sokal y Bricmont: el impostor, el diletante, el falto de talento, puede escudarse en la ampulosidad y ofrecer un texto, un poema vacío, amparado en estas premisas. En la próxima entrega de mi análisis veremos que Mar de Chira está cargado de talento, de un talento cuántico.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

            Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

      García Viñó, Manuel: (1995) La novela relativista y quántica. Materiales para la construcción de una teoría aplicable a otras artes. Madrid, Heterodoxia.

              García Viñó, Manuel: (2005) Teoría de la novela. Barcelona, Anthropos.

            Morales, Gregorio: (1998) El cadáver de Balzac: Una visión cuántica de la Literatura y el Arte. Alicante, Epígono.

         Vonnegut, Kurt: (2009) Matadero 5 o la cruzada de los niños. Trad. Margarita García de Miro, Barcelona, Anagrama.

           Sebald, W. G.: (2002) Austerlitz. Trad. Miguel Sáenz, Barcelona, Anagrama.

      Sokal, Alan y Bricmont, Jean: (1999) Imposturas intelectuales. Trad. Joan Carles Guix Vilaplana, Buenos Aires, Paidos.

[1] Aunque no he encontrado este término escrito con la letra “q” en el diccionario de la RAE, así lo decide García Viñó. Por tanto, y desde este momento, dado que me ciño a su modelo, cuando me refiera a la novela quántica será utilizando esa grafía. No así cuando me refiera a lo “cuántico” como la cualidad de la física o en relación con el tratamiento del espacio y del tiempo desde esa peculiar perspectiva, entonces seguiré conservando la “ce”, ni cuando hable de “Poesía cuántica”, dado que he decidido acuñar este término así.

[2] A tal efecto, comparto la opinión del profesor Ángel García Galiano a este respecto (comentada en una de sus clases de Máster de Estudios Literarios correspondiente a la asignatura Transformación y transgresión de los Géneros Literarios) y me permito proponer como ejemplo de novela quántica que trasforma desde ese punto de vista la perspectiva del espacio-tiempo, y se instala en un nuevo paradigma, Matadero Cinco (Nueva York, 1969), de Kurt Vonnegut.

[3] Paradigma, además, del género de lo que hoy conocemos como autoficción.

DE LA LITERATURA CUÁNTICA A LA POESÍA CUÁNTICA (I) —algunas consideraciones generales—

Autor: José Carlos Rodrígo Breto

Seríe: Poesía Cuántica

“La lluvia es una cosa

Que sin duda sucede en el pasado”

Jorge Luis Borges, La lluvia.

 

           Casualidad y contingencia, dos de las características que definen lo que se puede denominar como “novela cuántica”, me llevaron, en el otoño de 2014, a descubrir en el poemario de Montserrat Doucet, Mar de Chira (Madrid, 2014) una construcción ejemplar para lo que determino como “poesía cuántica”. Después, otros trabajos, como La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada (Ocaña, 2016), de Heberto de Sysmo[1], han venido a demostrar que la “cuántica” en la lírica es algo más que un mero modismo. Esta visión poética se ha convertido en una necesidad de explicar el mundo desde la perspectiva de la física cuántica, de la teoría de las cuerdas o del fractalismo, como respuesta al mundo moderno en el que nos movemos, y en el que las tres dimensiones, o una mera imagen microscópica, ya no resultan suficientes. Ahora hay que referirse a lo cuántico, a lo micro-cuántico, si queremos encontrar un sentido al cosmos que nos rodea. Y de ahí este tipo de poesía.

            Casualidad y contingencia, en efecto, tal y como digo al principio de este escrito, porque en aquellos momentos me encontraba terminando mi tesis doctoral sobre aspectos de la literatura albanesa y el escritor Ismaíl Kadaré;[2] un trabajo que, entre otras premisas, buscaba demostrar que dicho autor es mucho más que un autor realista, entendiendo “realismo” como la corriente que lo adscribe o hermana con escritores como Galdós, Victor Hugo,  Dickens, Balzac o Zola –tal y como mantienen algunos críticos literarios, en particular de corrientes francesas y de la crítica española–, y en donde ese “realismo” se sustenta en descripciones y temáticas relacionadas con el ambiente montañés y las tradiciones albanesas, y que tampoco tiene nada que ver con el imperativo de las leyes del “realismo socialista” bajo el cual los autores de la Albania del tirano Enver Hoxha se vieron obligados a escribir.[3] Evidentemente, Ismaíl Kadaré es mucho más que todo eso, y además, su obra ejecuta un giro cuántico que pivota sobre una obra específicamente cuántica, Spiritus (Elbasan, 1996), un texto que, a la par, significa explosión e implosión de su narrativa, es una leche proteica que nutre el resto de su creación, que ya no volverá a ser nunca más la misma y le permite, de esa forma, componer algunas de las novelas cuánticas más complejas y modélicas de la actualidad, como por ejemplo, El accidente (París, 2008) o La cena equivocada (Tirana, 2008).

            Dio la casualidad, por tanto, de que me encontraba sumido en el análisis de los elementos de la “narrativa cuántica” en general, y de la obra de Ismaíl Kadaré en particular, cuando recibí la invitación para presentar[4] el libro Mar de Chira. Su lectura me abrió de inmediato un “horizonte poético cuántico” que se contiene en los poemas, y pude determinar, de inmediato, que me encontraba ante un ejemplo de “poesía cuántica”.

            Una investigación más a fondo de lo que podría encontrarse detrás de la llamada “novela cuántica”, o literatura cuántica”, podría conducir a errores, o simplemente hacernos topar con algunas bufonadas llevadas a cabo por desaprensivos y caraduras. La etiqueta “cuántica”, o “lo cuántico”, no siempre se utiliza de forma adecuada, y en la mayoría de las veces sirve para ocultar defectos. Generalmente, disimula el peor defecto de todos los posibles en la creación literaria: la escasez o la completa falta de talento. Eminentemente narrativo, este problema de la cuántica se exacerba si lo calcamos al ámbito de la poesía. Ya lo advierten Sokal y Bricmont en su obra, con el significativo título Imposturas intelectuales (Londres, 1988), en donde nos ofrecen su propia y particular lectura e interpretación de la aplicación de ciertas ciencias a las artes, entre ellas la física cuántica, concluyendo que muchas veces se toman estas teorías como un paraguas donde refugiarse para, finalmente, no aportar nada novedoso. De este modo, no será “poesía cuántica” un poema que utilice términos de la física cuántica, como tampoco lo son construcciones pomposas sin pies ni cabeza que pasan por ser, presuntamente, “cuánticas”.

            Comentado ya, someramente, lo que se oculta detrás de lo “no-cuántico”, en el próximo artículo será el momento de determinar las características de la “narrativa cuántica”, de la “novela cuántica”, origen y filiación, y cómo desde esa plantilla, he podido interpretar siguiendo esa clave el texto poético de Montserrat Doucet y los siguientes poemarios que como tales he podido clasificar.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

            Doucet, Montserrat: (2014) Mar de Chira. Introd. Laureano Albán, Madrid, Polibea. Col. El levitador, nº 48.

            Heberto de Sysmo: La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada. Introd. del autor, Análisis y notas David Acebes Sampedro, Ilustraciones Vanessa Torres, Ocaña, Lastura, Col. Alcalima.

            Kadaré, Ismaíl: (2000) Spiritus. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde, Madrid, Alianza. Col. Alianza Literaria, nº 36.

Kadaré Ismaíl: (2009) El accidente. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde y María Roces, Madrid, Alianza. Col. Alianza Literaria, nº 245.

Kadaré, Ismaíl: (2011a) La cena equivocada. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde, Madrid, Alianza. Col. Alianza Literaria, nº 308.

            Rodrigo Breto, José Carlos: (2015) Ismaíl Kadaré y la Gran Estratagema: reflejos literarios del totalitarismo. Tesis doctoral. Madrid, Universidad Complutense. Dirs. Jose Ignacio Díez Fernández y Francisco Javier Juez Gálvez. Fecha de lectura 15/06/2015. Inédita.

            Rodrigo Breto, José Carlos: (2015) Kadare´s Fortune in Spain: A Brief History of Its Reception. Ponencia leída en el XXXIV Seminario de Lengua, Literatura y Cultura Albanesa, organizado por la Facultad de Filología de la Universidad de Pristina, Kósovo, 21-08-2015. Inédita.

            Sokal, Alan y Bricmont, Jean: (1999) Imposturas intelectuales. Trad. Joan Carles Guix Vilaplana, Buenos Aires, Paidos.

 

[1] Pseudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor.

[2] Véase bibliografía.

[3] Del problema del encasillamiento al que la crítica somete a Kadaré como autor “realista” y las etiquetas que le coloca para condicionar al lector, trato en mi ponencia Kadare´s Fortune in Spain: A Brief History of Its Reception. Véase bibliografía.

[4] Presentación llevada a cabo el 12 de noviembre de 2014, en la biblioteca del Centro Cultural Isabel de Farnesio, en Aranjuez.

Sobre el efecto del componente literario en la felicidad

Autor: David Blanco

Seríe: Diálogos con el Maestro Pei Di

Lugar: Taller caligráfico en Santiago de Chile

La idea del presente texto es describir desde el enfoque budista y filosófico del Maestro Pei Di, cuáles son los elementos y la descripción que componen la fórmula de la felicidad (A-FUNDAMENTOS) y como el componente literario está presente en la misma (B-CUESTIONES). Todo comentario por parte de los lectores/as será bien venido, la idea es poder conformar un debate constructivo en torno al tema expuesto.

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A-FUNDAMENTOS (enfoque de los elementos básicos que componen la fórmula de la felicidad desde una perspectiva budista)

Maestro Pei Di:

La fórmula de la felicidad según Eduard Punset está conformada por los siguientes elementos:

Felicidad[1] =

E ( M + B + P )  / R+C

Denominador; reductores y cargas.

R- Factores reductores

  • Ausencia de desaprendizaje. La confesión del error es como una escoba, que quita el polvo y deja el suelo más limpio.
  • Recurso a la memoria grupal. Necesaria para poder reconocerse como inserto dentro de una misma comunidad pero pesada carga si se recurre a ella de forma periódica y regular en exceso.
  • Inferencia con procesos automatizados. En este punto mejor darle paso a las máquinas.
  • Predominio del miedo. Cuando no se tiene domínio de sí mismo, cuando se deja ser conducido por el deseo y el ego es constantemente retroalimentado.

C – Carga heredada

  • Mutaciones lesivas. Se producen y se trasnmiten a nivel de ADN, pueden trasladarse de generación en generación, aparecer por el Karma propio de la persona.
  • Desgaste y envejecimiento.
  • Ejercicio abyecto del poder político. Un líder ha de tener dominio completo sobre sí mismo. Ha de recordar que ojo por ojo y el mundo acabará ciego, que el primer deber es proteger a los débiles, no vejar ninguna conciencia humana aplicando el principio de Kant: “obra de tal manera que tus actos puedan constituirse en Ley Universal”.
  • Estrés imaginado e inducido. La enfermedad es el resultado no sólo de nuestros actos, sino de nuestros pensamientos.

Numerador; el motor de la vida y sus factores significativos.

E – Emoción al comienzo y al final del proyecto. Se trata del gran efecto multiplicador, la sal de la vida, aquello que nos motiva, mueve e impulsa. Resulta un factor clave en la fijación de conocimiento, en la creación de nuevos conceptos y es el motor que ayuda en el inicio del destronamiento de lo que ya es aceptado.

M – Mantenimiento y atención al detalle. El objetivo principal de la vida es vivir, pensar y actuar con rectitud. Cuando toda la atención se centra en el cuerpo, el alma languidece. Una vida sin reflexión es una vida animal.

B – Disfrute de la búsqueda y de la expectativa. La mente es como un pájaro inquieto, como un caballo desbocado: cuanto más le das, más quiere.

P – Relaciones personales. Son fundamentales para disminuir nuestro estrés (siempre que estas sean sanas), para disfrutar de las cosas en la vida, para recibir soporte. Conforman la malla de seguridad de cada persona y resultan fundamentales para alcanzar el equilibrio interno de la persona.

 


B- CUESTIONES (planteadas al Maestro Pei Di)

 

VERDE LUNA: El desaprendizaje es un elemento corrector de los factores reductores. ¿La literatura puede aportar elementos que consoliden el proceso de desaprendizaje? ¿En qué medida?

Maestro Pei Di:

Desaprender supone liberarse de una pesada carga que nos permite caminar más livianos. Se pueden desaprender mañas, costumbres, hábitos, ideas preconcebidas, idealizaciones, programaciones, visiones de la vida, cultos, pensamientos, rutinas… desaprender supone modificar la ruta y el flujo a través del cual construimos nuestra visión de la realidad.

Leer nos ayuda a desaprender, nos desestructura, aporta nuevas experiencias (nunca vividas), conocimientos (rebatiendo ademas los que ya se tenían), enfoques, interpretaciones de la realidad que nos orientan ayudándonos a reducir el estrés y ansiedad que a menudo acumulamos durante nuestras vidas ordinarias, lo que eventualmente redunda en una mejora generalizada de la salud física, mental y espiritual de la persona.

Tan fuerte es su impacto que en muchas ocasiones a lo largo de la historía tanto occidental como oriental quemar libros se convirtió en uno de los primeros objetivos de todo régimen represor, instrumentos políticos como la Inquisición, monarca, reyes, emperadores, shogunes y pretendidos hijos del Cielo (como Felipe II con su prohibición sobre los manuales de alquimia aplicable en toda España) y cualquier tipo de sistema en el que el control más absoluto de mentes y corazones fuera prioridad.

Desde el punto de vista del lector, del demandante, del consumidor de contenidos, no solo estaba prohibido adquirir nuevo conocimiento sino también desalienarse, pensar de forma diferente y actuar de forma diferente.

Si de forma complementaria se emplea la escritura podremos cerrar un circulo perfecto, ya que es uno de los mejores sistemas para poder dejar inserto en la memoria grupal, en la sociedad nuestra propia experiencia, una marca de lo que fuimos, la esencia de la experiencia vital en este mundo.

 

VERDE LUNA: Basándonos en la estructura planteada. ¿La literatura aporta o puede aportar elementos diferentes a un escritor y a un lector? ¿Cuáles son los lugares comúnes del escritor y del lector?   

Maestro Pei Di:

El libro o cualquier otra entidad matérica que contenga la obra del escritor o artista narrativo sería el primer lugar común de encuentro e interaccción entre quien transmite su obra y quien la recepciona.

¿Qué diferencia y qué similitudes existen por ejemplo existiría entre la obra de un Shakespeare y un Blansky?

Independientemente de que estos sean o no de una misma nacionalidad ambos autores son a mi modo de ver muy similares:

Uno empleo la pluma y el otro el grafitti como medio de transmisión del contenido que quieren comunicar a una audiencia universal.

Blansky emplea un medio gráfico, que plasma físicamente en un espacio público con el objetivo de comunicar, de emocionar, de denunciar, de darle la vuelta a una idea, a algo que se pensaba que era de una manera. Aporta un nuevo enfoque, quizás solo el suyo íntimamente pero consigue que en parte una comunidad entera lo adopte como suyo a portando transformando un desaprendizaje que podía ser individual en un desaprendizaje colectivo visible a los ojos de todo el mundo. Sí, pinta grafittis ¿pero desde el mismo momento en que estos son insertos en libros ya no se transforman también en literatura?

Shakespeare emplea también un medio gráfico, la escritura tiene su origen en el medio gráfico, en las primeras pinturas de las cavernas. Son una evolución lógica y natural del mismo.

 

VERDE LUNA: ¿El proceso de creación o de disfrute literario existen en proporciones semejantes emoción, disfrute y búsqueda, mantenimiento y atención al detalle

          Maestro Pei Di:

Por supuesto. Al crear una obra literaria se disfruta / sufre casi en la misma proporción a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco, principalmente se disfruta del proceso. Otro momento bien interesante es el relacionado con las opiniones de los lectores, es indudable que toda obra acaba siempre en la mente del lector y no antes. Una obra en la que se mantiene adecuadamente la atención al detalle (lo que incluye la consideración y respecto por el lenguaje que se empleará en el texto), es una obra que seguramente tendrá éxito. El éxito de la obra literario añade un componente extra de felicidad, es así.

Al leer la obra debe aportar, debe incentivar, debe ayudar como lector a la desconexión al viaje y a la fusión con la obra. Esto resulta fundamental ya que según plantea el budismo a la vida venimos principalmente a dos cosas: amar y conocer. Estos dos puntos pueden ser alcanzados, pueden ser potenciados a través de una lectura. Es más, hay obras que pueden llegar a orientar o incluso reconducir una parte importante y significativa de la vida de una persona.

 

VERDE LUNA: ¿En qué medida la literatura fomenta las relaciones personales?                       Maestro Pei Di:

Leer nos ayuda a desaprender, nos reestructura, aporta nuevas experiencias, enfoques, interpretaciones de la realidad que nos orientan ayudándonos a reducir estrés y ansiedad, lo que eventualmente redunda en una mejora generalizada de la salud de la persona.

En la lectura hay un fuerte componente de memoria grupal, la Historia de Herodoto es uno de los mejores ejemplos.

La lectura ayuda a desautomatizar, hace que áres del cerebro que se encontraban dormidas / aletargadas resurjan y que inclusive, empiecen a emplearse otras nuevas.


Dejamos al maestro trabajando en su taller; en su interior el pincel vuela, la tinta baila. Una bella caligrafía rellenará el vacio blanco del papel de arroz.

 

El Maestro Pei Di dijo: “Si quieres alcanzar la iluminación comienza por encender la luz”

Pei_Di_Maestro

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Principales referencias bibliográficas:

[1] Fuente: La búsqueda de la felicidad / Eduard Punset