La filosofía zen y el taoismo en el haiku japonés – Parte 1/2

Autor: Montserrat Doucet

Revisado por: David Blanco

 

Los haikus, breves poemas japoneses que tratan de captar en tres versos la eternidad del instante, los han escrito diversidad de personas de toda edad y condición: hombres, mujeres, nobles, guerreros, monjes, incluso niños desde el siglo VIII hasta nuestros días. Algunos se escribieron como una especie de testamento vital por las mismas personas que morirían a las pocas horas o pocos días después. No es extraño que nos fascine la filosofía que los sustenta.

Se ha definido al haiku como una poesía de brevedad límite; solo diecisiete sílabas japonesas (ji-on). Aunque no tiene por qué dividirse en tres versos de 5-7-5 (admitiéndose igual 7-5-5, 6-6-5, o cualquier otra fórmula…), el tópico y la tradición nos van a fijar el metro en ese 5-7-5. Se denomina haijin al poeta o poetisa que hace haikus.[1]

El origen del haiku es muy antiguo: El haiku proviene del Tanka: poema breve de 31 sílabas distribuidas en 5 versos de 5, 7, 5, 7, 7.

El tanka tiene dos imágenes poéticas:

  • Una inspirada en la naturaleza
  • Otra complemento meditativo de la anterior.

Para Yoel Hoffman en Poemas japoneses a la muerte [2]se puede comparar al poeta del tanka como alguien que sostiene dos espejos: uno que refleja una escena de la naturaleza y otro que lo refleja a él sosteniendo el primero. El haiku rompe el espejo que refleja al poeta y solo deja en sus manos el que refleja la naturaleza. El tanka a su vez, procede del renga, poema de juego poético cortesano con el que un poeta respondía a otro y en el que el tanka funcionaba a modo de estribillo. El origen del haiku se remontaría por tanto a un juego de la corte, en el que los nobles, instruidos en el arte de la poesía, dedicaban parte de su tiempo.

En el haiku intervienen poderosamente dos elementos profundamente vinculados a la cultura japonesa: la naturaleza y la muerte. Partiendo de que el Taoísmo se caracteriza por creer que existe una solidaridad absoluta entre el hombre y la naturaleza trataremos de ver esta filosofía en algunos ejemplos de haikus. Asimismo analizaremos como con la asimilación del Budismo Zen en Japón muchos de los haikus son ejemplos preciosos del satori o iluminación.[3]

La comunicación se desarrollará mediante el análisis de varios haikus en los que se pondrán de manifiesto las concordancias entre las características inherentes del haiku y la filosofía tanto Taoísta[4] como Zen:

  • La vivencia del presente: el aware.
  • La importancia de la vía intuitiva frente a la vía intelectual: haiku/ poesía tradicional.
  • La participación activa en lo cotidiano, la admiración y el misterio de la vida en cada situación: asombro infantil y juicio no moral del haiku.
  • El profundo significado de las cosas cotidianas e insignificantes: el haini
  • El fluir, la integración del hombre con la naturaleza: las conexiones invisibles entre los objetos, el verlo todo de Busón.

 

A modo de conclusión analizaremos algunos bellísimos haikus a la muerte en los que una misma circunstancia alude a dos momentos diferentes en la historia de haiku; antes y después de la irrupción de la filosofía zen y sus rituales en el Japón.

 

 

  • La vivencia del presente: el aware

 

“Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar en este momento”

BASHO (1644-1694)

 

El aware podríamos definirlo como una conmoción profunda: es la conmoción profunda que experimenta el haijin sin meter el pensamiento en lo que está contemplando. El aware es imprescindible porque sin él no hay haiku. Veamos el siguiente ejemplo:

 

El río de verano,

vadeado: qué felicidad.

Sandalias en la mano.

BUSÓN (Maurice Coyaud 2005: 165)

 

Un hombre descalzo que atraviesa a pie un río con poco caudal pues el verano ha mermado la profundidad de sus aguas y hacen posible esta acción. Hasta aquí, esta sería la descripción de la escena más esa felicidad que siente el caminante al vadear el río, sandalias en mano, hace que sea un instante mágico el hecho de cruzar el río que transcurre con poca agua pero con la suficiente para tener que descalzarse: el verano, el agua en los pies, la sensación gozosa de pertenecer al instante, ese instante que se reduce al verano sobre un río que se vadea.

 

  • La participación activa en lo cotidiano, la admiración y el misterio de la vida en cada situación: asombro infantil y juicio no moral del haiku.

 

Las hormigas

suben por una hoja de hierba

y en seguida bajan

KATAOKA YUMIKO (6 años) en (Haya, Vicente 2013:32)

 

Un niño contempla algo que está sucediendo, lo que sucede a nuestros pies aunque no reparemos en ello. Un niño de 6 años contempla el mundo desprovisto de juicio moral, y constata el milagro de lo que está ocurriendo: las hormigas suben y bajan por la brizna de hierba pero está observando también un principio Zen: todo vuelve y retorna y esto implica al diminuto mundo de las hormigas en la hierba y al universo, mas el pequeño no lo sabe, no reflexiona, no enjuicia: solo constata lo que está ocurriendo y que nos había pasado desapercibido.

 

Una libélula-diablo

sin que me diera cuenta

me estaba mirando fijamente.

HIRONOBU TAKEMATSU (6 años)

 

Aquí, otro pequeño repara en que el mundo también lo observa a él, poniendo de manifiesto la profunda relación entre todas las cosas y criaturas incluidas las más pequeñas.

  • La importancia de la vía intuitiva frente a la vía intelectual: haiku/ poesía tradicional.

El haiku no transforma el mundo; te pone en contacto con él, te lleva a él, te introduce en él”

Vicente Haya

 

En el poeta de haiku prima la intuición, de ahí que varios haijines puedan coincidir en sus haikus; en la poesía tradicional, lo que prima es el yo del poeta, de ahí que aunque traten el mismo tema e incluso el mismo metro, sus poemas serán muy diferentes entre sí

El haiku no explica la realidad porque parte de la base de que el mundo es perfecto y el haijin es un mero instrumento porque el haiku acontece en él sin pasar por la mente y mucho menos por el intelecto. Para Vicente Haya incluso la traducción del haiku es una Vía espiritual porque te obliga a esperar.

“Esperar a ser invitado sin esperanzas de llegar a ser aceptado. No se puede entrar en el reino del haiku sin haber sido invitado. Sin colocarte en la explanada ante la puerta, como los aspirantes a ser monjes del mikkyô (budismo esotérico), y esperar con viento y lluvia durante semanas a que se abra –esa sola vez que se abre al año- y seas elegido en el recinto interior.” (Haya 2007:11)

 

El haijin no es un poeta que domine el valor de las palabras sino un sujeto sensible al mundo.

Un pájaro acuático

pía: la luna en el agua,

las estrellas en el agua.

MUJAN (Maurice Coyaud 2005: 128)

 

Oímos el piar de un pájaro acuático: ¿un pato, una garza…? No importa, de repente tenemos nuestra atención en el agua, que como un espejo, nos hace contemplar el firmamento.

[1] Esquemas posibles reseñados por el maestro haijin Vicente Haya.

[2] Yoel Hoffman (2002): Poemas japoneses a la muerte, DVD ediciones, Barcelona.

[3] Satori es el momento en que se descubre de forma clara que solo existe el presente (donde nace el pasado y el futuro), creándose y disolviéndose en el mismo instante; con lo que la experiencia aclara que el tiempo es solo un concepto, que el pasado y el futuro son una ilusión al igual que todo el mundo físico. Satori es un momento de comprensión al nivel más alto, es ir más allá de la experiencia terrenal. Esta experiencia solo se da en niveles elevados de conciencia, comunes en los meditadores pero al alcance de cualquier persona.

[4] TAOISMO: sistema filosófico y religión que tuvo su origen en las ideas del filósofo Laozi o Lao Tsé (s.VI a. C); se caracteriza por creer que existe una solidaridad absoluta entre el hombre y la naturaleza, puestos que ambos concuerdan perfectamente y tienen un sustrato común.

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El haiku

Hoy en la nueva sección de Blog Verde Luna “Poesía Instantánea”, nuestro colaborador José Carlos Rodrigo Breto nos habla de la esencia del haiku.

Esperamos que disfrutéis al máximo de esta nueva sección en la que buscamos acercar los contenidos de la poesía al público de una forma clara y pedagógica.

El equipo de bVL.

¿Qué es un haiku? ¿Qué necesita un poema para ser un haiku?
El haiku es una construcción lírica japonesa que está sujeta a un rígido control estilístico y debe ceñirse a tres reglas determinantes. En primer lugar, una métrica concreta. Un haiku se conforma por tres versos de 5, 7 y 5 sílabas. Además, el haiku tiene que reflejar un instante vivido en la naturaleza, que aparecerá en los versos como congelado, atrapado, producto de un momento deslumbrante que tiene que haberle sucedido al haijin. El haijin, compositor de haikus, es un vehículo que se encarga de plasmar el asombro, aware o emoción que refleja en el poema. Necesariamente, debe alejar el yo, la persona, el componente humano, de la impresión poética. Y entre el segundo y el tercer verso ha de producirse un desplome, un impacto, un descenso lírico.
Un haiku es como un chispazo, un destello, un relámpago poético, un alfilerazo de sensibilidad detenida en el tiempo y en el espacio. #torrelodones #torrelodonespueblo #leoycomparto #leoycomparo #soycomparatista #literaturainstantanea #literatura #libros #instalibro #books #instabook #instabooks #instalibros #bookish #bokishlife #writer #writers #escritor #haiku #haijin #japon #poemajapones #poesiajaponesa #poesia #poema

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La soledad encendida, haikus: un museo natural del verso

Título: La soledad encendida

Autores: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo

Editorial: Ultramarina Cartonera

Calificación: ** (Interesante)

Por Jose Carlos Rodrigo

 

Un haiku es como un chispazo, un destello, un relámpago poético. Por tanto, un haijin será un hombre-relámpago, un poeta que viaja con el asombro en la mochila, con el resplandor de la poesía colgado de sus parpados y prendido de sus dedos. Este libro, todo en él, es extraordinario. Es la historia de dos haijines que decidieron entremezclar sus poemas como si combinaran los naipes de una baraja de sorpresas. Pero también es la muestra de un gran amor por la edición. En ese sentido, todo el libro es un enorme haiku conformado de pequeños haikus, un descomunal asombro preñado de otros asombros que lo convierten en un monumento poético.

A la editorial Ultramarina Cartonera le corresponde el orgullo de firmar un ejemplar que es un pura sangre de la edición: un libro bello, un libro artesano y artesanal compuesto con materiales japoneses (bambú o tela de kimono) y plagado de ilustraciones únicas. Numerado y exclusivo, no hay dos ejemplares iguales ni dos portadas similares. En lo relativo a los deliciosos dibujos con motivos japoneses, son las manos de Susana Benet y de Sara García Lafont las que consiguen conectar con la naturaleza nipona mediante sus ilustraciones. Y como todo en el libro es brillante, el prólogo de Mila Villanueva y el epílogo de Raul Fortes Guerrero enmarcan los haikus. Unos poemas escritos a dos manos, sin declarar su autoría porque el poema japonés es eso, una emanación de la naturaleza en donde bien poca importancia tiene el poeta. Los dos haijines, vehículo que se encarga de plasmar el asombro, son dos poetas comprometidos con el haiku, dos poetas en estado permanente de aware o emoción: Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo.

Pero antes de referirme al trabajo de estos dos poetas en La soledad encendida, no puedo menos que rendir un tributo a quienes me pusieron por vez primera en contacto con el haiku, allá por el año 2002. Fueron poetas, y también fueron dos, con ocasión de un libro firmado a medias, como si el haiku tuviera que venir acunado por un dúo de creadores, recelando de la individualidad. El texto, otro libro exquisito, una joya para los bibliófilos, de cuidada edición a cargo de la editorial Celya, se titula Paisajes hacia lo hondo. Un título realmente acertado para definir lo que representa el haiku para el haijin: la proyección en la naturaleza de un profundo estado de comunión con lo que le rodea. Y las poetas eran Almudena Urbina y Montserrat Doucet.

Son los haikus de La soledad encendida un recorrido por las variadas formas de estas composiciones líricas ancestrales. Hay, desde haikus a la naturaleza, pasando por haikus de Año Nuevo, e incluso haikus urbanos, una modalidad que no ha tenido mucho éxito en Japón, quizás por lo moderno, pero que sí se construye con gran aceptación en Europa. Y hay haikus tristes, y haikus intrigantes, y los hay de saludo a la vida, o sobre gatos, ranas y sapos, perros e insectos. Sobre árboles, flores y plantas, pájaros y ganado, incluso sobre agua y lluvia, demostrando que esta composición es versátil, que su traje rítmico se adecúa a la perfección a cualquier asunto, aunque a veces pueda alejarse algo de esa pureza sacrosanta que para los entendidos debe reunir el haiku.

El haiku clásico debe ceñirse estrictamente a tres reglas determinantes: en primer lugar a una métrica concreta (esos 5-7-5 versos en cada una de sus líneas); después, necesariamente, debe alejar el yo, la persona, el componente humano, de la impresión poética; y por supuesto, tiene que reflejar un instante vivido en la naturaleza, que aparecerá en los versos como congelado, atrapado, producto de ese momento deslumbrante que tiene que haberle sucedido al haijin.

Sin embargo, es cuando los haijines Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo desabrochan un poco esta camisa de fuerza estilística, alcanzan, quizás, las composiciones de mayor belleza. Panteras, colibrís o cisnes, engalanan sus pelajes y plumajes con el collar de estos versos. Y rayos, tormentas, nieves y soles resplandecen con mayor brío. Son instantes capturados con la red de la poesía, quedando detenidos en el tiempo, en la memoria, y ya para siempre en nuestra percepción, como ese gato que regresa de la lonja y huele a pescado, o ese perro que regala lametones a un niño delgado, o esas grullas que destacan en el cielo…

En efecto, es el título de la soledad encendida una definición gráfica. Casi anatómica, del efecto germinativo del haiku en el interior de la fisiología sensitiva del poeta. El haiku nace en un momento de intimidad lírica, y lo hace como una descarga eléctrica. Atraviesa al haijin con una sacudida de alta tensión, y los voltios poéticos encienden, literalmente, la inspiración compositiva ante aquello que se está presenciando. Entonces, ese instante queda apresado en la cabeza y el corazón del poeta como el insecto en el cazamariposas, y desde allí, pasa a conformar un libro como este que nos presentan Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo: un compendio de belleza que es un gabinete entomológico, en donde cada ejemplar poético aparece expuesto en su vitrina, atravesado por un alfilerazo de sensibilidad lírica, detenidos en el tiempo y en el espacio, desplegando sus vivos colores, sus delicados perfumes a tierra mojada tras la tormenta, a pan recién horneado en la tahona, a nieve invernal, y hablándonos con el sonido de las grullas en el estío y el lenguaje de los arroyos en otoño.

Todo esto es La soledad encendida. Pero, por encima de formas, composiciones, y versos, es un mayúsculo poemario al que cualquier día le saldrán alas y, dejando un leve polvillo tras de sí, saldrá volando por una de nuestras ventanas, a la búsqueda de otros lugares en donde anidar. En ese momento, nosotros también seremos ya haijines. Prisioneros, de por vida, en la belleza del latigazo del verso.

 

Adjuntamos algunos links de interés para una mejor aproximación a la obra :

  • Lectura de algunos kaikus por parte del autor
  • Referencias a la editorial:

https://editorialultramarina.com/

  • Entrevistas realizadas a los autores:

http://www.lagallaciencia.com/2015/11/la-soledad-encendida-de-gregorio.ht

http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-haikus-heberto-sysmo-gregorio-muelas-02-06-15/3152626/?media=rnehttps://editorialultramarina.com/11-la-soledad-encendida-gregorio-muelas-heberto-de-sysmo/